Expediente X – 11ª temporada, episodio 2: Esta (This)

El sabor de boca que nos dejó el primer episodio de este nuevo retorno de Mulder y Scully fue verdaderamente malo, por lo cual las expectativas ante la segunda entrega no iban a estar a un nivel muy alto. Y ahí ha venido al rescate uno de los Pistoleros Solitarios, Richard Langly, para tender un abrazo cómplice al espectador conformando la trama de un episodio escrito y dirigido por Glen Morgan, quien sustituye a Chris Carter en dichas labores, otorgando un empaque mucho menos caótico e insípido al conjunto, el cual funciona como un constructo que resuena ligeramente a los clásicos episodios auto-conclusivos –aunque en este caso con algunas connotaciones pinceladas- y que termina por tejer un entretenimiento lo suficientemente correcto y ameno para que los fans hayamos podido disfrutarlo como una pieza digna dentro del universo de Expediente X.

Richard Langly (interpretado por Dean Haglund) era uno de los tres miembros que formaban el grupo de los Pistoleros Solitarios (The Lone Gunmen) –Melvin Frohike (Tom Braidwood) y John Fitzgerald Byers (Bruce Harwood) completaban el trío- los cuales, desde su papel de editores de la revista The Lone Gunman, dedicaban su vida a investigar y desentrañar todo lo relacionado con las conspiraciones del gobierno de Estados Unidos. Fue en el decimoséptimo episodio de la primera temporada de la serie –titulado Ente Biológico Extraterrestre– cuando se nos presentaba este peculiar grupo de geeks embarcados en una cruzada en pro de la verdad. Desde entonces, y gracias al fuerte vínculo que siempre mantuvieron con Mulder, los fans de la serie no tardamos mucho en encariñarnos de ellos temporada tras temporada. Siempre estaban allí para echar una mano a los protagonistas, o para revelarnos increíbles historias de innumerables conspiraciones de los gobiernos mundiales. Conectaban con los fans de la serie por su irreverente personalidad nerd, con una soledad en la que ellos capitaneaban su temerario barco siempre por aguas peligrosas. Y finalmente llegaron a tener serie propia: en 2001 se estrenó The Lone Gunmen en Estados Unidos, una primera temporada que no cosechó muchos éxitos y que finalmente fue cancelada en su decimotercer episodio. Fue a colación de este spin-off que en la novena temporada de Expediente X se cerró definitivamente la historia de estos personajes: en el decimoquinto capítulo –Atrapa al tiburón– los Pistoleros Solitarios morían sacrificando sus vidas al evitar que un virus infectara a miles de personas.

¿Pero realmente se cerró definitivamente su historia? Recordamos a Scully, Skinner, Dogget y Reyes acudir a su entierro en aquel episodio… Pero por lo que parece ese “definitivamente” no es del todo correcto. Por lo menos en lo que concierne a Langly, quien retorna a la vida de Mulder y Scully mostrándose al inicio de This como una imagen distorsionada en el móvil del primero y preguntándole “¿Estoy muerto?”. Eso provocará que una agencia del gobierno irrumpa en la casa de Mulder, de donde los dos agentes podrán escapar y empezarán a investigar de qué trata todo el misterio, el cual se acabará revelando como una conspiración del misterioso grupo heredero del antiguo Sindicato, el cual está ahora comandado por el señor Y (a quien conocimos la anterior semana, interpretado por AC Peterson) y por Erika Price (Barbara Hershey), la cual vuelve a aparecer en este episodio. Todo parece apuntar a que este Sindicato quiere acabar con el Fumador y con sus planes apocalípticos, pero por su parte este grupo en la sombra tiene su propio plan en el que se ha visto inmerso Langly: desde hace años han creado un mundo virtual simulado, una simulación de nuestra propia realidad, donde la conciencia de una serie de sujetos se ha ido subiendo, una vez que éstos han fallecido. Ahí fue donde acabó recayendo Langly tras su muerte, pero lo que se le había prometido como un paraíso resulta ser un engaño de simulación donde su conciencia está esclavizada en favor de los planes secretos del Sindicato.

Todo y que This es y no es un capítulo auto-conclusivo, puesto que su trama se enlaza con la historia principal mostrada en My Struggle III, sí es cierto que en su estructura funciona como las clásicas historias episódicas de antaño en el Expediente X original, y sobre todo en su cualidad de presentar un tema, concepto o trasunto del género de ciencia ficción y usarlo como el fundamento de la historia. Simulacron-3, publicada en 1964 por Daniel F. Galouye, fue una de las primeras novelas que presentó en la literatura el concepto de mundo virtual en una historia donde los habitantes de una realidad excelentemente simulada no se dan cuenta de dicha verdad y de que no existen realmente, sino que son meramente parte del programa desarrollado científicamente. Años después, el cineasta alemán Rainer Werner Fassbinder adaptaría dicha novela en una excelente película para la televisión alemana (lo que ahora conocemos como miniserie pero que por entonces aún no existía) titulada El mundo conectado (Welt am Draht, 1973), la cual sobre todo ahondaba más, y con una magnífica maestría visual, en la reflexión sobre qué significa la existencia y la posibilidad de que una conciencia sea capaz de vislumbrar si lo que le rodea es o no es una simulación. ¿Qué es la realidad? ¿Vivimos la realidad? ¿Existimos en la realidad o pensamos la realidad? Se trata de un concepto de la ciencia ficción muy cercano a lo que la propia ciencia y la física están investigando y estudiando en nuestro día de hoy, y durante los últimos años de siglo XX y principios del XXI ha servido para elucubrar centenares de teorías sobre cómo entendemos nuestra existencia, cómo comprendemos nuestra conciencia y sobre todo como la podemos aprehender. ¿Qué es real? ¿Cómo definir lo que es real? En 1999 Morfeo nos respondería ofreciéndonos su deliciosa pastilla roja. Este concepto de las realidades simuladas es verdaderamente muy interesante de incluir en la trama de esta nueva temporada de Expediente X, por un lado por lo correctamente que se ha hilvanado en el tono de este episodio en concreto, y por otro por la posibilidad de caminos que abre en cuanto a la historia principal de la serie. Veremos cómo se aprovecha o reconduce a partir de aquí.

Aparte de por el interesante tema que ha cimentado su trama, este segundo episodio ha superado el nivel esperpéntico del primero gracias a un guión mucho más correcto, con un agradecido equilibrio entre un tono más reposado y un dinamismo bien hilvanado, así como una leve, pero muy necesaria, dosis de coherencia en su desarrollo narrativo, que funciona y contenta al espectador. Obviamente no estamos hablando tampoco de un capítulo perfecto; hay incongruencias y agujeros en dicho guión, sobre todo en toda la parte en la que Mulder y Scully se infiltran en el edificio controlado por el Sindicato, donde no parece que haya habido ni un mínimo interés en esforzarse un poco por dar verosimilitud a la posibilidad de que ellos dos solos sean capaces de salirse con la suya. De la misma forma ocurre en la dirección, que se mantiene austera y bien controlada en la mayor parte de los minutos, pero que de tanto en cuando parece tener la necesidad de volverse una leve y caótica pulsión de género de acción y disparos, donde tanto Mulder como Scully son capaces de deshacerse con facilidad de las hordas de enemigos, tanto armados como con sus propias manos. No estamos seguros si es realmente necesario ver a nuestros agentes del FBI estar siempre en ese constante estado de tiroteo tras tiroteo –no se recuerdan tantísimos tiroteos en la serie que todos disfrutábamos en los noventa-, pero está claro que se tratan de tiempos nuevos, y la serie quiere ir más allá de donde estuvo y vivió durante su época dorada.

Y hablando de este ir más allá, les toca el turno a nuestros protagonistas. La semana anterior comentábamos que no reconocíamos a Mulder y a Scully en las interpretaciones de David Duchovny y Gillian Anderson, tal como si fueran una especie de simples trasuntos de sus alter egos. Afortunadamente eso no ha ocurrido en esta segunda entrega. En This, el tándem de ambos personajes funciona mucho más correctamente que en My Struggle III, sobre todo porque lo que se trata de llevar a cabo es ese ir más allá que comentábamos. Mulder y Scully, por un lado, ya no tienen más escepticismo contra el que debatir o combatir, ambos han sido testigos de todo y ambos son capaces de enfrentarse a todo creyendo en ello sin titubeos; y por otro lado, su relación ya no se basa en una tensión sexual no resuelta, ni en un platonismo eternamente prolongado. Son una pareja, y su relación personal por tanto ya no puede ser como era en las temporadas de los noventa. De ahí que el acierto en este segundo episodio sea el de ir introduciendo instantes en los diálogos o situaciones en los que se trata de mostrar una cotidianidad entre ambos, una vida compartida por los dos, representado todo ello sobre todo por el humor cínico de Mulder, que por fin ha regresado evocando aquellos gloriosos tiempos en que un comentario suyo despertaba sorprendentemente nuestras carcajadas. Duchovny y Anderson siguen sin parecer estar entregados con total intensidad a sus interpretaciones –y puede que nunca lo vayan a estar, no nos engañemos-, pero por lo menos se dejan llevar por el juego de espejos que el guión plantea entre sus alter egos de los noventa y estos héroes ya envejecidos, maduros y curtidos en mil batallas y relaciones.

Señor Mulder, hace mucho tiempo que están aquí. Garganta Profunda fue uno de los personajes de Expediente X que quedó más grabado a fuego en las retinas y en la memoria de todos los fans. Interpretado excelentemente por Jerry Hardin, era un misterioso informante que ayudaba a Mulder durante la primera temporada, y que en el desenlace de ésta moría asesinado. Pero su recuerdo y su legado acompañarían a Fox durante todos los años posteriores. Uno de los mejores elementos de este segundo episodio de la nueva temporada ha sido el homenaje que se le ha hecho a este personaje, volviendo a traerlo a colación, en primer plano de relevancia en la trama, como si de alguna forma volviera décadas después para intentar ayudar a Mulder una vez más. Este magnífico detalle funciona como una brillante pincelada que compone notablemente el resultado final de un nuevo capítulo de Expediente X que, sin llegar a ser excelente, sí que cumple con solvencia el reto de volvernos a hacer disfrutar –aunque sea sólo un poco- de Dana y de Fox, de su cruzada por la verdad y de las cosas positivas que pueden venir las próximas semanas. Desde aquí intentaremos enfrentarnos a ello, o, si bien no, anticiparnos a ello. Como diría nuestro agente siniestro del FBI, si no nos anticipamos a los imprevistos, si no esperamos lo inesperado en un universo de infinitas posibilidades, podríamos hallarnos a merced de cualquiera y de cualquier cosa que no pueda ser programada, etiquetada o clasificada.   

Xavier Torrents Valdeiglesias

Expediente X – 11ª temporada, episodio 1: Mi lucha III (My Struggle III)
Expediente X – 11ª temporada, episodio 3: Más uno (Plus One)

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