Expediente X – 11ª temporada, episodio 3: Más uno (Plus One)

“Dar palos de ciego” es una expresión por la cual se entiende “hacer algo sin saber muy bien lo que se hace”; ejecutar o realizar algo sin realmente saber cómo hacerlo o qué se quiere hacer, dudando y sin un rumbo fijo. Sólo llevamos tres episodios de esta nueva temporada, pero la sensación que empieza ya a despertar el conjunto es que Chris Carter está dando palos de ciego. Ojalá nos equivoquemos y en unas semanas podamos rectificar esta postura, pero a día de hoy las impresiones que nos ha dejado este tercer episodio no son nada halagüeñas. Y precisamente no lo son porque se trata de un capítulo en el que Carter lo tenía todo de cara para contentar fácilmente a los fans más veteranos y dar un poco de sentido y/o empaque a esta decimoprimera temporada. En vez de eso, Más uno es un episodio en el que la incongruencia y la trivialidad del guión de Carter terminan por desmontar y tirar por tierra las piezas de lo que podría haber sido una correcta entrega de Expediente X.

Y eso que todo empieza bien. Más uno es claramente un clásico episodio auto-conclusivo, en el que Mulder y Scully deben investigar unas extrañas muertes de personas que parecen haberse suicidado, pero que justo antes de morir se habían visto a sí mismas (o lo que sería su doble). Tras ello, los agentes del FBI conocen a una paciente en una clínica mental que puede guardar relación con el caso, así como el extraño juego del ahorcado al que parece jugar… ¿con ella misma? La trama principal es realmente interesante y en su inicio estamos intrigados por lo sucedido y por aquello que pueda ir aconteciendo. El guión lo firma Carter, pero la dirección está en manos de Kevin Hooks y por tanto el caos y esquizofrenia visual que Carter exhibió en el primer episodio no hacen acto de presencia en esta entrega. Volvemos a un tono y ritmo que evocan a un clásico capítulo de Expediente X, con secuencias de horror entretejidas con escenas de diálogos y procesos de investigación. El clima que se va confeccionando en los primeros minutos de Más uno es el de los clásicos episodios denominados por los fans como “Monster of the Week” (“MOTW”, “Monstruo de la semana”), los cuales se centraban en tramas auto-conclusivas sobre algún tipo de criatura sobrenatural o paranormal o, a veces, un simple criminal con un don o poder especial. En Más uno incluso hay un momento brillante de Mulder en el que éste evoca a su original don o sexto sentido que siempre le ayudaba para avanzar en la investigación: cuando están caminando por el pasillo del hospital y el agente del FBI intuye algo en una de las habitaciones de una paciente. Esa es Judy, y ella será la clave de todo el caso.

Diez minutos de episodio y como espectadores estamos interesados por la trama y lo que parece prometer, y como fans contentos de disfrutar de una entrega clásica MOTW. Pero de repente Carter introduce un elemento en el guión que lo cambiará todo: los protagonistas llegan a un motel y, ante la opción de que sólo queda una habitación, Mulder está de acuerdo en compartirla, mientras que Scully lo mira con cara de sorpresa y extrañeza. Esto provoca, por un lado, una sensación de desconcierto en el espectador, puesto que en la anterior entrega –y debido asimismo a lo que vimos en la décima temporada- se entendía que ambos estaban juntos en una relación, quizás no una relación clásica y estándar al uso, pero sí una relación lo suficientemente establecida como para que no hubiese ninguna incorrección al suponer que compartirían habitación. Y, por otro lado, esta cuestión provoca la apertura de toda una sub-trama que se irá desarrollando a intervalos en escenas que irán contrastando con la trama principal; una sub-trama que se centrará de forma muy insulsa en cómo ambos personajes se ven a sí mismos en cuanto a su madurez, cómo se ven en cuanto a su sexualidad y cómo se imaginan en su posible vida familiar y/o amorosa en el futuro próximo. No es que estos temas y trasuntos no nos interesen o nos parezcan alejados de lo que debería ser la serie. En absoluto. Son temas importantes para los protagonistas, y tiene sentido que ambos se formulen estas cuestiones. Lo que resulta tremendamente incorrecto es la forma con la que este tono tan dramático-romántico-existencial se mete con calzador en una trama confeccionada claramente a priori para ser una simple entrega episódica de monstruo semanal.

Chris Carter parece ir dando palos de ciego. Nos reiteramos en ello. La escena de Mulder y Scully abrazados en la cama charlando sobre estos temas que fundamentan su sub-trama es un ejemplo de absurdidad e incongruencia por parte de Carter a la hora de confeccionar el guión. Un diálogo elaborado de una forma tremendamente zafia, en el que los personajes pasan frívolamente de hablar sobre posibles conspiraciones y el fin del mundo a hablar sobre qué harán cuando… se retiren. ¿Retirarse? Con todo lo que han vivido y están viviendo, ¿parece verosímil que Mulder y Scully se preocupen por su… jubilación? La necedad y la insensatez vuelven a guiar la mano de Carter a la hora de escribir el guión,  y lo que es peor es que la absurdidad del drama de la pareja pasa a protagonizar la historia: la trama principal del paranormal juego del ahorcado –que podría haber sido una notable historia de Expediente X– queda en un muy incorrecto segundo plano.

Y hagamos hincapié en el tema de la cronología: si en este episodio se nos presenta en un inicio a los protagonistas como que no están juntos o en pareja, eso implica que la cronología parece haberse saltado a sí misma respecto a lo que se daba a entender en la anterior entrega y en la décima temporada. ¿Puede haber un motivo? ¿Algo que quizás se desarrollará en otro momento? ¿Una razón que todavía no se ha explicado? No nos engañemos, cabe la posibilidad de que no haya ninguna explicación ni vaya a haberla, y de que la zafia ramplonería con la que se elaboraron los guiones de la décima temporada y los dos primeros capítulos de esta decimoprimera haya hecho entender a los espectadores cuestiones que quizás Carter no tenía intención de hacer entender, o ni se había planteado hacer entender, o ni se dio cuenta que las podía hacer entender. Empieza a dar la impresión de que el mayor expediente X al que los fans nos enfrentamos este año es al propio Chris Carter y a si realmente tiene alguna hoja de ruta. Dando palos de ciego, así le vemos a día de hoy. O, tal como plantea otra expresión muy común, no parece haber nadie al volante. Lo peor de todo: lo insulso que acaba siendo un episodio que podría haber logrado satisfacer muy notablemente al espectador.       

Xavier Torrents Valdeiglesias

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