Expediente X – 11ª temporada, episodio 5: Guli (Ghouli)

William. El elegido. El nuevo mesías. El hijo de los héroes. ¿El hijo de los quizás mártires? Aquél destinado a ser el salvador de la humanidad. Desde que en la octava temporada lo vimos nacer, el aura de milagroso ha rodeado siempre la figura de William. Quizás por el misterio que en su momento implicó su concepción y nacimiento –y de lo que parece se van a acabar revelando verdades en esta temporada-, quizás también por el gran significado que parece guardar su existencia para con las distintas conspiraciones de colonización y apocalipsis que amenazan a la raza humana en la serie; William siempre ha sido mostrado como una más que posible pieza clave en dicho plan, o puede que una pieza clave para evitarlo todo. Quién sabe. La cuestión es que desde el primer episodio de esta decimoprimera temporada –My Struggle III- ya se han ido dando detalles sobre el personaje, y como espectadores hemos ido intuyendo y entendiendo que si esta temporada va a tratar de algo, en parte va a ser de William. Y así es como en este quinto episodio, Ghouli, –escrito y dirigido por James Wong, autor del guión de míticos episodios como Tooms (temporada 1 episodio 20) y director del aclamado Meditaciones de un fumador (Musings of a Cigarette Smoking Man, temporada 4 episodio 7)- aquello que comienza siendo un capítulo auto-conclusivo de “Monstruo de la semana” termina por hilvanarse totalmente con la trama principal de la temporada, la que se entreteje con My Struggle III y la visión de Scully sobre el fin de todo, conformando una quinta entrega que queda un tanto caótica a nivel narrativo –en el afán de condensar muchísima información en un tramo de media hora de guión- pero que termina constituyendo un interesante, entretenido y, sobre todo, muy emotivo episodio de Expediente X.

Hay dos temas muy interesantes que en un principio parece que van a protagonizar Ghouli: el primero de ellos es la denominada “parálisis del sueño”. El episodio comienza con Scully en un estado medio en sueños en el que siente la presencia de alguien o algo junto a ella, para luego tener una visión sobre una casa distinta a la suya. A partir de dicha experiencia será por lo que tanto ella como Mulder investigarán un extraño caso en el que dos chicas han estado a punto de matarse. La parálisis del sueño es un trastorno que se sufre entre el estado de sueño y de vigilia, y que provoca una parálisis transitoria en la que la persona es incapaz de cualquier tipo de movimiento voluntario. Puede suceder en el momento justo de empezar a dormirse o en el momento del despertar, y la persona no puede hacer nada, ni hablar, y en ocasiones ni siquiera abrir los ojos. Esta parálisis puede llegar a durar minutos, provocando gran sensación de ansiedad y angustia, y en muchas ocasiones los que la sufren hablan de alucinaciones terroríficas en las que sienten la presencia de algo que está con ellos en el cuarto, aprisionándoles y haciéndoles sufrir más. Este trastorno existe desde hace siglos, habiendo constancia de él en numerosos documentos históricos, literarios y pictóricos-artísticos (por ejemplo el famoso cuadro de 1781 de Henry Fuseli La pesadilla). Desde que llegó la era de internet, las personas que la sufren han podido compartir entre ellos sus problemas y dificultades. Rodney Ascher –director de Habitación 237 (Room 237, 2012)-, rodó en 2015 el documental The Nightmare para hablar sobre todo ello.

El segundo de los temas que en un inicio podemos entender como protagonistas del “Monstruo de la semana” es el de los Creepypastas. Las dos chicas que están a punto de matarse en este episodio dicen hacerlo porque estaban persiguiendo al Guli, una figura de terror nacida de una ficción creepypasta: son aquellas leyendas, imágenes o cuentos de terror que se cuelgan y comparten en internet por parte de la comunidad de usuarios. Suelen ser historias breves sobre elementos paranormales, historias de horror, asesinatos, suicidios y sucesos sobrenaturales. Mayoritariamente se identifica los creepypastas con el personaje ficticio del SlenderMan, puesto que su ficción terminó por tener una consecuencia en la vida real en 2014, cuando una niña de 12 años de Wisconsin fue apuñalada por dos de sus amigas, las cuales afirmaron que lo hicieron porque el propio SlenderMan les condujo a hacerlo, a cambio de llevárselas con él –muy recomendable al respecto el excelente libro Homo Tenuis de Francisco Jota-Pérez-. En el caso de este quinto episodio de Expediente X, se establece una sincronía parecida al SlenderMan, puesto que parece ocurrir lo mismo donde la ficción tejida por los usuarios embauca a las dos jóvenes y vierte en su realidad una verdad que antes no estaba constituida. Tremendamente interesante hubiera sido que este episodio “Monstruo de la semana” se hubiese conformado como un híbrido entre este concepto de la creepypasta como capacidad de la conciencia colectiva por crear una realidad para un grupo de sujetos y el elemento previo de la parálisis del sueño. A eso parecían apuntar los primeros minutos de Ghouli. Pero no, nada de eso.

Una vez avanzada la trama del capítulo, se nos va mostrando que tanto la experiencia semi-onírica de Scully como la visión y/o alucinación de las chicas han estado orquestadas por Jackson Van De Kamp. En cuanto los agentes del FBI escuchan ese apellido todo da un giro radical hacia otros derroteros: en My Struggle III Jeffrey Spender revelaba que el apellido bajo el cual se había escondido al hijo de nuestros protagonistas era Van De Kamp. William Mulder –interpretado por Miles Robbins (visto en Mozart in the Jungle e hijo de Susan Sarandon y Tim Robbins)- es un joven con unos grandes poderes psíquicos, capaz no sólo de conectar con su madre tanto a nivel consciente como onírico, sino sobre todo capaz de influir en las mentes de los demás para hacer que éstos vean lo que él quiere que vean. De esta forma es capaz de hilvanar su realidad y moldear la de los demás. Y obviamente en el momento en que la trama discurre por la senda de William el tono del capítulo pasa a ser de una intensidad emotiva muy elevada, sobre todo para Scully, puesto que como ya vimos en la décima temporada y en el inicio de este año, el sentimiento de culpabilidad por haber tenido que entregar en adopción a su hijo es una losa que pesa trágicamente sobre ella, día tras día. La posibilidad de poder volver a verlo, de poder volver a conectar con él, abre de par en par una herida dolorosa para el personaje. Seguramente el momento de máximo exponente de ello es la escena de la morgue en la que Scully estalla en un diálogo para sí misma y para un William que ella cree muerto. Gillian Anderson realmente aporta una intensidad tremendamente elevada a dicho instante, aunque quizás el aspecto melodramático de todo ello lo convierte en una escena excesiva a nivel sentimental. Mucho más equilibrada, austera y notable en su drama es la secuencia final, en la que Scully descubre cómo ha estado realmente hablando con su hijo en la gasolinera sin ella saberlo, y de esa forma las palabras que él le ha expresado cobran un sentido mucho más elevado y profundo del que parecían tener. El rostro de Anderson mirando el video de la cámara de seguridad es realmente emotivo; una madre esperanzada por su hijo, por la posibilidad de volver a estar con él. Aunque todo parece apuntar a que el destino de William será verdaderamente complicado.

En Ghouli vuelve a ocurrir el hecho de que la trama de monstruo semanal que se pincela en el comienzo de la historia queda finalmente desvinculada del conjunto final, desaprovechando así los conceptos iniciales para poder alimentar la trama principal de William –que parece ser ya la trama principal de la temporada- e intrínsecamente conectarlo todo con My Struggle III. No se trata de un episodio fallido, para nada, pero sí que la sensación que da es la de un ligero caos que envuelve al todo, con una necesidad muy radical de tener que aunar muchos datos e información en poco metraje –la conversación de Skinner y Mulder en el barco es genial pero queda como un amasijo violentamente intercalado con el tono que lo rodea-, y un poderoso matiz dramático y sentimental que no molesta en ningún caso, pero que quizás habría funcionado mucho mejor si se le hubiera dado mucho más empaque en un episodio con un guión más bien fundamentado en su enjundia. Vuelve a ser un Expediente X correcto y aceptable, pero seguimos insistiendo en que el formato escogido y la obsesión por masificar información y datos en guiones de cuarenta minutos no acaban de funcionar con lo que esta serie podría ser. Pero desgraciadamente no parece que tenga ninguna intención de llegar a ser algo distinto a lo que está ofreciendo.      

Xavier Torrents Valdeiglesias

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