La maldición de Hill House (The Haunting of Hill House, Mike Flanagan, 2018, NETFLIX)

He podido ver los primeros episodios de La maldición de Hill House, la nueva serie de terror de Netflix que adapta la conocida novela de Shirley Jackson que fue llevada al cine en 1963 por Robert Wise y en 1999 por Jan de Bont. Cada vez es más estrecha la relación entre el gigante rojo y el contenido de terror, ya sea original suyo o exportándolo de otras plataformas para atraer más fans a su imperio de consumismo de video bajo demanda. La maldición de Hill House tiene la suerte de estar encabezada y adaptada por Mike Flanagan, avezado director de género con una relación bastante íntima con Netflix, –fue el responsable de Hush (2016) y de El juego de Gerald (2017)- que ya ha demostrado en más de una ocasión que lo de dar sustos se le da de maravilla. Lo mejor de esta nueva versión de Hill House, aparte de estar realizada en formato serial televisivo para aportar una visión distinta a la novela de Jackson, es la manera en la que Flanagan hace suya la historia. Dota a la serie de una estética y una puesta en escena que trabajó en Oculus: El espejo del mal (2013) y en Somnia. Dentro de tus sueños (2016), transformando las secuencias en delirios oníricos que se plasman en función de los traumas que están atravesando sus personajes en ese momento. Y en La maldición de Hill House los protagonistas están atormentados por haber crecido en una casa que, supuestamente, estaba encantada. Por ello Flanagan tiene carta blanca para ejecutar ese terror psicológico en el que tan bien se mueve, colando los jumpscares justos para que el espectador no quede colapsado con tanto sobresalto y el director pueda cocer a fuego lento un estado de malestar que va ligado al de los protagonistas. Generando, aunque conozcamos la historia de sobra, una sensación de incertidumbre alrededor de las tramas y subtramas de los personajes.

Lástima que, por otro lado, la estructura en términos generales de la serie recuerde a It, novela de Stephen King que tuvo su adaptación televisiva en los noventa y que hace un año se convirtió en el mejor estreno del cine de género de la historia, en lo que a traumas de infancia que prosperan hasta la edad adulta se refiere. Flanagan recurre constantemente a los flashbacks y flashforwards para construir la base de los arcos argumentales de los protagonistas. Pero, en ocasiones, resulta tedioso el que la historia esté pegando saltos hacia adelante y hacia atrás, incluso puede ser confuso en según qué situaciones. Aunque al tratarse de una serie, es normal –quizá- que Flanagan busque profundizar mucho más en el pasado de los personajes principales para que, posteriormente, su evolución sea de un carácter más íntimo para el espectador. Aquí hay espacio para construir las pesadillas que la casa de Hill House genera en aquellos que la habitan. Flanagan puede perder el tiempo tanto como quiera en las paranoias que sufren los protagonistas teniendo diez horas de metraje a sus espaldas.

Y precisamente La maldición de Hill House salva gran parte de su contenido ya visto por la inmensurable labor de Flanagan en recrear una atmosfera delirante que, desde luego, convierte a la casa maldita en algo único. Del mismo modo que lo que hacía Guillermo del Toro en La cumbre escarlata (2015), convertir un espacio gótico en un laberinto de pesadillas lleno de fantasmas y monstruos que atormentan a todo el que pasa por la casa –o mansión-.

La apuesta de terror de Netflix se acerca al cine de terror italiano, donde un compendio de imágenes terroríficas invade la retina del espectador sin que el sentido sea lo que impere dentro del argumento. No me atrevería a catalogar de tren de la bruja al nuevo producto de Flanagan, porque la experiencia que ofrece es distinta. No es una montaña rusa donde el terror sube y baja, sino que éste va in crescendo hasta calar lo suficiente como para que la conexión entre personajes y público sea lo más cercana posible. No importa si conocéis la historia, la serie de La maldición de Hill House se disfruta igualmente si te dejas llevar por los monstruos de Flanagan.

Xavi Mogrovejo

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