The Leftovers – Temporada final (2017)

leftovers0301Tenemos que obligar a la realidad a que responda a nuestros sueños, hay que seguir soñando hasta abolir la falsa frontera entre lo ilusorio y lo tangible, hasta realizarnos y descubrir que el paraíso perdido está ahí, a la vuelta de la esquina.” (Julio Cortázar)

En su primera temporada, The Leftovers partió en un inicio como un viaje dramático a través de las profundidades del vacío, de la reacción ante la pérdida, la reacción ante la nada. En ese transcurso narrativo alcanzó la excelencia, pero dicho viaje acabó dando para muchísimo más: un abanico de universales trasuntos existenciales, poéticos, espirituales y por supuesto trascendentales. Pero en ningún caso trascendentales en un sentido cotidiano de religiosidad consabida, sino una trascendencia en el drama que se destila en las entrañas de la soledad cercana, de la necesidad de un algo más acá que allá, de la locura y sufrimiento nacidas de las cenizas de un preguntar a una respuesta en blanco; nacidas de un vacío para con la otra o el otro, que me mira pero no me ve, que me acompaña pero se aleja, buscando tener que creer en una realidad para no tener que vivir en la interioridad de lo ilusorio, de lo intangible, de aquello que nos hace humanos. En su tercera temporada, The Leftovers ha dado un sobresaliente salto de minucioso trabajo a la hora de construir un concluyente viaje de los personajes, estableciendo unos arcos narrativos perfectamente cuadrados con la lírica del viaje ofrecido al espectador, creando una experiencia de excelso nivel que no busca establecer dogmas, dar respuestas o convertirnos a ninguna verdad, sino más bien golpearnos al corazón y arrojarnos al abismo del momento llamado “ser humano”. Tom Perrotta y Damon Lindelof han creado la mejor temporada final posible para la que ya es sin duda una de las mejores series de los últimos años.

leftovers0302El sueño de los que sueñan les concierne a los que no sueñan…Y ¿Por qué? Porque desde que existe el sueño del otro, existe peligro. Desconfiad del sueño de los otros, porque si estáis atrapados en sus sueños, estáis perdidos.” (Gilles Deleuze)

Ficciones. Sueños. Realidad. Entretejido de ficciones, ¿entretejido de relatos? ¿Vivimos la vida o relatamos la vida? Nora (Carrie Coon) cuenta una historia y Kevin (Justin Theroux) la escucha, y la cree. Ese es el cierre para una historia cuyo penúltimo episodio nos había vuelto a llevar a ese otro lado en el que Kevin siempre despierta cada vez que su vida llega a su fin. El otro lado de Kevin se nos muestra, el otro lado de Nora se nos cuenta, se nos relata. El otro y su relato, el otro y su sueño. Si algo ha construido magníficamente The Leftovers en estos tres años ha sido la capacidad de dialogar con el espectador de forma sencilla a través de sus propios personajes; como en todos y cada uno de los capítulos del padre Matt (Christopher Eccleston), en los que parece acabar hablando con nosotros mismos mientras se adentra en su duda continua. Nora, Kevin, Matt, Laurie (Amy Brenneman), Kevin padre (Scott Glenn), todos intentan dialogar con sus otras/otros, y a la vez con ellos mismos propiamente. Conversaciones de nuestra cotidianidad se llenan y rebosan de los clásicos trending topic “la falta de comunicación”, “la imposibilidad de dialogar con el otro”, “la incomunicación como principal gran problema de nuestra sociedad”… Pero, ¿y la falta de comunicación con uno mismo?

leftovers0303La premisa de The Leftovers situó a sus protagonistas ante una posición máxima de incomprensión, de pérdida y vacío, y en tres temporadas ha ido componiendo el viaje de cada uno de ellos, hasta llegar a un último año en el que el problema principal de todos es el vacío que se han creado para sí mismos. Cómo reconstruirlo o querer reconstruirlo ha sido finalmente el viaje de cada uno. La fe, la esperanza, el duelo, reprimirlo, auto-engañarse, son todos elementos que cimientan el viaje de cada uno de los personajes. Kevin abre la veda a la locura y al sinsentido porque es lo único que puede dotar precisamente de sentido a la nada que expira de sí a cada segundo. Nora derriba los muros que ella había construido y acepta que no puede superar su pérdida, y que necesita arrojarse también a lo ilógico para precisamente dar lógica y final a lo que acontece en su interior. Matt discute con su propia fe para no tener que entender que todo cuanto ha hecho no lo ha hecho en favor de un poder o bondad superiores, sino realmente en favor de sí mismo. The Leftovers es lo más parecido al sueño y/o pesadilla que el personaje de John Locke podría tener en la isla de Perdidos. Y esa es la única conexión que, para quien suscribe estas líneas, existe con la anterior serie de Lindelof; los temas están ahí, pero la lírica de The Leftovers se sitúa en una galaxia completamente alejada de aquella maravillosa y maldita isla.

leftovers0304Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real.” (Jorge Luis Borges)

¿El otro lado de Kevin es real? ¿Lo es porque se nos muestra? ¿Entonces el otro lado de Nora no lo es? ¿Es real todo ello en tanto a qué? ¿En tanto a qué mirada? ¿En tanto a qué relato? ¿Si te lees el National Geographic en sueños, cuenta como leído? Los creadores del programa ya avisaron que no iban a haber respuestas, o mejor dicho, que no iban a haber grandes respuestas, pero eso ya lo sabíamos también desde la primera temporada. Lo que no sabíamos era que todo iba a acabar danzando entre esferas desdibujadas de aquello en lo que una respuesta podía consistir. Porque lo cierto es que el desenlace de The Leftovers no responde a nada y a la vez responde a todo. No al misterio insondable, porque nunca trató de eso la serie. Responde sin solucionar, responde sin salvar. En la primera temporada los personajes levantaban los brazos hacia el cielo y suplicaban. En el desenlace de la tercera, todo se reduce a una mirada que encontramos en el otro, una mirada que encontramos en la otra, y que nos lleva al único y definitivo lugar al que desde el principio quisimos llegar: a casa. Por esto, tras el penúltimo episodio, The Most Powerful Man in the World (and His Identical Twin Brother), en el que se nos ofrece un fantástico viaje a través de ese otro lugar al que llega Kevin (rimando perfectamente con International Assassin de la segunda temporada), el siguiente paso es el de presentar un último capítulo en el que todo confluye en la sencillez de dos rostros mirándose el uno al otro. Después de todos los momentos surreales, después de todo lo que es real y todo lo que no lo es gritando a nuestro alrededor, después de todo lo onírico, fantástico y hermosamente desequilibrado, lo que acontece finalmente es el momento en que dos figuras se cogen de la mano, y bailan. Lo que acontece es la verdad. Su verdad.

Y para todo lo demás, Otis Redding.

Xavier Torrents Valdeiglesias

Las dos primeras temporadas de “The Lefotvers” fueron las números 1 de nuestro ranking de mejores series de los años 2014 y 2015: Top 10 de series TV 2014 – Top 10 de series TV 2015

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