Max Headroom – Cuando el cyberpunk se emitía en Prime Time (Max Headroom, Channel Four / Cinemax / ABC, 1985-1988)

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20 MINUTOS EN EL PASADO

El video mató la estrella de la radio. ¿Lo recuerdan? Al menos, eso quisieron hacernos creer. En 1984 la MTV se había convertido en una parte vital de la industria discográfica. El videoclip era un elemento tan importante como la propia canción para vender un disco. Consciente de ello, el “asesor creativo” de la compañía Chrysalis en aquellos tiempos, Peter Wagg, tuvo una idea revolucionaria cuando se le acercaron desde la recién nacida cadena británica Channel Four para contemplar la creación de un nuevo programa de videoclips: crear un presentador virtual.

Wagg llevó la idea a George Stone, un guionista y publicista especializado en trabajar en el mundillo de la música, y ambos crearon el concepto junto con Annabel Jankel y Rocky Morton, una pareja de creativos que habían desarrollado videoclips usando animación para Elvis Costello o Tom Tom Club. Fue Morton el encargado de tener la idea más aburrida posible para la Generación MTV (un señor de mediana edad con traje presentando videoclips con aburrida cháchara)… y darle la vuelta, convirtiéndolo en algo innovador y atractivo, insolente, mordaz y muy divertido. Debía además ser generado por ordenador (o más o menos, como pronto verán). A partir de ahí a Stone le fueron llegando ideas: gran parte de la mitología que serían utilizadas después en la película y en la serie posterior. Pero creando discrepancias con Wagg, al que le quedaban grandes los conceptos provenientes de la ciencia ficción y más específicamente el cyberpunk, y que le bastaba con tener a la criatura sin todo ese background detrás, un mundo futurista donde la audiencia televisiva es lo más importante y todo está informatizado. A Channel Four le gustó todo ese universo contra todo pronóstico, y ante la elaborada idea de Stone, Morton y Jankel sugirieron la idea de hacer una película. Pero las diferencias presupuestarias entre un programa de videoclips y una película –y posterior teleserie- eran grandes, y entonces surgió la idea de la co-producción junto con otra cadena que estaba empezando a destacar, Cinemax, una de las ramas de la entonces joven HBO, y que al igual que Channel Four buscaban un nuevo tipo de productos que se salieran de lo común para captar a una audiencia joven y diferente. La cadena norteamericana vendría con su propio guionista, Steve Roberts, a la larga responsable del serial.

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La audición de Matt Frewer  fue un éxito casi instantáneo: su speech de diez minutos, que hizo tronchar de risa al Morton y Jankel, más la peculiaridad de su alargado rostro le convertían en el sujeto idóneo. A Frewer se le colocó una máscara que diera cierta sensación de “virtualidad”, si bien no fue generado nunca por ordenador como se llegó a creer. Los prostéticos y la física interpretación de Frewer iban acompañados de los fondos, las rayas que se repetían una y otra vez, si lo eran, a la vez se generaban cortes múltiples para parecer que los diálogos estaban pasados por el túrmix de un DJ especializado en scratching. Funcionó, nadie se dio cuenta y a día de hoy aún hay quién sigue creyendo que Max Headroom era un dibujo tridimensional muy trabajado, cuando si uno se fija bien nota perfectamente que hay un señor con una máscara delante suyo. Pero cuando yo era un crío y lo veía en la tele, creía que era virtual a pies juntillas.

El 4 de Abril de 1985 se emitía en el Reino Unido la película a modo de presentación del personaje a través de Channel Four: Un futuro cercano. Los conglomerados de las telecomunicaciones dominan el mundo. La cadena XXIII es la líder de audiencia, pero la guerra por los ratings es sangrienta y despiadada. Su director, Grossman (Nickolas Grace) ha encontrado un sistema para tener a la audiencia enganchada: los blipverts, frecuencias subliminales enviadas desde los anuncios publicitarios a los espectadores que les producen una enorme sensación de bienestar, pero que en casos de sedentarismo pueden ser fatales (literalmente, reventando a su audiencia). Aunque trabaje para la misma cadena, el intrépido reportero Edison Carter (Matt Frewer) se huele que hay algo podrido en su propia casa y trata de descubrir la verdad, acompañado por su equipo de investigación, entre la cual destaca la recién llegada Theora (Amanda Pays), encargada de monitorizar los movimientos de Edison y vigilarle y protegerle vía satélite.

Pero Carter descubrirá al enemigo interior y éste enviará a unos matones a terminar con él para que no revele sus tejemanejes. A punto de huir, Carter tendrá un accidente de moto y lo último que verá será la señal de “altura máxima” (“Max Headroom”) con la que se estampará. Cuando el reportero quede en coma, Grossman, temeroso de perder a su reportero líder de audiencia, le pedirá a su repelente desarrollador informático Bryce Lynch (Paul Spurrier), un niño prodigio, que desarrolle una versión virtual de Carter para mantener su programa en antena. Pero su “versión virtual” no saldrá como ellos esperaban… en su lugar cobrará vida una suerte de arlequín enloquecido, arrogante y sarcástico “hermano” de Edison, que vive dentro de la TV y puede saltar de cadena en cadena, yendo a parar a la emisora Big Time TV, los cuales emiten de forma pirata para los ciudadanos conocidos como Blanks, aquellos que están al margen de los registros civiles y que está controlada por el viejo punk Reg (W. Morgan Sheppard) y su socia mitad anarquista mitad aristócrata Dominique (Hillray Tindall). La revolución no solo será televisada, sino que procederá de las 625 líneas…

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Max Headroom: 20 minutes into the future, (editada en video en España como Max Headroom: un viaje al futuro) finalmente pudo ser dirigido por Rocky Morton y Annabel Jankel después que desde HBO se sugiriera cambiarlos tras haber reescrito el guión original de George Stone –con su posterior cabreo, Stone sería el primero de los “padres fundadores” del proyecto en abandonar el barco-. Es una hora fantástica, innovadora y muy sugerente de televisión como solo se podía hacer a mediados de los 80. El look videoclipero es indiscutible, con una iluminación que haría enorgullecerse a Russell Mulcahy y con una banda sonora tecno-pop compuesta por dos de los miembros de uno de los grupos de mayor éxito mundial en aquel entonces, Midge Ure y Chris Cross de Ultravox. Ciertas tendencias de la época se mantenían (como por ejemplo, que el prota de la función fuera un temerario buscador de la verdad “cayera quién cayera”, proto-héroe en boga de los 70 y que se mantendría buena parte de los 80, desde Carl Kolchak hasta Mike Donovan) pero además sabía leer el zeitgeist de su era, en un curioso pastiche entre un futuro cercano que parece que con el tiempo se convertirá en el de Blade Runner, con un fondo cyberpunk empapado en William Gibson y un estilo visual que parecía el sueño húmedo de Gary Numan. Gran parte de ello se mantendrá e incluso se potenciará en la posterior serie norte-americana, pero el telefilme a la vez tiene un toque muy british, ya no solo en el look, sino en su propia idiosincrasia, con esos aires de cómic surgido de 2.000 A.D, ese protagonismo de los personajes de estilo de vida anárquico de look punk (aunque los Blanks se mantendrían en el programa, sería en un rol más secundario y Max nunca entraría a formar parte de Big Time TV como en lo que se plantea en esta versión) y un estilo un pelín más oscuro. Por el lado contrario, lo cierto es que la primera versión de Max Headroom todavía es demasiado estática y poco resultona, sin llegar a brillar como lo lograría después, y lo cierto es que algunos protagonistas (como Ben Chaviot, el futuro líder de la cadena XIII o Bryce) mejorarían con el cambio, eso sí, siempre dejando en el aire el saber qué habría ocurrido si esta versión primigenia de Max y su mundo hubiera tenido continuidad.

La proyección de la tv movie fue el punto de partida de The Max Headroom Show, el programa original que había solicitado Channel Four a Peter Wagg y que conoció un enorme éxito. Originalmente, se presentaba sin títulos de crédito ni al principio y al final, y era la cabeza parlante la que hacía de enlace entre una promo musical y otra con sus comentarios sobre actualidad política, publicidad, música o cualquier locura que se les ocurriera a los guionistas. En el último programa de la temporada de 1985, decidieron probar algo nuevo y Max entrevistó al cantante Sting, que se encontraba entonces promocionando su nuevo álbum. Max Headroom había dado otro paso más hacia el estrellato…

CYBERPUNK EN HORARIO DE MÁXIMA AUDIENCIA

La segunda temporada del programa había incluido las entrevistas a su formato, convirtiéndose en un talk show por el que pasaron Michael Caine o Vidal Sassoon. Ese 1986 es quizá el mayor pico de popularidad del personaje, tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, donde su programa se veía a través de Cinemax. Tanto que llegó a protagonizar la campaña de la New Coke, la nueva bebida de Coca-Cola que presuntamente iba a sustituir a la original, en una serie de anuncios dirigidos por Ridley Scott. Quizá como primera muestra de un primer nubarrón en el horizonte, la bebida fue uno de los mayores y sonoros fracasos de su época… pero se estimó que a raíz de la campaña publicitaria más de tres cuartas partes de adolescentes norteamericanos sabían quién era Headroom. También conoció su debut en el mundo discográfico participando en el tema Paranoimia de Art of Noise, y comenzó a producirse variado merchandising: relojes, muñecos, camisetas (la segunda más vendida en Gran Bretaña, después de la de Madonna), incluso un libro recopilatorio de frases suyas, Max Headroom’s Guide to Life. Siéntanse libres de hacerme llegar si han encontrado un ejemplar a un precio asequible.

Tengo vagos recuerdos de esto, pero recuerdo haber estado ahí, en primera persona, y por una vez los datos que atesoraba mi cerebro eran los correctos y he podido verificarlos mediante hemeroteca: El desembarco de Max Headroom en TV3, la cadena autonómica catalana, se produjo el viernes 4 de Abril en 1986, precedida de una campaña de publicidad bastante llamativa para aquel entonces, y contó con la visita de Matt Frewer y Peter Wagg en Barcelona para promocionar la emisión del telefilme, que daría posteriormente el pistoletazo de salida a The Max Headroom Show. Según la crónica de Victor M. Amela para La Vanguardia el 3/4/86 la intención de Max Headroom era dejar sin trabajo a Johnny Carson en América, según un jocoso Frewer. La emisión de 20 minutes into the future venía acompañada de una entrevista exclusiva a Wagg, el cual declaraba entonces que Headroom era un destilado de imágenes que puede dar pie a un tratamiento cinematográfico, radiofónico, videográfico, y hasta para ser reproducido en un rompecabezas. Sorprendentemente, hablaban con bastante franqueza acerca de la verdadera naturaleza “real”, que no “virtual” de Max, a pesar de que en entrevistas posteriores y más recientes Frewer suele recordar llevar en secreto todo el asunto.

El personaje conoció un éxito muy importante en TV3 durante toda la segunda mitad de la década de los 80 y hasta empezados los 90, donde todavía se efectuarían reemisiones tanto de su programa como de la serie televisiva. El programa de humor de la misma cadena Filiprim, presentado por Josep Maria Bachs (que sería presentador de una de las ediciones del popular programa Un, dos, tres), generó su propia parodia de Max, llamada en este caso Bax (por el juego de palabras con Bachs, de idéntica pronunciación) Headroom. La tv movie llegó a ser la película sorpresa proyectada en el Festival de Sitges de 1987.  Y llegaría a proyectarse en la sesión inaugural del Cine Aventura, una popular sala de Barcelona, hoy apenas recordada, que estaba ubicada en el Poble Espanyol de Montjuic. También sería emitida por otras cadenas autonómicas, como en Telemadrid o Canal Sur, a principios de los 90 (y si algún lector de buena voluntad quiere aportar sus recuerdos para que el texto sea más completo, que no se corte y nos mande un mensaje).

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Atención, amantes de la historia de las series de televisión norteamericana, quizá esta historia les suene, forma parte de un bucle que se repite cada década desde hace más de 30 años: La cadena ABC era la tercera en discordia en aquellos tiempos en la guerra entre emisoras estadounidenses, por debajo de las eternas NBC y CBS, y buscaban nuevos proyectos, dirigidos a una audiencia joven y que marcara una diferencia con los target de sus competidoras. Sí, esta historia más o menos, y con ciertas variaciones, la han leído probablemente explicando el nacimiento de otras obras de culto importantísimas, a la larga, para el medio, véase Twin Peaks o Perdidos. Quién sabe si es una suerte que la cadena ABC se pase la eternidad luchando por ponerse a la altura de sus rivales, si sigue generando series como éstas. En cualquier caso, también el azar tuvo su importancia, al encontrarse Stu Bloomberg, jefe de desarrollo de proyectos de la cadena en aquellos tiempos, en Londres la noche en que se emitió Un viaje al futuro. Peter Wagg, que había intentado vender la idea tanto a la NBC como a la CBS (los cuales les ofrecían una TV Movie) encontró en ABC el acomodo perfecto cuando le dieron el ok a la emisión de una temporada de 6 episodios, que serían producidos por Lorimar, productura muy en boga entonces por haber generado el éxito Dallas, que casualmente sería una de los peores enemigas de Max más adelante. Pero dejarían fuera del proyecto a Annabel Jankel y a Rocky Morton, con bastantes malas maneras –no les concederían ni tan solo un crédito como creadores originales, ni tampoco a George Stone- a pesar de que litigaron por mantener los derechos sobre el personaje. Steve Roberts sería el productor ejecutivo (o showrunner) y se haría con un nuevo equipo de guionistas para desarrollar la primera temporada, la mayoría provenientes de la versión ochentera de The Twilight Zone que se emitió en CBS.

El 31 de marzo de 1987 se emitió Blipverts, el primer episodio de Max Headroom para ABC que era una versión remozada de la película inglesa emitida en Channel Four un año antes. La historia venía a ser básicamente la misma, si bien tan solo Matt Frewer y Amanda Pays repitieron en sus roles principales y se le dio bastante más importancia al a Murray, el jefe de la sección de noticias de la cadena XXIII y superior de Edison y Theora que ahora tendría el rostro –y la estupenda voz- de Jeffrey Tambor. Se mejoró bastante la imagen de Ben Cheviot (ahora interpretado por George Coe), bastante ofendido porque la cadena que presidirá a partir del segundo episodio utilice spots con la capacidad de matar a su audiencia sedentaria, dando una visión más positiva del mismo que en su contrapartida británica. El personaje que sufrirá un mayor cambio será el adolescente genio de la informática Bryce Lynch (Chris Young en la serie), que si bien también es el causante del accidente que por poco mata a Edison y genera el nacimiento de Max Headroom , al contrario que su hermano inglés terminará por trabajar del lado de los buenos. Y como he comentado más arriba, este Max Headroom no se irá con la cadena anarquista Big Time TV, sino que se quedará con la cadena XXIII. Pero la biblia desarrollada por Stone sería usada con frecuencia a lo largo de los capítulos y Reg Blank (de nuevo interpretado por W. Morgan Sheppard), Dominique (ahora Concetta Tomei) y la citada cadena aparecerán por primera vez en el tercer episodio, Body Banks, que habla sobre el tráfico de órganos  desarrollando con más paciencia esa trama de la tv movie (y del piloto americano) y ya se quedarían como colaboradores habituales de los protagonistas, teniendo directamente Sheppard incluso crédito propio en la segunda temporada. La música también tendría un tono más acorde a los gustos americanos, cambiando los teclados de los exmiembros de Ultravox por el sonido guitarrero sintetizado de Cory Lerios, miembro de la banda Pablo Cruise.

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La primera temporada de Max Headroom parece un gran banco de pruebas de un universo de ciencia ficción que se va construyendo un poco sobre la marcha, pero que tiene claras sus influencias cyberpunk, y mantiene el tono irreverente y un tanto histriónico de su computerizado protagonista: el mundo en el que nace semejante criatura es el único en el que podría ser.  Y así veremos deportes futuristas clandestinos donde sus participantes pueden morir, una suerte de gladiadores en monopatín, y que son el oscuro objeto de deseo de las cadenas del mañana a sabiendas de la audiencia que podrían capturar con semejante espectáculo (Rakers), espionaje industrial a gran escala que terminará con nuestro héroe (bueno, al menos nuestro héroe humano) perseguido por fraude, un crimen peor que el asesinato en ese universo (Security Systems), guerras descontroladas entre cadenas de televisión cuando una de ellas emita en directo atentados terroristas, como si supieran perfectamente cuando van a suceder y llevando a Carter y cía a investigar el asunto con aroma a podrido (War), o la rebelión por parte de un grupo de ciudadanos clandestinos, aquellos que no están “fichados” por la sociedad, al igual que Reg y Dominique (The Blanks). Todavía tiene aristas y flojea en algunos aspectos, como en el desarrollo de los protagonistas principales, algo que mejorará (como muchas otras cosas) en su segunda temporada.

La audiencia no conseguiría unos números brillantes –competía en el mismo horario que Luz de Luna, indiscutible líder de su franja horaria-, pero la fama del personaje y el torbellino generado por su popularidad hacían en ese momento impensable sacarlo de antena. Como ocurrió antes con obras destinadas a la controversia y a formar parte del panteón de la TV de culto (lo cual en muchas ocasiones no va acompañado al éxito), el propio equipo no era muy consciente de la importancia de lo que hacía en ese momento: comentarios bastante provocadores –para los cánones de la tv americana- se colaban en los guiones, presentaban los escritos lo más tarde posible para que los “censores” de la cadena (a los que dedicarían un episodio entero el segundo año) tuvieran el menor tiempo posible para detectar las puyas. Según algunos comentarios del productor Ben Frankish en los rodajes parecía reinar en ocasiones cierta anarquía, y como decía el guionista Michael Cassutt, con todo mi cariño y respeto a Steve Roberts y a Peter Wagg, en ciertos aspectos se notaba que era gente que nunca había trabajado para la televisión norteamericana, y que ni tan solo la veía. Había mucho que aprender en términos de producción, emisión y gestión de dinero. Esa “inocencia” es palpable en el feel de la serie –en lo bueno y en lo malo-. Guste o no guste, es evidente que Max Headroom no se parecía en nada (ni se sigue pareciendo) a lo que se emitía en televisión.

Con un serial de ciencia ficción innovador, un programa de videos y entrevistas inmensamente popular, un video-juego recién lanzado para Spectrum y Commodore 64 y un single navideño editado ese 1986 para promocionar su propio especial televisivo Max Headroom Giant’s Christmas Turkey, la popularidad de Headroom estaba en lo más alto. Pero la ley del más fuerte es la que domina el mundo de la TV, y tarde o temprano, todo lo que sube, tiene que bajar.

BRILLANTE… PERO CANCELADA

Es en su segunda temporada cuando Max Headroom empieza a desarrollar todo su potencial. En el primer año, el background era lo esencial, sus seis primeras horas debían establecer un universo enorme y complejo y el tono adecuado para el mismo, pero descuidando aspectos que mejorarán considerablemente en su secuela. Los personajes tendrán un mundo interior más elaborado. Conoceremos mucho más a Edison y empezará a mostrar muchos más matices que en las primeras horas, donde aparecía como el prototípico héroe, periodista temerario sin apenas fondo. En los 8 episodios que compondrían la segunda temporada conoceríamos a sus exnovias, antiguos compañeros, y nuevos rasgos compondrían su carácter, como ciertas actitudes infantiles, como los celos que desarrolla hacia Max o el rebote que coge cuando descubre que Theora tiene pareja. En ese aspecto la serie también se muestra más inteligente, ya que mientras en la primera temporada las insinuaciones sobre el romance entre ambos lo mostraba como algo cantado, en la segunda se verá que no es así, y si bien hay tensión sexual entre ambos ésta no terminará de explotar. La anteriormente mencionada Luz de Luna había enseñado una gran lección a los medidores de audiencia de la época.

Pero no solo Edison tendrá más desarrollo. El tecno-genio Bryce Lynch tendrá su momento de gloria en el estupendo inicio de temporada Academy, en el que descubriremos que las escuelas de niños prodigio también producen monstruitos capaces de crear una especie de virus televisivo haciendo recaer las culpas en el pobre Reg, que a su vez es juzgado… en un programa televisivo, en directo, uno de los shows más populares del universo Headroom. Un estupendo episodio, en el que se trabaja los motivos de la falta de empatía de Lynch (que es majo, pero recordemos que por poco se carga a Edison al principio de la historia) debido a la educación que reciben los críos en dicha Academia, la relación de este con Carter (poco a poco se va convirtiendo en su “hermano mayor”), con Max (su mejor amigo, en cierto modo) y también se aprovecha para dar de más y más matices a un universo que a cada hora se iba convirtiendo en más y más rico, fuente de eterna inspiración para directores de partidas de juegos de rol tipo Cyberpunk o Shadowrun.

Mi episodio preferido de la temporada (y de la serie en general) es el segundo, Deities, en el cual una cyber-iglesia crea “duplicados virtuales” de gente próxima a fallecer para que una vez pasen al “otro lado” puedan estar en contacto con sus seres queridos. Claro que son versiones muy básicas de aquello que fueron –vamos, el señor que usan como ejemplo solo dice una frase todo el rato- y el asunto huele al tipo de estafa que a Edison le gusta destapar. Pero se llevará una sorpresa cuando la líder de la secta sea una exnovia suya que le manipulará y además le obligará a plantearse los verdaderos motivos de su ataque hacia ellos y el verdadero significado de Max en su vida (al fin y al cabo, ¿no es un avatar de si mismo que seguirá con vida –o algo parecido- cuando Edison haya desaparecido?). La relación entre Max y Edison también se desarrollará en Neurostim, cuando Edison caiga víctima de un sistema de publicidad virtual –que, en otro ejemplo de brillante locura futurista, se activa a través de una pulsera que se regala por la compra de un menú de hamburguesería- que le envía impulsos placenteros al cerebro cuando compra determinados productos y tendrá una reveladora conversación con su gemelo virtual cuando este intente liberarlo, haciéndole saber que en cierto modo le envidia ya que está haciéndose con su trabajo y robando su popularidad. Algo que por cierto sufría el propio actor Matt Frewer, que no podía hacer público que Headroom no estaba generado por ordenador, sino que era él con una máscara y maquillaje prostético…

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La continuidad entre episodios también se verá reforzada. De hecho, hasta el Canal XXIII pasará a tener un archi-rival, en Grossberg’s Return, el antiguo líder de la compañía de Edison y cía y que fue despedido por el escándalo de los Blipverts en el episodio piloto. Grossberg estaba interpretado  por Charles Rockett, antiguo miembro de Saturday’s Night Live, fallecido en el año 2005. El personaje iría dejándose caer, compitiendo con su antiguo rival Ben Cheviot, intentando conseguir nuevos sistemas para enganchar a la audiencia aunque sean ilegales, como en Whacketts, que trata sobre un programa-concurso absolutamente ridículo que emite unas señales que obligan a la audiencia a ver más y que termina en la cadena de Reg y Dominique, Big Time, o en el episodio final, Baby Grobbags, que trata sobre el robo de bebés genéticamente modificados que serán los genios del mañana.

El nivel de la segunda temporada sería muy alto, a veces magnífico. En Dream Thieves Edison se reencuentra con un viejo amigo y rival que anda tras la pista sobre unos “ladrones de sueños”, capaces de convertir la experiencia onírica en imágenes, pero para ello necesitan sujetos que se sometan a la extracción y esto puede tener resultados fatales. Curiosamente el episodio sucede en un cine abandonado, y aunque Max Headroom suceda “20 minutos en el futuro”, esperemos que el presagio de este episodio, donde las salas de cine son arcaicos vestigios del pasado, no llegue a cumplirse nunca (un detalle: ateniéndonos a la fecha de nacimiento de Lynch, Octubre de 1988, la serie sucede en unos años 2005 o 2006 paralelos a los nuestros). Lessons, por su parte, es una estupenda crítica a la censura televisiva y a su clasismo, cuando un grupo de censores persigan a un grupo de blanks que han pirateado un programa educativo de una cadena de pago para educar a sus hijos.

La segunda temporada comenzó a emitirse el 18 de septiembre de 1987, en un horario que la obligaba a competir contra Dallas y Corrupción en Miami, dos de los grandes éxitos de la época. Las audiencias fueron paupérrimas, y a la emisión del tercer capítulo ABC dio la orden de cortarles la cabeza.

UNA ESTRELLA FUGAZ

Max Headroom había sido portada del semanario Newsweek el 20 de Abril de 1987. Ese mismo verano se estrenó un nuevo programa de entrevistas, The Original Max Taking Headroom Show, emitido por Cinemax únicamente para Estados Unidos por el que pasó, entre otros, William Shatner. Incluso la compañía de cómics independiente Comico preparaba el lanzamiento de una versión del personaje en un tebeo tridimensional. Pero el batacazo de audiencia, apenas dos meses después, probablemente fue la causa de que nunca llegara a ver la luz del día. De hecho, es bastante curioso que una serie de este tipo no haya tenido versiones noveladas o en cómic. En cualquier caso, Max Headroom había sido un pelín sobreexplotado, y poco a poco su llama empezaba a apagarse. ABC llegaría a emitir algunos de los episodios sobrantes que se quedaron sin emitirse en 1988, e incluso alguno de ellos, como Baby Gobbgs, no llegaría a ver la luz del día hasta posteriores reemisiones por cable. Por desgracia, nos quedamos con las ganas de saber que hubieran hecho George R.R. Martin (cuyo guión Xmas era el siguiente que tocaba producir justo antes de la orden de cancelarla) o William Gibson, el autor de la novela que es la influencia más notoria del show, Neuromante, y que también había acordado escribir un episodio.

Pero aún sin serie en antena la fama le hacía aparecer de las maneras más diversas… alguna hasta ilegal: el 22 de noviembre de 1987 dos estaciones de Chicago fueron pirateadas por un hacker, primero la WGN-TV fue asaltada en plena emisión de uno de sus informativos por un sujeto disfrazado con la careta de Max que se dedicó unos segundos a decir (aparentes) sinsentidos. La segunda fue a las 23,15, en la WTTW mientras se emitía un episodio de Doctor Who: aquí la escena protagonizada fue más larga, y el señor con careta tuvo tiempo de bajarse los pantalones y ser azotado, nalgas al aire, por unas manos indeterminadas. Todavía se comenta el tema a día de hoy, ya que el saboteador catódico nunca fue encontrado, jamás se llegaron a conocer sus motivos –si es que los tenía, aunque francamente lo dudo- y sigue siendo carnaza de los amantes de la conspiranoia, que se refieren al asunto como El incidente Max Headroom.

Todavía hubo un intento más de hacer una película los meses posteriores a su cancelación, una sátira sobre política llamada Max Headroom for President, pero no llegó a buen puerto. Salvo por la aparición de algún maxi-single de música techno (dudo que con licencia) o alguna referencia aislada (como el video-juego al que juega Marty en el Retro-Café del futuro en Regreso al futuro 2) pasaría a dormir el sueño de los justos. Matt Frewer se convertiría a partir de entonces en una presencia habitual en cine y televisión de género fantástico, desde El amanecer de los muertos hasta Abducidos (Taken) o las recientes Orphan Black o The Knick, e incluso llegó a dar vida a Sherlock Holmes en una serie de TV Movies de la cadena Hallmark. Amanda Pays fue una de las protagonistas de la primera versión televisiva del superhéroe de DC Cómics Flash, el relámpago humano, que duró una temporada. Recientemente ha interpretado al mismo personaje de aquella, la Dra. Tina McGee, en la nueva versión de la cadena CW. Curiosamente el actor que ha alcanzado mayor popularidad de los tres protagonistas ha sido Jeffrey Tambor, gracias a sus populares interpretaciones en Arrested Development o Transparent, que le han valido numerosas nominaciones al Emmy y a ganar un Globo de Oro. El guionista Steve Roberts se labraría una carrera como guionista de series de animación, entre ellas varios spin-offs Disney (como las de Aladdin o Timón y Pumba). Morton y Jankel, después del remake de Muerto al llegar de 1988 protagonizado por Dennis Quaid, volvieron a diseñar un mundo semejante al de Max Headroom para la versión cinematográfica de Super Mario Bros (1993), pero los resultados no fueron los esperados y se saldó con un sonoro fracaso en su época. Peter Wagg parece haber centrado sus labores de productor a aunar esfuerzos con Le Cirque du Soleil para sus espectáculos.

¿Y Max? Aún volvió a dejarse ver en la pequeña pantalla, para unos spots de Channel Four en el año 2007 anunciando la conversión a digital de la cadena, donde se le mostraba envejecido, como una reliquia del pasado, en las cuales clamaba a los cuatro vientos las predicciones que hizo en su época, en su serie y en su programa. Morton y Jankel volvieron a ponerse tras las cámaras para dirigir a Matt Frewer una última vez. Como guiño al pasado estaba bien pensando, y los spots eran graciosos. Pero me dio cierta lástima ver al personaje así, he de reconocerlo.

Superados los problemas legales sobre los derechos de Max, la serie por fin pudo ser editada (en el mercado anglosajón, por estas tierras ni está ni se la espera) en DVD en el año 2010, y comenzaron a surgir rumores sobre un posible regreso. De momento Max ha vuelto a asomar su cabezota, en un breve cameo en la película Pixels. El futuro que predecían ya han llegado, y tal vez vaya llegando la hora de que la cadena XXIII vuelva a abrir sus puertas para mostrarnos que ocurrirá dentro de otros veinte minutos. Ajusten sus relojes, por si acaso. El vídeo nunca mató a la estrella de la radio. Pero, hace veinte minutos exactos, llegó a darme esa sensación…

Javier J. Valencia

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