Los 10 mejores títulos de créditos de series de TV

Si hace unos meses Xavier Torrents nos mostraba sus diez títulos de crédito cinematográficos preferidos, ahora le toca el turno centrar nuestra atención al tubo catódico. Criado frente a la tele, pero privado de tener un video hasta mi adolescencia, cuando era un chaval en lugar de disfrutar de las cintas de acción que veían mis colegas (salvo cuando me iba a merendar a sus casas, no pocas veces) me veía obligado a conformarme con lo que daba la TV. Y como no era precisamente el propietario del mando en mi hogar acabé viendo montones de películas y sobre todo, series, para las cuales seguramente no era el tipo de público predeterminado. Y me aficioné al asunto. Y en esas estamos.

Una cabecera de una serie tiene que sintetizar en breves minutos el contenido de la misma, si da el caso, presentar a sus protagonistas, y debería como mínimo intentar enganchar al espectador. En este aspecto muchas series han cortado por lo sano y han obviado el bello arte de los créditos en pos de la inmediatez (Lost, Breaking Bad), que la gente cambia de cadena muy deprisa. No soy muy amigo de los micro-créditos, tan de moda ahora. Debo reconocer que en esta Edad de Oro televisiva se han alcanzado unos niveles a la hora de presentar las series que los que nos criamos en los 80 alucinamos, de todos modos, tampoco he creído correcto que solo las series del siglo XXI coparan la lista. He intentado que fuera lo más equilibrada posible, y me he dejado muchas que me encantan. Cualquier comentario será bienvenido. Sin más dilación…

10 – Fringe (Fox, 2008-2013) – Más que por la cabecera per se (que es muy elegante y concisa, de cualquier modo), Fringe entra en la lista por el jueguecito que se llevaron durante los cinco años de su existencia, capaces de cambiar el color o el estilo según la “ubicación” o temporalidad donde sucedía el episodio en cuestión (los que la habéis seguido ya sabéis a que me refiero), llegando a ser sublime en el excelente episodio de la segunda temporada “Peter” donde los créditos adaptaban su estilo al de los años 80 (minuto 1:40 del siguiente vídeo). No era la primera serie en utilizar el sistema de jugar con los créditos en función del episodio (Joss Whedon también lo usó con gracia ocasionalmente en Buffy Cazavampiros) pero en esta serie más que una broma privada, acabó formando parte de la identidad del programa. Por cierto, cuanto la echo de menos…

9 – The Equalizer (El ecualizador, CBS, 1985-1989)“Aquí va a haber hostias”, pensabas en los créditos iniciales de esta serie sobre las andanzas de un ex-policía reconvertido en vigilante callejero y que resultaba bastante violenta para los cánones de la época. La música de Stewart “Police” Copeland nos acompañaba mientras se nos iban mostrando imágenes que “intuían” una serie de crímenes, pero no llegábamos a verlos… dejando a la viva mente del espectador el suponer en qué consistían, y poco a poco se iba notando la presencia del susodicho Ecualizador (el fantástico Edward Woodward) que a lo largo de la hora siguiente iba a preparar un plato de tiros, guantazos, justicia y venganza para, si no arreglar las cosas, si “igualar la balanza” entre víctima y culpable.

8 – The Sopranos (Los Soprano, HBO, 1999-2007) – Soplaban vientos de cambio (catódicamente hablando) a finales de los 90 y Los Soprano sería la elegida para romper con todos los moldes y poner a la cadena HBO en el disparadero. Ya sus títulos de crédito nos mostraban algo diferente, alejados de las típicas presentaciones con imagen y rostro a las que nos habían acostumbrado durante la década anterior. Los Soprano nos mostraba a un señor muy misterioso con gafas de sol y un puro conduciendo un coche a la hora a la que la ciudad despertaba, mientras sonaba el tremendamente cool Wake Up This Morning de Alabama 3. Pero al final descubríamos que el señor llegaba a su casa después de haber pasado la noche trabajando. Tony Soprano era un gánster y un rey, New Jersey su reino, y nos lo acababa de mostrar con inimitable estilo. La haría durante 6 inolvidables temporadas.

7 – Batman: The Animated Series (Las aventuras de Batman, Fox, 1992-1995) – Cuando, en su día, un gran número de potenciales espectadores esperaban un refrito animado del Batman de Tim Burton (que por aquellos tiempos era el que se estrenaba por la gran pantalla) y en teoría esta serie iba a ser una explotación pura y dura, se llevaron una enorme sorpresa cuando su magnífica cabecera entroncaba más con Max Fleischer y el expresionismo alemán. Sus créditos eran un pequeño cortometraje en si mismo que mostraba un estilo propio y muy llamativo. Lo único que tenían en común con la franquicia cinematográfica era la espléndida banda sonora de Danny Elfman. Bruce Timm y Paul Dini querían hacer el Ciudadano Kane de la animación, y lo consiguieron.

6 – Garth Marenghi’s Dark Place (Channel 4, 2004) – Los créditos de Dark Place (de la cual Victor Castillo nos escribió un estupendo artículo tiempo atrás), son capaces de sintetizar el egocentrismo de su creador (“escritor, portador de sueños y además actor”), resumir el contenido de la serie, homenajear algunos clásicos como los de The Twilight Zone o Riget, parodiar el estilo de las cabeceras de los 80 y además, resultar divertidísima. No es moco de pavo que apetezca verla una y otra vez. Por cierto, tras el visionado de los seis episodios, nunca llegamos a ver ningún capitulo que incluya el descacharrante momento de salvar al bebé con la ambulancia explotando. Sensacionales.

5 – Dexter (Dexter, Showtime, 2006-¿) – El arte del asesinato está implícito en cada uno de los gestos que el personaje una mañana cualquiera a la hora de prepararse para salir a “trabajar”. Colocarse una camiseta recuerda a matar por asfixia, cortar carne a acuchillar suavemente, atarse los cordones a estrangular… y sin embargo en contraste se nos muestra una música de ritmillo alegre, como de comedia ligera… pocas veces se ha encontrado un mecanismo tan bien arreglado que defina el tono de humor negro pero a la vez macabro que tenía la serie, sobre todo en sus primeras (y mejores) temporadas, fulminado con una mirada sardónica del protagonista al espectador, cómplice de su mascarada.

4 – The Twilight Zone (En los límites de la realidad / La dimensión desconocida, CBS, 1959-1964) – Admito que el original, el de los primeros episodios, el que mostraba la nebulosa inicial y el dibujos de ese “otro mundo” hasta llegar a la cueva, tenía un encanto especial, al representar, aunque fuera de una forma un tanto primitiva, el atravesar un mágico velo entre dos mundos, el real y un universo catódico con sus propias leyes. Pero el de las últimas temporadas quizá es el más recordado por incluir elementos muchos más reconocibles (la puerta, la muñeca, el ojo) y ser sencillamente más directo. También por “representativo” es el escogido, ya que mantiene intacto esa sensación de pasar de un mundo a otro. Con franqueza, todos me gustan, puesto que realmente la importancia radicaba en el discurso del señor Rod Serling y la increíble música de Bernard Herrmann, imposible de escuchar sin caer en estado de trance catódico.

3 – Twin Peaks (ABC, 1990-1991) – A título personal, me cuesta mucho describir lo que significa Twin Peaks para mi, las horas que le dediqué a disfrutar mientras le daba vueltas y vueltas intentando desentrañar sus misterios y claves, y la compañía que me hizo en los momentos más duros de mi adolescencia. Decir que para mi es algo más que una vulgar serie de televisión es quedarse corto, me llevó a interesarme por muchísimas otras muestras de arte, en forma de cine, música, literatura o televisión, y ya nunca pude volver a mirar a ninguna otra serie con los mismos ojos una vez que me volvió del revés (la primera vez que la vi fue a la edad de 13 años). Suelto este rollo para indicar que, de ahora en adelante, si cada vez que hago un ranking sobre series de TV, sea del tema que sea, aparece la serie de Lynch y Frost, no se sorprendan. Pero, en cualquier caso, de un modo muy parecido a The Twilight Zone, los créditos de la serie, que muestran la aparente apacibilidad del pueblo maderero, con la magistral melodía de Angelo Badalamenti, eran directamente una invitación y un portal para introducirnos en otro mundo. Han pasado más de veinte años y todavía logra erizarme los pelos.

2 – Homicide: Life on the Street (Homicidio, NBC, 1993-1999) – La cabecera de las cuatro primeras temporadas (con sus pequeñas variantes respecto al casting que entraba y salía de la serie) era sencillamente espectacular. Unas imágenes en blanco y negro nos mostraban lugares y escenas la ciudad de Baltimore mientras veíamos los rostros, uno por uno, de los protagonistas. La imagen se teñía de rojo para indicarnos dos cosas en una: el título de la serie y lo que íbamos a presenciar. Finalmente aparecían los nombres de los integrantes del reparto sobre la ciudad a oscuras. La música cual pegamento lo unificaba todo en una tensión extraña. A partir de la quinta temporada la cabecera cambió por una mucho más vulgar (síntoma de la vulgarización en la que fue cayendo la serie también año tras año) y nunca logró ni por asomo hacer frente a este minuto clásico. En su sencillez radica su belleza.

1 – Carnivàle (HBO, 2003-2005) – Aunque Carnivàle nunca llegó del todo a ser la inolvidable experiencia que prometía su premisa –demasiados problemas internos de producción, demasiada inexperiencia por parte de su creador Daniel Knauf- si que fue una muy buena serie de corte fantástico que por momentos brillaba con maestría. Tal vez devorada por su gigantesco concepto (la lucha entre el bien y el mal va saltando en generaciones y en este caso están representadas por un joven sanador que vive en un circo ambulante y un cura durante la Gran Depresión) sus títulos de crédito te informaban de lo esencial, un mundo esotérico donde la vida cotidiana está dominada realmente por criaturas de otro mundo y fuerzas cósmicas. El inicio era intrigante, cautivador e inquietante, y leyendo sobre como habría continuado la serie (Knauf tenía planeadas seis temporadas) incluso avanzaba el futuro de las tramas. Sencillamente magistral.

Javier J. Valencia

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