Twin Peaks: The Return – Parte 8 (Gotta light? – David Lynch, Showtime, 2017)

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De aquellos polvos, vienen estos lodos. El poder de destrucción capaz de aplastar el átomo y que va acompañado del fuego más poderoso es capaz de rajar prácticamente una capa de la bioesfera terrestre, una cortina de la realidad. Rituales inconscientes provocaron invocaciones no deseadas. Fuego llama a fuego. Llama a la muerte, al destructor de mundos. Al oscuro.

El episodio octavo, más que los anteriores, me ha parecido que ha resultado de una simbiosis entre Mark Frost y David Lynch como pocas veces se había visto anteriormente, quizá desde el piloto de 1990. Frost ha podido recapitular y hacer uso de toda esa mitología construida en gran medida en los últimos capítulos de la serie original, re-elaborada, diríase que muy ampliada y puesta a punto para la ocasión, y Lynch ha sido capaz de interpretar aquello que no puede ser realmente narrado ya que no tiene equivalencia humana, con su habitual talento para soñar con espacios muy, muy lejanos y ser capaz de capturarlos en la cámara como si ésta fuera un lienzo. El bibliotecario y el pintor. Además han recogido bastante material desechado en el pasado -por falta de tiempo para mostrarlo, principalmente-, lo han remozado y le han dado un nuevo aspecto. Tan nuevo que han asustado a algunos de los fieles del programa de los 90, pero al tiempo; pasada la impresión inicial apuesto a que volverán. Tal es el hechizo. Han abrazado también, definitivamente, el terreno de la ciencia ficción y ciertos aspectos espirituales que hasta ahora solo habían tanteado, y sin ningún miedo. Sospecho que ambos al tener una cierta edad ya no sienten la necesidad de esquivar ciertos temas ni de disimular sus sistemas de creencias.

Como siempre, indicarles que no se trata de una reseña al uso, sino una recolección de apuntes, sensaciones, recuerdos y teorías provocadas por la hora en cuestión, apuntalada por el feedback entre amigos y colegas a través de redes sociales (en especial los grupos Twin Peaks España, La Logia Blanca, The Bookhouse Boys o en el foro de la página Universo David Lynch), en la mesa de un bar entre cervezas o por mensajería cósmica e inter-dimensional. The game is afoot!

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– Twin Peaks, libro del Génesis – Y por fin llegó el día, mucho tiempo después de que viéramos a Bob apoyado en la esquina del cuarto de Laura Palmer en una visión de su madre Sarah, de que un Gigante muy elegante se le apareciera a un moribundo Cooper al cual habían disparado para darle tres pistas que le indicaran el camino a seguir, o de que viéramos una de sus reuniones encima del almacén de oportunidades donde se mostraron por primera vez a los misteriosos “Leñadores” (Woodsmen en el original), en la que Twin Peaks ofrece respuestas sobre el origen de sus personajes más abstractos. Como le decía Andrew a Pete en el último episodio de la serie original… Llegamos al fin de un largo camino. Ya lo tenemos. Cinco lustros de teorías y de preguntas lanzadas al aire se han visto respondidas en, no sé si la mejor, pero sí en la hora de televisión moderna más arriesgada de lo que llevamos de siglo y que a buen seguro será recordada en el futuro. Se ha ido atrás en el tiempo y ha tratado de explicar al espectador -eso sí, abriendo multitud de nuevos misterios- el inicio de la discordia. Y también ha certificado -algo que ya resultaba bastante claro de todos modos- que los sucesos que ocurren en un plano tienen efecto en el otro. Pero esto también implica que la humanidad está regida, de manera inconsciente, por fuerzas inter-dimensionales que mantienen sus propios conflictos, tienen sus propios intereses y en muchos casos algunos de estos humanos tienen la senda de su destino marcada antes de nacer. Twin Peaks, Fuego camina conmigo pide una reinterpretación a gritos y debe ser vista casi como un equivalente a una ceremonia de canonización. El espíritu de Laura, aunque luminoso, tuvo que luchar con todas sus fuerzas para no ser succionado por el parásito: este retcon hacia la figura del personaje, que va más allá de antes de que naciera y que a buen seguro nos lo volverá a mostrar más allá de la muerte, implica que su tarea, formando parte de un plan maestro para detener a Bob, aún no ha terminado.

Y el conflicto siempre estuvo ahí. Cuando volvamos a ver la serie original, nos preguntaremos si las bajas pasiones que movían a algunos personajes estaban siendo el reflejo de lo que estaba ocurriendo en un espacio diferente, o si al revés, el más sencillo de los movimientos terrenales, como pueda ser una declaración de amor de Ed a Norma o de Bobby a Shelley a su vez tenía equivalente en ese espacio. Si el semáforo de Sparkwood 21 siempre implicó conexión –como vimos en la sexta entrega- y posterior influencia del otro mundo sobre este. Si la serie original hablaba de personas poseídas, tal vez ahora, desde una cierta perspectiva, nos muestra un universo poseído por otro. Al menos, bajo su embrujo.

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El planeta de maíz – En las primeras versiones del borrador del guión de Fuego, camina conmigo David Lynch, con la ayuda de Bob Engels -co-guionista de aquella, Mark Frost prefirió quedarse al margen de la precuela- ya trabajaron en el pasado de Bob y Mike, y los recuerdos de Engels sobre el tema pueden verse como una proto-versión de Gotta Light? Según se pudo leer en la sección de cartas de la legendaria revista Wrapped in Plastic en su número 10 (Agosto 1994), tras una proyección en 1992 de la película en una academia de cine de Minneapolis el guionista explicó que el origen de Bob y Mike provenía de un “Planeta de maíz”. Ambos cayeron en la Tierra, juntos, el 31 de diciembre de 1951, cuando Bob “robó” una lata de maíz de Mike. Engels hizo estos comentarios pidiendo no ser grabado. Además indicó que Bob era incapaz de entender los sentimientos humanos, deleitándose tan solo en la carnalidad y la carnicería… Años más tarde, cuando pudo ser entrevistado por los editores John Thorne y Craig Miller (nº58, abril 2002) matizó algunos aspectos, como el referirse al lugar como un “planeta”: Bueno, David lo llamaría un “lugar”. O un “area”. O que pertenece a un sueño. Así que si piensas en ello como un planeta, es un planeta. Pero el maíz es real: en ese lugar hay olas de maíz y crema de maíz: así que hay que imaginárselo. David es honesto con esto, no pretende ser irónico ni chistoso. En el último ejemplar de la revista publicado (nº75, septiembre 2005) aún lograron estirarle un poco más la lengua sobre el tema: Todo formaba parte de una especie de sueño. El “garmonbozia” significaba “maíz”, creo recordar. Estos seres venían de un planeta que estaba hecho de crema de maíz, y el viaje de vuelta era uno de “dolor y sufrimiento”. ¿Tiene todo esto algún sentido? Es un cierto tipo de conexión. Podrías decir que el mundo de maíz es un mundo de dolor y sufrimiento. Todo va sobre fertilizarlo para que crezca más, y así el maíz pasa a ser dolor y sufrimiento.

Mientras que ha habido un cambio de fechas, que da que pensar en los motivos (ahora la apertura del portal se sitúa en julio de 1945 con la primera prueba de la bomba atómica de White Sands, mientras que el descenso de Bob, ahora sin Mike -que sepamos- ha pasado de 1951 a 1956) hay algunos aspectos en los comentarios de Engels que piden que nos detengamos en ellos un momento. Aunque no se expresaba con mucha claridad y se nota que en las últimas entrevistas para WiP ya se le empezaban a olvidar bastantes cosas, el aspecto del “planeta de maíz” y de su verdadero significado es, cuanto menos, inquietante: la producción de garmonbozia en términos terrestres está basada en la agonía -como veíamos al final de FWWM cuando Bob lo “extraía” de Leland y lo convertía en un plato de rico alimento que el Enano se comía-, ergo ese “planeta de maíz” vendría a ser, en nuestros términos, lo que conoceríamos como una “dimensión infernal” en toda regla. No para estas criaturas, a las cuales parecen resbalarles los barómetros morales o éticos de la humanidad (si bien pueden ser educados o… domesticados, como Mike “al ver el rostro de Dios”), pero sí desde nuestro punto de vista. Por supuesto esa versión fue desechada, pero no sería nada extraño que hayan mantenido aspectos como este…

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Cuando contemplamos el agujero entre dimensiones, una hermosísima escena reminiscente de el viaje final de 2001: Una odisea del espacio (1968) de Stanley Kubrick pero con una plástica reconociblemente lynchiana, logramos captar unos segundos del otro lado. Lo que vemos, más que nunca, responde al filtro de su director, ya que no puede literalmente ser narrado. Por lo tanto, primero contemplamos una suerte de “llamada a filas” de un ejército de leñadores, que dan la impresión de ser los “soldados” al servicio de Bob y que se reúnen en un almacén de oportunidades ya mencionado en diferentes ocasiones tanto en la serie y la película, un lugar aún hoy plagado de misterio que casi seguro volveremos a ver, y que asemeja “reverberar” en la dimensión terrestre y en Twin Peaks en concreto en forma de la Gasolinera de Ed. Veremos. Y después vemos a la criatura que presumiblemente vimos en los dos primeros capítulos en la caja de cristal, “vomitando” y a la vez dando a luz a Bob (al final Lynch y Frost han logrado “mantener con vida” la imagen de Frank Silva de una manera harto original) y ayudándolo a atravesar la puerta. Esa criatura, tal vez, sea el Habitante del Umbral que mencionaba Hawk cuando le explicaba a Cooper la leyenda de las Logias al estilo de su pueblo nativo y que tiene su fuente en la Sociedad Teosófica.

En su momento, la escena del “almacén de oportunidades” de FWWM me parecía el principio de la historia, y me pregunto si de algún modo, el embrión de Bob flotando en el espacio puede ser una interpretación y la escena de la película que incluía a Bob, el Enano, los tres leñadores, los Tremonds y el Saltador es la otra cara de una misma moneda mostrada de una manera diferente, esta segunda quizá pasada por el filtro mental de Phillip Jeffries (David Bowie), que era quién parecía recordarla. Aquella escena parecía una seance invertida, en la que eran los espectros los que “llamaban” a los humanos a ser poseídos, y veíamos finalmente a Bob y al Enano/Mike atravesar el portal, iniciar el descenso en busca de nuevas emociones en forma de vida animal, como decía uno de los leñadores en la versión extendida de la escena vista en las Missing Pieces: es decir, poseyendo una forma humana.

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La Logia Blanca – Cuando la primera bomba atómica estalla, “saltan las alarmas” de aquellos quizá interesados en matener un cierto orden cósmico y que parecen alterarse ante la intromisión de seres de un plano en otro. Viven en un espacio rodeado de un mar púrpura, probablemente el mismo espacio que visitó Cooper en la tercera parte tras atravesar la caja de cristal. El lugar concreto está situado en cima de un peñasco en mitad del mar, una especie de palacio blanco retro-futurista que se diría surgido de una narración de William Hope Hodgson. Y también evoca al Lynch del que el autor se siente menos orgulloso, al planeta Caladan de Dune. El lugar es de fantásticas proporciones, puesto que la cámara se introduce por lo que desde la distancia apenas es una mancha y al acercarnos descubrimos que es una ventana. De ahí llegamos a una habitación. En ella, la señorita Dido (Jay Nash) permanece sentada, en paz, escuchando un disco. La sala es de estilo celta, y tiene a su lado colgando doce hebras de ADN. ¿Un espacio dador de vida? Pronto hace aparición en escena el Gigante (Carel Struycken), que detiene la turbina gigante que ha hecho sonar la alarma en 65 ocasiones. Si ella es Dido, Reina de Cartago, ¿tal vez el verdadero nombre del Gigante, ahora rebautizado simplemente como ????, sea Eneas?

El Gigante sale de la habitación y tras subir 13 escalones entra en una gran sala, envuelta por el sonido de un órgano que otorga al espacio de un aire más trascendente, menos ligero que el disco que escuchaba la señorita Dido. Contempla en una pantalla el desastre producido por el hombre (por uno muy concreto que su autoproclamó “destructor de mundos”. Luego lo retomamos). Y el lanzamiento de la criatura del embrión de Bob y un montón de otros huevos-parásitos a nuestro mundo a través del portal que ha sido abierto. Toma una decisión. Crea luz de su interior. Un catalizador para detener a los parásitos. Levita en posición y expulsa luz enfocando hacia arriba, elevando el nacimiento, al contrario que la madre de Bob, que vomitaba los huevos curvada hacia abajo. Esa luz queda en el interior de orbe dorado. En su interior habita el alma de Laura Palmer. La señorita Dido lo lanza al espacio, en dirección a la Tierra. ¿Lo ha diseñado él, le ha dado vida ella, supone la simbiosis entre mente y corazón? El plan sigue su curso.

Pero el plan del Gigante no es invasivo, al contrario que los parásitos que van a alimentarse de los placeres y el sufrimiento de los humanos. Y al contrario que la madre de Bob, que lanza una numerosa cantidad de huevos a la Tierra, el Gigante solo lanza un orbe. Sólo una probabilidad. Ese orbe será una única alma y tendrá que afrontar un destino fatal. Pero probablemente sea necesaria para atraer a Bob, ansioso de criaturas de luz. Incluso puede que Laura sólo sea un señuelo, parte de un plan mayor para llamar la atención a los humanos de la existencia del monstruo. Recordemos que a partir de su muerte el propio Gigante se mostrará en la Tierra y ayudará a Cooper a seguir las pistas para descubrir… a Bob. Ahora ya no da la sensación de que el Gigante le ayude a atrapar al asesino, sino lo que quiere es que Cooper descubra la verdadera naturaleza de Bob. Dos de las tres pistas que le daba iban en esa dirección. El sacrificio de Laura Palmer era un mal necesario y muy cruel, pero también basado en el libre albedrío: ella podría haber aceptado ser poseída, o haberse suicidado: el plan del Gigante involucra la fuerza de voluntad de las personas.

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¿Por qué me muestro tan convencido de que hemos visto la Logia Blanca? Recordemos la visión que el Mayor Briggs (Don Davis) y le contaba a su hijo Bobby (Dana Ashbrook) en la premiere de la segunda temporada:

En mi visión, yo estaba en la terraza de una gran casa, o un palacio de fantásticas dimensiones. Había algo que emanaba de aquellos radiantes y fantásticos mármoles. Yo conocía aquel lugar. La verdad es que había nacido allí. Pero me había marchado, y regresaba a reunirme con los mejores recuerdos de mi ser. Paseando por allí vi con agrado que la casa se había conservado muy bien. Habían añadido algunas habitaciones, sin embargo, brillaban con tanto esplendor que no había diferencia con la primera construcción. De hecho, nada se notaba. Cuando volví a la chimenea de la casa alguien llamó a la puerta: mi hijo estaba ante mi. 

Curiosamente, el diálogo da que pensar que quizá Briggs también fuera una criatura de luz, el nacimiento de su alma no se produjo en la Tierra como presumiblemente el de la gran mayoría de la humanidad si no con la luz de alguna de las criaturas de la Logia Blanca con el fin de iluminar: su rol en la segunda temporada es el de un gran guía, y Mister C parece que estuvo muy interesado en quitárselo de enmedio nada más salir de la Logia Negra. Además, posteriormente a esa escena con su hijo, Garland sería abducido y presumiblemente fue llevado a este lugar, donde regresó con los símbolos de la Cueva de la Lechuza tatuados en su cuello y donde probablemente recibió unas instrucciones que su mente como tal fue incapaz de procesar, pero que seguramente debían ser seguidas a base de intuiciones de un modo semejante a las del Agente Cooper. Con el corazón, no con la mente. Ese reencuentro con Bobby, por otro lado, da la sensación que sucede más allá de la vida. Hm, espero que no perdamos al otro Briggs también durante esta temporada…

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Los leñadores no son lo que parecen – En los viejos y lejanos días de Fuego, camina conmigo la especulación más común en torno a los leñadores que aparecían en la escena del almacén de oportunidades en la película, en la visión o recuerdo del agente Jeffries, era que éstos habían sido habitantes de Twin Peaks, que habían “oficialmente” muerto en un incendio y que uno de ellos (el interpretado por Jurgen Prochnow, supongo que por aquello de ser el más famoso) había sido el marido de Lady Leño. Pero la aparición del primero que hemos visto en la nueva serie en la primera entrega en la prisión de Buckhorn, cerca del encarcelado Hastings, evocaba con mucha más fuerza a la mendiga de Mulholland Drive, de la cual todavía no es descartable que esté sucediendo en un universo muy, pero que muy cercano. Cubierto de lo que parece ceniza, como si hubiera estado mucho tiempo expuesto a un fuego. Pero como me comentó por facebook “Jordi LaFleur” tal vez lo que esté es rebozado en ese líquido negro con olor a aceite quemado de motor que permite abrir los portales y que indicaría los motivos por los cuales pueden transportarse “flotando en el aire”, aparentemente, por voluntad propia.

Si hubieramos visto un episodio de la serie común (dentro de, valga la paradoja, todo lo común que puede ser esta serie), el highlight  hubiera sido el ritual de curación por parte de los leñadores a Mr. C. Como lo que vino luego no lo hubiera predicho ni en un millón de años tampoco ahora le colgaría tal medalla, pero me sigue pareciendo un momento de una perfección terrorífica, un espanto sobrecogedor de magia negra que ha llegado a conectar de un modo muy profundo con un cierto tipo de espectadores, causando un inquietante desasosiego.  La traducción de Woodsman podría ser acercándonos a la literal “hombre del bosque” o incluso “hombre de madera”: el sonido de la madera arrastrarse es lo que se escucha al verlos moverse.  Aquello que en la serie original llamaban el espíritu del mal en el bosque. 

Cuando en los últimos minutos la acción se traslade a 1956 y la narración adopte el extraño tono de una película de ciencia ficción del estilo de La invasión de los ladrones de cuerpos (curiosamente también de 1956) pero de aires perturbadoramente satánicos, estos leñadores que caminan entre los vivos pero no lo están y buscan desesperadamente recibir luz –ahora mismo creo que para “entregársela” a su capitán-, a través de uno de ellos (interpretado por Robert Broski, habitual impersonator de Abraham Lincoln debido a su enorme parecido físico. La moneda que encuentra la jovencita, por cierto, tiene en su cara el rostro de dicho Presidente) sirven al recién nacido Bob recitando una letanía a través de las ondas de radio que adormecen a la escasa población local y permiten al parásito, encontrar su primer refugio que le servirá de alimento original. Por cierto, si tienen a mano la Twin Peaks Access Guide accedan a la página 14: esa mezcla entre sapo y langosta -que si entraran en manada serían la plaga entre todas las plagas-  ya aparecía en las viejas leyendas de la tribu de las Chinhook que habitaban el lugar en el siglo XIX,Hablaban de una casa que flotaba en mitad del lago. En esa casa habitaba una mujer: sus rodillas, pechos, cejas y las palmas de sus manos estaban cubiertas de “ranas voladoras”. Desde aquellos tiempos la Rana voladora ha sido visto como un tipo de cresta o corona especial. 

¿Dirían que los leñadores son un nuevo elemento en la mitología twinpeaksiana? ¿Piensan en la serie original y no ubican a estos hombres del bosque, creen que ha sido un mero retcon y que en los viejos tiempos Bob actuaba solo? Yo pienso que no: el espíritu del mal en el bosque ya existía en Twin Peaks, la serie, y ya hacían las veces de ojos y oídos de Bob por todo Ghostwood. Simplemente no tenían la forma de leñador: en ese entorno eran reflejados como lechuzas. La única pista del Gigante de la cual Cooper nunca encontró una respuesta definitiva.

Trent Reznor in a still from Twin Peaks. Photo: Suzanne Tenner/SHOWTIME

Foto: Suzanne Tenner/SHOWTIME

Un último apunte sobre el ritual de curación. No tiene que ver con deducir si los leñadores sacan el embrión de Bob del cuerpo de Míster C o si lo que hacen es una suerte de cirugía hechizada de urgencia para volverlo a colocar donde estaba: soy incapaz. Simplemente, ya les he comentado en entradas anteriores que nada de lo que sucede en Twin Peaks es casual y que varios planos y varias temporalidades dan la impresión de estar sucediendo “al mismo tiempo”. Quantum Peaks. Digo esto por que no creo en absoluto azarosa la interpretación de Nine Inch Nails: al contrario, forman parte del ritual mágico, aunque no sea voluntariamente. La letra de la canción, además, parece hablar de alguien muy en concreto…

You dig in places till your fingers bleed
Spread the infection, where you spill your seed
I can’t remember what she came here for
I can’t remember much of anything anymore
She’s gone, she’s gone, she’s gone away
She’s gone, she’s gone, she’s gone away
Away…

A little mouth opened up inside
Yeah, I was watching on the day she died
We keep licking while the skin turns black
Cut along the length, but you can’t get the feeling back

She’s gone, she’s gone, she’s gone away
She’s gone, she’s gone, she’s gone away
She’s gone, she’s gone, she’s gone away
She’s gone, she’s gone, she’s gone away
Away…

(Are you still here?)

Una puerta que se abrió ahora debe ser cerrada – Esto es una mera impresión, pero tal vez por ahí deban ir los tiros: si a Bob no se le puede matar, quizá lo que haya que hacer sea devolverle a su plano. Hay preguntas, claro. Si Bob fue lanzado por “El habitante del umbral” aprovechando una ruptura en el tejido dimensional, ¿para que sirven los portales como el de Glastonbury Grove? ¿No había un camino directo entre esa dimensión oscura y la nuestra? ¿La manera “legal” de viajar entre espacios es atravesando ese nexo entre dimensiones que parece ser la Habitación Roja y lo otro es una intrusión, que permite la “encarnación”? Obviamente ni usted ni yo tenemos aún respuesta para esto, pero por especular que no quede…

El resto son pequeños hilos que podemos ir atando: el interrogatorio a Mike en el capítulo 14 de la primera serie ha cobrado especial importancia al revelar detalles que se han demostrado como certeros: Bob es un parásito que se alimenta de placeres y dolor, lleva en nuestro plano desde “hace casi 40 años” y su rostro solo puede ver visto por los iluminados y los condenados. No me atrevo a aseverar con firmeza quién es esa chica a la que le entra el parásito por la boca al final. La fecha de nacimiento en los libros oficiales de Dale es 1954, pero en el guión original no filmado de la serie original -que por cierto mostraba una confrontación final entre Laura y Bob que culminaba en un gran destello de luz– lo cambiaba por 1956. Pero no le encuentro mucho sentido, al menos así a bote pronto a que sea su madre, salvo un inesperado giro de los acontecimientos. Ni Sarah Palmer, ni Lady Leño… si tuviera que lanzar una teoría al aire -muy gratuita- es que esa chica será pronto la niñera de Leland, el cual como revelaba en el décimo capítulo en la serie de los 90, tras ver el rostro de Bob en uno de los carteles policiales, conocía a Bob ya que era su vecino en la casa de su abuelo en Pearl Lakes. De ahí ya pasaríamos a ese juego de tirarle cerillas encendidas al pobre crío, y con todo lo que simbólicamente encerraría eso. Pero todavía es demasiado pronto, es jugar por el mero placer de hacerlo.

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Y sí, como le leí a Tim Lucas (creador de la legendaria revista Video Watchdog y toda una referencia personal) la idea de que Bob haya adoptado ese nombre debido a que el creador de la bomba atómica, Robert Oppenheimer, en cierto modo es su “padre” terrenal, cobra cierto sentido. Cuando Cooper ataba cabos tras la detención de Leland recordaba que el vecino de cabello gris de su casa en Pearl Lakes se llamaba Robertson, “hijo de Robert”.

Y ahora, algo completamente diferente – El pasado 5 de noviembre del año pasado tuve el honor de ser uno de los invitados en la 3a Audiéncia Catódica dedicada a Twin Peaks por parte de Els reis catòdics (“Los reyes catódicos”) en la ciudad de Vic (Barcelona). La jornada fue memorable por varios motivos, uno por la estupenda presentación de Daniel Ausente dedicada al fenómeno que significó la emisión en España, y otra por la charla que participé después moderada por Jordi Ararà entre el propio Ausente y el escritor y experto en ocultismo Francisco Jota-Pérez: este último, -autor de entre otras Pasaje a las dehesas de invierno (Esdrújula, 2015), Polybius (Antipersona, 2016) o el imponente Homo tenius (GasMask, 2016)-no hace mucho reseñado por estos lares– como dicen los anglosajones robó el show con sus conocimientos esotéricos y presentó una teoría, la de los arcontes, que está cobrando ahora una vigencia inusitada a raíz de las revelaciones del último segmento emitido.

A grandes rasgos, y según el códice II de Nag Hammadi en el texto La hipóstasis de los arcontes, éstos son unas criaturas que desafiaron al mismo Dios creyéndose poseedores de igual divinidad. Ahora serían una suerte de parásitos energéticos, fuerzas inter-dimensionales que buscan estimular en los terrestres energías de frecuencia de baja vibración, que son las que consumen. Sí, a grandes rasgos placer, dolor y sufrimiento, como el garmonbozia. Son capaces de dominar el alma humana a través de diferentes encarnaciones -lo que podría explicar la penitencia de Leland Palmer en el interior de la Logia Negra, o la de Josie atrapada en la madera fantasma-. Pueden existir como una especie no terrestre independiente o como una presencia en el interior de la mente. Suelen habitar en las esquinas (como aquellas apariciones primigenias de Bob en las visiones de Sarah). Según David Icke, los gnósticos entendían que estos arcontes necesitan simular y copiar la realidad creando un falso espejo y su triunfo es definitivo cuando engañan a los seres humanos a la hora de elegir la falsa copia antes que el original. Le da un nuevo sentido al doppelgänger de Coop… Los arcontes carecen de intención (y eso iría parejo a los comentarios de Bob Engels sobre su tenebroso tocayo comentados más arriba) y envidian a la humanidad ya que ésta sí tiene un propósito. Una de las cosas que les conecta directamente con lo visto esta semana es que pueden atravesar la atmósfera de forma embrionaria, como hacia Bob al ser lanzado por su madre. El cuerpo de los arcontes primigenios, por cierto es de mujer con rasgos bestiales…

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Leyendo un poquito sobre el tema por recomendación de Jota-Pérez, es fácil encontrar muchos parentescos entre las criaturas del otro lado y los mitos de los arcontes: y mientras que no es, como ninguna otra, cien por cien certera, sí que da la sensación de que (en especial) Mark Frost se empapó bastante de sus mitos. Tratándose de alguien que reconoce que en su juventud las lecturas de Dion Fortune y Alice Bailey tuvieron una gran influencia sobre él no resulta para nada extraño, y aunque el punto de partida de los mitos de Twin Peaks tienen como base conceptos desarrollados por H. P. Blavatsky (Las Logias, el Habitante del Umbral), el códice II de Nag Hammadi también parece haber sido una fuente de inspiración… y lo sigue siendo. No incluyo a Lynch en esto ya que dado su laconismo es difícil saber hasta que punto es conocedor de estos mitos -Frost siempre es el que acarrea la fama de esotérico– pero tampoco resultaría tan extraño. Las doce horas finales del Twin Peaks original mezclan teosofía, ufología, folklore indio y hasta conceptos sobre los dugpas extraídos directamente de la novela pulp The Devil’s Guard de Talbot Mundy. Pero algunas, como esta teoría de los arcontes, resulta en muchos aspectos especialmente afín y quién sabe si reveladora.

La semana que viene no habrá serie… pero si habrá entrada en el pájaro, recapitulando y recuperando temas que por falta de espacio y/o tiempo se han ido quedando fuera. Buen timing el hacer el parón en esta octava parte. Como decía David Lynch al respecto de El diario secreto de Laura Palmer…   “Es como el sexo. Y lleva su tiempo”.

Javier J. Valencia (con un agradecimiento especial a Pere Nolasc Deu por su asesoramiento esotérico y posterior revisión a la hora de completar el artículo).

Twin Peaks: The Return en El pájaro burlón:
Twin Peaks: The Return – Partes 1 a 4 (My log has a message for you / The stars turn and a time presents itself / Call for help / …brings back some memories – David Lynch, Showtime, 2017)
Twin Peaks: The Return – Parte 5 (Case Files – David Lynch, Showtime, 2017)
Twin Peaks: The Return – Parte 6 (Don’t die – David Lynch, Showtime, 2017)
Twin Peaks: The Return – Parte 7 (There’s a body all right – David Lynch, Showtime, 2017)

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