Hijos de la anarquía – Dos opiniones dispares sobre su temporada final (Sons of Anarchy, temporada 7, 2014)

sons01El final de Hijos de la anarquía no ha dejado indiferentes a dos de nuestros redactores más teleadictos, Javier J. Valencia y Daniel Lasmarías, que han interpretado las últimas horas de la serie creada por Kurt Sutter de dos maneras muy diferentes. Les hemos colocado sobre un “ring imaginario” y cada uno ha defendido su postura, Valencia lamentando el final de la serie, Lasmarías defendiéndola. Y el resultado ha sido este…

El desastre final – Por Javier J. Valencia

Vaya por delante que durante sus cinco primeras temporadas tuve a Hijos de la anarquía en el lote de las series garantía, aquellas que nunca fallan y que además resolvía muy inteligentemente, a medida que pasaba el tiempo, los síntomas de agotamiento, además de tener unos –que en aquellos tiempos parecían bastante cuidados- ases en la manga que permitían a personajes que no deberían haber pasado de las dos primeras temporadas seguir vivitos y coleando. Siempre fue una serie de recursos un tanto facilones –patilladas– para justificar planes sorpresa, reapariciones inesperadas o simplemente para resolver conflictos, pero durante un tiempo uno lo compraba sin pensárselo mucho: formaba parte de la idiosincrasia de la serie y tampoco había que darle muchas vueltas, solo comentarlos con media sonrisa.

¿Fue al final de la quinta temporada cuando el plan maestro de Jax Teller para acabar con Damien Pope fue entregarle a Tig, fingir que se marchaba, entrar a escondidas, cargarse al personaje de Harold Perrineau y largarse con su socio como si tal cosa? Fue el pistoletazo de salida a una horrorosa costumbre que a partir de entonces mantendría la serie hasta el final de escenificar las cosas siempre de cara a los espectadores, aunque no tuviera el más mínimo sentido o coherencia para su propia lógica interna. Pero aún así, la sexta temporada, en la cual ya se empezaba a evidenciar el signo del hastío, cuatro horas finales trepidantes y bastante dramáticas casi hicieron obviar el asunto: Es más, su espectacularísimo cliffhanger prometía una temporada final donde Kurt Sutter y su equipo quemarían todas las naves…

sons02Pues no. La temporada final de Hijos de la anarquía ha sido un completo y total desastre, lo más parecido en términos catódicos a contemplar estrellarse un coche a cámara lenta que haya visto en bastante tiempo. ¿Por dónde empezar? Nunca el resto de bandas rivales enfrentadas a los Sons habían dado tantos síntomas de palurdismo, a los cuales se les puede tomar el pelo aunque sea a base de planes que podrían haber sido diseñados por chiquillos de cinco años (véase la manera de eliminar al soldado de Marks o a los aspirantes al poder en los Niners). La oleada de violencia desatada por Jax para vengar la muerte de su esposa no ha tenido ninguna respuesta, ningún intento de hacerle ver a donde estaba llegando la situación, salvo quizá en algún momento por parte del pobre Nero, que este año le ha tocado hacer de Chibs y de Bobby, dado la poca relevancia que han tenido los dos anteriores: el primero metido en un insulso romance con la nueva sheriff, Jarry, probablemente la peor agente de policía que jamás ha pisado nunca Charming -y los ha habido muy malos- y que no ha dado pie con bola durante todo el año, empezando por largarse con su nuevo amante que la seduce en una escena de un crimen y a partir de ahí metedura de pata tras otra. Annabeth Gish merecía algo mejor, desde luego. Y qué decir del pobre Bobby… un momento, hagamos un repaso a los últimos pasos dados en su arco de personaje: se largó, de nuevo “escenificando” de cara al público un cabreo con Jax porque el mazo le había corrompido. Pero ¡sorpresa! Se había largado a reclutar nuevos miembros para “mantener integro” al nuevo líder. Pues total, no solo no lo han mantenido integro –era un plan bastante estúpido viéndolo en perspectiva- si no que ha ido a peor, y Bobby no ha vuelto a abrir la boca ni a cuestionar nada. Si bien es cierto que el pobre Mark Boone Jr. ha sido un perchero este último año y solo ha estado ahí para comerse una bala que apenas no ha lamentado nadie, a tenor de las pocas referencias a su muerte. Parece que la desaparición de Tara le ha dado carta blanca a Jax a encadenar desgracia tras desgracia… un poco miserable por su parte, que se encargó de parar cien veces los pies a su mejor amigo, el malogrado Opie, de llevar adelante la venganza por la muerte de su esposa Donna, y cuyo asesino, Tig, sigue cabalgando al lado de su líder. Tan hipócrita como miserable… lo cual sería perfecto si fuera la intención de los guionistas: pero me da que no es así.

sons03La pérdida de Ron Perlman ha sido otra de las claves de la caída en picado de la serie: no solo es un magnífico intérprete, sino que hace bueno a todos aquellos que compartían escenas con él. Huérfanos de Clay, a actores muy justitos como Theo Rossi se le han visto todas las costuras, con lo bien que funcionaba Juice en los primeros años haciendo las tonterías del Rat de turno… Y las reuniones sin Perlman ya no eran lo mismo. Alrededor de Jax se han sentado tipos de nulo carisma e interés como Quinn, Rat (que todavía ni entiendo que pinta en la serie ni porque se merece un crédito el actor en la cabecera, dado su insípido papel) o el antaño “rudo recurso cómico” Happy. Sons de segunda división para una temporada de igual segunda fila.

Y respecto a Gemma… ya no sé si eran imaginaciones mías pero hasta Katey Sagal, una de las mejores y más fiables intérpretes de la serie, daba sensación de estar cansada de su personaje. De todas las posibles maneras de llegar a su final –dando por sentado que Jax pondría fin a su vida, eso estaba fuera de toda duda- se escogió una especialmente inane, con Gemma paseando por el jardín donde paseó en su infancia y mostrándose condescendiente con su hijo. El cual por cierto, la mata por la espalda –viendo el camino que ha llevado todo el año el chico, ya no se podía esperar menos-. Sí que tuvo bastante sentido y en otras circunstancias hubiera sido aplaudible el quitarse al pobre Unser de en medio, mostrando que nunca importó un carajo al Club, y que a la mínima que hubiera incordiado le hubieran liquidado, al contrario de lo que su confiado personaje pensó.

El episodio final ya mostró en toda su gloria como el último año terminó por destrozar a un personaje que fue tan interesante inicialmente como Jax Teller, llegando a poner en peligro a su propio club y el brazo de Happy para “fingir” una fuga… ¡previamente escenificada (otra vez, pero este fue el último y doloroso clavo) de cara a los espectadores para que creyeran que Chibs iba a acabar con Jax! O los Sons secretamente forman parte de una compañía de teatro o ya no había vergüenza ninguna en intentar engañar vulgarmente al espectador. Y aquí nadie piensa en el mañana, claro, porque el IRA va a creer lo que digan a pies juntillas (bueno, a estas alturas ya deben estar tan hartos de los moteros de marras como yo). Total, todo para que el rubiales de las narices –el líder mafioso más mimado de la tv, y eso que él no le pasa ni una a nadie- se vaya a hablar con una pared y pueda darse un último garbeo y de paso traumatizar a un pobre camionero que pasaba por allí. Bueno, justicia poética, era Vic Mackey, en eso has tenido suerte…

sons04La caída de Hijos de la anarquía ha sido inesperada: esto no era Dexter, que a partir de su quinta temporada siempre era peor que la anterior y el asunto fue gradual hasta resultar menos doloroso… de hecho en mis ilusiones previas pensaba que Sutter, habiendo formado parte del esplendoroso año final de The Shield (a mi entender, el mejor final que he visto nunca en una serie a día de hoy) habría preparado algo semejante, un final que subiera y subiera como aquel… nada más lejos. El episodio final ya fue un bajón total y absoluto, con lágrimas por doquier (por llorar, llora hasta Chucky) y las patilladas ya clásicas de la serie (joder, disfrazarse con una manta llena de piojos para cargarse a Marks… ¡ni Moriarty, Teller!).

En tiempo Sons, cuánto tiempo ha pasado… ¿cinco meses desde que Jax se hizo con el mazo? ¿Al final la serie iba de eso, de como se hizo con el poder el líder más breve y torpe de la historia de los Sons, y de su rapidísima caída? ¿Se supone que debo pensar en él como en un anti-héroe trágico? La tragedia ha sido una última temporada lamentable para una serie que tantas alegrías dio en el pasado…

Molar o no molar – Por Daniel Lasmarías.

Cierto todo. Y aún así…

Sons nunca pretendió ser otra cosa. La “escenificación” del ajusticiamiento de Jax de cara a la galería es un recurso facilón y tramposo. Pero es que desde su primera temporada los guiones de la serie estaban llenos de recursos como ese.  Que nos duele que la traca final no termine con el petardazo que esperábamos, que lo haga con una chispita insípida, pues sí… pero en su interior había la misma pólvora que al principio.  La misma.

Sons of Anarchy funcionaba a base de martillazos. Las tramas avanzaban lentamente envueltas  en una niebla de solemne transcendencia hasta que llegado un momento -el clímax del episodio o de la temporada- un acto de violencia rompía esta monotonía shakesperiana y nos hacía saltar del sillón. Macarradas que daban sentido al culebrón familiar que la serie fue desde un principio. Cada uno de estos aspectos se complementaban y nos ofrecían un espectáculo televisivo de primer nivel.

sons05Jax y Tara revolcándose junto al cadáver del antiguo novio de esta última, por ejemplo. Entre lo rídiculo y lo genial, al filo de la navaja. Al final le hemos visto las costuras, pero el traje fue siempre el mismo, una chupa de moteros con la Muerte dibujada en ella. En perspectiva es ridícula, pero a todos nos pereció una buena idea.

Podemos ser críticos con el final, es justo. Pasa lo que tiene que pasar. Entonces los martillazos de Sutter son menos sorprendentes que al principio -“tío, a mi no me líes, por mucho que que lo intentes no me creo que Jax no vaya a morir como su padre” (cosa que estaba clara desde el momento que le “sugieren” a Jax que su padre podría haberse suicidado)-. Es su propia naturaleza como serie explosiva la que nos ha negado el clímax que le pedíamos… la propia serie era un clímax constante.

Y sin embargo, cuando las tramas cogían aire antes del final, antes de que la Muerte, esa vagabunda que, reconozcamoslo, tan brillantemente nos fue introducida poco a poco en la serie, antes de que la Muerte reclamara a Jax, llegó el décimo capítulo de la temporada. El momento de gloria de los secundarios. Un capítulo estructurado con una brillantez brutal. Empezando con un repaso a todos los personajes en sus camas (con sus feliciades y miserias), para posteriormente a base de martillazos (Juice,  un niño autoinfingiéndose heridas, Emily Bronte, la tortura a Moses…) desembocar en un final donde se cierra el círculo y, que nos dice, “ahora empieza lo bueno”. Aunque lo bueno ya pasó. Como esa conversación entre Tig y Venus, tan falsa como la evolución del primero. Y aún así tan bien escrita y rodada que debería usarse para describir lo mejor de la serie. Porque a veces Sutter, además de golpearnos en la cabeza, escribía líneas de diálogo antológicas. Otra clase de martillazo, pero igual de efectivo que los habituales.

sons06Sons no era una serie seria. Pretendía serlo, pero no. Era una puta que hubiera vendido su alma al diablo por un único fin: molar. Sons va de molar. De nada más.

Centrémonos por ejemplo en Jax (el peor y más breve presidente en la historia de la banda). Su evolución a lo largo de la serie es muy significativa de la naturaleza de la misma. A base de tragedias pasa de reformador a violento mafioso sin escrúpulos. A su alrededor los secundarios revolotean sin sentido (a veces críticos con él, otras serviles). Es así, porque, desde un principio, el personaje no se sustenta nunca sino a base de esas mismas tragedias. No existe “Jax” por si solo, existen las tragedias y para que alguien las sufra se crea al personaje de Jax. Su redención final, quizás obvia y facilona, era una de la pocas salidas posibles.

Gemma funciona como elemento catalizador. Shakespeare puro. Pero visto a través del espejo de lo “molón”. Sons destila lo más actual del autor inglés y lo magnifica hasta la caricatura. Madres posesivas, mujeres manipuladoras, tragedia, dolor, locura y violencia. Los guionistas deben integrar todos esos elementos y lo hacen en una trama que remite directamente a los esquemas del culebrón clásico. El pastiche funciona, pero se va agotando con el tiempo. Al final de la temporada asistimos a la ruptura definitiva de estos dos universos narrativos. Y, como ya hemos dicho, a la serie se le ven las costuras. Y sin embargo, debemos ser comprensivos: al fin y al cabo, un culebrón sólo puede terminar como un culebrón. Aunque sea un culebrón molón.

sons07Mi argumento no es que Sons of Anarchy fuera una mala serie desde el principio. No. Lo que pretendo decir es que quizás nos la tomamos demasiado en serio, más que sus creadores. Lo que pretendo explicar es que su estructura y trucos narrativos funcionaban mejor en el desarrollo de las tramas que en sus conclusiones.

Nos queda ese sentido del humor macarra. Y esos secundarios maravillosos. O esas persecuciones automovilísticas en calles vacías (no, no era una serie realista). Sons fue una gran serie. Quizás su final no, pero hasta llegar a él todos se desvivieron por molar. Y en ocasiones, en momentos dados, la serie moló. A mi siempre me pareció una buena política.

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