Expediente X – 11ª temporada, episodio 4: El perdido arte del sudor en la frente (The Lost Art of Forehead Sweat)

Darin Morgan es el artífice detrás de algunos de los mejores episodios de de Expediente X, y sin duda algunos de los más divertidos. Firmó los guiones de míticos capítulos como Embuste (Humbug, segunda temporada episodio 20), El reposo final de Clyde Bruckman –uno de los preferidos de quien suscribe estas líneas- (Clyde Bruckman’s Final Repose, tercera temporada episodio 4) y La guerra de los coprófagos (War of the Coprophages, tercera temporada episodio 12), y en la décima temporada escribió y dirigió la que para muchos fans fue la mejor valorada de todas las entregas de ese año: Mulder and Scully Meet the Were-Monster, un divertidísimo homenaje a la serie de televisión Kolchak, el vigilante nocturno (“Kolchak, The Night Stalker”)–que el propio Chris Carter reconoció que le sirvió como inspiración para crear las historias de Mulder y Scully-, así como también un guiño a las películas de Abbott y Costello. Y es en el cuarto episodio de esta decimoprimera temporada que Morgan regresa para satisfacción del espectador y sobre todo de los fans, con un brillante episodio que vuelve de nuevo a escribir y dirigir. Una parodia dentro de una parodia que se ve a sí misma como una parodia. Esa podría ser una imagen relativamente acertada para retratar lo que significa The Lost Art of Forehead Sweat: un capítulo que plantea un entretenidísimo juego de referencias, conceptos, nostalgias entrecruzadas y retro-recuerdos reinterpretados y/o re-imaginados; todo ello con un ritmo y tono amenos y tremendamente empáticos para con el espectador. A algunos de nosotros lo que más nos gusta de Expediente X es la vertiente seria e intensa de la serie, pero es totalmente inevitable reconocer que cuando Darin Morgan se pone manos a la obra y nos ofrece una entrega como la de esta semana, simple y llanamente lo pasamos bomba.

Mulder y Scully conocen a Reggie (Brian Huskey), quien parece ser un perturbado sujeto obsesionado por una posible conspiración vinculada a la memoria colectiva y la capacidad de la masa social para olvidar o transformar recuerdos que nunca sucedieron. Es decir, el Efecto Mandela. El Efecto Mandela es un fenómeno en el que una gran cantidad de personas comparten recuerdos falsos de eventos pasados, lo que se conoce como “confabulación” en psiquiatría (un sujeto rellena las lagunas de su memoria con experiencias inventadas). Es decir, un gran número de personas estamos seguras de recordar un suceso con un dato concreto, cuando realmente ese dato jamás tuvo lugar. Es falso. Pero todos nosotros compartimos ese recuerdo falso. Por ejemplo, el nombre que se le otorga al efecto viene dado porque en 2010 la bloguera Fiona Broome acuñó el término “Efecto Mandela” para describir un falso recuerdo colectivo que descubrió en la convención Dragon Con, donde muchas personas al igual que ella creían que Nelson Mandela murió durante su encarcelamiento en la década de los ochenta, lo cual era falso, ya que él seguía vivo en 2010. Ese año, Broome lanzó la web MandelaEffect.com para documentar varios casos en que se producía el fenómeno. Más ejemplos:

-El personaje de Mr. Monopoly del famoso juego de mesa siempre acostumbra a ser recordado por todo el mundo llevando un monóculo. Pero realmente no es así y nunca ha sido dibujado oficialmente con uno.

-En julio de 1989 en la plaza de Tiananmen en China un hombre se paró delante de un tanque para protestar pacíficamente. Un grandísimo número de gente asegura que el tanque finalmente atropelló y mató al manifestante, pero no es cierto: cuatro personas vinieron y se lo llevaron de allí para impedir que le hicieran daño.

-Hay muchas y muchos que afirman haber visto en directo en televisión el intento de golpe de estado en España el 23 de febrero de 1981. Pero eso nunca ocurrió: la radio retransmitió en directo el golpe, pero las imágenes de televisión sólo se emitieron tras la liberación del Congreso.

-Muchísimas personas aseguran que en el asesinato de John F. Kennedy dentro de su coche había 4 personas, pero si revisamos las imágenes comprobamos que había 6 realmente.

A nivel médico, se explica que el fenómeno del Efecto Mandela viene causado por un error de la memoria colectiva, es decir, el excesivo ritmo de procesamiento de información de nuestro cerebro implica que en ocasiones éste se vea obligado a rellenar los vacíos de información con datos falsos, y quedaría finalmente interrelacionado con el efecto de arrastre y de validación social (cuando nos creemos algo porque otras personas de nuestro entorno también lo hacen), motivo por el que terminaría teniendo una implicación a nivel colectivo, tal como un pez que se muerde la cola. Pero a nivel menos realista y mucho más vinculado a la ciencia ficción –y obviamente mucho más relacionado con lo que por estos lares nos interesa y emociona realmente-, existe la teoría de que estas memorias falsas están provocadas por datos que se vierten desde universos paralelos al nuestro, donde un aspecto de un suceso tuvo lugar con una ligera diferencia, o no sucedió en absoluto, etc. Por ejemplo, esta teoría implicaría que en las infinitas realidades paralelas que nos rodean hay una en la que el personaje de Mr. Monopoly sí que se dibujó oficialmente con monóculo; ese dato o suceso se vio vertido a nuestra realidad desde ese otro universo, y de ahí que mucha gente recuerde algo que jamás fue.

Por estos derroteros es por donde transcurre la teoría conspiranoica de Reggie –aunque la idea del universo paralelo la introduce Mulder-, y abre la veda para un sinfín de juegos de referencias de, en un inicio, la cultura popular, para luego entrar en un divertidísimo viaje auto-referencial dentro de la propia serie de Expediente X, donde parece ser que no todo sucedió como lo recordamos realmente –magnífica la escena con Tooms-. De esta forma el tono del episodio es de puro divertimento, y, aún más importante, no hay escenas de acción en esta entrega; todo son conversaciones notablemente escritas, donde se plantea un malabarismo temático y discursivo a través de los roles de los protagonistas, de la sombra de lo que fueron, son y serán, permitiendo cocinar a un fuego lento pero de entretenidísimo ritmo una montaña rusa de parodia visual a través del imaginario popular y del propio universo de Expediente X. Una auténtica gozada, ni más ni menos.

El Dr. They, un fantástico personaje, con una magnífica interpretación de Stuart Margolin, y con el que la experiencia de disfrutarlo es tan grande que es preferible comentar sólo está líneas a pie de foto y dejar que dicha experiencia sea lo único que perdure… también por miedo a que el Dr. decida borrar a un servidor de vuestro recuerdo…

La escena de Mulder recordándose a sí mismo de pequeño viendo su primer episodio –o el que él cree ser el primero- de The Twilight Zone es desternillante, con un Mulder con cuerpo de niño pero con la cabeza del mismo tamaño que de adulto. Se trata de un gag que quizás podría quedar tremendamente ridículo e insulso, pero el tono que confecciona Morgan a lo largo del guión es tan intencionadamente liviano y jovial que en ese instante funciona perfectamente la broma y la ridiculez que la envuelve. Así como también la excelente secuencia en la que se nos explica la vida laboral de Reggie, pasando de una agencia Federal a otra, y llegando al momento de carcajada en el que el personaje trabaja para la CIA y después para el Departamento de Defensa en el Pentágono. En ese instante ya estamos tan metidos en el juego que nos ofrece Morgan que bailamos al son de la diversión constante en la que va danzando escena tras escena. En muy pocos minutos comprendemos que no se trata de entender totalmente aquello que nos propone, sino más bien de dejarnos llevar y disfrutar de una parodia que surge dentro de otra parodia y otra más… hasta desaparecer en nuestro propio recuerdo.

Así y todo, y tratándose por definición de un episodio de humor, sorna y parodia, la última escena de The Lost Art of Forehead Sweat dibuja una breve y puntual reflexión para con la idea de nostalgia. O mejor dicho, para con la idea que cada uno de nosotros y nosotras tenemos de la idea de nostalgia. Scully está a punto de probar la gelatina que ha preparado para comprobar el sabor que tiene y dar por cerrado otro caso del fenómeno del Efecto Mandela, pero en vez de ello se detiene y mirando a Mulder dice con dulzura: “Quiero recordar cómo fue. Quiero recordar cómo fue todo.” ¿Se refiere a que prefiere no comprobar nada y quedarse con el recuerdo de cómo fue, sea o no sea exacto, sea o no sea cierto? En ese caso el Efecto Mandela es relevante, pero lo que verdaderamente importaría sería lo que en nuestros corazones impera por encima de todo. Y es más, ¿ese comentario lo hace Scully o lo hace la propia serie para con el espectador y, sobre todo, para con los fans? En este momento de hoy en día en el que la nostalgia es motor y fundamento de gran cantidad de producciones televisivas y cinematográficas, y de la propia forma en que la cultura popular se está entendiendo a sí misma en este siglo XXI, ¿es importante recordar, revivir lo recordado, recuperarlo o es más importante comprobar qué era esa experiencia y qué recordamos exactamente dentro de ella y de nosotros y nosotras?

La ventaja de una mala memoria es que uno disfruta varias veces de las mismas cosas buenas por primera vez.” (Friedrich Nietzsche)       

Xavier Torrents Valdeiglesias

Expediente X – 11ª temporada, episodio 3: Más uno (Plus One)
Expediente X – 11ª temporada, episodio 5: Guli (Ghouli)

Esta entrada fue publicada en Televisión Series y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.