Luther – 1ª y 2ª temporada

La noche cae en Londres, una Londres que nada tiene que ver con la imagen que siempre nos viene a la cabeza de la ciudad británica; esta ciudad es tenebrosa, los diablos salen al irse el sol y empiezan a jugar infernalmente con todo y todos los que se encuentran a su paso. No creemos en héroes, de hecho si por algo nos encanta la ficción es porque podemos disfrutar de las historias y tramas de unos héroes a los que amamos pero a los que en el fondo sabemos no podríamos encontrar en el mundo real. Si alguien tuviera que ser algo parecido a un “héroe”, seguramente sería cómo es el detective John Luther: el último noble caballero que queda, el último defensor del bien. Hundido en la profunda oscuridad en la que tiene que moverse diariamente, Luther se levanta día a día para lidiar con lo que sólo él puede: asesinos, psicópatas o terroristas que se encuentran demasiado alejados del resto de seres humanos como para que sea sencillo investigarles, descubrirles o entenderles. Luther es el único que puede hacerlo, sin embargo para ello se hunde cada día más en el abismo, y ese abismo es contagioso, penetra en él y le devuelve la mirada.

Si algo es importante en una serie de televisión eso es el inicio de ella, y en Luther la historia da comienzo justo cuando una trama está tocando a su fin (trama que se narra en la novela Luther: El Origen, de la que nuestro compañero Javier J. Valencia ya nos ha hablado recientemente), motivo por el cual cuando el espectador conoce a John Luther, más que un encontrarse poco a poco con él, es directamente un choque directo con su pasión, fuerza y agresividad. Agresividad. Ira. Porque eso es el residuo que el abismo deja diariamente en Luther: una profunda rabia contenida que clama siempre por liberarse y, literalmente, arrasar con todo. Y aquí es donde la interpretación que lleva a cabo Idris Elba se convierte en un sobresaliente desde el primer episodio; ya no se trata sólo del propio aspecto físico del enorme actor, sino esa capacidad de Elba de comportarse de forma ética, noble y decente, mientras al mismo tiempo deja entrever claramente que una corriente de ira explosiva está circulando por sus venas, a punto de explotar en cada poro de su piel. Para mí la imagen que define a Luther es la del detective caminando veloz por las calles de Londres con el gesto serio y malhumorado, manteniendo en todo momento las manos metidas en los bolsillos del pantalón, como si de alguna forma tuviera que encadenarse a sí mismo para no reventar contra todo y contra todos. Porque eso sí, sin desvelar ningún spoiler, cuando Luther estalla, estalla.

Une vez el personaje protagonista está así de bien conformado, el resto parece trabajo fácil, y sin embargo en la primera temporada Neil Cross no se conforma sólo con eso, sino que verdaderamente se lleva a cabo un trabajo notable de guión y arco narrativo durante los seis episodios de la temporada. El ritmo y montaje de cada episodio es veloz, vertiginoso y audaz, casi como si fuera la forma en la que la mente de Luther funciona y trabaja diariamente, envuelto todo ello con una potente e intensa banda sonora; por otro lado la violencia y sangre de los crímenes no resulta nada excesivo que no hayamos visto antes, pero sí que tiene un punto de elemento desagradable que en algunos episodios se hace de lo más incómodo, sobretodo si has tenido la genial idea de sentarte a verlo mientras cenas. Y, cómo no, al final lo que define también al personaje de Luther son las relaciones que mantiene con el resto de personas que le rodean, jefes que confían en él, otros jefes que intuyen que algo no acaba de cuadrar, compañeros que le entienden, esposa que no puede seguir viviendo con él en ese abismo infernal… Pero si hay un personaje que se revela como importantísimo desde el primer episodio y que acaba en muchos momentos por compartir completo protagonismo en la serie, ése es el personaje de Alice: una criminal, una psicópata que en un principio parece que va a convertirse en el Moriarty de Luther, pero que en seguida pasa a establecer con el detective una extraña relación de amistad-atracción-amor. Pero no os engañéis, Alice (interpretada por una excelentísima Ruth Wilson) es seguramente una de las últimas personas del planeta con la que deberíamos entablar una relación de cualquier tipo; cuando Alice te mira nunca sabes si quiere besarte o destriparte (posiblemente quiera las dos cosas…). Pero así es Luther, moviéndose siempre en el filo de la navaja.

La primera temporada de la serie es desde luego y sin ninguna duda un auténtico goce de tensión y pura adrenalina, con un desenlace que hará que os comáis hasta el pellejo de las uñas. En cuanto a la segunda temporada, que sólo consta de cuatro episodios, el ritmo y calidad de la trama decae un poco, aunque la potencia de Idris Elba ante el timón hace que le sigamos la pista igualmente. La tercera temporada acaba de empezar y claramente os digo que ya el primer episodio augura cosas grandes para Luther. Desde aquí en nuestro blog le seguiremos la pista sin cesar, y a Alice también.

Xavier Torrents Valdeiglesias

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