Utopía (1ª Temporada): La pesadilla del siglo XXI

Mucho se menciona que estamos viviendo un periodo extraordinario en cuanto a la tele de ficción se refiere. Desde la entrada del nuevo siglo se habla de una edad de oro de las series norteamericanas, que han conseguido asentar unos patrones de calidad muy elevados hasta el punto en el que cuando pensamos en las que nos gustaban antaño las diferenciamos de las de ahora, justificándonos diciendo que eran otros tiempos. Bien es cierto que la búsqueda del producto de calidad –acompañado del aplauso crítico- se veía de uvas a peras salvo en productos muy ocasionales y que el terreno en esta nueva era amanecía mucho más favorable, pero que lo cortés no quite lo valiente, es una época admirable en la que cada año aparecen productos nuevos y muy interesantes, y eso no siempre ha sido así.

Pero desde Gran Bretaña no van a la zaga. Curiosamente los ingleses siempre han tenido el bastión muy elevado en cuanto a calidad televisiva se refiere, teniendo aquella pátina de prestigio que escuchábamos tan a menudo en nuestra juventud. Las series en general –las de todo el mundo- eran poca cosa, excepto las mini-series británicas, ahí estaba lo verdaderamente bueno, lo que sacaba partido al medio. No era ni tanto ni tan calvo, claro, no toda la TV británica era Yo, Claudio, pero aún así esa aureola de prestigio la tenían interiorizada, hasta que llegaron Tony Soprano, Stringer Bell, Al Swearengen y demás miembros de la pandilla del equipo yanqui y se sentaron cómodamente en el trono. Y la Unión Jack comenzó una reacción lenta pero progresivamente fuerte hasta el punto que han logrado estar viviendo ellos su edad aún más dorada. Para el tele-adicto se han puesto poco a poco a la altura de los norteamericanos, recuperando su halo de lustre y ofreciendo una bolsa de series a cada cual más interesante. Y añadiendo el asunto del formato corto: así como los yanquis poco a poco han ido adquiriendo la costumbre en sus series de cable –las más mimadas por la crítica- de tener entre 10 y 13 episodios al año, dejando de lado como si fueran más vulgares las series de veintitantos que suelen ofrecer las cadenas generalistas para rellenar los horarios de emisión de una cadena para una temporada completa, los británicos siguen apegados el formato de series cortas, de entre 4 y 8 episodio por temporadas. Un formato muy valioso en el aspecto de que no deja lugar para el relleno de paja inútil, peligroso también a la hora de quedarse cortos y no lograr desarrollar todo como es debido.

Es en este contexto favorable en el que nace Utopía, emitida durante los meses de Enero y Febrero del 2013 por Channel 4, la cadena británica especializada en buscar formatos para el público joven (suyas son la precursora Skins o Misfits) pero que al tratarlos como personas con cerebro terminan por enganchar a audiencia ajena a ese target. La serie creada por Dennis Kelly narra la historia de un grupo de inadaptados –Ian; un treintañero listillo que aún vive en casa de su madre, Becky; una joven estudiante obsesionada por la muerte de su padre, Wilson; un adicto a las teorías de la conspiración y Grant, un niño procedente de un hogar marginal- unidos por su pasión en torno a una novela gráfica –The Utopia Experiments- de las cuales les ha llegado el rumor de que existe una secuela realizada por el mismo misterioso autor de la original y que se puede encontrar en plan bootleg. Sin embargo, esté cómic que habla sobre experimentación genética y muestra un futuro muy negro y oscuro para la sociedad tiene más de real de lo que parece, y el pintoresco grupo se da de bruces con una organización llamada La Red, un gobierno en la sombra que también busca la segunda entrega de dicho cómic y que son capaces de tomar las medidas más extremas y violentas en pos de conseguir sus fines.

Lo más distintivo viene del aspecto visual de la serie, que ofrece una paleta de colores muy vistosa (y un tanto mata-córneas) que parece surgida de un mismo cómic. En lugar de tener un aspecto lúgubre y oscuro, que por su argumento de entrada es lo que a uno le vendría a la cabeza, su realización va en contra de su guión y tiene un aspecto luminoso y brillante. Y provoca un extraño efecto en el espectador cuando se ofrecen escenas de violencia y tortura sin embargo con aspecto casi de comedia florida. Una apuesta arriesgada, que, sin embargo, para el que esto suscribe no le causó demasiada gracia en un primer momento. Adaptarse al estilo me llevo su tiempo, mientras lentamente se iban posando los otros diferentes aspectos que dotan de identidad propia a la serie.

Aunque ha sido comparada principalmente con Misfits, por aquello de tener ciertos aspectos de novela gráfica pero protagonizados por personajes pertenecientes a estratos de la clase media, media-baja o muy baja de Inglaterra (y compartiendo protagonismo en las dos series Nathan Stewart Jarrett, Ian en esta, el personaje que quizá al no sufrir grandes traumas se comporta con mayor sensatez) y Black Mirror, por mostrar un presente bastante desalentador en función a la tecnología e información que disponemos, entra también en el terreno de la conspiranoia que tan bien se le está dando a la TV británica en los últimos tiempos. En el programa existen elementos de poder dentro de las células gubernamentales que operan en secreto pero con un objetivo muy claro y no se cortan un pelo en arrasar con todo a su paso de un modo quizá más cercano al cómic que en The Shadow Line (2011), la excelente mini-serie escrita y dirigida por Hugo Blick para BBCTwo y que operaba dentro del noir y del policiaco pero de igual manera ofreciendo un mundo de traiciones, secretos e intereses más grandes de lo que pueda imaginar un ciudadano común –y también tenía en su reparto a Stephen Rea interpretando a un oscuro personaje que podría ser un pariente lejano del que da vida en Utopía-. Y sobre todo se emparenta con otra serie de la BBC emitida en el año 2008 y que entre otras cosas sirvió para dar el espaldarazo definitivo a la carrera de Benedict “Sherlock” Cumberbatch, The Last Enemy, que presentaba a una Inglaterra controlada por las agencias de poder en base a la tecnología y con la que comparte bastantes puntos argumentales en común, como lo referente al “creativo” uso de las vacunas por parte de estas agencias en la sombra. (También este aspecto era importante en la reciente mini-serie británica Hunted, parece que los británicos están un poco quemados con el tema).

Destacan especialmente en el reparto Fiona O’Shaughnessy y Neil Maskell, a ellos dos les han tocado los dos personajes más peculiares de la serie, un par de caramelitos en dulce para cualquier intérprete. Ella por dar vida a la misteriosa Jessica Hyde, perseguida por la Red desde su infancia y educada al margen de la sociedad, capaz de ser letal cuando la situación lo requiere y que no se detendrá ante nada para descubrir las intenciones de la misteriosa organización, para lo cual también necesita el cómic y la llevará a mantener una frágil alianza con el grupo protagonista. O’Shaughnessy resulta sinuosa como una serpiente en sus movimientos además de misteriosa y atractiva, si no tardan mucho en darle luz verde tal vez alguien debería pensar en ella para dar vida a Molly Millions en Neuromante. Por su parte, Neil Maskell (protagonista de Kill List, la película que puso en el candelero al director Ben Whatley) interpreta al extraño ejecutor de La Red, Arby, programado para carecer de emociones y ser capaz de cometer los actos más horribles sin pestañear. Maskell también envuelve a su personaje de rasgos distintivos, la entonación de las frases, el modo de caminar, incluso su respiración, dando forma y vida a un sujeto cargado de unas emociones más complejas de lo que parece a simple vista.

Utopía resulta fresca y sorprendente, quizá se la pueda acusar de intentar ser artificialmente rompedora y de tener una serie de giros que tal vez no soporten excesivamente bien posteriores revisionados, pero su efecto inmediato es eficaz, de eso no cabe duda. Veremos si su creador será capaz de guardarse algunos ases en la manga o si habrá quemado demasiadas naves en su primera temporada, en cualquier caso sus seis primeras horas son una experiencia de lo más satisfactoria y la convierten en una de las nuevas series del año 2013 de mayor interés, y eso que estamos hablando de uno de los mejores años en cuanto a estrenos catódicos de los últimos tiempos.

Javier J. Valencia

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