Rememorando a Laura Palmer (Especial Twin Peaks, 1ª parte): Todo aquello en que creímos

El 8 de abril de 1990 comenzó a emitirse en Estados Unidos Twin Peaks, cuya primera tanda de capítulos se convirtió en el boom televisivo de la temporada –junto con Los Simpson, que también empezaron su andadura el mismo año y dieron lo suyo que hablar– y generó una peaksmania que se extendió como la pólvora por la mayoría de países donde se emitió, entre los cuales se encuentra España, a la cual llegaría en noviembre de ese mismo año. Sin embargo el fenómeno popular no perduraría más allá de su primer año prácticamente en ningún sitio, convirtiéndose en una historia ejemplar de auge y caída. Vivió deprisa, murió joven y dejó un bonito cadáver (como dijo James Marshall, el actor que daba vida al romántico motorista con el que compartía nombre en la serie para el magazine Wrapped In Plastic). Sin embargo algunos quedamos atrapados para siempre por las enigmáticas redes de un serial mágico e irrepetible, y en ello seguimos. Se cumple este 2014 el 25 aniversario de la “muerte” de Laura Palmer, y aprovechamos para celebrar la serie que estaba destinada a cambiar el formato de las series televisivas para siempre y que fracasó en ese sentido… pero sí logró cambiar la perspectiva de muchos espectadores y su manera de entender el medio. Por fin en El pájaro burlón le vamos a dedicar un especial que irá alargándose a lo largo del año, ya sea rememorando los momentos más especiales de la saga, invitando a especialistas en cine y TV a que nos expliquen que significó la experiencia de la serie para ellos y para la TV en general, aprovechado el recién nacido podcast para dedicarle sendos especiales –el primero ya está preparándose y estará centrado en el fenómeno de la serie en nuestro país–… y muchas cosas más… (Y tampoco hay que preocuparse si durante el 2014 no abarcamos con todo lo programado. Al fin y al cabo en 2015 será en todo caso el 25 aniversario del episodio piloto, y en 2017 el de Fire Walk With Me, así que fechas señaladas hay para rato). 

No es fácil hacer entender a un espectador que no quede atrapado casi de inmediato por los encantos de la teleserie a día de hoy el por qué una serie con tantas tramas que explotaban el absurdo y con arcos argumentales que no parecían llevar a ninguna parte es considerado un clásico de tal magnitud, en una época en la que los seriales parecen haber alcanzado el status de piezas de orfebrería que se mantienen coherentes y perfectamente encadenadas con el paso de los años. Es la Edad de oro de las series de TV y se destila la precisión en los guiones, se da un sentido completo a todo. Las series tienen tema, una idea control. En ese aspecto Twin Peaks es un ejemplo de dispersión absoluta, de tramas paralelas que se desbordaron a raíz de su segunda temporada, sobre todo a partir del momento en el cual el crimen que significó el pistoletazo de salida quedó resuelto. Heredó el estilo de los soap opera que habían triunfado en la década anterior y que estaban dando (los que todavía se emitían por entonces, Dallas, Falcon Crest) sus últimos estertores, y que resultaba muy fácilmente asumible para los espectadores de entonces -aunque probablemente será menos digerible para los acostumbrados a la solidez de las series de HBO o AMC-. Y lo parodiaba, recorría sus elementos comunes y los usaba a su antojo.

Y sin embargo, como un pez que se muerde la cola, es difícil suponer que muchas de estar series existirían, al menos del mismo modo, sin tener en cuanta la influencia del serial de Lynch y Frost. Muchos de los guionistas de TV actuales han reconocido –de Joss Whedon a Damon Lindelof, pasando por Vince Gilligan o Bryan Fuller- haberse visto afectados en su día, en mayor o menor medida, por las ensoñaciones del Agente Cooper o los zapatos de Audrey Horne. Me hace pensar en la famosa frase de Brian Eno sobre la Velvet Underground “quizá solo vendió treinta mil ejemplares, pero todos los que compraron uno comenzaron una banda”. Quizá una cifra muy inferior a los que la empezaron llegaron a su última hora, pero los que lo hicieron quisieron crear su propia serie. Y muchas de estas series adaptarían algunas de las leyes de Twin Peaks. Crearían cosmos con sus propias leyes, con su propia lógica interna, aunque en ocasiones pareciera ajena al planeta Tierra. Le darían una importancia capital a su universo musical. Visualmente intentarían no tener nada que envidiar a la pantalla grande. Y a su alrededor generarían una mitología rica y trabajada, recogiendo todos los elementos necesarios de culturas de lo más diversas.

Y después hay un aspecto sobre el cual me cuesta mucho expresarme en palabras, por vueltas y vueltas que le de. Y que incluye el genio creativo de David Lynch, del cual pasé muchas épocas de mi vida dándole vueltas a su obra intentando entender de donde procedía esa magnífica manera de entender el arte que particularmente me encandiló desde mi adolescencia. Ojo, siempre defiendo a Bob Engels, a Harley Peyton y al nunca justamente valorado Mark Frost como causantes de la andadura de Twin Peaks, en el duro trabajo “día a día” de escribir televisión, de desarrollar tramas, personajes y escenarios. Pero hay un aspecto cercano a la intuición, que parece envolver los mejores trabajos (y algunos momentos de sus peores, también) del director nacido en Missoula. La intuición que te hace saber la respuesta a una pregunta antes de saber racionalizar el por qué. Procede directa del corazón y no tanto de la cabeza. Este elemento también estaba incluido en la serie (en una estupenda charla que tenía Phillip Gerard, el hombre manco, con un agente Cooper a dos pasos de resolver el crimen que le había llevado a la localización donde se vería enfrentado a sí mismo, y que probablemente odiarion todos los seguidores de Agatha Christie, Jessica Fletcher y las series de “procedimiento criminal”). El dejarse llevar por la magia y el esoterismo, por la música y el glamour, por la forma de mostrar el otro lado como nunca había sido mostrado, con multitud de referentes pero adentrándose en el territorio de lo inexplorado… En ese aspecto, tengo la sensación de que sí que existe una idea control y un tema en Twin Peaks, más allá del doble, más allá de los secretos ocultos en una aparentemente apacible comunidad, más allá de los personajes que enfrentan quienes son realmente a quienes creen que son, pero este enigma sucede al otro lado del espejo y todavía no he sido capaz de comprender, aunque su versión cinematográfica otorgaba nuevas pistas creo que más cercanas a la manera de entender la vida y la muerte por parte del propio Lynch. Por otro lado falta una porción de la historia, una pieza en el puzle, tengo la sensación de que en la escena final de Fire Walk With Me (que me parece un cierre magistral de la obra en conjunto) he conocido el viaje al completo de Laura pero no el de Dale Cooper.

Hablando claro, Twin Peaks no cambió el mundo de la TV (como profetizaron medios como Connoiseur), pero desde luego me cambió a mí. Les prometo que ya nunca pude sentarme a ver la televisión de la misma manera. Como serie me proyectó la idea de que sentarse a ver un programa no tenía que ser un vulgar acto de entretenimiento ni de ocio puro totalmente vacío, si no que podía convertirse en una hora que podía aportar algo más e incluso resultar inspiradora. Desde entonces ha habido muchas series que han logrado causarme esa sensación, desde Doctor en Alaska cuando el cadáver aún estaba caliente hasta True Detective ayer mismo. Y por los siglos de los siglos buscaré repetir las sensaciones que aquel encuentro primigenio me causó –y por el camino he descubierto, por fortuna, muchísimos otros placeres catódicos, cinematográficos, literarios, musicales- pero ninguno como este. 25 años después mi corazón todavía le pertenece a Laura Palmer.

Javier J. Valencia 

Continúa el especial “Twin Peaks” en Twin Peaks: Cinco perspectivas I y en Twin Peaks, Fuego camina conmigo (Twin Peaks: Fire Walk With Me, David Lynch, 1992)
Podcast sobre el fenómeno de la serie en España: El pájaro burlón podcast # 11- Twin Peaks en España
Análisis detallado de la edición en Blu-Ray “Twin Peaks, The Entire Mystery and the Missing Pieces”:
Twin Peaks: El misterio completo en Blu-ray (I) (Twin Peaks: The Entire Mystery and the Missing Pieces, 2014)
Twin Peaks: El misterio completo en Blu-ray (II) (Twin Peaks: The Entire Mystery and the Missing Pieces, 2014)
Twin Peaks: El misterio completo en Blu-ray (III) (Twin Peaks: The Entire Mystery and the Missing Pieces, 2014)
Twin Peaks: El misterio completo en Blu-ray (IV) (Twin Peaks: The Entire Mystery and the Missing Pieces, 2014)

Aprovecho para recordar que el próximo sábado 22 de marzo, en el café Salambó de Barcelona, se celebra una encuentro/tertulia entre seguidores de Twin Peaks (el staff de El pájaro burlón acudirá en manada!) organizada por la traductora Noemí Risco Mateo (http://www.noemirisco.me/).  Más información sobre el evento aquí: https://www.facebook.com/events/519888034791881/?ref_dashboard_filter=upcoming

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