La cúpula (Under The Dome, Temporadas 1-2, 2013-2014)

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Pocas cosas se le pueden reprochar a Under the Dome. Sin embargo, sería más exacto decir que su propia naturaleza como serie estival ligera invalida la mayoría de las críticas que se le podrían hacer. Lo lamentable de la práctica totalidad de las actuaciones de su reparto, lo chapucero de sus guiones (con esos giros en las tramas tan falsos) o lo absurdo de su argumento, todo tiene una finalidad: entretener. Y es cierto que eso se consigue, aunque quizás a través de un camino que sus creadores no esperaban. O quizás sí, porque hay gente muy inteligente perpetrando esta serie y no está de más no desechar la posibilidad de que cualidad más importante por la que la seguimos viendo (que se podría resumir en la expresión no-puedo-creer-lo-que-está-pasando) sea voluntaria.

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El tramo final de su segunda temporada ha alcanzado cotas inimaginables de locura. Vale, un pueblo queda aislado del resto del mudo por una cúpula transparente indestructible. Vale, la cúpula va matando a los personajes de forma aleatoria o son ellos mismos los que se matan entre sí por lo motivos más absurdos. Vale, aparecen nuevos personajes porque sí, porque estaban escondidos, por ejemplo. Vale, la cúpula tiene voluntad y un propósito. Vale, los personajes son buenos o son malos según el capítulo (a veces, pienso que hay serios problemas en la coordinación de guiones… como que ésta es llevada a cabo por un mono borracho o algo parecido). Vale, la cúpula es buena o mala según el capítulo. Y así hasta el infinito.

Basada en una novela de Stephen King, que llega a guionizar algunos de los más terribles episodios de la segunda temporada, la serie amplía y deforma el argumento del original, como si se tratara de un monstruoso espejo cóncavo.

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A veces Under the Dome parece una parodia de muchos aspectos de la obra del escritor norteamericano. Por ejemplo, un alcohólico en una cabaña, que permanece aislado del resto de los protagonistas de la serie (recordemos: que viven encerrados en una cúpula relativamente pequeña) y que hasta la segunda temporada no es descubierto (que tampoco es que se estuviera escondiendo, ojo), es un tropo habitual del genio de Maine. También lo es la presencia de una puerta secreta entre dimensiones. Y también es algo que aparece en la serie. Pero mientras sobre el papel, en sus buenas obras, estos elementos son manejados con maestría a lo largo de páginas y páginas haciendo crecer la expectación… aquí son ventilados en dos o tres escenas, como si los guionistas solo se limitaran a cumplir con una lista de cosas que tienen que sacar y que una vez utilizadas (más mal que bien) son tachadas y así pueden pasar a la siguiente:

“¿Qué toca ahora? Ah sí, Big Jim se vuelve loco y se cree un elegido por la cúpula. Bien. ¿Y después? A ver… Big Jim se vuelve loco y decide matar a todo el mundo para vengarse de la cúpula. Bien”

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La serie es un intento por parte de CBS de hacerse con una programación estival fuerte. Originalmente el proyecto pertenecía a Showtime, pero éste lo cedió de manera más o menos amistosa para ser emitida en abierto (ámbito donde la serie tiene más razón de ser que en un canal por cable, como desde un primer momento quedo claro) . Como productor y máximo responsable se fichó a Brian K. Vaughan, famoso guionista de comics, que ya había trabajado en televisión en Lost. Todo parecía perfecto y, sin embargo, desde un principio se vio cual era el problema: su argumento era muy interesante, pero la serie en si era lenta y poco entretenida. Debían ponerse la pilas o asumir una cancelación inmediata… y se optó por un tercer camino: seguir siendo aburrida y lenta, pero volverse loca.

Han firmado ya una tercera temporada, así que no se puede decir que su apuesta les haya salido mal.

Daniel Lasmarías

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