La Frecuencia Kirlian (Netflix, 2019)

Existe un lugar en la Tierra donde puedes ver al fantasma de un niño fallecido que recriminará tu culpa por su muerte, aunque no sepas ni de quién se trata. Una localidad con una gran plaza donde se reúnen un grupo de jóvenes pandilleros con un gusto por la sangre muy particular. Donde los choques generacionales se resuelven a golpe de brujería. Donde habitan las criaturas de la noche, los hombres lobo, los malditos, y el resto de figuras espectrales surgidas de las más enfebrecidas pesadillas. Ese lugar de llama Kirlian, y probablemente hayas oído hablar de él: todo el mundo conoce a alguien, o tiene un pariente, que pasó por allí y vivió una experiencia terrorífica. Pero como si de un Brigadoon surgido del averno se tratara, cartografiarlo es impensable y tiene el don de no estar situado en ningún mapa. Pobre del último que intentara hacerlo…

No soy muy amigo de ese tipo de titulares que rezan la mejor serie en antena que no estás viendo o la mejor película de este año de la que no has oído hablar. Básicamente porque es muy atrevido pensar eso de lectores como los de esta página, habituales degustadores de rarezas. Pero en este caso, me he sentido muy tentado de utilizar un título semejante para este artículo dada la escasa repercusión que ha tenido en España (no en Argentina, su país de origen, o en EEUU, donde ha recibido artículos por parte de medios como SYFY Wire o IO9Gizmodo) la extraordinaria, a todas luces, serie de animación La frecuencia Kirlian. Mientras los cortometrajes animados de ciencia ficción con el sello de David Fincher Love, Death and Robots se han llevado el premio de la (efímera) repercusión en las redes sociales, Kirlian, un sincero, imaginativo y encantador homenaje al género de terror moderno forma parte de ese otro mundo del catálogo de Netflix que invita a los exploradores de nuestros géneros favoritos a rebuscar a la caza de un tesoro. Y aquí hay uno. En esta web somos ya perros viejos, y reconocemos la que va a ser una obra de culto casi instantánea. Y si no, al tiempo.

Cada episodio (por no llamarlo directamente cortometraje, ya que las duraciones de sus cinco entregas -de momento- oscilan entre los 9 y los 12 minutos) nos muestra las emisiones del programa de radio local llamado La frecuencia Kirlian, que se emite toda la noche, todas las noches. Su presentador (al que da voz Nicolás Van de Moortele), del cual nunca llegamos a tener una visión completa -la oscuridad parece cubrirle- pero intuímos que algo no va del todo bien con él –o todo lo bien que puede ir un ser humano al que le recorren cucarachas por encima-, recibe llamadas de diferentes habitantes del lugar que le informan de sucesos de lo más extraordinario. Como si de una versión siniestra de Gemma Nierga se tratara, nuestro DJ siempre parecerá saber más del tema en cuestión de lo aparente, como si estuviera en conexión con las fuerzas oscuras que dominan los designios de la localidad. Ya puede recibir llamadas de socorro de una chica asustada por unos pandilleros un tanto especiales, como escuchar la historia de un hombre que conoció a un anciano obsesionado con los ladridos del perro de los vecinos de al lado, que siempre se guardará la suficiente información para que el espectador de cada entrega se sorprenda con su twist final.

De todos modos, y aunque cada capítulo puede verse como si de una película independiente se tratara, es mucho más disfrutable ver los cinco episodios y formarse una idea del conjunto ya que existe una continuidad bastante vaporosa que se hace fuertemente visible en el que estaba previsto que fuera el episodio final de la primera temporada (en Netflix la temporada se aumentó de cuatro a cinco y se incluyó el que estaba previsto fuera el primero de la 2ª, Un viejo y su perro). En El rey de la Navidad, una verdadera maravilla animada de 10 minutos, se hilan los argumentos abiertos en los episodios previos (como el destino de las anotaciones de Caín Eldritch, el agrimensor que llegó a Kirlian con un secreto) y se realizan unos geniales homenajes a otras obras de terror (especialmente de Stephen King, una de las debilidades del creador de Kirlian, Cristian Ponce). Además es una de aquellas narraciones acerca del verdadero significado de la Navidad, aunque en este caso mostrado de una manera, digamos… insólita.

La animación en sencilla, casi minimalista: podría usarse la expresión cómic animado, como si nos desplazáramos a través de viñetas en movimiento. Usa con especial inteligencia el juego de luces y sombras para mostrar lo justo y necesario para que el espectador se haga una imagen de lo que ocurre, y dejar ciertos detalles a la imaginación. Especialmente destacable es también la música synthwave de Marcelo Cataldo, envolvente y de claro aire retronostálgico.

Un buen destino para pasar las próximas vacaciones catódicas podría ser Kirlian: está situada en un lugar donde los límites son los de la imaginación y donde un misterioso pinchadiscos tomará el control de tu televisor durante unos minutos. Si el viaje te cambiará o no dependerá de ti, pero seguro que te dejará con ganas de más. Toda la noche… todas la noches.

Javier J. Valencia

Esta entrada fue publicada en Televisión Series y etiquetada , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.