Terrores catódicos (2): Los chicos de Stone (Children of the Stones, Peter Graham Scott, 1977)

childrenstones01Hubo un tiempo en el que la televisión destinada al público juvenil se permitía contar historias fantásticas que coqueteaban con el terror, un tiempo en el que la corrección política no estaba tan a la orden del día como ahora y había bastante más flexibilidad cuando se trataba de sumergir a los chavales en un tipo de historia que iba a asustarles, si bien no tan solo eso. No muy diferente a las historias de miedo que se pueden contar en una acampada, pero que prácticamente a día de hoy han desaparecido de la parrilla televisiva por muchas más cadenas que haya ahora, en gran medida debido a una cierta restricción educativa-cultural impuesta poco a poco a través de los medios de comunicación derivadas de ciertos escándalos y muy cuestionables ataques contra la moral (nos daría para otro tema) en las últimas tres décadas. Y es una pena, porque ofrecían un estímulo importante y ayudaban a desarrollar un mucho mayor concepto de fantasía. Series como The Tomorrow People (1973-79), Dentro del laberinto (Into the Laberynth, 1981), Chocky (1984) o nuestro tema de hoy, Los chicos de Stonehenge (O Los chicos de Stone, en su pase original en TVE allá por 1980). Todas ellas británicas, donde solía ser toda una tradición el entretener a la vez que educar mediante el género fantástico.

childrenstones02La mini-serie también pertenece a una época muy diferente de la televisión británica. La cadena ITV era por aquel entonces -1977- un conglomerado de diferentes productoras y fue realmente HTV la encargada de llevar adelante el proyecto, con un mínimo presupuesto, pero con un guión muy cuidado y las clásicas solventes interpretaciones que nos tienen acostumbrados por aquellas tierras. Adam Brake (Gareth Thomas, que pronto se convertiría en Roj Blake, el protagonista de otra serie de culto que nos gusta mucho en esta casa, Los 7 de Blake (Blake’s 7, BBC 1978-1981) y su hijo Matthew (Peter Demin) llegan a la pequeña comunidad ficticia de Milbury (se rodó en Avebury, Wilts, un lugar cercano a la ubicación auténtica de Stonehenge), debido a que el primero debe realizar un trabajo de investigación sobre el peculiar magnetismo de las rocas del lugar. Un lugar que está situado en el interior de un círculo de piedras, antiguas y mágicas, y que a Matthew le llaman la atención al recordarle una pintura que adquirieron recientemente en el cual un grupo de paganos bailan alrededor de las llamas, con unas rocas muy parecidas a su alrededor y una serpiente a su vez cubriendo las rocas, mientras las figuras de un hombre adulto y un joven muchacho intentan escapar de la celebración. No hace falta ser Sherlock Holmes para deducir que esa pintura tendrá una importancia vital en la serie…

childrenstones03Pero eso es solo la punta del iceberg: en Milbury parecen habitar dos tipos de vecinos muy distintos. La gente “normal”, con los que Adam y Matthew pronto entablan relación, como Margaret (Veronica Strong), la encargada del museo local y su joven hija Sandra (Katherine Levy), o el doctor local y su joven hijo, y los “felices”, aquellos que se saludan siempre con una sonrisa en la boca, celebran las festividades locales y también otras nocturnas y un poco más inquietantes, y que parecen rendir pleitesía al Sr. Hendricks (Ian Cuthbertson), el rico dueño de gran parte del pueblo, de amables maneras pero siniestra presencia. Lo peor del asunto es que poco a poco los protagonistas de la serie van contemplando cómo la gente “normal” va pasando a convertirse en “feliz” a medida que van avanzando los episodios… La presencia de un vagabundo llamado Dai (Freddie Jones), que entabla relación con Matthew y le va dando pistas (dentro de lo críptico que es su modo de hablar, ya que tampoco parece que le funcione muy bien la sesera) sobre la verdadera naturaleza de Milbury, y el despertar en el joven de un cierto poder psíquico a partir de que toque una de las piedras y le transmita energía (e información), le llevará a convencer a su padre de que traten de averiguar qué oculta la pequeña y aparentemente apacible localidad.

childrenstones04A día de hoy parece sorprendente que una serie que tuviera un guión tan complejo estuviera pensada para el público juvenil (la serie se emitía en el Reino Unido a las 16,45 de la tarde, para enganchar a los chavales cuando salieran de la escuela), pero como he comentado más arriba eran otros tiempos… además de que en cierto sentido adquiere el término “programa familiar” un significado más profundo –ya que era muy fácil que un adulto encontrara interesante el programa y también lo viera-. O mejor aún: “para todos los públicos”, pero de verdad… lo cierto es que, nostalgia aparte, es difícil que una serie de este tipo tuviera la repercusión que tuvo la original en su día, al tener el ritmo pausado de la TV británica de la época y sustentar el peso de la información –vasta y en algún momento hasta enrevesada- en tres cuartas partes en los diálogos, en especial los que tienen padre e hijo y que van dando explicaciones al espectador de lo que está ocurriendo. Y es que la historia tiene claras reminiscencias Lovecraftianas (fuerzas cósmicas que intervienen en el transcurrir no solo de las vidas de los meros mortales del pueblo, sino de la misma percepción que se tiene del tiempo y el espacio), influencias de guionistas clásicos de TV que para los británicos son un tesoro nacional como Nigel Kneale (la presencia de fuerzas primigenias que existen desde antes de la humanidad ya las había tratado el genial escritor en por ejemplo The Stone Tape o en alguno de los seriales, después reconvertidos en películas, del mítico profesor Quatermass) y un aire de extrañamiento de naturaleza pagana mezclado con ciertos tópicos english que en ocasiones la han llevado a ser considerada una especie de The Wicker Man (la legendaria película de Robin Hardy de 1973) juvenil.

childrenstones05La atmósfera de la serie también es otro de sus aciertos –teniendo en cuenta siempre las limitaciones presupuestarias-. Los exteriores aprovechaban al máximo la bucólica naturaleza de la localidad pero la embriagaban de la sugerente y un tanto sobrenatural banda sonora de Sidney Sager, que utilizó al grupo coral The Ambrose Singers (colaboradores en soundtracks como los de Proyecto: Brainstorm, Krull o Carros de fuego) para envolver a la serie de un score compuesto de cánticos rituales que lograban que el rocoso entorno lograra convertirse en opresivo. No solo The Wicker Man, también hay un “Picnic en Hanging Rock juvenil” ahí, si seguimos jugando a etiquetar, con la presencia de las poderosas piedras, procedentes de un tiempo anterior al hombre, creando un círculo mágico y aterrador… De hecho, su propio director y co-productor, Peter Graham Scott, que se había aliado con Patrick Droomgole (una de las cabezas creadores de la también muy recordada serie En el laberinto (Into the Labyrinth), pariente no muy lejana de estatras haber abandonado la BBC y que había aceptado la oferta de HTV –que en aquellos tiempos ofrecía productos de muy elevada calidad que competían con los de Granada, Thames o la mismísima BBC-, se quedó absolutamente desconcertado al leer el libreto de los guionistas Jeremy Burnham y Trevor Ray debido a su perturbadora naturaleza y estar destinado a un target más bien joven.

Los siete episodios de media hora de los cuales se compone la serie desembocan en un final más cercano al de El prisionero (1967-1968) que al de cualquier serie juvenil, pero en cualquier caso, la tv inglesa de entonces estaba especializada en “traumatizar” en el buen sentido a la audiencia joven y a ayudarles a crecer pensando y estimulando sus neuronas. Al fin y al cabo, un padre y un hijo se enfrentan a un misterio juntos usando el poder de su inteligencia y aplicando sus conocimientos –lo cierto es que Matthew es un geniecillo, pero en fin, es un recurso obligado para hacer avanzar la serie-, y sin usar la violencia en ningún momento. ¿Tiene algo semejante Disney Channel? Es probable que provocara alguna que otra pesadilla, pero en ciertos casos, estas pueden llegar a valer realmente la pena.

Javier J. Valencia
TERRORES CATÓDICOS 1: Terrores catódicos (1): Ghostwatch – Prohibido en televisión durante una década (Ghostwatch, Lesley Manning, 1992)
Terrores catódicos (3): The Kingdom – Antiguo y futuro reino (Morten Alfred / Lars Von Trier, Riget, 1994 – Riget II, 1997)
Terrores catódicos (4): The Night That Panicked America (Joseph Sargent, 1975)
Terrores catódicos (5): Gárgolas (Gargoyles, Bill L. Norton, 1972)
Terrores catódicos (6): La mirada del mal / América Oculta (American Gothic, CBS, 1995)

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