Twin Peaks: The Return – Parte 14 (We are like the dreamer – David Lynch, Showtime, 2017)

Cuando terminé el primer visionado de We are like the dreamer en su pase de madrugada por Movistar Plus se me quedó un cuerpo tan extraño que hubo un segundo en el que pregunté a mí mismo, muy en serio… ¿no me habré quedado dormido y habré soñado el episodio? Bueno, no tardé en confirmar que el resto de espectadores habían visto el mismo capítulo que yo. Pero esa sensación la considero muy valiosa, y única en televisión. Se me hace un nudo en el estómago de pensar que -a falta de noticias sobre una posible renovación- solo quedan tres semanas para disfrutarla. Ya lo decía aquel viejo spot de Tele 5, Twin Peaks: un misterio que va más allá del mundo de los sueños…

En la hora de esta semana hemos sido testigos de cómo uno de los personajes se trasladaba momentáneamente a un plano diferente, a otro rememorar un sueño que incluye información probablemente más vital para dar con la solución al enigma que persigue que cualquier prueba tangible y de la revelación de que uno de los protagonistas de la serie clásica sin duda es mucho más de lo que parece. Como he ido repitiendo todas las semanas, esta no será una review al uso sino una recopilación de notas, impresiones, teorías 100% desechables, recuerdos y opiniones del episodio: hablando en plata, una fuga de ideas convertida en artículo.

The Last of the Dreamers – Su nombre real era David Robert Jones, aunque el mundo entero le conocería como David Bowie durante las casi seis décadas en las que se dedicaría al arte, principalmente a la música pero también a la interpretación o a la pintura. El 10 de enero del año pasado falleció víctima de un cáncer de hígado, de imprevisto para todos menos para los que formaban parte de su círculo privado, dejando tras de sí un legado artístico único e imperecedero, y un hueco en el planeta Tierra que será prácticamente imposible de cubrir. Twin Peaks le ha dedicado la entrega de esta semana, y ha sido bastante oportuno, no solo por la importancia que ha tenido el personaje que interpretó en su día, sino por la multitud de géneros y estilos que ha tenido We are like the dreamer, toda una variada paleta de colores semejante a algunos de los mejores discos del cantante.

Por desgracia, también me hace temer que las imagenes provenientes de Fuego camina conmigo donde Bowie interpreta a Phillip Jeffries y que han sido de nuevo utilizadas para ilustrar el sueño de Gordon Cole será lo único que veamos del delgado Duque Blanco en la tercera temporada. No es nada nuevo, su nombre no apareció en la lista del reparto oficial de Showtime y Harry Goaz (el actor que da vida a Andy) ya comentó en una entrevista tiempo atrás que Lynch tuvo intención de contar con él pero la enfermedad lo hizo imposible. Pero en las últimas semanas había vuelto a correr el rumor de que quizá hubiera podido grabar algo antes de morir y se guardaba su última aparición como una sorpresa. Era (es) un clavo ardiendo, pero de ilusión también se vive y si alguien compartía la obsesión por el secreto de Lynch ése era Bowie, que llegó a ser capaz de lanzar su penúltimo álbum The Next Day en 2013 por sorpresa, sin que ningún miembro de la prensa especializada tuviera noticia alguna de su grabación y con todo el equipo que colaboró en el disco guardando silencio. Y eso en la era de internet, donde semejante hazaña casi parece imposible.

Fantastic Voyage – El sueño de Gordon le ha hecho recordar (y también a Albert) aquel lejano día de Febrero de 1988 (1989 en las Missing Pieces, fecha que también es la que indica La historia secreta de Twin Peaks y que era donde originalmente se ubicaba en el guión de la película, pero que trastoca bastante la temporalidad ya que deja de suceder a la par que la investigación del caso Teresa Banks) en la que Jeffries, largamente desaparecido en acción, apareció como un fantasma en las oficinas de Philadelphia del FBI avisando de que había estado en una de sus reuniones encima del “Convenience Store” y que quería dejar a Judy al margen de esto. Los agentes del FBI quedaron anonadados ante el chorro de información aparentemente incoherente proveniente de alguien que se comportaba de modo tan errático. Pero el momento más extraño fue la advertencia de Jeffries sobre el agente Cooper (¿Quién os créeis que es este?), casi una profecía  que resultaba imposible de entender entonces -aún faltaba un año para que muriera Laura Palmer- y que situaba a Jeffries como un viajero temporal que era conocedor de la existencia del doppelgänger de Coop. Todavía no sabemos si el Jeffries de la tercera temporada -aún no visto, pero encargado de contratar a Ray para matar a Mr. C- es cronológicamente anterior o posterior a los eventos de la película y el sueño de Gordon, pero dados sus movimientos por el espacio y el tiempo (si han visto las Missing Pieces recordarán que se “teletransporta” de Buenos Aires a Philadelphia a una época diferente a la suya, a tenor de su sorpresa cuando mira el calendario de Gordon) no descartaría ninguna opción.

Según la información que aparece en La historia secreta de Twin Peaks ambos fueron los mejores de la promoción de ingreso de la oficina de Quantico de 1968 (Twin Peaks, ese mundo donde Bowie y Lynch fueron a clase juntos). En 1975 investigaron juntos la muerte de Lois Duffy en Olympia (Washington), que se convertiría a la postre en el primer caso Rosa Azul. Ambos estuvieron implicados -desde la distancia, pero aportando una cortina de humo necesaria para evitar miradas indiscretas- en conseguir que la estación de la montaña Blue Pine de Twin Peaks, donde trabajaría el Mayor Briggs, se pudiera construir en 1983.  Después de casi 20 años de distinguido servicio al Bureau desapareció sin dejar rastro en 1987 en Buenos Aires, y su presencia desde entonces se ha difuminado: tras su espectral aparición en FWWM volvió a desaparecer de la faz de la Tierra y lo único que sabemos de él en tiempo presente es que parece muy interesado en Bob, aquello que lleva dentro Mr. C. Pero hay luces y sombras en su invisible presencia, y tanto parece querer liquidar al doble de Cooper como éste hablar de él en las primeras entregas como si fuera poco menos que alguien de su confianza. Un halo de misterio le envuelve desde la primera vez que escuchamos su nombre, apropiado es entonces que su rostro sea el de David Bowie.

Un par de detalles más a comentar acerca de Jeffries: es posible que lo malinterpretara pero creo recordar que Albert dice que fue quién reclutó a Cooper: sin embargo éste no parece conocerle de nada en su breve encuentro en FWWM (hasta Gordon le suelta habrás oído hablar de él en la academia). De todos modos hay que tener en cuenta que la continuidad en Twin Peaks está sometida a continuos retcons al ser una narración que parece reinventarse a cada nueva encarnación. A ese respecto, ni la Rosa Azul ni Jeffries parecían estar en la mente ni de Lynch ni de Frost mientras se escribía la serie. Si bien en las últimas horas de la segunda temporada la mitología comenzó a expandirse y varios aspectos se quedaron en un cajón esperando una hipotética tercera que no llegó a suceder en los 90. Quién sabe cuánto en esas notas y esquemas se aprovecharía primero en la película y luego en The Return. Y una semana más, La historia secreta sigue sin hacer acto de presencia, y dado que ya ha sobrepasado el arco de Tammy en el libro (en el que todavía no parece conocer el significado de la Rosa Azul) hay que empezar a asumir que ha sido encontrado en off, o en una realidad paralela.

We are the Dead – En la primera entrega de estos artículos llamé a Dougie (el original, no el Cooper bueno que ha adoptado su identidad) un golem o un egregor, una criatura “artificial” creada para cumplir un objetivo: pues no ha resultado ser eso al 100% aunque por ahí van los tiros. Tammy define a la doble de Lois Duffy como un tulpa: una criatura generada por el poder del pensamiento de su creador.  En las deficiones más comunes del mito se dice que por lo general no son visibles para nadie excepto para su dador de vida y tienen una vida muy corta ya que se supone que han de cumplir una función concreta. Pero hay excepciones, y ciertos tulpas provenientes de alguien con gran fortaleza psíquica y capacidad de concentración (y no olvidemos que el combo entre Mr. C y Bob dan como resultado una poderosa mezcla de capacidad para la reflexión y pura fuerza de voluntad) pueden mezclarse con otros humanos y vivir bastante más tiempo, aunque inevitablemente degenerarán: y como Twin Peaks siempre ha hecho gala de absorber conceptos de diferentes mitologías y religiones y adaptarlos a su gusto y antojo, que mejor manera que mostrar la degeneración creando a un tulpa putero y ludópata. Lástima, Dougie, ¡qué poco te conocimos!

No hay que confundir el doppelgänger con el tulpa: el primero es, literalmente, el doble que camina y existe en diferentes mitologías. El uso más común del término hace referencia a una suerte de gemelo malvado. Todavía hoy el uso que hace de los doppelgängers la mitología de Twin Peaks me despierta algunas preguntas pendientes de respuesta: por ejemplo, Mr. C, la fotocopia oscura del agente Cooper, ¿es el mal escindido en un único recipiente con forma humana del agente del FBI? O por el contrario, ¿está generada por la Logia Negra, una copia oscura de un alma que no se ve partida por la existencia de el otro? En cualquier caso, el método Lynch-Frost de jugar con los mitos ha dado unos resultados insólitamente creativos y si quieren responder fácilmente a quién les pregunte qué es cada cosa, uno es el doble malo, y el tulpa es… el doble del doble.

Scary Monsters (and Super Creeps) – Pues a pesar de que en entradas anteriores comenté que no creía que la niña de la octava parte a la cual se le introduce la rana-langosta por la boca fuera Sarah (en un primer momento pensé en una posible niñera de Leland, y de hecho empecé a divagar a partir de la semana anterior con la posibilidad de que fuera la madre de Ed Hurley) visto lo visto tal vez deba reconsiderarlo. En un momento especialmente terrorífico hemos descubierto que al contrario que su hija, Sarah alberga a una criatura de oscuridad en su interior. ¿Desde cuando? Si fue desde 1956, aunque no fuera de un modo totalmente consciente, pudo haber servido a los intereses de la Logia Negra desde que la conocemos. O quizá no estemos tratando en este caso con la auténtica Sarah Palmer, sino con su doppelgänger… La situación con la madre de Laura ha pasado de 0 a 100 en apenas tres episodios y ahora ocupa una de las partes más intrigantes del relato. Digna de mención es la interpretación de Grace Zabriskie, brillante en todas y cada una de sus escenas.

Sister Midnight – Aunque siempre cabe la posibilidad de que Diane trabaje para Jeffries o con cualquier otro enemigo de Míster C, lo más evidente a día de hoy es que sea su brazo derecho como antaño lo fue del verdadero. La revelación de que Janey es su hermana, con la que no se lleva nada bien desde hace años, a bote pronto me hace pensar que ella colaboró en el plan del Cooper oscuro y le pareció que endosarle su tulpa era una forma de tener a la criatura controlada y a la vez hacerle a su poco apreciada pariente la vida un poco más imposible. Por como Gordon y Albert están siguiéndole el juego a Diane desde hace ya varias escenas, parece que están esperando el momento oportuno para tender la trampa y atrapar a su presunto jefe.

Foto: Suzanne Tenner/SHOWTIME

“Heroes”- Durante la primera temporada el personaje de Andy cayó en la definición fácil y rápida de poli tonto en cantidad de artículos de prensa de la época. Pero lo cierto es que en esas primeras horas más que falta de entendederas hacía gala de una inocencia casi sobrenatural. Lloraba cuando veía el cadáver de Laura -que en lo que al capítulo piloto “per se” respecta ejemplificaba a la perfección la gravedad del suceso en una localidad pequeña y aislada, ajena a los crimenes de la gran ciudad-, no sabía disparar -que servía también para definir la poca importancia del uso de las armas de fuego para una localidad como ésta, y a la vez también señalaba a Andy como alguien ajeno a ellas, aunque la rapidez con la que aprendía a usarla hizo sospechar a más de uno- y matenía un romance con su media naranja Lucy Moran (Kimmy Robertson), que aunque parecía más espabilada y despierta que él, habitaba en esa misma órbita de inocencia y cierta infantilidad. Fue un potencial sospechoso de ser el asesino de Laura durante aquel 1990 debido a que, para muchos, su personalidad tenía que ser obligatoriamente una mascarada, no podía ser así en la vida real. Sí, el futurólogo Rappel fue uno de ellos, qué casualidad, yo también estaba pensando en él. Pero el caso es que en el universo Twin Peaks el personaje de Andy no sólo acabaría siendo de los menos raros, sino que junto con Lucy casi serían el perfecto ejemplo de cotidianidad del mismo.

A medida que la segunda temporada fue avanzando y se introdujo a Dick Tremayne (Ian Buchanan), la historia de Andy y Lucy se fue apartando paulatinamente del eje del serial y convirtiéndose en una especie de sitcom interna. No sin cierta frustración para alguno de sus protagonistas, como explicaba Robertson en el libro Reflections: An Oral History of Twin Peaks de Brad Dukes: Cuando estuve en el programa de David Letterman me comentó que le dijera algo sobre la serie y le contesté que no tenía ni idea porque yo ya no salía en Twin Peaks, yo salía en “El Show de Andy, Lucy y Dick”. No teníamos nada que ver con cualquier otra cosa. Teníamos catas de vinos, desfiles de moda y el “Quién es el padre del hijo de Lucy”? No sé, me sentía aislada y no tenía ni idea de que pasaba con los demás: ni tan solo nos daban los guiones al completo. David no estaba y Mark no estaba y gente que no estaba en su misma onda estaban dirigiendo el programa. Mi frustración me poseyó y lo solté por televisión [risas]. Hasta se puede ver en YouTube. Personalmente la trama de los tres me parece muy acertada como recurso cómico (los tres intérpretes están geniales en sus papeles), pero en ciertos momentos posteriores a la resolución del caso Palmer adquieren un exceso de protagonismo que creo que desequilibraba bastante la balanza de géneros que se vivía en la serie en sus momentos más afinados. Hay capítulos durante el periodo de entreguerras (que es como me suelo referir a las horas que cubren desde la muerte de Leland hasta la aparición de Windom Earle) donde la comedia loca (no solo por esto sino también por Nadine, o la regresión de Ben) se convierte en el género principal del relato, y viéndolo en perspectiva se les fue un poco de las manos. Pero es la perspectiva también la que hace que durante los años posteriores, leyendo entrevistas a los guionistas y actores del show, a opiniones de críticos y especialistas en la obra, o incluso en mis personales reflexiones y muy probablemente las suyas, todos hayamos tenido nuestras propias ideas sobre qué rumbo debería haber sido el adecuado una vez resuelto el crimen de Laura Palmer que debería haber tomado Twin Peaks, pero hacerlo en 1990, trabajado en una temporada de 22 episodios que exigía una rapidez que no tuvo la previa (que fue elaborada casi como una película larga), y con muchas más presiones e inconvenientes de lo que parece a simple vista, es otra historia y no debió ser nada fácil. Es un momento que, aunque resultara ser el más bajo de calidad de la narración, a su manera me fascina, y a ver si en el futuro puedo elaborar un poco más todo esto con más tiempo en un texto sobre el tema…

Volviendo a Andy, en esta etapa de la segunda temporada viviendo todos aquellos momentos de comedia un poco over-the-top incluso se me ponía difícil salir en su defensa con el recurso no es tonto, es inocente, ya que se iba comportando con más frecuencia como un niño en el cuerpo de un adulto y ambos conceptos se difuminaban un poquito. En la definición que daba la directora Lesli Linka Glatter -encargada de ponerse tras las cámaras en 3 episodios de la serie clásica- en el mismo Reflections creo que se encuentra la visión más acertada y certera de lo que debería ser el personaje: Había algo de maravilloso en él: el policía que le afecta todo lo que le rodea. No ha sido capaz de desarrollar la coraza adecuada para poder tratar con las consecuencias que implica su trabajo. Sí, era cómico, pero siempre con los pies en la tierra. Había un cierto “pathos” en ello y una realidad de amor no totalmente devuelto en su plenitud. En cierto modo creo que tocaba una fibra. Pero siempre, ignoro si de manera premeditada o pura casualidad feliz, Andy era un recurso para los guionistas para hacer avanzar su trama, aunque fuera “usándolo prestado” de su propia serie dentro de la serie. De comerse una tabla con la cara y encontrar por accidente una bota de Leo Johnson de la marca Circular (la marca que venía Phil Gerard, el manco, ¿se la vendió él al camionero traficante?), a clavar sin querer su pico en la Cueva de la Lechuza intentando espantar a una lechuza y provocando por ello que una pared por casualidad caiga y desvele la petrografía, pasando por el hecho de que sea el único personaje de toda la serie -al margen de Windom Earle- que sepa que dicha petrografía no es un jeroglífico sino un mapa (y nunca se aclara cómo diantres lo sabe, ¿lo soñó tal vez? Lo ocurrido esta semana ayuda a reinterpretar el pasado), Andy siempre iluminaba el camino que debía seguir el agente Cooper, aunque ni él mismo pareciera ser muy consciente de ello.

Así que esta semana, por fin, el arco del ayudante del sheriff Brennan parece haber llegado a una reveladora conclusión, y es que él resulta ser elegido por el Bombero (Carel Struycken, el artista anteriormente conocido como El Gigante) para que viaje a través del portal hasta lo que parece su hogar, y reciba toda la información necesaria sobre lo ocurrido hasta la fecha respecto al viaje de Bob a nuestro mundo y su plan maestro para contrarrestar sus efectos. Andy es el primero que corre a socorrer a Naido (Nae Yuuki) y aunque fuera el contacto con ella lo que provoque el traslado, siempre iba a ser él puesto que el ir a socorrer al indefenso ante todo forma parte de su naturaleza. Ahora él sabe (o siente, ya que el trasvase de información tiene un carácter bastante simbólico debido a las limitaciones del género humano) la verdad acerca de los dos Coopers, y probablemente acerca de la verdadera naturaleza de Laura, además de tener una visión de sí mismo con Lucy que todavía debe ser explorada. Y recibe también la indicación de proteger a Naido ya que hay quién la busca y quiere matarla. Qué previsible todo, ¿verdad? Desde que vimos la tercera parte supimos que Naido iba a volver y a viajar entre planos hasta Twin Peaks. Sí, sí, absolutamente predecible, salía en todas las quinielas… Ejem… Por cierto, el lugar supongo que es idéntico al que vimos en el octavo capítulo, y del que pondría la mano en el fuego que es la Logia Blanca, y es que hasta el tronco del árbol de Jack’s Rabbit, donde lleva Bobby a la expedición de los policías, tiene la forma de las rocas que ubican el palacio del Bombero en el otro plano. Una cosa evoca a la otra, siempre. Ah, y un detalle más, que me hizo mucha gracia. En las celdas, antes de que estalle la locura y la escena guiñe a los ladridos de Bobby y Mike en el piloto, cuando Chad (John Pirruccelo) se burle de Andy y le diga que no es de verdad un policía y que le parece ridículo- comentario que nunca se había dicho tal cual en el pasado pero que se “intuía” que se lo podrían echar en cara en cualquier momento-, éste le pondrá en su sitio a su única e inimitable manera, provocando hasta los suspiros de su amada. Como ya hizo hace 25 (bueno, o 27) ante Albert, rival mucho más poderoso que Chad en el téte a téte. A decir la verdad no se le puede ganar, por mucho ingenio del que se disponga.

“Somos como el soñador que sueña y luego vive dentro del sueño”

Como siempre, quedan temas en el tintero para dar y tomar, pero para ello les aconsejo que recurran a Twin Peaks España (o a su foro), La Logia Blanca, The Bookhouse Boys o al foro de la página Universo David Lynch, o dejarnos un comentario en nuestra propia página de facebook. Las calderas del Gran Hotel del Norte me han intrigado sobremanera, pero vamos a dejar el agua en el fuego una semana más a ver a donde nos lleva: por la estética del lugar me ha recordado a la escalera que veía Gordon en el nexo de Buckhorn donde esperaban los Leñadores. ¿Qué esconde esa puerta? La escena con la historia de Freddie Sykes (Jake Warden) sirve para especular con el futuro. ¿Para qué será necesaria la fuerza del guante? ¿Para derribar a un leñador, a un doppelgänger…o a una montaña entera? El puzzle acerca de Billy, Tina y Chuck sigue aportando nuevas piezas en modo cotilla (Lynch siempre nos sienta en la mesa de nuevas incorporaciones de un solo uso y nos permite escuchar sus chismorreos sobre el tema). Y el sueño de Gordon con Monica Bellucci sospecho que tendrá mucha importancia hacia el final y mejor esperar un poco para empezar a darle vueltas. ¿Es eso que hace ella con las manos algún tipo de mudra? No hay que contemplar con miedo a las posibilidades de que haya partes en Twin Peaks que terminen siendo parte de un espacio onírico: ya las ha tenido, y no por eso han dejado de ser menos reales. Realidad en construcción, no su versión definitiva… Respecto a soñar con personajes famosos, que no sea lo habitual en la ficción no significa que no sea habitual, y le ha pasado a prácticamente todo el mundo que conozco. Sin ir más lejos yo hace unos meses soñé con Natalia Tena. Sólo recuerdo la parte final del sueño, que era muy bonito por cierto pero bien peculiar, e incluía unas cajas para turistas en el puerto que te introducían en el fondo del mar. Lo curioso es que hasta el día que tuve ese sueño nunca me había parado a pensar en Tena más allá de conocer su existencia por alguna teleserie y desde entonces siempre estoy atento a sus papeles o a sus discos, no vaya a ser que haya algún mensaje ahí. O quizá tiene un agente de publicidad en el campo onírico, quién sabe. Por extraña que parezca a simple vista, a la hora de la verdad Twin Peaks se parece mucho más a la vida de lo que pensamos…

Javier J. Valencia

 

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