Lost in Space – Episodios 1 y 2 (Netflix, 2018)

Entre los años 1965 y 1968 la cadena americana CBS llevó a las pantallas catódicas la serie de ciencia ficción Perdidos en el espacio (Lost in Space), una producción creada por Irwin Allen y con un reparto formado por actores como Guy Williams, June Lockhart, Bill Mumy y Jonathan Harris. Desde un principio y durante sus tres años de emisión se trató de una obra muy familiar, de tono infantil, con dosis de aventuras y sobre todo con un potente cariz educativo. Era la serie frente a la cual la familia se sentaba a compartir emociones muy livianas y a aprender cuestiones sobre la física, la naturaleza, la química, etc. Años después, en 1998 el director Stephen Hopkins estrenó una película que intentaba adaptar la serie en un formato de blockbuster para todos los públicos que buscaba crear una fórmula de espectáculo, en un producto que quería reventar las taquillas mundiales. Y desgraciadamente ocurrió todo lo contrario: un fracaso absoluto, tanto de público como de crítica, y nos dejó en el recuerdo una experiencia como espectadores realmente irrisoria y completamente olvidable. Y es ahora cuando Netflix ha decidido volver a contarnos la historia de la familia Robinson perdida en la galaxia. Hemos tenido la oportunidad de poder ver los dos primeros episodios de la temporada y hemos disfrutado en ellos de una serie que plantea un nuevo concepto en su fundamento, que presenta un nivel de calidad, trabajo y dedicación muy notables, y que promete horas de entretenimiento aseguradas.

La familia Robinson se estrella en un desolado planeta, suceso tras el cual deberán enfrentarse inmediatamente a múltiples peligros mortales para poder sobrevivir. El padre de familia John Robinson (Toby Stephens) y su esposa Maureen Robinson (Molly Parker) deberán aprender a aunar esfuerzos y puntos de vista contrarios para el beneficio de sus hijos. Aquí yace el primer punto de diferenciación que trata de aportar frescura a la producción: el matrimonio Robinson no es ya un matrimonio feliz y modélico, sino que se trata de dos personas que hace tiempo que dejaron de sentir nada especial el uno por el otro. Razón de más para que la dramática situación en la que de repente se ven envueltos adquiera un cariz más problemático y tormentoso para ambos. Y para sus hijos. Claramente estamos ante una familia cuya unión no se encuentra en un momento de gran fortaleza, puesto que las dos figuras paternas no dan esa fuerza necesaria. Pero en el caso de los tres hijos sí que parece haber desde un principio una relación más estrecha, forjada seguramente por el vacío que sus padres han dejado en ese aspecto. La unión que nacerá entre todos los miembros de la familia Robinson es el motor que mueve los primeros compases de los dos primeros episodios de la temporada, y entendemos que será el alma que fundamentará el corazón de la serie. Penny Robinson (Mina Sundwall) y Judy Robinson (Taylor Russell) son las dos hermanas mayores, distintas a su manera pero similares en su preocupación por los acontecimientos y por la madurez con la que parecen atreverse a enfrentarse a lo que les acontece. Una preocupación que también se vierte en su hermano pequeño, Will (Maxwell Jenkins), quien, para el que suscribe estas líneas, es el verdadero encanto de estas dos primeras horas de Lost in Space. Jenkins aporta una interpretación excelente al personaje del niño Will, equilibrando inocencia, miedo, valentía y un familiar espíritu aventurero que puede empatizar excelentemente con todo tipo de espectador. A mitad del primer episodio, él rápidamente se convierte en uno de los protagonistas más principales de la trama, y el magnetismo que desprende en pantalla es magnífico. Tanto Sundwall como Russell en el papel de las hermanas lo hacen muy bien también, pero lo de Jenkins es otro cantar.

La producción de Netflix ofrece un nuevo concepto de Lost in Space; lo que ha ocurrido en esta nueva trama a diferencia de en versiones anteriores es que una gran nave repleta de colonos sufre daños y centenares de cápsulas han sido lanzadas para sobrevivir, de lo cual el espectador entiende que la mayoría de ellas se han estrellado en el mismo planeta que los Robinson han hecho con la suya. Este es un inteligente planteamiento, puesto que permite concentrar durante muchos episodios todas las aventuras y desventuras de los personajes en un mismo lugar, además de permitir abrir la puerta a la continua aparición de nuevos personajes y sorpresas. Una de ellas es la de otra cápsula accidentada en la cual están Don West (Ignacio Serricchio) y la Dra. Smith (Parker Posey). Si decíamos que Will es uno de los claros protagonistas de la serie, la otra sin duda es Smith, con una gran interpretación de Parker Posey, personaje el cual ofrece además un interesante nuevo acercamiento, que le dota de una frescura en su fundamento, que seguro le permitirá construir un arco narrativo mucho más rico y ameno, y que le aporta una vertiente maliciosa mucho más atractiva.

Los efectos especiales y digitales están al nivel de exigencia que merece la serie, dotando al conjunto de una calidad visual en su diseño y en su cariz de espectáculo, que cumple con las expectativas que se deben tener hoy en día ante una serie de ciencia ficción. En el caso sobre todo del personaje del nuevo robot, dicho aspecto de la calidad de los efectos es muy evidente, a partir de la cual se teje un protagonista tremendamente verosímil y espectacular. Un robot muy diferente al de anteriores versiones, cuando se trataba más de un infantil y educativo ayudante de Will; en esta nueva versión este androide está mucho más cerca de por ejemplo personajes surgidos de la saga de videojuegos Mass Effect, con un aspecto rudo, agresivo y, por encima de todo, tremendamente misterioso. Aquí encontramos otro de los que seguro serán motores de la trama: ¿de dónde surge este robot? ¿Y por qué ha hecho las acciones que finalmente vemos que ha llevado a cabo?

Lost in Space promete ser un espectáculo familiar para todo tipo de espectadores, pero al mismo tiempo busca tejer una sinfonía de tono mucho más adulto que sus antiguas versiones, y todo ello al mismo tiempo imbuido de un honesto y muy coherente espíritu de entretenimiento y puro divertimento sci-fi. Desde aquí auguramos y deseamos grandes cosas de los Robinson, muy grandes cosas.

Xavier Torrents Valdeiglesias

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