Expediente X – 11ª temporada, episodio 1: Mi lucha III (My Struggle III)

Expediente X se despedía en 2002 con un desenlace en su novena temporada en el que Mulder y Scully tenían una emotiva conversación sobre el futuro, sobre la esperanza, la fe y la voluntad de no rendirse jamás. Una vez ya habían descubierto la verdad, el quiero creer que siempre había caracterizado la cruzada de los agentes del FBI se convertía en un quiero creer que podremos seguir luchando. Era una escena rodada con sencilla austeridad, en una habitación de motel, con ambos personajes y un simple intervalo de planos y contra-planos. Esa conclusión contrastaba con una anterior escena de explosiones en el desierto, y en dicho contraste la serie decía su adiós representando y manifestando el tono dramático y emocional que siempre la había caracterizado: la emocionalidad pausada, el diálogo articulado en función del arco narrativo y de un ritmo estructural que configuraba el clima o climas del episodio a medida que se desvelaban más misterios en la tela de araña de las fantasías o las conspiraciones. Había acción y adrenalina por supuesto –como en dicho último episodio-, pero en función siempre de un ritmo sosegado y elaborado a través de un entretejido laboriosamente trabajado con tiempo y detalle. My Struggle III, el primer episodio de la nueva decimoprimera temporada, es exactamente lo opuesto a todo ello: cuarenta minutos de capítulo en los que acontece un total y absoluto atropello del ritmo y estructura, con una exageradamente forzada banda sonora que trata por todo momento de mantener un innecesario tono de elevada intensidad, y un montaje en el que los artificiosos cambios, saltos y cortes de planos enloquecen al conjunto con una incomprensible esquizofrenia. Tal y como si la serie de Chris Carter se hubiese visto poseída y travestida por el espíritu episódico, artificial y frívolo de producciones televisivas del estilo de NCIS o NCIS Los Ángeles. ¿Qué era antes y qué es ahora Expediente X? Tenemos claro lo que era, pero en cuanto a qué es ahora… parece dar la impresión de que nadie lo tiene muy claro…

En 2016 Expediente X regresó con una décima temporada de seis episodios, en los que se ofreció, por un lado, dos entregas centradas en la trama de conspiraciones gubernamentales, y por otro, otras cuatro que rememoraban los capítulos auto-conclusivos. Pero por desgracida rápidamente pudimos comprobar que el formato en el cual regresaba la serie era uno embriagado de superflua inconsistencia, con un guión penosamente elaborado y una nostalgia completamente artificiosa y transformada en un trasunto de lo que era Expediente X. ¿Tal y como cuando creemos recordar algo de una forma pero realmente ese recuerdo no tiene nada que ver con el hecho ocurrido en sí? Pues de alguna forma extraña la décima temporada tropezó con dicho defecto de la nostalgia, tan aprovechada y/o desaprovechada en estos últimos años por televisión y cine. Y en dicho juego de memoria, nostalgia y espejos, los nuevos episodios centrados en la trama de conspiración llevaban a cabo un reset, un retcon, una retro-continuidad, donde se planteaba que todo lo visto o acontecido en el pasado en relación a conspiraciones con extraterrestres era un compendio muy elaborado de montajes por parte de los poderosos que gobiernan en la sombra, y que ocultan intenciones mucho más oscuras que la de una posible invasión alienígena. De nuevo Chris Carter volvía a hacerlo, como antaño había llevado a cabo en varias ocasiones, donde dije digo, digo Diego. Recordemos sino la temporada quinta, cuando Michael Kritschgau revelaba a Mulder que todo cuanto había visto o descubierto era mentira, un montaje para tenerlo entretenido, jugando a una cruzada teatralizada. Las mentiras son tan profundas, que la única manera de cubrirlas es creando otras aún más increíbles. Obviamente ello vino dado para hacer un reinicio consecuente y acorde con el estreno de la primera película en cines (Expediente X: Enfréntate al futuro, 1998), y asimismo también para poder hacer un lavado de cara a la serie y dejar atrás posibles tramas abiertas o cuestiones no resueltas correctamente.

El fan de la serie, por lo tanto, estuvo y está más que acostumbrado a estas retro-continuidades. Y de nuevo volvemos a ser testigos de lo mismo en este primer episodio de la decimoprimera temporada. Pero en este caso es un tanto especial: el desenlace de la décima parecía dejar todo lo acontecido en una situación de casilla final, en la que Mulder estaba a punto de fallecer infectado por un patógeno que contagiaba rápidamente a los ciudadanos y Scully era testigo de cómo una nave espacial (controlada por el gobierno para “teatralizar” una invasión alienígena) se situaba encima de ella, dispuesta a llevar a cabo el plan final. Todo apuntaba a que el Armagedón se encontraba aquí y ahora. Pues nada de eso: The Struggle III plantea que todo ello fue una visión de Scully, transmitida telepáticamente por su hijo William, de forma que pueda adelantarse a los acontecimientos y evitar que suceda. A esto se añade el hecho de que también se nos revela que, así como los extraterrestres ya no están nada interesados en invadir ni colonizar nuestro planeta, el verdadero individuo que está detrás de todo es el Fumador, que desea arrojar el apocalipsis contra la raza humana.

Sí, como decíamos, durante muchos años aprendimos a acostumbrarnos a ver cómo la serie se articulaba y modificaba a medida que avanzaban las temporadas y cambiaban las tramas y/o conspiraciones, pero lo cierto es que esas reconstrucciones y su retro-continuidad siempre se llevaron a cabo con un poso de trabajo detrás, con una elaborada dedicación en tejer una narrativa consistente, lúcida y atenta a los detalles del universo confeccionado. En este primer episodio de la nueva temporada, el nuevo reset realizado es todo lo contrario, cayendo en un trasunto de giro argumental zafio y trillado. A lo que se suman elementos que pasan a ser sinsentidos o incongruencias, como el misterioso mejorado aspecto del Fumador respecto a cómo lo veíamos en la anterior temporada, o como la revelación sobre la verdadera paternidad en cuanto a William (aunque se intente articular y fundamentar con lo que sucedió en el antiguo episodio En Ami de la séptima temporada)… Puede que estos elementos se acaben explicando mejor en próximos episodios, pero en estas líneas nos referimos más bien a la forma que han tenido de entretejerse en la narrativa y en el trabajo de guión donde chirría toda la maquinaria. A diferencia de cómo sucedía en la serie original, ahora el ritmo, tono y arco atropellados provocan que estas nuevas revelaciones causen incomprensión y total desubicación para el espectador y para el fan, a quienes todas estas nuevas verdades pueden llevarles desgraciadamente al tedio y a la indiferencia.

Por último, un apunte rápido de los dos protagonistas. Tanto David Duchovny como Gillian Anderson están desaparecidos en el episodio. No reconocemos a Mulder ni reconocemos a Scully en sus interpretaciones. Ya en la décima temporada dio la impresión en muchos momentos de que su implicación para con los personajes no era precisamente la de poner un nivel de intensidad muy alto, e incluso a ratos Duchovny daba la sensación de estar haciendo una parodia de sí mismo (a ratos de sí mismo Mulder, a ratos de sí mismo Duchovny). En este nuevo capítulo todo parece apuntar a lo mismo, puesto que el trabajo actoral por parte de los protagonistas está muy alejado de lo que podía ser en la serie original. Podemos entender que, al igual que cualquier persona, los personajes ya no son los mismos que eran entonces, pero una cosa es eso y otra muy distinta tener la sensación de que no sabes quiénes son estos trasuntos de Mulder y Scully. Aunque quizás todo ello también esté estrechamente relacionado al lamentable guión que fundamenta sus tramas en esta primera entrega. Ya veremos pues, tiempo al tiempo.

Las ideas que parecen haber detrás de lo que hemos visto en The Struggle III pueden ser buenas, aprovechables e incluso interesantes. Pero aquí de lo que se trata es de la forma y no del fondo; el cómo Chris Carter ha querido llevarlo a cabo, el cómo ha querido contar esas ideas es donde se ha estrellado estrepitosamente, creando y confeccionando una especie de monstruo de Frankenstein de cuarenta minutos en el que pocas cosas nos recuerdan a Expediente X, en el que un lenguaje de comercialidad y adrenalina desenfrenada desconcierta exageradamente nuestra mirada, y en el que la sensación general que queda es la de “¿para esto, era necesario una nueva temporada?”. ¿Hacia dónde vamos? Chris Carter proveerá. Pero por nuestra parte, ¿aún querremos creer?   

Xavier Torrents Valdeiglesias

Expediente X – 11ª temporada, episodio 2: Esta (This)

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