Los 7 de Blake (Blake’s 7, BBC 1978-1981)

blakesCAPPodría haber resultado el peor de los desastres, y jamás hubiera llegado a existir este artículo ya que la serie nunca habría existido: Los 7 de Blake se estrenó en Enero de 1978, y unas pocas semanas antes todo el Reino Unido había sido “tomado” por un fenómeno de aquellos que barren las calles de arriba abajo: Star Wars. Pero, tal vez debido a que precisamente al público le dejaría con hambre de space opera o que en Inglaterra más que en ningún otro lugar una saga de ciencia ficción con escasos valores de producción es bien recibida si posee calidad en sus guiones y un buen puñado de intérpretes (cierto Doctor tendría gran parte de culpa, y su historia está muy relacionada con la obra de la que hoy hablamos) Los 7 de Blake se convertiría en un gran éxito en su país, y en una reconocida serie de culto en el resto del mundo.

En 1977 Terry Nation ya era una estrella de la televisión nacional británica. Nacido en Cardiff (Gales) en 1930, a principios de los 50 se instaló en Londres intentando labrarse una carrera como humorista. No logró cuajar como stand up comedian, pero sus guiones sí fueron aceptados y reconocidos por estrellas de la risa de entonces como Peter Sellers o Frankie Howerd. A mediados de 1963 trabajaba para el cómico Tony Hancock cuando tras una discusión estuvo a punto de quedarse en el paro: decidió aceptar la oferta que los productores Verity Lambert y Sidney Newman le hicieron para escribir un serial de un nuevo show fantástico destinado al público infantil llamado Doctor Who. Este se llamaría The Daleks (o The Dead Planet), presentando a la raza mecánica del mismo nombre que se convertirían en los eternos rivales del protagonista, y cambiaría el destino de Nation para siempre. Emitido por la BBC entre diciembre de 1963 y Enero de 1964, fue un tremendo éxito que generó una auténtica Dalekmania entre el público inglés y uno de los primeros casos de beneficios vía merchandising de la historia de la televisión. Más importante para su bolsillo fue que logró retener la mitad de los derechos de su creación, así que por cada juguete, camiseta, póster o cualquier otro producto licenciado de las mecánicas criaturas se llevaría beneficios.

Terry Nation

Terry Nation

Nation seguiría escribiendo para Doctor Who con el paso de los años, pero se labraría a partir de ese momento una carrera como escritor de televisión que fue de las más célebres de su era.  El santo, Los protectores, Los vengadores o Los persuasores serían otros programas que se beneficiarían de su talento durante la década siguiente. En 1970 debuta como guionista para la gran pantalla con el libreto de la estupenda De repente, la oscuridad, dirigida por el peculiarísimo Robert Fuest, en una cinta que combinaba el estilo de los thrillers británicos de la época con un cierto eco de los giallos italianos dando como resultado un enloquecido pastiche terriblemente disfrutable. Y en 1975 por fin logra crear su propia serie de televisión, Survivors, la cual durante tres temporadas narró las desventuras de un grupo de supervivientes de un virus que arrasa con la mayoría de la población de la Tierra. Otro éxito de Nation, un tanto ensombrecido por su marcha de la producción tras la primera temporada por diferencias creativas, y las acusaciones de otro célebre guionista británico, Brian Clemens, que le culpó de haberle robado la idea. En otro orden de cosas, Survivors conoció un remake que duró dos temporadas y se emitió en el 2008 y 2010 y que nos encantó a los miembros de esta web que los hemos visto, así que no descarten que le dediquemos un especial al asunto más adelante. En cualquier caso el prestigio de Nation era el suficiente para que fuera uno de los creadores a los cuales acudiría la BBC en busca de nuevos conceptos…

Robin Hood y los siete del patíbulo contra el Gran Hermano

Durante un duro pitching en el cual le fueron tumbando los proyectos que Nation más había elaborado uno tras otro, el guionista se salió por la tangente con un vago concepto que rondaba por la cabeza acerca de unos convictos galácticos que lograban fugarse y viajaban por la galaxia gracias a una nave super-avanzada y que les definió a los ejecutivos de la BBC como “Los doce del patíbulo en el espacio”. Les pareció interesante y cuando le preguntaron el titulo, respondió instintivamente, casi para salir del paso, Los 7 de Blake, sin saber muy bien por qué. Le ordenaron escribir un piloto y de ese modo, casi sin quererlo –al menos, no de antemano- con el título de The Way Back comenzó a cobrar vida y Nation pudo empezar a desarrollar más concienzudamente sus inciertas e imprecisas ideas. El piloto recibió el ok de Ronnie Marsh, entonces director de proyectos dramáticos de la BBC, que le impuso una condición: Nation tendría que escribir al completo el grueso de la primera temporada. El guionista aceptó el reto y aprovechó para ir desarrollando el universo en el cual iba a ubicarse capítulo a capítulo. Pero no sería el único impedimento que se encontraría por parte de la cadena BBC.

The Way Back

The Way Back

Los 7 de Blake estaba destinada a heredar el horario de emisión de una importante serie inglesa, Softly Softly: Task Force (1970-76), spin off de Softly Softly, de inmenso éxito en sus años de emisión (segunda mitad de los 60), y que a su vez también era un spin-off (de Z-Cars). Lo que podía ser una buena noticia se convirtió en un grave problema cuando Nation y su equipo descubrieron que también iban a heredar su presupuesto, y ni una sola libra más. Lo que podría ser más que adecuado para un drama policiaco de corte realista, se iba a quedar muy, muy corto para uno de ciencia ficción. El productor David Maloney fichó para el equipo de producción en su mayor parte a un puñado de veteranos de Doctor Who para trabajar en unos efectos especiales que iban a ser, en el mejor de los casos, bastante pobres, pero lo suficientemente apañados para que –al menos para un cierto tipo de espectadores- no fueran una molestia y no “estorbaran” a lo que realmente iba a ser lo esencial en el proyecto: la calidad de los guiones y las interpretaciones. También hay que tener en cuenta que Doctor Who ya era una institución catódica en 1977 y el público local estaba más que acostumbrado a que los efectos baratos no les estropearan la fiesta.

The Way Back se emitió el 2 de Enero de 1978, y es uno de los pilotos más insólitos de la historia de la televisión. Conociendo ahora, en perspectiva, que Nation apenas tenía un concepto muy general y poco desarrollado cuando la vendió, tiene todo el sentido del mundo pensar que el guionista aprovechó para ir trabajando en el background a la vez que desarrollaba la trama. Roj Blake (Gareth Thomas, protagonista también de Los chicos de Stone (Children of the Stones, 1977) es un aparentemente ciudadano ejemplar de la Tierra en un universo controlado por la Federación, un estado fascista que controla a los planetas con puño de hierro y cero paciencia. Un grupo de disidentes se acercan a él en secreto y le dicen que en realidad fue un líder revolucionario contrario a la Federación, que fue capturado y se le sometió a un lavado de cerebro, y que ha olvidado su pasado, sustituido por unos recuerdos implantados. Interesado, aunque un tanto incrédulo, acude a una reunión clandestina de los rebeldes y ante sus propios ojos contempla una cruel matanza por parte de los soldados que en teoría deberían defender la ley y el orden. Blake es ahora un testigo peligroso y es detenido por falsos cargos de pederastia. Un abogado y su joven esposa, Tel y Maja Varon, que son presentados de tal manera que parece que vayan a ser  principales del serial, se encargan de defender a Blake y poco a poco van descubriendo que algo huele a podrido en la Federación. Pero no llegan con vida al final del episodio, y Blake será condenado a la colonia penal de Cygnus Alpha por el resto de sus días, a medida que su memoria se va restituyendo y empieza a recuperar su verdadera identidad.

Cygnus Alpha

Cygnus Alpha

Lo normal, y más sobre todo en aquellos tiempos, es que en un piloto se presenten los personajes principales y ellos nos lleven a conocer su entorno. En este caso, Blake forma parte del entorno (ni siquiera el Roj Blake que conocemos es quien realmente es) y son un grupo de  secundarios –solo que no lo parecen, puesto que lo desconocemos- los que nos van desvelando las particularidades de su realidad. Y tan solo cuando Blake entra como prisionero en la nave que lo va a trasladar a Cygnus Alpha conocemos, muy brevemente, a otro de los personajes principales, Vila Restal (Michael Keating), el ladrón cobarde –pero inmensamente útil debido a su talento para abrir cualquier cerradura, herramienta a nivel de guión valiosísima también- que se convertirá en el “recurso cómico” del equipo una vez se forme el grupo.

En realidad, The Way Back forma un tríptico junto con los episodios segundo y tercero, Space Fall y Cygnus Alpha, donde se establecen las bases regulares del serial –o al menos de sus dos primeras temporadas-. Blake intentará organizar un motín en el viaje con destino Cygnus Alpha con la ayuda de gran parte del equipo que formará parte del casting regular: el estafador y genio criminal Kerr Avon (Paul Darrow), frio, pragmático y muy inteligente. La pirata espacial Jenna Stannis (Sally Knivette), una piloto temeraria y valiente. Y Gan (David Jackson), el gigante forzudo de buen corazón, acusado al igual que Blake de un crimen que no cometió. Pero también se presentan bastantes otros que originalmente estaban pensados para ser regulares pero que fueron desapareciendo por cambios de ideas de Nation como Arco Trent (Peter Childs) o Selman (David Ryall), por lo que si uno inicia su visionado sin tener muy claro cuales van a ser sus personajes principales contempla estas tres primeras horas con una sensación de incertidumbre en la que parece que cualquiera pueda morir sin saber a quién aferrarse. Juego de tronos habrá hecho un arte de esto, pero tuvo sus precedentes. Blake y su equipo tendrán la buena fortuna de hacerse con una nave espacial tecnológicamente mucho más avanzada que cualquier diseño terrícola abandonada por una raza desconocida durante una batalla y con ella tendrán una ventaja contra las fuerzas de la Federación, contra los que Blake querrá embarcarse en una guerra de guerrillas para lograr devolver la libertad a la galaxia, o como mínimo, hacerles del mayor daño posible. Convencerá al resto del díscolo grupo, bautizará a la nave como el Liberator y la inteligencia artificial que la maneja, Zen (voz de Peter Tuddenham) pasará a ser parte del equipo. En el cuarto, Time Squad, se presentara Cally (Jan Chappell), una telépata de planeta Auron que forma parte de la Resistencia contra la Federación y ha sido desterrada por su pueblo, convirtiéndose en el último miembro de la primera encarnación del grupo.

blakes_03

El resto de la primera temporada se compondrá de un mix entre misiones hit or miss del grupo y otros de aventura de fantasía espacial pura y dura que –para el que suscribe- nunca funcionarán tan bien como los primeros (aunque los habrá muy destacables) y que serán en parte la causa del abandono de un par de los actores principales más adelante. A mediados de la temporada entran en escena la Comandante Suprema de la Federacion Servalan (Jacqueline Pearce), tan interesada en cazar a Blake y a los suyos como en hacerse con la poderosa Liberator y el cyborg Travis (Stephen Greif), un verdadero psicópata al servicio de la Federación que tiene viajes cuentas pendientes con Blake. Lo normal en los primeros episodios es que Blake y los suyos salgan triunfantes de sus misiones y poco a poco Nation aproveche para engrandecer la leyenda del equipo a lo largo y ancho de la galaxia. Y enseguida supo que el plato fuerte de la serie desde luego no iban a ser los pocos vistosos efectos especiales o las batallas galácticas de escasa envergadura y maquetas de plástico, si no la relación entre los diferentes miembros del grupo y en un background que mejoraba a cada paso.

Si la primera temporada fue la del “auge”, el segundo año podría ser considerado, en cierto modo, el de la “caída”. Si bien las primeras horas mantienen el tono de la primera temporada (con la inclusión de otra inteligencia artificial al equipo, la caja metálica Orac, que se había presentado al final del primer año y que sirve como herramienta al actuar como un “cerebro viviente” para resolver problemas a los guionistas de manera mucho más sencilla que cuando Avon resolvía prácticamente todas las dudas, convirtiéndole en excesivamente genial), el segundo año tendrá un tono bastante más oscuro, probablemente debido a la inclusión de nuevos guionistas, en especial Chris Boucher, script editor de la temporada y diseñador del arco narrativo. Aunque en la galaxia la leyenda de los 7 de Blake ya es conocida, conocerán el fracaso en bastantes misiones, y la egolatría que empieza a desarrollar Blake alcanzará su punto culminante en el quinto episodio de la temporada (We Did It… We Did It… ¡I DID IT! espeta en el momento culminante  en el que cree haber dado con el Centro de Comunicaciones de la Federación, el Star One, en el excelente capítulo Pressure Point), en el que caerá en una trampa que costará la vida a uno de los miembros del equipo y que llevará a los demás miembros del Liberator a replantearse su liderazgo. El arco de los episodios finales, una carrera contra Travis (ahora interpretado por Brian Croucher) y Servalan para dar con la auténtica localización del Star One, son muy entretenidos (con algún tropiezo en medio, como el penúltimo, Gambit), y Boucher, que parecía bastante influenciado por los cómics Marvel de la época, desarrolló bastante más el pasado de algunos personajes. Por desgracia el interés del guionista y de sus apoyos Robert Holmes y Allan Prior parecía centrado en Blake, Avon y Vila y en los dos villanos, quedando en toda la segunda temporada Cally, Gan y Jenna bastante desdibujados. Sally Knivette abandonaría el programa al final de la temporada, debido al desuso de su rol y que a la aguerrida pirata espacial de la primera temporada la reconvirtieran en poco menos que la ama de llaves de la nave. No sería la única. Gareth Thomas había ido perdiendo el interés por la misma a medida que desde su punto de vista se volvía menos adulta –al menos que en sus primeras horas- y la space fantasy iba comiendo terreno a los aspectos más “humanos” del programa, y una oferta por 18 meses de la Royal Shakespeare Company fue el definitivo incentivo para el abandono del protagonista. Todo ello en el estupendo desenlace de la segunda temporada, que incluía a resolución definitiva de su conflicto con Travis, un interesante debate moral de los que tanto gustaban a Thomas (justo cuando tiene acceso a la estación de comunicaciones descubre que la Tierra y los mundos aliados están a punto de ser atacados por una raza extraterrestre, por lo que debe decidir entre su victoria final o ayudar a su enemigo natural) y el trasvase de la antorcha a Avon. A partir de la tercera temporada, el más oscuro de los componentes de la saga iba a convertirse en su estrella principal.

blakes_04

Avon llama

Se puede dividir Los 7 de Blake en dos bloques. En el primero de ellos, que abarca las dos primeras temporadas, eran un grupo de corsarios espaciales con un fuerte componente heroico, debido al liderazgo de su idealista cabecilla. Y aunque eran una pandilla de criminales, de Gan descubríamos que había sido manipulado por la Federación, que Jenna creía en Blake y nunca traicionaría al grupo, y que a los dos miembros con más tendencia al delito (Avon y Vila) les era práctico pertenecer bajo el mando del personaje principal, aunque fuera por motivos diferentes. Y Cally, Orac o Zen ni siquiera eran realmente villanos. Pero en los dos siguientes bloques (temporadas tercera y cuarta) esto cambiaría de registro: Avon pasaría a ser el líder del grupo, y más que mantener una guerra de guerrillas con la Federación (muy tocada tras los eventos del final del segundo año) sus intereses pasarían a ser tan diversos como el robo, la piratería, las vendettas personales, y de tanto en cuando seguir fastidiando a Servalan, aunque en ocasiones dé más la sensación de que lo hace más por el placer de derrotar a su rival (Servalan será más nemésis de Avon de lo que nunca fue de Blake, el cual ya tenía a Travis). Los miembros que se sumarán al grupo en las últimas temporadas tendrán una catadura moral bastante baja comparada con los previos, dejando a la pobre Cally (junto a Avon, mi  preferida) como la “conciencia” de los miembros del Liberator. Los nuevos “fichajes” serían Del Tarrant (Steven Pacey), un mercenario que había sido miembro de la Federación hasta que desertó y que es usado para cubrir un par de huecos con desigual suerte (es el nuevo “rival”, aunque en este caso, sin nada que hacer contra él, de Avon en la nave en lugar de Blake, a la vez que es un piloto de talento comparable al de Jenna), Dayna (Josette Simon), una joven especialista en armas que busca venganza contra Servalan por el asesinato de su padre, y en el último año se unirá otra mercenaria a la banda, Soolin (Glynis Barber), a la cual realmente no llegamos a conocer demasiado, aunque se trate de una de las pistoleras más rápidas de la galaxia y, en ocasiones, los guionistas traten de usarla como una versión femenina de Avon.

blakes_05

Este segundo bloque ya sería más cercano realmente a la idea de Terry Nation de crear unos Doce del patíbulo del espacio, al desaparecer el elemento “Robin Hood” de la ecuación. Y esto a pesar de que Nation “cerró” (o eso creía él) la saga al final de la tercera temporada. La BBC empezaba a sentirse a disgusto con la fuerte popularidad del programa, que ocupaba el espacio que algunas “cabezas pensantes” creían que deberían ocupar títulos de mayor prestigio, y la tercera temporada fue diseñada para ser la última. Nation se marcharía a vivir a Estados Unidos después de escribir “Terminal”, un intenso y sorprendente final que podría haber cerrado perfectamente Los 7 de Blake y que es uno de los mejores  de toda la saga. Y sin embargo… durante los títulos de cierre, esa vocecilla que suele escucharse en las series británicas sobre los créditos de cierre anunció que la misma volvería la temporada siguiente. Bill Cotton, en aquellos momentos director de la BBC One, estaba impresionado por la calidad de la propuesta y dio el visto bueno para un cuarto año, que sería, esta vez sí, el último. Si ya la tercera temporada había sido algo inconsistente en comparación a las dos primeras, lo había compensado con episodios individuales y cerrados de gran calidad. La cuarta temporada también los tendría, pero cuando ya se había llegado casi a mitad de la misma, y es considerada por sus fans decididamente como la más floja de las cuatro. Estando de acuerdo, también considero que el programa (ahora bajo el manto de los productores Vere Lorrimer y David Maloney) introdujo interesantes novedades, como el hecho de que el grupo tuviera una base fija, una nueva nave (el Scorpio, cuya inteligencia artificial, Slave, tenía de nuevo la voz de Pete Tuddenham), y un cierto progreso en el arco de los personajes. Avon cada vez se muestra más paranoico y vamos descubriendo de lo que es capaz, como en Orbit, en el que está a un paso de cargarse a su “amigo” Vila para salvar su vida (a todo esto, Paul Darrow confesó que había tanta inconsistencia en el arco de Avon desde que Nation se marchó, pasando en unas horas de ser un líder anti-Federación a “lo Blake” a otros donde era poco más que un sociópata, que decidió interpretarlo como su estuviera perdiendo la cabeza poco a poco). Vila Restal se va volviendo un poco mas alcohólico e incluso aún más cobarde. La escritora Tanith Lee, que escribió dos magníficos episodios, ambos centrados en relaciones entre protagonistas (había debutado en el estupendo Sarcophagus de la tercera temporada, centrado en la relación que nunca ocurrió entre Avon y Cally), desarrolló en Sand un conato de amor imposible entre Tarrant y Servalan –además de estar mejor dirigido y con mejor puesta en escena que de costumbre-. Ojalá Lee hubiera escrito muchos más episodios…

Blakes_06

Pero, por encima de todo, la cuarta temporada es recordada por el último capítulo, Blake, cierre definitivo y uno de los más convulsos y polémicos de la historia de la televisión británica desde El Prisionero (1967-1968). Como decía Eusebio R. Arias en su libro Series de culto de tv de ciencia ficción, terror y fantasía, publicado por Nuer en 1997 y que fue el que me la descubrió, ¿Qué se puede pensar de una serie cuyo protagonista máximo desaparece a mitad de recorrido y no vuelve hasta el último episodio?. Blake es un capítulo intenso y bastante misterioso, que supone el retorno de Chris Boucher como guionista principal (tan solo había escrito el inicio de la temporada, Rescue, en una apañada demostración de cómo deshacer los cliffhangers que había dejado Nation al final de la temporada anterior, pero cargándose a uno de los personajes principales de una de las maneras más ridículas que se recuerdan), y también el retorno de su antiguo líder. Es emocionante como pocos, y tiene un tema principal –la desconfianza- que envuelve de amargura la última hora y por descontado, al resto de la obra. De sus últimos diez minutos no voy a decir nada –aunque si es usted un amante de los mitos de las series de TV de culto ya sabrán cual es-, pero generó bastante controversia en su día, e incluso los abogados de Terry Nation –que nunca se mostró de acuerdo con ese final- se plantearon acciones finales contra los productores. Pero, de veras, el final funciona, es consecuente con el conjunto, y de todos modos deja puertas abiertas, quizá no muy evidentes en un primer momento pero factibles, a una continuación –aunque, obviamente, la cosa habría tenido que reinventarse como en cierto modo ya lo había hecho los dos últimos años-.

Los  tripulantes de la Liberator han conocido más aventuras en otros medios. Marvel UK editó un magazine que incluía un comic book entre 1981 y 1983. En 1989 apareció publicada Aftermath, novela escrita por Tony Attwood que intentaba continuar la serie donde se quedó en su final pero tuvo bastante mala acogida por los fans. Mucha mejor suerte tuvo Lucifer, otra secuela de la saga escrita por el propio Paul Darrow y que él mismo narró en audiolibro. De audiolibros, un fenómeno con bastante seguimiento en el Reino Unido, ha habido bastantes producidos por la casa Big Finish, especializada en el tema y que también los ha editado de otros fenómenos de culto en las islas, como Survivors o el inevitable Doctor Who. Cada cierto tiempo sale en escena la idea de devolver a Los 7 de Blake a la pequeña pantalla. Durante la pasada década se habló de varios posibles “revivales”, uno de ellos con de nuevo Paul Darrow involucrado, otro en versión animada, pero no prosperaron. En la actual se ha hablado con fuerza de la posibilidad de efectuar directamente un remake, en ocasiones para SyFy, en otras para Xbox Live…

Lucifer

Lucifer

A Los 7 de Blake se la ha llamado a menudo el anti-Star Trek: ambos equipos principales viven aventuras a bordo de una nave espacial muy poderosa. Pero mientras los protagonistas de la serie clásica de Gene Rodenberry trabajaban como exploradores para una Federación unida de planetas representativa de un paso delante de la humanidad en cuestión de relaciones entre sí, en la de Nation son un grupo de rebeldes y criminales que luchan inspirados por su mesiánico líder contra otra Federación, en este caso malvada y cruel. Mientras que en Star Trek la lucha entre pasión e intelecto estaba reflejada en el temerario Kirk y el lógico vulcaniano Spock, (y en ocasiones entre este y el Dr. McCoy), que en cualquier caso desarrollaban una amistad bigger tan life con el paso de los años, en el Liberator las tensiones entre Avon y Blake (como si fueran los Lobezno y Cíclope de finales de los 70 y primeros 80) crecen episodio tras episodio, y su relación es más cercana a la de amor-odio (con bastante más de lo segundo que de lo primero, al menos en el caso de Avon), representando la lucha entre el interés y el idealismo. Star Trek pertenecía a un mundo utópico mientras que el de Los 7 de Blake era distópico… 

…y su sobrecogedor final no nos dejó ninguna duda de ello!

Javier J. Valencia

Esta entrada fue publicada en Televisión Series y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.