Terrores catódicos (7): Kolchak, el vigilante nocturno (Kolchak, The Night Stalker, 1972-1974)

kolchakObstinado hasta la histeria. Temerario hasta el punto de quemarse los dedos en más de una ocasión. Jactancioso hasta la perdición. Y afortunado, muy afortunado a la hora de enfrentarse a lo sobrenatural. Hoy hablamos de Carl Kolchak, el personaje encarnado por Darren McGavin en dos telefilmes y una serie de televisión que fueron clásicas de la televisión fantástica (y también por Stuart Townsend en una muy desafortunada versión moderna) y que a pesar de que, aparentemente, no dejó la mella de otras experiencias catódicas más reconocidas en el imaginario popular televisivo (véase The Twilight Zone o posteriormente Expediente-X, ganadoras de un éxito que esquivó al pobre Carl) sí que se convirtió en una fuerte influencia para obras posteriores, que le hicieron finalmente ganar el reconocimiento que merecía. Y es que, en realidad, para los que somos de generaciones que no pudimos conocer Kolchak debido a motivos tan diversos como no tener edad para razonar o simplemente no haber nacido nos empezaron a llegar voces allá en los 90 acerca de una serie lejana y genial que Chris Carter clamaba cada vez que se lo preguntaban que era la mayor influencia que había tenido para crear las aventuras de los agentes Mulder y Scully.

LOS OJOS DE LA NOCHE

El primer nombre en el cual tenemos que detenernos es en el padre de la criatura en su formato original: la novela. Jeff Rice (fallecido el año pasado a la edad de 71 años) fue el autor de The Kolchak Tapes, donde se presentaba al sagaz periodista investigando una cadena de asesinatos en la ciudad de Las Vegas por parte de alguien cuyo modus operandi se asemejaba sospechosamente al de un vampiro. Rice era hijo de un joyero del que, según se dice, tenía relación con la mafia de Las Vegas y se conocía de pe a pa los lugares más recónditos y los secretos más oscuros de la ciudad, lo que le sirvió para darle un toque de autenticidad al material literario. Según Mark Dawidziak en su libro The Night Stalker Companion los derechos de la novela (que ni tan solo había sido publicada aún) fueron vendidos a la cadena ABC sin el permiso de Rice, lo que a la larga daría de si unas complicaciones legales que, según parece, convertirían al escritor en persona non grata a la hora de tratar de vender nuevas historias a las cadenas de televisión. El litigio se resolvería en 1973 cuando se publicó el libro por primera vez en EEUU, después del éxito de la primera tv movie y pudo firmar a medias con Richard Matheson la autoría del segundo, The Night Strangler. Posteriormente Rice caería en el más completo de los olvidos hasta el año 2005, cuando la editorial ubicada en Chicago Moonstone reeditó en el mercado yanqui sus dos novelas y comenzó a editar tanto en formato novela como en cómic nuevas aventuras del singular reportero, y su popularidad y la de su autor se revalorizó. Pero en muy pequeña escala: el único obituario que se le dedicó en su muerte fue en una breve columna en un diario de Las Vegas. Rice tuvo que enfrentarse a otro tipo de demonios, en su caso serían los de la depresión, que le asolarían hasta el final de sus días. Por suerte, Internet es una fantástica herramienta para evitar que caigan en el olvido aquellos que ya lo han hecho en los medios convencionales, y el autor pudo recibir aunque fuera en las semanas posteriores merecidos homenajes. Ojalá algún día las novelas puedan ver la luz del día en España, aunque por desgracia, no apostaría por ello.

KolchakTheNightStalkerLa tarea de convertir el material literario en un guión televisivo cayó por encargo de la cadena ABC en manos de alguien que no necesita presentación si usted viene a leernos a menudo: Richard Matheson. Al legendario escritor de Soy leyenda no le tembló el pulso a la hora de hacer todos los cambios necesarios, pero quedó asombrado por la calidad literaria del texto de Rice: “La historia estaba ahí, la estructura estaba ahí, y tenía a todo el mundo excitado. Era una especie de historia de vampiros con el estilo del cinema verité. Parecía tan realista. A medida que leías la historia te daba la sensación que realmente había ocurrido”. La adaptación pareció entrar en un peligroso limbo cuando no se dio luz verde al proyecto debido a la fuerte censura imperante en la televisión americana de entonces, hasta que entró en escena Dan Curtis. El legendario (más por la pequeña pantalla que por la grande) productor y director ya había conocido la notoriedad gracias a ser uno de los causantes del giro a lo sobrenatural del soap opera de cadencia diaria Dark Shadows, emitido con éxito entre 1966 y 1971, y de sus dos trasvases a la pantalla grande, Sombras en la oscuridad (“House of Dark Shadows”, 1970), sorprendente versión muy apañada de un centenar de episodios del culebrón protagonizado por el vampiro Barnabás Collins, y su menos afortunada secuela Una luz en la oscuridad (“Night of Dark Shadows”, 1971), ya sin el popular chupasangre en el rol principal. A partir de entonces Curtis y Matheson comenzaron una larga colaboración en proyectos para la pequeña pantalla como Scream of the Wolf (1974), Drácula (1974, protagonizada por Jack Palance como el Conde), o las películas de relatos Trílogia de terror (1975) o Dead of Night (1977). Curtis se encargaría de las labores de producción, y tras la cámara se pondría el supersticioso John Lewellyn-Moxey (el cual usaba apellido compuesto ya que un numerólogo le indicó que de ese modo encontraría el éxito), el cual tenía ya una larga carrera en la pequeña pantalla y en películas de bajo presupuesto y que en 1960 dirigió un pequeño y magnífico clásico de culto protagonizado por Christopher Lee, La ciudad de los muertos (también llamada en algunos países “Hotel Horror”).

Varias mujeres de diverso status y procedencia aparecen muertas en Las Vegas. Solo tienen dos cosas en común: tienen marcas en el cuello y han perdido gran cantidad de sangre.  Blanco y en botella, ¿verdad? Pues el único ciudadano que parece creer a pies juntillas que el asesino ha de ser por la fuerza es un vampiro es Carl Kolchak (Darren McGavin), periodista local que tiene el dudoso honor de haber sido despedido de montones de diarios estadounidenses, aunque no solo por su indisciplina (que también), sino por su lucha a ultranza contra cualquier esfera de poder empeñada en ocultar la verdad al público. Pronto empieza a ser cada vez más evidente la verdadera naturaleza del criminal, cuando se suceden robos a bancos de sangre y la policía tiene un encontronazo con el principal sospechoso y éste resulta ser inmensamente fuerte, ágil e inmune a las balas: por supuesto nuestro protagonista está ahí para registrarlo, soportando contra viento y marea a los agentes de policía que sobrevuelan por encima suyo, lanzados por la bestia. Aunque su editor, Tony Vincenzo (Simon Oakland), considera que su teoría es una locura y el jefe de policía (Claude Akins) está deseando echarle de la ciudad -curiosamente en mi vida he confundido con frecuencia a Oakland con Akins, pero al verlos juntos en una misma película no me dieron la impresión de ser tan parecidos-, la novia de Carl, Gail (Carol Lynley) le echará un cable para seguir el rastro de la verdadera identidad del asesino: Janos Skorzeny (Barry Atwater), un hombre de elevada edad el cual no debería de tener ni por asomo las cualidades físicas que Kolchak vio en el enfrentamiento ante la policía… lo cual ratifica su teoría. El desenlace de la TV Movie es verdaderamente terrorífico, con Carl introduciéndose en la boca del lobo, descubriendo lo que hace con sus víctimas y finalmente enfrentándose a él, apostándose el pellejo aún a sabiendas de que no recibirá ninguna gratitud por ello. Es más, al final será víctima de una jugarreta por parte del sheriff y el fiscal del Distrito (Kent Smith) que dotarán a la obra de un regusto ciertamente amargo.

nightstalker2The Night Stalker (editada en España en vídeo con un buen montón de títulos diferentes, entre ellos Los ojos de la noche, y más recientemente Una historia alucinante en su última edición en DVD. Sí, yo también puse esa cara) fue un exitazo sin parangón en su emisión original en EEUU el 11 de Enero de 1972 para la ABC, con unas espectaculares cifras de un 33.2 de rating y nada menos que un 54 de share. Eran buenos tiempos para pasar miedo en familia. Lo cierto es que el telefilm es espectacular, de los mejores en su estilo, tiene un guión perfectamente estructurado y confluye el talento de Rice con el de Matheson. La astucia de Curtis permitió evitar a la censura con su manera imaginativa de esquivar la sangre y vísceras siendo de todos modos sobrecogedor, y la eficaz puesta en escena de Lewellyn-Moxey dio en la diana. Todo el reparto estuvo estupendo, pero sinceramente creo que el mayor mérito de todos fue para su estrella principal: sencillamente espectacular.

Darren McGavin (1922-2006) ya tenía una larguísima carrera a sus espaldas para cuando llegó al proyecto, sobre todo en televisión, donde fue protagonista en Crime Photographer (1951-1952), una de las adaptaciones catódicas del detective de Mickey Spillane Mike Hammer (1958-59), Riverboat (1959-1961) o en El astuto (“The Outsider”, 1968-1969), y centenares de apariciones episódicas en series de todo tipo. También había protagonizado varios telefilmes y en pantalla grande había trabajado con directores como David Lean (en Locuras de verano, en 1955) u Otto Preminger (en El hombre del brazo de oro y en El proceso de Billy Mitchell, ambas de 1955). Trabajó incluso con José Luis Borau en aquella curiosísima producción hispano-suiza-argentina que su director clamaba que solo le dio dolores de cabeza, pero que a pesar de sus problemas internos resultaba más que curiosa e interesante, Hay que matar a B. (1974). El actor poseía ya tablas para hacerse una casa el campo, pero su aportación fue definitiva a la hora de darle vida: sus tics, su verborrea, incluso su particular modo de vestir, con su sombrero de paja y su sempiterno traje blanco estilo años 50 a rayas siempre puesto (que tan bien venía en labores de producción, ya que cuando se rodó la serie posterior se filmaban varios episodios a la vez y así se le ahorraban problemas al script)… todo ello fueron iniciativas del actor. “Eso no suena a nadie que conozca”, cuenta la leyenda que dijo cuando leyó que en el guión de Matheson vestía camisa hawaiana y bermudas: fue cuando, repasando la “biblia” del personaje, descubrió que el este había sido despedido de un periódico de New York años atrás, pensó, “¡Eso es! No se ha comprado un traje desde entonces”. De ahí su particular y reconocible look

LOS EXPEDIENTES KOLCHAK

the-night-strangler-pic-6La popularidad de la primera TV Movie hizo que una secuela no se hiciera de rogar, y el 16 de Enero de 1973, ahora ya con Dan Curtis como director y todavía con Matheson al guión, ABC emite The Night Strangler. La acción se traslada a Seattle, donde Vincenzo, ahora editor de un diario local, se reencuentra con Kolchak, y todavía arrepentido por lo ocurrido en Las Vegas le ofrece trabajo en su nuevo diario. Pero, como era de esperar, esto coincide con una nueva ola de crímenes que el inquisitivo reportero no tardará en señalar como sobrenatural: un desfile de asesinatos de mujeres jóvenes a las cuales se les extrae sangre nuevamente… y que sin embargo esta vez  descubrirá que no está asociada a ningún pariente de Nosferatu, sino a un alquimista, el Dr. Richard Malcolm (Richard Anderson) un alquimista con más años que Matusalén que lo hace para mantenerse joven. El estrangulador de la noche (esta vez sí, acertado título para la última edición en DVD en España) es una secuela que por momentos supera a la original, quizá por tener al actor principal más rodado y metido en el papel, quizá por la elegante puesta en escena de Curtis (magnífica parte final en la ciudad oculta en el subsuelo de Seattle), aunque es cierto que repite en cierto modo la estructura de la primera y es (algo) menos terrorífica. Si me preguntan, les diré según como me haya levantado esa mañana que prefiero una u otra, sinceramente. Strangler es un puente entre el primer telefilm y la serie de televisión: Por estructura y ambientación se asemeja a la primera, pero rebaja la crudeza y la tragedia (el final es semejante, pero mucho menos duro que el previo) e incluye bastante más humor, del cual en la serie regular se hará gala sin complejos. Lo cierto es que McGavin tenía un don para, interpretando un papel serio, sacarle detalles y características al rol que inevitablemente sacaban la sonrisa al espectador, y desaprovechar ese elemento hubiera sido un poco absurdo.

Todo parecía listo para seguir por la exitosa senda de los telefilmes y Richard Matheson y el guionista William F. Nolan, habitual colaborador de Curtis, se pusieron manos a la obra y escribieron el que debía haber sido el tercero de la saga: The Night Killers. En esta ocasión, la ciencia ficción y el terror hubieran ido de la mano en una historia en la cual Carl descubría una conspiración extraterrestre que comenzaba con la suplantación de varios líderes humanos por idénticos duplicados androides. Pero las tensiones entre McGavin y Curtis habían ido en escalada y su relación se rompió definitivamente cuando el actor y la cadena ABC decidieron por su cuenta crear una serie semanal. El segundo se quedó fuera de juego, pero las ideas que le había generado su relación con las dos obras le llevó a confeccionar una de estilo semejante en el piloto de The Norliss Tapes, escrito a medias con su compinche Nolan y protagonizado por Roy Thinnes y Angie Dickinson, que sin embargo tenía un tono más oscuro y por desgracia no tuvo continuidad a pesar de su calidad. Quizá hablemos de él en un futuro Terrores Catódicos.

014-kolchak-the-night-stalker-theredlistSin Curtis, sin Richard Matheson, y sin contar de nuevo sin Jeff Rice se gestó  Kolchak: The Night Stalker. McGavin consiguió un puesto de productor ejecutivo en el programa (no acreditado) y un jugoso contrato que le hacía acreedor de la mitad de los beneficios que generara el proyecto, pero esto también cuentan las malas lenguas le generó ciertas actitudes de divismo que no fueron bien vistas por los productores de la ABC cuando la audiencia empezó a flaquear. La situación con Rice -al cual nadie le pidió permiso para crear un show basada en su creación- generó un nuevo pleito resuelto en 1974 con un acuerdo según el cual Rice tendría los derechos para la explotación literaria del personaje y la cadena ABC para la televisiva.

Kolchak: The Night Stalker comenzó a emitirse el 13 de septiembre de 1974 con el episodio The Ripper, ahora reubicado en Chicago, que durante ese año se convertiría en el epicentro mundial de la actividad paranormal. El periodista seguiría a las órdenes del editor Tony Vicenzo (Simon Oakland de nuevo, llevando su divertida química con McGavin hasta el cielo a lo largo de los 20 capítulos) bajo el amparo del Servicio Independiente de Noticias, y un par de nuevos secundarios se añadirían al cast: Ron Updyke (Jack Grinnage en un rol que era la viva imagen del Ned Flanders de Los Simpson), como el clásico compañero de trabajo insidioso y pelota del jefe que es objeto de burla por parte del protagonista, y la adorable ancianita Emily Cowles (Ruth McDevitt), la encargada del horóscopo en el periódico, bastante vivaracha y espabilada cuando conviene, y que es la única persona a la que Carl trata con respeto. Cada semana se enfrentaría a un policía, o un oficial de la ley que no creería nada de lo que dice y se empeñaría en sacarle de la investigación (excepto el capitán Joe “Mad Dog” Siska, interpretado por Keenen Wynn, que aparecería en un par de ocasiones). Al contrario que las tv movies anteriores, al bueno de Kolchak se le acabó la vida social: nada de novias ni amistades durante las 20 horas que duró, ni tan solo llegamos a ver nunca donde vive. El personaje sería ahora un completo obsesionado con su trabajo y la búsqueda de la verdad. El tono también se rebajaría mucho respecto a los telefilmes, salvo en entregas muy concretas, y el programa siempre estaría aderezado con toques de comedia.

KOLCHAK - 01 - duduhamilton.blogspot.comThe Ripper establecía una tónica semejante en argumento a la de las aventuras anteriores, pero a partir del segundo, The Zombie, ya comenzaría a moverse por otros terrenos (en este caso, el de las maldiciones vudú). La mayor conexión con las películas previas y que otorga de una cierta continuidad a la saga al completo se debe al cuarto , The Vampire, cuando enterrada bajo el cemento de Las Vegas aparezca el cuerpo de una mujer que cobra vida y se dedica a chupar sangre a sus víctimas: aunque no haya una referencia directa en los diálogos a Una historia alucinante el hecho de que Kolchak  al escuchar colmillos y Las Vegas sirve para que ate cabos de inmediato y dé una alegría a los fieles de aquella época al incorregible reportero (supongo que los temas de otorgar continuidad a este tipo de programas, prácticamente antológicos, no estaba muy bien visto en aquellos días). A título personal, diría que mis capítulos predilectos son el quinto, The Werewolf, en el cual el perseverante héroe tiene que enfrentarse a un hombre lobo que se está dedicando a matar a los pasajeros en un crucero sobre el cual está escribiendo un artículo y que es una mezcla perfecta entre terror y comedia, el octavo, Bad Medicine, en el cual  se ve las caras con la encarnación de un antiguo guerrero indio, el Diablero (encarnado nada menos que por Richard Kiel, el Tiburón de la saga Bond, y que volvería a la semana siguiente dando vida a la criatura Paramafaeit, el hombre del saco de la mitología cajún en el capitulo The Spanish Moss Murders) y que creo que haría las delicias de los seguidores de la saga de El manitú de Graham Masterton (¿me ha escuchado, Mr. Victor Castillo?), y el insólito The Trevi Collection, el catorceavo, ubicado en el mundo de la moda y en el que una bruja encarnada por Nina Foch se dedica a ir cargándose a sus rivales a base de malas artes. Pero lo cierto es que, en líneas generales, todos están bien, se trata de un serial fantástico formulaico que repite estructura en prácticamente cada uno de los episodios y suelen estar resueltos con corrección, aparte de que McGavin está sensacional en todos y cada uno de ellos. Como curiosidad, citar que Bob Gale y Robert Zemeckis (la pareja creadora de Regreso al futuro) hicieron sus pinitos como guionistas en el quinceavo, Chopper, una variante del mito de Sleepy Hollow solo que ahora con un motero decapitado en lugar de un jinete, y que el popular guionista y escritor de novelas de género negro Bill S. Ballinger también escribió un par, Firefall y Primal Scream.

OCASO Y RESURRECCIÓN

Por desgracia, los problemas llegaron de todas partes, tanto dentro como fuera del set. Por un lado, los constantes conflictos entre McGavin y la cadena ABC generó la salida del primer productor ejecutivo “oficial” de la cadena, Paul Playton, y la entrada en escena de Cy Chermak, popular por ser uno de aquellos “magos” especialistas en salvar a series de la cancelación y que ya lo había logrado con Ironside o El virginiano, y que al contrario que en ocasiones previas decidió quedarse con el joven en su mayoría equipo de guionistas que ya estaban bajo contrato, que incluía a Rudolph Borchert (Los casos de Rockford, El espantapájaros y la Sra. King, El gran héroe americano) o toda una leyenda de la actual “Edad de oro” de las series de televisión: nada menos que David Chase. Efectivamente, el por aquel tiempo joven escritor había debutado un par de años antes como guionista en el telefilme La tumba del vampiro (que reseñamos recientemente en la tercera entrega de nuestras Weird Movies) y trabajó en nada menos que en ocho libretos, ganándose sus primeros callos en el oficio, para luego saltar al equipo de Los casos de Rockford donde se haría un nombre como guionista televisivo. En los años 90 sustituyó a Joshua Brand y John Falsey como showrunner en aquella maravilla televisiva que fue Doctor en Alaska (Northern Exposure, 1990 – 1995) y una vez terminó este trabajo se dedicó a mover de cadena en cadena un proyecto que tenía sobre un mafioso deprimido que iba a ver a una psicóloga y que conoció un rechazo tras otro hasta caer en manos de la cadena por cable HBO, que en 1999 estaba ya empezando un plan para crecer usando como principal reclamo las series de TV. Se llamaba Los Soprano, y el resto es historia.

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Y por otro lado, la audiencia  nunca terminó de arrancar. Tuvo la mala suerte de caer en el time slot del viernes por la noche, compitiendo con el telefilme semanal de la CBS (y que empezaba media hora antes) y con La mujer policía (“Police Woman” 1974-1978), protagonizada por la espectacular Angie Dickinson que fue una de las sensaciones de la temporada. Poco a poco los presupuestos por capitulo se redujeron (que sirvieron, cosas de la vida, para que empezaran a suceder un mayor tiempo de noche, lo que conllevó a una mejora estética en las escenas de terror). McGavin por su parte acusó el agotamiento que implicaba trabajar a destajo como actor e implicarse en las labores de producción y solicitó ser liberado de su contrato. De los 22 episodios programados finalmente solo se rodarían 20. El 28 de Marzo se emitiría el último, The Sentry, en el que el cronista se enfrentaba una criatura reptiliana descubierta en unas excavaciones. Al menos se dio el gusto de trabajar en él con su mujer, Kathie Browne, que interpretó a la Teniente Lamont (la agente de la ley al cual le tocaba soportar el ciclón Kolchak con los posteriores dolores de cabeza que esto acarreaba). Lo que había comenzado siendo un triunfo para la cadena ABC acabó siendo un grano en el culo, y es una pena, ya que probablemente el éxito hubiera ayudado a la creación de nuevos formatos de género. Es algo que lograría su más famosa y longeva hija, muchos años después.

Kolchak cayó en el olvido en años posteriores. Apenas retornó en la era del video cuando se condensaron varios episodios en forma de películas para su explotación en el mercado del VHS y a los refritos se les añadió una voz en off de McGavin para que tuvieran cierta coherencia: Demon and the Mummy y Cracke of Death. Y hasta que Chris Carter no la sacó de su letargo no conoció excesivas reemisiones.  Al menos su fracaso en audiencia no fue nada fatal para su estrella: McGavin nunca tuvo problemas para reubicarse en todo tipo de proyectos y siempre fue un habitual de la TV americana, incluso llegó a ganar un Emmy por su aparición en la inmensamente popular en su día telecomedia Murphy Brown. Falleció el 25 de Febrero del 2006, unas pocas semanas antes que Dan Curtis. Una magnífica generación empezaba a despedirse.

Otros investigadores de lo paranormal tomaron el relevo, desde Cazadores de sombras (“Shadow Chasers, 1985) hasta Misterio para tres (“Friday the 13th: The series”, 1987-1990), pero con escasa fortuna, o el siempre relativo éxito que se les da a las series “de culto”. Hasta que en 1993 la cadena Fox empieza emitir Expediente X y tras unos inicios un tanto titubeantes, tanto en calidad como en lo que a ratings se refiere, la segunda temporada resulta un boom inesperado y todo el mundo enloquece. David Duchovny y Gillian Anderson copan las portadas de las revistas de medio mundo durante, como mínimo, los cuatro o cinco años siguientes y su creador, Chris Carter, se vuelve una referencia en el medio televisivo. Nunca un formato de ciencia ficción había llegado tan lejos y se había vuelto tan popular. Cuando a Carter le preguntan por sus influencias responde con las clásicas, The Twilight Zone unas veces, The Outer Limits otras… pero nunca se olvida de citar a Kolchak: The Night Stalker. Para él era la principal, la  que nunca se perdía de joven y el modelo que intentaba imitar. De entre la enorme fanbase de Expediente X se empieza a curiosear. ¿Quién es ese Kolchak? ¿De donde sale? ¿Tan buena era? De pronto,  vuelve a estar en boga entre las publicaciones fantásticas. Carter va más lejos e intenta que el mismo personaje aparezca como invitado en su creación: diferencias entre las cadenas y las complicaciones con los derechos de explotación del mismo lo impide. Una lástima, hubiera sido un crossover increíble. Pero, como ya había hecho con Roy Thinnes de Los Invasores, Carter tiene una idea estupenda y bastante metalingüística para lograr que su aparición no sea la de un mero guest star y Darren McGavin interpreta a Arthur Dales, el creador de los Expedientes X en los años 50 que servirá de ayuda al agente Mulder en sus andanzas en un par de ocasiones. El círculo se había cerrado. Es de bien nacido ser agradecido. Un aplauso para usted, señor Carter.

mcgavinxfilesUn momento, ¿este artículo no había terminado ya, con ese bonito cierre de arriba? ¡Oh no! Decía antes que ojalá Kolchak hubiera triunfado y hubiera generado que las cadenas hubieran apostado por más productos de tipo fantástico. Pues bien, Expediente X triunfó, y generó una ola de seguidoras y continuadoras, unas buenas y otras malas, unas que la imitaban descaradamente y otras cuyos guiones llevaban eones durmiendo en cajones el sueño de los justos y que la moda de lo paranormal en antena los hizo despertar. Así, podríamos decir que si Kolchak generó Expediente X, Expediente X generó también Kolchak. O al menos una serie que tenía un protagonista llamado Carl Kolchak, que era periodista y que trabajaba para Tony Vincenzo. Pero Night Stalker, presunto remake de la  original y que apenas duró diez entregas emitidas en el 2005 tenía bastante más que ver con el drama protagonizado por Mulder y Scully (empezando por su productor, Frank Spotnitz) que con el original. Carl (interpretado por Stuart Townsend, actor gafe donde los haya) aquí era mucho más oscuro y estaba un tanto traumatizado por la desaparición de su mujer, y se las daba de solitario, pero siempre acababa siempre trabajando a pares con su compañera Perri (Gabrielle Union). ¿Mulder y Scully reloaded?. Nada de humor, nada de trajes blancos a rayas ni sombreros de paja, solo  algún guiñito metido con calzador en un show bastante vulgar. Aunque tampoco tengo un gran recuerdo de ella, solo vi dos o tres de ellos cuando se estrenó y me bajé de aquel tren bastante pronto por falta de interés. Y esa falta de interés ha durado hasta hoy.

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Como he comentado antes, Moonstone se hizo con los derechos de explotación del personaje en el 2005 y desde esa fecha ha ido publicando libros y cómics, con lo que la llama ha seguido viva desde entonces, con una pequeña pero sólida base de fans que mezcla a veteranos que la vieron en su día, todos aquellos que le descubrieron en los 90 y los que poco a poco han ido oyendo hablar de él por culpa de esa desbordante (¡y desbordada, por suerte!) fuente de información que es internet. Cada cierto tiempo se hablar de volver a resucitarlo y los últimos rumores apuntaban a que Edgar Wright lo llevaría a la pantalla grande  con Johnny Depp en el papel estelar. Hasta aquí todo bien. El caso es que la producción la llevaría a cabo Disney, con lo que suponemos que sería una versión un tanto light. Pero en fin, es pura especulación, de aquella que le estará haciendo reír ahora mismo si está leyendo este artículo en el año 2032 y cuelga el poster en su habitación de Kolchak 3: The Night Walkers, con un director y un actor principal que no tienen naaaaada que ver con los rumores. Uhm, si encuentra la manera, hágame llegar hasta nuestra era sus impresiones sobre esta encarnación…

Javier J. Valencia

Más “Terrores catódicos” en El pájaro burlón:
Terrores catódicos (1): Ghostwatch – Prohibido en televisión durante una década (Ghostwatch, Lesley Manning, 1992)
Terrores catódicos (2): Los chicos de Stone (Children of the Stones, Peter Graham Scott, 1977)
Terrores catódicos (3): The Kingdom – Antiguo y futuro reino (Morten Alfred / Lars Von Trier, Riget, 1994 – Riget II, 1997)
Terrores catódicos (4): The Night That Panicked America (Joseph Sargent, 1975)
Terrores catódicos (5): Gárgolas (Gargoyles, Bill L. Norton, 1972)
Terrores catódicos (6): La mirada del mal / América Oculta (American Gothic, CBS, 1995)
 

 

 

 

 

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