En el aire: David Lynch padece el síndrome de Bozman (On The Air, 1992)

El status de David Lynch en la industria audiovisual norteamericana en 1990, tras la primera temporada de Twin Peaks, estaba por las nubes, debido al éxito (parcial) tanto en los ratings como para la crítica que alucinaba con las situaciones que ocurrían en ese pequeño pueblo ficticio situado al norte de Estados Unidos. Con su recién creada productora Lynch/Frost Productions, asociado con su colega Mark Frost, empezaron a desarrollar proyectos para continuar revolucionando la industria televisiva estadounidense, en aquellos tiempos bastante anodina.

Con una idea que se le ocurrió un día en el set de rodaje de Twin Peaks (Lynch: “De repente, se me ocurrió la idea de gente intentando hacer algo con éxito y saliéndole todo mal”), desarrolló junto a Frost lo que iba a ser, en teoría, para el mundo de las sitcoms, lo que Peaks había sido para los seriales: una telecomedia sin risas enlatadas, sin mensajes sociales ni moralidad, sólo con el único propósito de hacer reír y recuperando un estilo de humor (que incluía gags físicos, otros bastante surrealistas, o diálogos absurdos) que había dejado de verse en horario de máxima audiencia. “Va a ser lo más excéntrico que se pueda imaginar”, declaró Lynch en el show de Jay Leno.

Pero las desgracias nunca vienen solas. La audiencia de la segunda temporada de Twin Peaks empezó a caer, en parte debido a los continuos cambios de emisión (y la recolocación de la serie en el horario de sábado noche, nada conveniente si tenemos en cuenta que en Estados Unidos es conocido ese horario como el death slot, “la casilla de la muerte” donde anteriormente dejaron morir a clásicos televisivos como Luz de luna y St. Elsewhere). Los esfuerzos de Lynch para salvar a su querido pueblo norteño de la muerte televisiva incluyeron una serie de amenazas de tipo legal a la cadena ABC si no emitía la segunda temporada entera… y el pique entre la cadena y el director estaba lejos de resolverse.

Quizá para “vengarse” del director de Montana, los programadores de la ABC, que tenían previsto emitir los seis primeros episodios como mid-season (es decir, serie de reemplazo de otras más largas durante el verano) en verano de 1992, decidieron cambiar el horario de emisión en el último momento y desplazarla de nuevo a… los sábados por la noche, en una clara señal de que ni confiaban en la serie ni tenían intenciones de que durara mucho. Un afligido Lynch declaró: “Tengo entendido que el verano es el peor momento para una puesta en antena, y nosotros estrenamos en verano. Tengo entendido que la noche del sábado es la peor noche de la semana para un programa de televisión, y a nosotros se nos ha asignado la noche del sábado… Así que no sé qué podemos hacer con esto”. Miguel Ferrer, protagonista del show, fue más rotundo al declarar; “¿Por qué no nos meten de una vez una bala en la cabeza?”. La cadena sólo emitiría tres de los siete episodios rodados.

Cada episodio de En el aire estaba situado en el rodaje de un programa de televisión de los años 50 llamado “El Show de Lester Guy”, un programa de variedades del estilo de los de la época que tenía como estrella a un antiguo actor de cine venido a menos (Ian Buchanan, el vendedor de modas Dick Tremayne en Peaks). Grabado en directo, el programa no tenía espacio para cometer el mínimo error… algo que ocurría semana tras semana, mientras el show era emitido. Todo el equipo de realización y los protagonistas intentaban resolver el problema, ocasionando auténticos desastres, que convertían al ficticio programa en un éxito inmediato.

El episodio piloto realmente funcionaba, y es una pequeña joya del humor catódico. Dirigido por Lynch en persona, establecía lo que debía ser el tono de la serie. En este capitulo se presentan los personajes. Aparte de Guy, la estrella femenina de la serie es la inocente rubia Betty Hudson (Marla Rubinoff), algo así como la extrapolación del personaje de Lucy Moran de Twin Peaks a la televisión de los años 50. Sin quererlo, y casi sin darse cuenta, Betty se convertirá en la estrella del programa. Buddy Budwaller (Miguel Ferrer) es el malcarado presidente de la cadena ZBC, antiguo militar con muy mala uva que se encarga de que todo salga bien, mientras que Valdga Gochtock (David L. Lander, también en Twin Peaks), sobrino del dueño de la cadena, es el director, quien debido a su procedencia rusa tiene bastantes problemas para hacerse entender con el resto del equipo. Ya en el primer momento de emisión, Lester cae desmayado debido a un golpe y Betty toma las riendas del programa. Poco ayuda que el operario de sonido sea Blinky (Tracey Walters), de cual una voz en off nos advierte que no es ciego, sino que padece el síndrome de Bozman, y ve veinticinco veces más que una persona normal… Sus visiones son “marca registrada” de la serie y uno de los gags más hilarantes de la comedia. Al final todo acaba en desastre: extras paseándose por el plató, efectos de sonido sin ton ni son, Lester colgado de unas cuerdas y probando la comida para perros del patrocinador del programa mientras se encuentra semi-inconsciente… Unas imágenes nos muestran cómo los espectadores lo ven desde sus casas primero con sorpresa, aunque finalmente caen rendidos al disparate y convierten “El Show de Lester Guy” en un éxito.

A su manera, la serie mostraba un poco cómo es el funcionamiento de las series de televisión norteamericanas, productores estresados, propietarios de la cadena obsesionados con que todo salga bien, y espectadores que ven y disfrutan con estupideces sin sentido. El resto de la serie siguió la misma línea. A partir del segundo episodio, Lester, junto a su compinche Nicole Thorn (Kim McGuire, anteriormente vista en Cry Baby de John Waters) hacen todo lo posible por sabotear a Betty en directo y así recuperar a Lester como estrella del show, algo que evidentemente les saldrá mal semana tras semana quedando en evidencia.

“Destinada, tanto por su desafortunada hora de emisión, como al extraño sentido del humor de Lynch, a dejar huella en la carrera del cineasta como en la historia de la televisión. En vez de “¿Quién mató a Laura Palmer?”, esta nueva comedia se aproxima más a “¿Quién puso la piel de plátano bajo su pie?” Semejante crítica, de Chris Willman (Los Angeles Times) resumió un poco la baja aceptación crítica que tuvo la serie en su estreno, aparte de los desastrosos índices de audiencia que la acompañaron. En España la serie pudo ser vista en un par de ocasiones, la primera en codificado en Canal Plus en 1992, la segunda en TV2 (curiosamente, en el horario de sábado por la tarde).

“Creo que la cadena la percibió como una especie de sátira”, recordaba Miguel Ferrer en unas declaraciones a Wrapped In Plastic. “Pero no creo que fuera algo deliberado por parte de esta gente. David no piensa de esta manera, simplemente no lo hace.(…) Pero yo sé que de hecho todos esos bastardos en la cadena lo sintieron de esa manera, de todos modos”.

La asociación de David Lynch con Mark Frost se partió tras esta serie. Lynch volvería al año siguiente al mundo de la televisión con la miniserie Hotel Room para la cadena de pago HBO, que a pesar de las excelentes críticas recibidas no fue convertida en serie regular. Asqueado de la televisión se mantendría al margen de ella mucho tiempo, hasta que de nuevo volvió a la cadena ABC para rodar un piloto llamado Mulholland Drive… que la cadena rechazó de nuevo. Por suerte, Canal Plus adquirió los derechos del piloto (que estaba a punto de convertirse en una remontada y andrajosa TV movie) y se convirtió en la película que conocemos hoy día. Con el paso de los años, En el aire se ha convertido (quizá junto a Hotel Room) en el proyecto más denostado y olvidado de Lynch, aunque merezca la pena su visionado, sólo sea por ver la única incursión en el mundo de la comedia del director.

David Lynch, rememorando la experiencia en 1997: “Para mí, ni “En el aire” ni “Fuego camina conmigo” fueron fracasos; nos lo pasamos estupendamente haciéndolas. A mí lo que me gusta es hacer películas y mantener el control desde el principio hasta el final. Lo que ocurre es que ese final a veces es muy deprimente, porque te meten en algo que no puedes controlar. No sabes si el destino te sonreirá o no. Pero si has hecho un buen trabajo, el fracaso no puede herirte. El éxito es muy peligroso, te engaña, te hace creer que eres alguien. Un fracaso, sin embargo, te da libertad, porque como ya estás hundido, lo único que puedes hacer es subir, así que eres libre. En realidad, fracasar es hermoso.”

Javier J. Valencia 

(Este artículo fue originalmente publicado en el fanzine Mudhoney nº 2, año 2002)

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