Real Humans – A través del valle inquietante (Äkta Människor, Temporadas 1-2, 2012-2014)

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La amenaza es real, y está sucediendo hoy en día. Los creamos para que nos sirvieran, para hacernos la vida más fácil, para hacernos el trabajo sucio. Pero enseguida unos cuantos nos dimos cuenta de que les estábamos entregando las llaves de nuestro mundo. Nos quitan nuestras familias, nos quitan nuestros trabajos, nos roban nuestra vida. Solo nosotros, los humanos verdaderos, somos capaces de anticiparnos al futuro y detener la catástrofe. ¿No lo ven? Pronto será ellos o nosotros. Los hubots deben ser destruidos…

Este discurso que acabo de improvisar –no lo busquen en la serie- bien podría decirlo alguno de los fanáticos integrantes del colectivo Äkta Människor (humanos verdaderos) que protagonizan algunas de las tramas más importantes de la mejor serie de ciencia ficción de los últimos tiempos. Un grupo que vive en un mundo prácticamente idéntico al nuestro, con una pequeña novedad que tal vez lleguemos a ver –o algo parecido- en vida: los hubots, inteligencias artificiales de apariencia humana un poco en la línea de las creaciones del genio de la robótica Hiroshi Ishiguro -los geminoids- que, en este presente alternativo llevan usándose desde hace unos cuantos años como si se tratara de una herramienta más en la vida diaria de las familias del mundo entero. Uno puede tener a un hubot como entrenador personal, como mayordomo, para que cuide de los ancianos… pero su éxito comienza a tener un lado oscuro. Y no me refiero al discursito del que se muere de pánico con el que he iniciado el artículo y que tan aplicable es a nuestros tiempos “auténticos”, si no a algo mucho más inquietante: la proyección que hacen los seres humanos en ellos, de sus miserias, de sus carencias emocionales, de su vacío, sin ser conscientes de que están dando forma a un espejo muy peligroso en el cual tarde o temprano irán a reflejarse dichas contrapartidas artificiales… si es que lo son.

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En Suecia, dos familias, las protagonistas de la serie, viven frente a frente. Los Engman, compuesta por marido, mujer, un hijo y una hija adolescente y una niña pequeña, y los Pálsson, compuesto por un matrimonio y su hijo quinceañero. El punto de partida de cada unidad familiar dará un vuelco a causa de los hubots. Mientras que a la matriarca de la primera familia, la abogada idealista Inger (Pia Halvorsen), no le hace ninguna gracia tener a uno en su casa, el patriarca de la segunda, Roger (Leif Andrée) contempla como su esposa poco a poco comienza a hacerle más caso a su personal trainer mecánico que a él, al mismo tiempo de que en la fábrica donde trabaja el personal humano es sustituido por el artificial. Mientras que el odio de Roger irá en aumento paulatinamente y se irá acercando a los Real Humans, por el contrario Inger empezará a comprenderles y respetarles cuando no le quede más remedio que tener a uno en casa, Anita (Lisette Pagler), hasta que empezará a cuestionarse si al fin y al cabo ellos no percibirán la existencia de un modo semejante al nuestro. Pero Inger ignora que el verdadero nombre de Anita es Mimi, y que pertenece a un grupo de hubots que se autoproclaman los hijos de David Eischer (creador de las criaturas), que ha sido secuestrada por una banda de ladrones, re-vendida posteriormente y que su memoria anterior ha sido ocultada en una carpeta de archivos en el interior de su cerebro computerizado. Leo Eischer (Andreas Wilson), uno de los miembros que lideran este pequeño grupo junto a la muy inquietante Niska (Eva Röse) y cuya verdadera naturaleza –tan ambigüa como impactante, incluso desagradable a un nivel cronenbergiano- es uno de los misterios que se deshojan durante la primera temporada episodio a episodio, se separa de los hijos para iniciar una búsqueda desesperada de Mimi, a la cual ama profundamente… y ella a él. ¿Sentimientos? ¿Puede suceder?

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Este es el punto de partida de las tres tramas principales con las que da inicio la serie, pero hay muchas más, cada episodio es compacto y preciso durante sus primeras diez horas a dedicar cierto tiempo en pantalla a los protagonistas humanos, que son los que tienen las implicaciones emocionales y dramáticas más importantes (aunque a modo de planting se irá anticipando que no será de igual modo en su secuela), a los protagonistas hubots, que es la parte misteriosa y terriblemente adictiva de la serie, y a desarrollar entre ambos un background completo y muy logrado, algo imprescindible en una serie de este tipo y que es donde flojean series con las que comparte características filosóficas (como la loable pero un tanto exigüa en este sentido In the Flesh) o de género (cada vez que Ronald D. Moore ve un episodio de Real Humans debe de darse cabezazos contra la pared por no haber logrado hacer algo mínimamente equivalente con la deficiente Caprica). Por último, hay un apartado narrativo dedicado a los flashbacks que explican el porqué de la existencia del grupo de hubots determinado que está empezando a expandir su conciencia y, para bien o para mal, a punto de revolucionar el mundo.

Pero el patrón de trabajo es el de las series costumbristas. Muy imaginativamente los guionistas Lärs Lündstrom (creador y alma mater del proyecto) y Alex Haridi logran mezclar esos elementos concernientes a las tres edades tan habituales en las series –en España, desde Médico de familia, de forma excesiva y muy cargante- y que tanto gustan a los productores de las cadenas ya que les permiten un target más amplio de anunciantes. En Äkta Manniskör hay espacio para la tercera edad (representada por Lennart -Sten Elfström-, padre de Inger, y su relación con dos hubots muy dispares, uno al que quiere como si fuera su hijo y otra que le sustituye como cuidadora de maneras más rudas y que se transforma en una agobiante figura controladora), para la mediana, para los adolescentes e incluso para la edad infantil. Este punto es muy remarcable ya que Sofia, la niña pequeña que establece una tierna relación de amistad con Anita, sin llegar a tener una trama propiamente dicha, si que tiene un punto de vista muy particular de lo que está ocurriendo a su alrededor que se transmite a través de pequeñas frases que esconden bastante más de lo que parece en un primer momento, que sería nada más que sacar una sonrisa al espectador: está creciendo en un mundo en el cual la inteligencia artificial está plenamente integrada en el entorno, estableciendo relaciones afectivas con criaturas que desde la visión de otras personas no son más que lavadoras con patas, e incluso alterando a medida que avanza la serie la percepción de la vida y la muerte. Inquietante, en cierto modo, ya que da que pensar como crecerá en ese mundo esta generación a la cual sus propios padres –Inger y Hans (Johan Paulsen), la primera aquella que proyecta todo su luminoso idealismo en los hubots, el segundo un hombre con la cabeza en su sitio pero un tanto fuera de juego ante la velocidad con la que el progreso se está instalando en sus vidas y que en ciertos momentos siente sincero temor por la seguridad de los suyos—son incapaces de explicarles lo que está ocurriendo, y lo más importante, como interpretar la realidad, el más allá o la existencia del alma… por que ni ellos mismos son capaces de tenerlo del todo claro.

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Alguien que no sea un conocedor de la ciencia ficción puede acercarse a ver la serie sin ningún problema, ver su primera temporada y salir de la experiencia con un curso práctico del género aprendido de forma fácil y amena. Pero es solo el principio… ya que se introducen muy sutilmente conceptos que tendrán una gran importancia durante su secuela, como la clonación, el transhumanismo –no es para nada una serie de terror, pero una escena en concreto que relaciona a David Eischer (Thomas W. Gabrielsson) con este asunto, el trasvase de la conciencia… me puso los pelos como escarpias como hacía tiempo que no me pasaba. Lo cierto es que la serie tiene varios momentos de lo más sobrecogedores- o el valle inquietante –uncanny valley en el original inglés- y que hace referencia al “bajón” empático que sufre un ser humano cuando se relaciona con una inteligencia artificial de apariencia muy humana, y que la serie lleva mucho más allá. A su vez, gran parte de la secuela será el reflejo de la primera temporada: ya no habrá tantas proyecciones de los humanos en los hubots, pero si un gran desarrollo en los liberados que a su vez han empezado a desarrollar su conciencia de muy diferentes maneras. En este inicio de su evolución comenzarán a mostrar intereses muy diversos: el amor, la religión, la violencia… cada uno seguirá su camino, unos buscarán reafirmarse como una nueva raza, otros querrán ser considerados personas reales.

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Lo reconozco: a veces tenía un día duro en el trabajo y solo de pensar que cuando llegara a casa iba a ver Real Humans me subía el ánimo. Es una de aquellas. No tiene el equilibrio y la capacidad de ser tan compacta como algunas series norteamericanas que suelen arrasar en las galas de premios y que son el pan nuestro de cada día en las redes sociales, de hecho hasta recurre a viejos trucos del soap opera que habrá a quién no le parezca del todo adecuado. Sin embargo también puede ser un soplo de aire fresco y una fantástica manera de ver como se hace buen televisión en otros países más allá de EEUU y el Reino Unido -que sospecho es donde más habitualmente ponen sus ojos los interesados en las series, y sobre todo las de género fantástico-. Incluso creo  que podría durar perfectamente veinte años porque me produce una enorme curiosidad saber como va a evolucionar ese mundo, ya la mayor parte de obras canónicas sobre el tema en cine y televisión, desde Blade Runner a Battlestar: Galactica suceden en un punto cronológico muy alejado del punto de partida de la concepción de su universo, mientras que aquí estamos viendo los primeros pasos de un cosmos que parece que inevitablemente va a llegar al conflicto… Me acostumbré a su aséptica factura, a esos decorados familiares que son el sueño del comprador de Ikea, a la excelente y cargada de matices banda sonora electrónica de Rikard Borgaard, a las formidables interpretaciones de todos y cada uno de los miembros del reparto, en definitiva, a navegar plácidamente por su tenso pero también en ocasiones muy cálido y (verdaderamente) humano mundo. Sin embargo, mientras que a día de hoy la cadena que la emite en Suecia (SVT) aún no se ha pronunciado oficialmente al respecto, parece improbable que se vaya a realizar una tercera temporada debido a que las cifras de audiencia en su país natal no han sido del todo satisfactorias en comparación con su primera tanda. Existe un pequeño rayo de luz –la serie ha sido vendida a Kudos, la productora de títulos como Utopía o Broadchurch, para producir un remake británico, asimismo ha conseguido un enorme éxito en Francia, por lo que se especula sobre un posible trasvase de la serie a Netflix donde se potenciará el mercado extranjero- y el propio Lündstrom ha admitido tener ya escrita y lista la tercera temporada por si le dan el ok en cualquier momento. Ojalá sea así, mis dedos están a punto de partirse de tanto cruzarse.

Javier J. Valencia

“Real Humans” en nuestro Top 10 de series TV 2014 (Javier J. Valencia / Xavier Torrents Valdeiglesias)

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