Terrores catódicos (3): The Kingdom – Antiguo y futuro reino (Morten Alfred / Lars Von Trier, Riget, 1994 – Riget II, 1997)

rigetCAP

Un fenómeno pasó como un vendaval a través de las pantallas televisivas de Dinamarca durante el año 1994. El causante, el ya por aquel entonces enfant terrible del cine europeo Lars Von Trier, que, a medias con su habitual guionista Neils Vorsen, había perpetrado un nuevo proyecto que se convirtió en la comidilla de los ciudadanos del país. La teleserie lucharía contra los convencionalismos del medio pero evidenciando su condición de broma catódica: una broma genial que combinaría la comedia, el terror, el drama y los tópicos de las series hospitalarias con descaro y ninguna vergüenza. Su título era Riget (en inglés, The Kingdom).

La serie se ubicaba en el Righshospitalet de Copenhage, el Reino al cual hace referencia el título, el centro médico más moderno del país. Unos muy extravagantes pero a la vez conseguidos títulos de crédito ya nos indicaban que la localización donde fue construido disponía de algo mágico y extraño -un lugar eternamente cubierto de niebla-, pero que había quedado enterrado bajo el edificio, la ciencia se había impuesto a la superstición y el pasado había quedado oculto… aunque estaba a punto de resurgir (después los títulos presentaban a los diferentes miembros del cast acompañados de una música techno pop ochentera…). El personaje con el cual comenzábamos el viaje a través de los pasillos de El Reino era el Dr. Helmer (Ernest-Hugo Järegård), un sueco huraño y antipático hasta decir basta, que odiaba a los daneses y que llevaba apenas unas semanas trabajando en el centro pero ya había tenido tiempo de cometer una negligencia que había dejado a una niña parapléjica.

riget_01

El Dr. Helmer pronto se convertía en enemigo irreconciliable de Jürgen Krögen (Sören Pilmark), el cual llevaba el término “médico residente” al extremo: el personaje vivía en los sótanos del hospital y era un verdadero maestro en el arte de la negociación y el trueque de objetos de lo más diverso entre las diversas plantas del mismo. Krögen (o Krög, “Garfio”, tal y como le apodaban sus amigos) de inicio comenzaba una relación con otra de las doctoras del centro, Judith (Birgitte Raaberg), uno de los pocos personajes de la serie que parecían estar mínimamente cuerdos, por cierto. ¿Como? ¿Que hasta ahora parece que les esté describiendo un drama hospitalario al uso, como si se tratara de un Anatomía de Grey cualquiera a lo danés? Pues agárrense, que vienen curvas: Judith acababa de terminar una relación con el misterioso Aage Krüger (Udo Kier), y se había quedado embarazada de un bebé que experimentaba un crecimiento exagerado en su interior. Paralelamente, la Sra. Drüsse (Kirsten Rolffes), una espiritista que fingía enfermedades para poder trabajar en el hospital y ayudar a personas enfermas que estaban al borde de la muerte, contactaba con el fantasma de una niña, Mary, que parecía estar atrapada entre las paredes y los túneles del antiguo edificio, y comenzaba una investigación que se alargaría durante todo el primer bloque de episodios. Y todas estas tramas parecían tener un nexo de unión común y terriblemente espectral…

A medida que la investigación se desarrollaba, los eventos en el interior del hospital se iban haciendo paulatinamente más cómicos, más terroríficos, más grotescos: ambulancias fantasmas hacían su aparición misteriosamente en la entrada de El Reino, la cabeza de un cadáver el cual servía de cuerpo de práctica para los estudiantes de medicina forense desaparecía de su cuerpo -por motivos… ¡románticos!- e iba pasando de mano en mano entre personajes, internos que participaban en un experimento para control de las constantes durante el sueño eran víctimas de terribles pesadillas… las tramas se iban uniendo y separando, cambiaban el tono de unas otras, convertían fragmentos que supuestamente deberían ser de misterio en comedia, la comedia se convertía en terror, el terror en drama.

riget_02

Sobre el papel, Von Trier y Vorsen tomaban el concepto de Hospital como si de una comunidad se tratara y este se convertía en el cosmos único de la serie (apenas veíamos a los personajes fuera del centro y si lo hacían era para pasearse por exteriores cercanos que pertenecían al Reino, y a los personajes nunca los veíamos en sus hogares, excepto a Krög, claro) del cual recorreríamos por todas sus plantas y por todos sus rincones, incluyendo el enorme laberinto que tenía en su parte inferior y donde se muestran algunas de las insólitas revelaciones del serial. Este mismo laberinto parecía tener una importancia simbólica ya que parecía señalar el mismo laberinto burocrático que implicaba la medicina moderna. Reglas, leyes y altas dosis de paranoia habían alejado a los médicos del contacto humano con sus pacientes, este aspecto representado magistralmente por el personaje del Dr. Bondo (Baard Öwe), obsesionado por conseguir un raro ejemplar de hepatosarcoma de un paciente moribundo, capaz de cualquier cosa para lograr su objetivo, y también por el contacto del Dr. Helmer con sus pacientes, si bien en el caso de este personaje la mayor parte del tiempo todo estará barnizado con un toque de humor negro, tendrá un momento especialmente fuerte dramáticamente hablando al enfrentarse con la madre de la niña que dejó parapléjica.

Pero una cierta capa de subtexto en la serie hablaba de la eterna lucha entre la ciencia y lo sobrenatural: Helmer representaba en si mismo la obsesión, la debilidad y el vacío de la profesión médica (si bien no todos los doctores de la serie tienen su enorme miseria humana, cada uno de ellos dispone de su propio complejo y carencia), mientras que Drüsse representaba la valentía, la calidez humana y la capacidad de desenredar la madeja a través del contacto con las fuerzas del más allá. La terrible arrogancia y clasismo de las fuerzas de la medicina moderna habrían provocado una tragedia en el pasado que solo la anciana sabia y preparada espiritualmente podría llevar hacia la luz en la época moderna (en un curioso contraste entre pasado-progreso científico y presente-superstición y magia).

riget_04

En el aspecto visual, Von Trier, que co-dirigió la serie con Morten Alfred, confesó que se sintió fuertemente influenciado por una de las joyas catódicas de los años 90, la serie policiaca Homicidio (“Homicide:Life on Street”, emitida en España muy brevemente por Antena 3 allá por 1995 y que pudo verse completa en Calle 13 entre el 2003 y el 2005). Al igual que esta, usaba constante cámara en mano, varias tomas únicas sin corte, y un estilo documental que le daban un cierto toque de realismo sucio. En muchos aspectos ya comenzaba a anticipar el formato Dogma que popularizaría poco después (y del cual se cansaría al poco tiempo, pero eso es otra historia). Pero todo ello sumergido en unas tonalidades de color sepia muy diferentes a la serie de Barry Levinson y Tom Fontana, amén de las diferentes órdenes interpretativas que daba Von Trier a los actores, a los cuales indicaba en una toma que interpretaran la escena en modo, por ejemplo, cómico, y en la siguiente dramático… y en la sala de montaje montaba ambos, dando resultados momentos visuales con una fuerte capacidad de extrañamiento a tenor de los cambios de actitud de los personajes.

En 1994 la serie fue un fenómeno de masas en su país provocando incluso decisiones bastante discutibles, como ser premiada en los premios Bodil del año siguiente (que vendrían a ser algo así como los Goya de allá), ya que un montaje especial de la serie fue hecho para poder estrenarse en cines (y durante mucho tiempo ese fue el único al cual tuvimos acceso en España, a al ser el que pudo verse en diversas Filmotecas nacionales durante el año 2001, ya que la serie no fue editada en video ni emitida en nuestro país hasta bien entrados los dosmiles), provocando uno de los clásicos enfrentamientos del arrogante director danés con otro joven realizador que por aquel entonces comenzaba a despuntar, Ole Bornedal (director de El vigilante nocturno o Just Another Love Story). Las comparaciones con otras series aflorarían aquí y allá, recibiendo el slogan de ER on acid (“Urgencias” puesta de ácido). Von Trier clamaba que Riget era una puesta al día de una antigua serie de la tv danesa llamada Matador que describía como era la vida en una pequeña comunidad rural después de finalizar la II Guerra Mundial, pero las comparaciones habituales sin embargo señalaban a Twin Peaks como su más directa predecesora y fuente de influencia. Tenía bastante sentido, ya que ambas mezclaban diversos géneros (aunque el ritmo pausado de la serie de Lynch y Frost no tenía nada que ver con el aceleradísimo de esta, proveniente del estilo habitual de las series hospitalarias), la descripción de una pequeña colectividad llena de personajes a cada cual más pintoresco y la presencia de fuerzas sobrenaturales que parecían influir en la lo cotidiano. Sin embargo, Von Trier, que confesaba haberse cansado de la investigación de la muerte de Laura Palmer al cuarto episodio, no se sentía precisamente muy cómodo con tal comparación. Al contrario que David Lynch, yo si se cuando acabar una serie. Pronto descubriría que se equivocaba…

riget_05

Debido a verse involucrado en diferentes proyectos The Kingdom II no pudo estrenarse hasta 1997, tres años después de la serie original. Demasiado tiempo de espera en cualquier caso para unos espectadores que habían tenido tiempo de sobra para especular acerca de los muchos cliffhangers con la que había tenido cierre la primera entrega. Las tramas se multiplicaron (hasta once llegó a tener esta enloquecida segunda parte), todas ellas ahora dominadas por un tono de comedia casi febril, personajes que en la primera parte eran muy secundarios alcanzaron protagonismo, a la vez que se presentaban otros nuevos –igual de extravagantes que de costumbre-… y los pocos personajes cuerdos del primer serial tenían buenos motivos para dejar llevándose arrastrar por la locura que es Riget II, mucho más demencial que se antecesora y esta vez carente de cualquier mensaje en torno a la medicina o al choque entre la ciencia y la superstición. A nivel personal me parece soberbia y casi sin precedentes en la historia de la televisión, si bien es cierto que “choca” un poco la primera vez que se ve, como si Von Trier y su equipo se rieran de los propios conceptos de decadencia a los que suelen llegar las series cuando se han emitido un determinado tiempo. Y eso sin contar que la vena cómica de esta tanda de episodios inevitablemente lleva a la carcajada de una escena a otra. (Más de un aspecto de Riget II sería fácilmente reconocible en El jefe de todo esto, dirigida en el 2006 por el director, para el que firma la demostración en celuloide de que el danés debería filmar más comedias). Pero la grandísima bizarrada que es la segunda temporada tuvo poca aceptación entre crítica y público, y su final sería de nuevo un masivo e intenso cliffhanger que dejaría a todos sus seguidores con la boca abierta… esta vez para toda la eternidad.

riget_07

Durante mucho tiempo se dijo que los fallecimientos encadenados de varios de los protagonistas de la serie –Ernest Hügo Järegard, Kirsten Roffles, Morten Rottne-Leffers, que interpretaba a uno de los lavaplatos con disminución psíquica que parecían poder entender al Reino como si de un organismo se tratara- fueron la causa de que Von Trier decidiera dejar de lado la tercera y definitiva entrega, pero en los audio-comentarios de la misma en el DVD que editó Vértigo allá por el 2006 decía que realmente ni la cadena que originalmente emitió ambas series ni ninguna otra productora se acercaron a él para pedirle específicamente que volviera a abrir las puertas del Reino. Se dijo que las notas sobre el final definitivo se las hizo llegar a Stephen King, que en el 2004 perpetró un abominable remake americano de la serie para la cadena ABC que en nuestro país pudo verse en televisión antes que la serie original, Kingdom Hospital, aunque no parece que el escritor de Carrie llegara a utilizarlas. A día de hoy ya no parece que haya ninguna posibilidad de descubrir cual es el misterio que parece conectar al enorme Righshospitalet con el mismísimo infierno, pero dada la tendencia de su director a salirse por la tangente de las formas menos pensadas, ¿quién sabe…?

Javier J. Valencia

Terrores catódicos (1): Ghostwatch – Prohibido en televisión durante una década (Ghostwatch, Lesley Manning, 1992)
Terrores catódicos (2): Los chicos de Stone (Children of the Stones, Peter Graham Scott, 1977)
Terrores catódicos (3): The Kingdom – Antiguo y futuro reino (Morten Alfred / Lars Von Trier, Riget, 1994 – Riget II, 1997)
Terrores catódicos (4): The Night That Panicked America (Joseph Sargent, 1975)
Terrores catódicos (5): Gárgolas (Gargoyles, Bill L. Norton, 1972)
Terrores catódicos (6): La mirada del mal / América Oculta (American Gothic, CBS, 1995)

Esta entrada fue publicada en Televisión Series y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.