Rememorando a Laura Palmer (Especial Twin Peaks, 2ª parte): Cinco perspectivas (II)

Continuación del homenaje a Twin Peaks por el 25º aniversario de la “muerte” de Laura Palmer y que ayer inició una nueva entrega (Cinco perspectivas I) con la opinión de cinco firmas invitadas que dan su perspectiva sobre lo que creen que significó la serie en el mundo de la TV y qué significó para ellos a nivel personal. Si ayer contamos con Iván Fanlo (Cine y otras drogas) y Gerard Casau (NumeroCero, RockDeLux, Dirigido por, etc.), hoy nos acompañan los textos de Sergio Gaviño (CineFantastico), José “Abetos Douglas” Martínez Vidal (uno de los mayores coleccionistas en material twinpeaker) y nuestro Óscar Sueiro en representación de El pájaro burlón.

Yo quería vivir en Twin Peaks

Por Sergio Gaviño

Yo quería vivir en Twin Peaks. No creo que se le pueda pedir nada más a un único lugar, lo tenía todo.

Era un lugar aparentemente apacible, lleno de gente amable e interesante, con mucho que descubrir cuando te introducías en sus vidas, bellos paisajes, chicas guapas e inteligentes, y unos donuts, café y pastel de cerezas dignos de un gourmet.

Aunque en la primera de las muchas visitas que he hecho ya al lugar estaba aún en edad de matricularme en su instituto, yo por entonces ya tenía claro que mi futuro no estaba como alumno, sino en la comisaría. Que Josie me esperaría por las noches en su casa junto a la serrería. Y que trabajar con agentes del FBI como Cooper o Albert supondría aprender algo nuevo cada día.

El shock llegó cuando aquella bomba explotó, Cooper se miró al espejo, y descubrí que ya no habría más. Hoy en día le habrían dado una temporada de cierre, no me cabe duda. Por desgracia, mientras que sus creadores revolucionaron el mundo de las series, desgraciadamente el canal no fue igualmente pionero en dar finales dignos a sus productos.
Se acabó la serie, pero algo perduró. Me he tatuado motivos de la serie, reviso sus historias regularmente, Badalamenti me despierta cada mañana cuando suena el despertador, y sigo sintiendo el mismo gusanillo en el estómago cuando pienso en ese cartel a la entrada del pueblo.

24 años después, sigo queriendo vivir en Twin Peaks.

Twin Peaks camina conmigo

Por José “Abetos Douglas” Martínez Vidal

No sé si fue el aroma a café negro como una noche sin luna o esa deliciosa tarta de cerezas o el viento soplando entre los abetos (que bien huelen los abetos Douglas!). Quizás fue esa música envolvente o tal vez el encanto aparente de ese apacible pueblo. No sé… Igual fue la peculiaridad de sus personajes o su gran hotel del norte cuando no estaba ocupado por ruidosos islandeses. Um….Seguramente la culpa fue de las bellezas locales. Sí, es probable.

La cuestión es que la obra gestada por David Lynch y Mark Frost me enamoró, me atrapó y me enganchó de tal manera que a día de hoy todavía puedo considerarla mi mayor pasión. Mi máximo idilio con una serie de televisión comenzaba a finales de 1990 cuando una prácticamente recién nacida Telecinco iniciaba la emisión de Twin Peaks en España con una acertadísima campaña publicitaria. Su trama, su maravillosa banda sonora, sus personajes, su atmósfera, su carismático protagonista (inmenso Kyle Maclachlan dando vida al para mí mejor personaje de las series de TV: El agente Dale B. Cooper. Qué gran introducción tuvo, por cierto), su impecable capítulo piloto, su originalidad, su arriesgado e impactante final, su genialidad… Twin Peaks me entró directamente a las venas y sigue ahí.

Posteriormente vendrían otros “amores” que bebían de ella, como la magistral Northern Exposure (Doctor en Alaska), la recordada Expediente X o la controvertida Lost.
Los entendidos en la materia darán su visión objetiva y crítica con acierto y quizás tenga mayor o menor afinidad con sus juicios, pero sin ser perfecta (la ausencia de Lynch y un par de tramas insulsas tras la resolución del caso Palmer, lo evitan ) Twin Peaks es especial.

Esa pasión, ese fuego que permanece encendido en el sentimiento de este fervoroso fan me ha llevado a conseguir una importante colección de merchandising que con los años crece y crece (siendo ya un pequeño museo) ante el asombro positivo con dosis de admiración de unos y la extrañeza flipante con cierto recelo de otros.

Mi clímax final (al menos hasta el momento) con la serie llegó en los agostos de 2010 y 2011 cuando decidí primero solo y posteriormente con los forofos hermanos Fernández, Raquel y Raúl hacer realidad uno de mis grandes sueños y pude pisar aquellas tierras, recorrer prácticamente todas las localizaciones incluidas las situadas en Los Ángeles y asistir al festival celebrado en Snoqualmie y North Bend donde se reúnen incondicionales de la serie de todo el mundo durante tres días en un ambiente muy cordial, y donde conocí a miembros del reparto y protagonistas como Sheryl Lee, Ray Wise, Sherilyn Fenn, Kimmy Robertson o la propia Jennifer Lynch. La camaradería, simpatía y trato de todos ellos fue como un regalo a todos estos años de pasión y fidelidad. La guinda fue conocer a David Lynch en octubre del pasado año.

Twin Peaks… camina conmigo.

Peakie a destiempo

Por Óscar Sueiro

Ya se ha escrito mucho sobre lo que ha significado Twin Peaks para la historia de la televisión. Su influencia, directa o indirecta, es archiconocida, de modo que si me lo permitís, voy a hablar de cómo viví este punto de inflexión televisivo.

Por aquel entonces iba a 5º de EGB, y aunque era un niño, ya hacía años que sentía fascinación por lo fantástico. Ya había alquilado muchas películas en el videoclub, no me perdía Alucine, ni Noche de Lobos, ni nada que tuviese un ápice de fantasía. Imaginad pues, qué significó para mí ver una promo misteriosa con un gigante, y lo peor de todo, ¡NO poder ver la serie!

No recuerdo bien el motivo por el que me la perdí. Diría que cuando me enteré ya había empezado y no quise reengancharme. Hoy en día tienes el episodio piloto on-line al día siguiente, pero en los 90 estabas jodido. Fue un trauma. Yo lo veía todo, menos Twin Peaks. Supongo que los viernes en casa se veía algún programa de Televisión Española, ya como costumbre, y no tenía otro televisor en la habitación al que acudir como hago ahora.
Haciendo memoria me veo jugando a la peonza en el patio del colegio, y preguntándole cosas de la serie a un compañero de clase que sí la seguía: -¿Quién mató a Laura Palmer? ¿Qué significa el gigante? ¿Y el enano?

No supo responderme a las cuestiones de juicio, claro, y hoy en día, tampoco sabría hacerlo nadie. Años después, recuperando el ya mítico serial, me di cuenta de que no se trataba de entender, sino de percibir, de sentir, de interpretar. En ese caso nadie te puede ayudar, eres tú quien con tu inteligencia y sensibilidad decidirás sin entras en ese particular universo. Yo entré fascinado desde el primer minuto. Todo en Twin Peaks me resultaba evocador, intrigante, original y auténtico.

A pesar de todo, no soy un fan ciego. La serie es imperfecta, y sí, también me dio bajón la trama de James con la viuda negra, pero no como para dejar de verla, ni mucho menos. Se trataba de cambiar el chip y luego volver al universo con más fuerza que nunca. Todo el final de la segunda temporada me parece excepcional. Lynch retoma el poder de algo que empezó muy impregnado de su alma y que se estaba diluyendo, para dejarlo en la cumbre de la historia de la televisión.

Vale, no vi la serie en su día, pero el destino me compensó, y las dos veces que he visto la película Twin Peaks: fuego camina conmigo ha sido en el cine, en el marco incomparable del Festival de cine de Sitges y una sesión de Phenomena. El complemento perfecto para mí, que siempre me pregunté cómo debió ser la tortuosa vida de mi amada Laura Palmer –con permiso de Audrey–.

Aprovechamos para incluir un enlace con la crónica que Noemí Risco ha efectuado en su página web Laberinto de ideas sobre el encuentro/tertulia entre seguidores de Twin Peaks que ella misma organizó el pasado 22 de marzo en el Café Salambó de Barcelona y al cual acudió el staff de El pájaro burlón casi al completo:

http://www.noemirisco.me/2014/03/twin-peaks-lynch-camina-conmigo.html

Continúa el especial “Twin Peaks” en a Twin Peaks, Fuego camina conmigo (Twin Peaks: Fire Walk With Me, David Lynch, 1992)
Previamente Rememorando a Laura Palmer (Especial Twin Peaks, 1ª parte): Todo aquello en que creímos

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