Twin Peaks: The Return – Parte 13 (What story is that, Charlie? – David Lynch, Showtime, 2017)

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La decimotercera entrega de Twin Peaks nos ha llevado a Montana, donde Mr. C ha localizado a Ray (George Griffith) y finalmente ha descubierto el paradero de Phillip Jeffries. También a Las Vegas, donde Dougie ha logrado evitar una vez más un destino fatal gracias al arrepentimiento de Anthony Sinclair (Tom Sizemore) cuando éste ya le había preparado el veneno que tenía que acabar con su vida. Hemos visto brevemente Utah, mientras Hutch y Chantal (Tim Roth y Jennifer Jason Leigh) prosiguen su misión mortal rumbo al sur. Y finalmente nos hemos detenido en Twin Peaks, donde nos hemos reencontrado con el “último gran nombre” de la serie original que quedaba por aparecer -el buenazo de Ed (Everett McGill)- y es en la aparentemente idílica población norteña donde la sensación de extrañeza no hace más que crecer y crecer…

Ya nos han leído, ya nos conocen, ya saben cómo va esto… y si no es así, repetimos: este texto no será una review al uso, sino una colección de apuntes, divagaciones, a veces ideas, a veces teorías (siempre desechables), a veces simples pensamientos o recuerdos provocados por el visionado (y por el segundo y el tercero) del capítulo. Vamos allá:

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Tiempo y tiempo otra vez – ¿Qué está pasando en Twin Peaks que da la sensación que el tiempo se contrae y se expande como un acordeón? Bobby habla con Ed de su día de trabajo en el que dice haber encontrado algo de su padre pero nosotros conocimos tal cosa hace cuatro semanas y desde entonces le hemos visto tener otras vivencias (y algunas de noche, como el tiroteo en la Doble R la semana pasada, indicativo de que se trata de un día distinto). ¿Está sucediendo, esto al menos, antes que los dos episodios previos? ¿La llamada de Becky (Amanda Seyfred) a su madre sucede antes o después de que acudiera al piso de Gersten arma en mano? En Las Vegas, ¿La fiesta de Dougie con los Mitchum continúa directamente desde la última vez que estuvieron juntos? ¿Y donde su ubica el salir al jardín a jugar (ejem, bueno, ya me siguen) con su hijo en la hora previa?  ¿Es el futuro o es el pasado?

Mientras que durante semanas me pareció muy interesante ir leyendo diferentes timelines que han ido apareciendo en la web que intentaban poner orden en el asunto intentando mostrar las diferentes temporalidades de Buckhorn, Twin Peaks y Las Vegas, ha habido un momento en el que ya prefiero esperar a la revelación final que seguir intentando encontrar orden en el caos. Sigo pensando, como he ido indicando en algunas entradas previas, que una de las probabilidades más factibles es que estemos viviendo un punto de vista que nos ofrece dos realidades paralelas prácticamente idénticas, pero con sutiles diferencias, solapadas una encima de otra. Y los espectadores las estamos visionando creyendo que se trata de una sola. Ya no solo por la historia alternativa contada en algunos pasajes de La historia secreta de Twin Peaks de Mark Frost o por algunos saltos en el raccord excesivamente llamativos como para ser un error casual. Esta semana hemos comprobado cómo la distorsión es tal que hasta los reflejos no se corresponden y están mostrando una “versión paralela” de lo que está ocurriendo. ¿Le prestaron estricta atención a los movimientos de Ed en la escena final del episodio, en comparación con lo que hace su reflejo? Y hablando del mismo…

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El retorno del “Gran Ed” – Por fin se ha dejado ver Ed, “el que faltaba” de los protagonistas clásicos que todavía no había hecho acto de presencia y que se encontraba en la lista de intérpretes oficial revelada por Showtime en abril de 2016. A partir de aquí, cualquier otro retorno será una total y completa sorpresa. Independientemente del loop temporal en el que parezca encontrarse el pueblo, el personaje de Everett McGill parece vivir eternamente en su mismo bucle temporal, enamorado de Norma Jennings (Peggy Lipton) pero incapaz de dar el paso definitivo que hiciera que ambos pudieran vivir juntos. Normalmente era un paso que ambos temían dar, pero Norma se quitó la sombra de su exmarido mucho tiempo atrás. En la escena que han compartido hemos observado como, al verlos, Bobby (qué lejos quedan los tiempos en los que tumbaba a Ed de un puñetazo) incluso ha dado a entender que creía que había algo entre los dos: no sería nada raro sospechar que han estado 25 años tal y como los dejamos, viéndose a escondidas, pero siendo Ed incapaz de dar el paso definitivo ¿Vivirá todavía con Nadine? ¿Se habrá quedado definitivamente solo? La notita que quema era reminiscente de aquellos mensajes que solían pasarse a escondidas de el “Encuéntrate conmigo en el RoadHouse” del piloto o el “Tenemos que hablar” que le pasaba él a ella a instancias de Hank (que según La historia secreta de Twin Peaks, murió en prisión. Aunque dada la información que parece proveniente de un Twin Peaks paralelo en ese libro, vaya usted a saber…) y, quizá, esta vez, simbolice el paso definitivo para dar portazo a su historia. Pero dado el drama sin fin en el que viven los dos, lo dudo.

David Lynch siempre ha tenido una cierta debilidad especial por el actor, desde los tiempos de Dune (1984) en la que ambos trabajaron juntos por primera vez. Fue en aquel rodaje donde lo bautizó como Big E, y con el que mantuvo largas conversaciones sobre coches y mecánica, dada la afición común de ambos por el tema. Y es uno de los pocos intérpretes que puede presumir de que su personaje fue creado expresamente para él, basado en esta imagen que desarrolló el director de Montana acerca de su persona. Y por dos veces, tanto en la serie de los 90 como en la actual, estuvo a punto de quedarse fuera.  Sé que la ABC dio el visto bueno a todo el reparto excepto a mí mismo –recordaba McGill en una entrevista a Wrapped in Plastic en su número 44, en diciembre de 1999-. Pensaban que debido a que había participado en demasiadas películas muy duras, no tenía espacio en una cadena pública norteamericana. De hecho, fue una orden directa. Y, por supuesto, yo vivía entonces en Arizona y no era nada habitual que un actor de una serie viviera en un estado diferente. Yo tenía que venir cada semana para hacer mi papel, y la cadena tenía que pagar la cuenta. Pero David peleó por mí. Dijo que no lo haría si yo no estaba dentro. Sí, fue una completa locura, pero le quiero por ello. Y más recientemente, para la tercera temporada en Showtime. McGill llevaba retirado del mundo de la interpretación desde su breve aparición dando vida a un trasunto del propio Ed en Una historia verdadera (1999) y había estado ilocalizable todos estos años. Hasta el propio Lynch puso en marcha una campaña en twitter para dar con él que tuvo un final feliz.

Lo que da vueltas vuelve dando vueltas – En realidad, siendo picajosos, ha habido otro retorno aparte de McGill en este capítulo: el señor que cuestiona la calidad del café en el lavabo cuando Sinclair lo tira por el desagüe es Mike Malone, diseñador de vestuario de el actual programa que ya había tenido un cameo en Fuego, camina conmigo interpretando a uno de los agentes del FBI que detienen a las prostitutas del bus escolar en Dakota del Sur cuando Chet Desmond (Chris Isaak) es convocado por Gordon, y que ya había sido el protagonista de un divertido documental incluído como extra en la caja El misterio completo. Su nombre era Moving Through Time: Fire Walk With Me y lo comenté brevemente en su día. “Oficialmente” hablando solo quedan por aparecer Matt Battaglia (que interpretó al poli que no sabía deletrear “Jaguar” durante el caso de la Viuda Negra, y dada su “enorme importancia” no sería extraño que diera vida a otro personaje, como el propio Malone), Bellina Martin Logan (era Louie, una empleada del Gran Hotel del Norte que me llamó la atención porque fue presentada en un episodio de la segunda temporada dando la impresión de que sería una secundaria recurrente y no volvió a aparecer jamás), Julee Cruise (obviamente, la cantante del Roadhouse original) y Carlton Lee Russell (el saltador enmascarado de FWWM).

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No le vaya a caer un satélite encima – ¿Cómo una mujer tan atractiva como usted puede mantener a distancia a los moscones?- le preguntaba en la primera temporada el agente de la condicional de su marido a Norma, mostrando un claro interés por ella. –Les digo que tengo un esposo en la cárcel a punto de salir en libertad condicional– respondía ella para sacárselo rápidamente de encima. Eran otros tiempos… y en cambio Norma en esta época no parece tener interés en vivir en una eterna novela de Corín Tellado esperando a Ed y no parece negarle los favores al comercial Walter Lawford (Grant Goodeve) que parece intentar “pervertir” su tarta de cerezas para facturarla al resto de franquicias Doble R y hasta intenta alterar el nombre de la cafetería. El progreso, vamos, y no les ha costado mucho dibujarlo como el opuesto de Ed, eternamente anclado en el pasado. O quizá una manera “simbólica” de representar “la expansión de la oscuridad”, a la cual Norma se niega. También ha perfilado al personaje de Peggy Lipton como una especie de “hechicera culinaria”, algo que tampoco era difícil de suponer. ¿Cómo puede sentirse Norma atraída por este sujeto? ¿Es debido a que el otoño de su vida se le ha echado encima y ya no puede ir dejando pasar más días deshojando una margarita sin fin? (totalmente comprensible, la verdad). ¿Es por que representa lo oscuro, como Red (Balthazar Getty) para Shelley, y resulta a su manera difícil de resistir? ¿O es porque las estrellas de la TV de los 70 se atraen como imanes entre ellos?. Lipton conoció la fama en la tele americana en aquella década gracias a su papel como la agente de policía Julie Barnes en The Mod Squad y Goodeve hizo lo mismo gracias a la mítica sitcom Con ocho basta, donde daba vida al hijo mayor de la familia, David Bradford…

Pero al que suscribe le hizo cierta gracia cuando leyó la lista del reparto oficial ver a Goodeve ya que representa un link con una de las más ilustres hijas de Twin Peaks y una de mis producciones televisivas preferidas de los 90, Doctor en Alaska, en la que daba vida a Rick, personaje nacido para impedir el romance entre el Doctor Fleischmann y su novia Maggie O’Connell en los primeros capítulos de la serie y cuyo destino final seguramente recordarán todos aquellos que la seguían… (sí, me estoy riendo por lo bajo). Pensándolo bien, todas aquellas llamadas Hijas de TP en los 90 están teniendo su representación en forma de intérpretes en la versión actual, ya sea casualidad o un meta-homenaje catódico perpretado con toda la intención. Obviamente el más evidente es David Duchovny, aunque Denise siempre estuvo antes que el agente Mulder de Expediente X. La cual por cierto, vio pasar a lo largo de sus 9 temporadas a una cantidad tan ingente de actores de Peaks que llevaría un artículo por si mismo rememorarlos todos. Jim Belushi y Ernie Hudson eran dos de los protagonistas de Wild Palms, destinada a capturar al público del programa de Lynch y Frost un año después de su cancelación por parte de la misma cadena ABC y que también jugó al pastiche de géneros (soap, ciencia ficción, quirky TV) con desigual fortuna. Pero eh, eran los 90, las series de tv no es que se tomaran muchos riesgos entonces, y a mí me gustaba. Para guiñar el ojo a Eerie, Indiana solo hace falta tener en el reparto a Harry Goaz. Y con este otro guiño a Cicely, Alaska, “el ciclo se ha cumplido”.

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Una burbuja fuera de la distorsión del tiempo – Esa es la impresión que me ha provocado la inquietante escena en casa de los Palmer. Caramba, cada vez que vemos en plano esos espejos detrás del sofá donde se vio “por accidente” el rostro de Bob (Frank Silva) en los ya lejanos días del “episodio-piloto-versión-europea” (o Asesinato en Twin Peaks, si lo conocieron con ese nombre) estoy con la vista pegada creyendo que va a aparecer algo reflejado otra vez en cualquier momento. Pero de toda la información contenida en todos los detalles del plano (desde el plato de lo que parece crema de maíz, hasta la foto de Laura con Donna, que por cierto vuelve a tener el rostro de Lara Flynn Boyle y no el de Moira Kelly) la más llamativa también es la que probablemente sea la más indicativa de lo que está ocurriendo: en la pantalla de su TV se ofrece un antiguo combate de boxeo (¿no será Bushnell uno de los contendientes?) que se corta durante la emisión y vuelve unos segundos atrás, y así sucesivamente, en un loop que se repite siete veces. Tiempo y tiempo otra vez… ¿No imita eso mismo Mr. C cuando juguetea con Renzo (Derek Mears) mientras echa el pulso con él, volviendo una y otra vez a la posición inicial hasta que finalmente le aplasta (el brazo y, literalmente, la cara)?

La impresión que me dio la escena es que el loop no solo está sucediendo en la TV, si no que es la propia temporalidad la que está siendo alterada, y Sarah, debido a sus ciertas particularidades psíquicas -comentadas por aquí hace siete días- está “al margen” de estos efectos y puede contemplar esta alteración del tiempo como una espectadora. Además de poder percibir otras cosas, como pareció darse a entender en la entrega anterior. Si recordamos la tercera entrega, cuando Cooper llegaba hasta la Habitación Púrpura y se encontraba con Naido, la dama oriental sin ojos, para poder hacer avanzar la realidad cronológicamente hacia adelante antes debía entrar como en un circuito temporal donde nos daba, desde fuera al espectador, la sensación de que repetía gestos o los alteraba mínimamente para llegar a unas mismas conclusiones, como si por cada paso hacia adelante que diera volviera hacia atrás en el tiempo para volver a empezar (en un lapso de segundos). ¿Y si Coop siempre lo percibió como un presente continuo?

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Un mundo salvaje por dentro y muy extraño por fuera – La situación con Audrey está empezando a tomar un cariz bastante siniestro. La semana pasada surgieron varias especulaciones en torno a si realmente estaba en coma y la escena con su marido Charlie (Clark Middleton) estaba sucediendo en el interior de su mente, o si el susodicho sólo interpretaba el rol de esposo pero lo que estaba haciendo era tratarla psicológicamente. Dado el cambio de actitud del personaje de Sherilyn Fenn, que ha pasado de exigir a ser acompañada al Roadhouse a de golpe no recordar ni cómo llegar, ambas teorías han empezado a brillar con fuerza. Y esas referencias a la niña perdida y al bosque de Ghostwood no hacen más que reforzar el feeling de que lo que está pasando podría estar en los límites de la realidad o de la cordura.

Pero esa “crisis existencial” que le hace a Audrey tener la sensación de que no es quién debería ser, ¿Podría indicar de nuevo algo relacionado con las dos realidades, como que se intercambió por error de dimensión al perderse en Ghostwood, y ahora nota que no es la suya, aunque ella misma piense que lo que le ocurre es más un problema mental que uno real? ¿Ni siquiera está segura de cómo llegar al Roadhouse porque ella lo ha visto ubicado en dos realidades diferentes? Incluso, yendo más lejos, en una de ellas sigue en coma, y por eso Frank informó a Ben del crimen cometido por su hijo (si es que lo es) Richard (Eamon Farren), y en la otra es en la que la vemos con su (presunto) marido.

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El anillo único – Los primeros minutos de la parte número 13 fueron un tornado impulsados por Mr. C, esa simbiosis entre el Cooper maligno y Bob que espero que el año que viene implique como mínimo una nominación al Emmy y/o al Globo de Oro para Kyle MacLachlan (con la ayuda de Dougie, claro). Ese submundo criminal tan weird como el propio mundo de Twin Peaks y que escoge a su líder por algo tan, ejem, discutible como un pulso -hasta C se ríe de ello- sirve a Lynch para dibujar de nuevo sus atractivos y extraños lienzos -el momento en que los delincuentes miran por la pantalla gigante como si contemplaran una instalación de arte es impagable, la aparición del contable de la casa (Christopher Durbin- casi sin venir a cuento es oro puro y desubica hasta a uno de los protagonistas más bizarros de la serie- y también representa el adiós de uno de los secundarios más interesantes hasta el momento, pero que tenía diana en la frente desde casi el principio: el criminal Ray, fantásticamente interpretado por George Griffith, que se despide otorgando valiosa información sobre el paradero de Phillip Jeffries… y también sobre el poder del anillo de la Logia Negra, aunque lo haga una vez haya muerto…

Que el anillo era una “llave” y que exigía ser llevado puesto para atravesar las puertas de la Habitación Roja era algo que ya comentábamos los más viejos del lugar (y hoy me permito auto-referenciarme y recordar Twin Peaks, 625 líneas en el futuro). Pero el bucle que hace que Mike siempre coloque el anillo en la mesa me hace pensar que realmente solo hay uno. Un único anillo que, desde su propio punto de vista, pasa por los dedos de mucha gente a través de muchas temporalidades, y desde el nuestro, nos hace tener la sensación de que hay muchos. Pero no, siempre es un único anillo, que una vez ha cumplido con su misión con un sujeto concreto vuelve a ocupar su lugar de inicio. Alguien nuevo lo tiene ahora…

Y, con todo, en esta hora recargada de detalles, auto-homenajes, guiños, información evidente, información encriptada y movimientos temporales, han quedado muchas cosas en el tintero. Ese encuentro entre Jacoby y Nadine que podría ser el inicio de algo. El juego de gimnasia del pequeño Sonny Jim con esa especie de “entrada a la Logia” de juguete que posee. Y por supuesto, ese momento musical con el Just You And I convertido quién sabe si en un hit local por James Hurley (James Marshall), con Lynch todavía creyendo en una canción que, no olvidemos, compuso él y que lograba transmitir la inocencia 50’s de sus intérpretes -además de servir a una memorable escena de la segunda temporada que incluía amor naif, melodrama, un inquietante momento de terror y para algunos comedia involuntaria- y que ahora sirve para conquistar a la que parece ser su nuevo amor, Renee (Jessica Szhor), que llora y llora emocionada en un rincón del Roadhouse donde hace muchos, muchos años también lloró y lloró Donna Hayward abrazada por su novio en aquellos días en un momento que parecía reverberar la tristeza por la muerte de la olvidada Madeleine Ferguson. Un poco de buen karma para Marshall: después de años siendo víctima de bromas por parte de los fans del programa (algunas excesivamente crueles), seguro que verse en una banda sonora que va a vender millones de copias en todo el mundo alegrará su cuenta bancaria estas navidades. Pero para seguir dándole vueltas a todo esto como siempre les recomiendo que se dirijan a Twin Peaks España (o a su foro), La Logia Blanca, The Bookhouse Boys, el foro de la página Universo David Lynch o a nuestra página de facebook si lo prefieren.

Y para despedirme, quiero que miren el siguiente video imaginando que han viajado por el espacio y el tiempo hasta la celebración del concurso de Miss Twin Peaks de 1969 y están contemplando el número que llevará a la joven Norma Jennings a la victoria.

Javier J. Valencia

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