Firewatch

La verdad es que no sabría en qué género catalogar a este videojuego, ya que es algo más que una aventura gráfica: Firewatch es una experiencia emocional única. Una apuesta arriesgada para ser el primer juego del estudio Camposanto, pero que aprobó notablemente convirtiéndose en uno de los juegos indies más premiados del 2016.
Nos situamos en 1989, después del famoso incendio de Yellowstone. Tu aventura comienza tomando unas pequeñas decisiones -a priori intrascendentes para la historia- pero que te hacen empatizar mejor con la vida y decisiones del que será tu personaje, Henry, el cual está atravesando un momento muy difícil en su vida y decide alejarse de todo aceptando un trabajo de guardabosques en el parque natural de Wyoming. Su única compañía es un walkie-talkie con el que se comunicar con Delilah, su compañera y supervisora, que se encuentra en otra torre de vigilancia alejada de Henry. El verano no va a resultar tan pacífico como se espera, ya que en el bosque se empiezan a desencadenar una serie de misteriosos sucesos que tú como jugador tendrás que desenredar. Poco más puedo contar de la historia para no destriparos la experiencia.


Firewatch no es un juego de acción desenfrenada ni destaca especialmente por su jugabilidad. Pero si eres de los jugadores a los que les gusta un buen guión sin duda es tu juego ya que su narrativa es excelente. Mediante las conversaciones con Delilah ,que resultan ser divertidas y muy cercanas, conoceremos más profundamente a Henry, sus problemas e inquietudes consiguiendo así empatizar con nosotros muy fácilmente. El juego trata a los jugadores como adultos capaces de reflexionar, mediante esas mecánicas tan simples nos habla de sentimientos tan importantes como el duelo, la culpa, los miedos o la incertidumbre.
Firewatch nos mira a la cara poniéndonos sobre la mesa temas que requieren de una reflexión profunda.¿Quienes somos?¿Por qué sentimos lo que sentimos? No solo trata de la pérdida sino que también de lo importante que es el camino y quien nos acompaña en el; no se trata de huir lejos si no de mirar dentro. Personalmente es uno de los videojuegos que más lágrimas me ha hecho soltar y pelos de punta me ha puesto. Me toca el alma directamente y solo por eso se merece el título de obra maestra.
El apartado gráfico corre a cuenta de ilustrador y diseñador gráfico Olly Moss, conocido por reinventar carteles de películas, los más famosos de los cuales fueron los que realizó para la trilogía de Star Wars.


El peculiar estilo minimalista de Moss junto con el uso que el juego hace de los colores, que varían según el momento del día: vivos por la mañana y naranjas al atardecer. Realmente consiguen que te sientas dentro del bosque. También destaca por su banda sonora y efectos de sonido, unos ingredientes indispensables para crear una buena inmersión en el juego.
La jugabilidad por su parte es muy simple, pero como hemos comentado antes no es por lo que destaca este título. Dispones de un mundo abierto por el que moverte y tendrás que ubicarte con la ayuda de una brújula y un mapa. tendrás que descender por acantilados y encontrar el camino siguiendo pistas. Puedes perderte por el bosque o seguir una historia lineal pista a pista sin salir de tu camino. En todo momento podrás comunicarte con tu compañera por el walkie y ella siempre tendrá una chisposa respuesta para ti. La duración del título es aproximadamente de unas seis horas, aunque depende de tu habilidad con la brújula o tus ganas de perderte por esas encantadoras puestas del sol que el mundo de Moss ha diseñado para el juego.


El final del juego tuvo duras críticas ya que no cumplió con las expectativas de algunos jugadores y podía resultar quizás un poco adusto. Pero en mi opinión con este final el estudio no se alejó ni lo más mínimo de su línea narrativa y consiguió exactamente lo que nos había estado contando durante todo el juego; que esto iba de la vida real y en ella nos se van a cumplir todas tus expectativas y que lo que importa no es el destino, si no el camino y quién te acompaña en él.
Para terminar, creo que ya se en que categoría colocar esta obra de arte: es un juego de domingo con té para treintañeros.

Anabel Santiago

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