El detective cantante (The Singing Detective, BBC, 1986)

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¡Pobre Phil Marlow! El escritor de novelas pulp de detectives está aquejado de una soriasis aguda que le cubre de la cabeza a los pies. Apenas puede moverse, le irrita el mínimo contacto con su piel y la enfermedad hace estragos tanto en su carácter como en su salud mental: pero ha encontrado la manera de evadirse, viajando hacia una de sus novelas: El detective cantante, donde su protagonista, que es tanto investigador como solista de una banda de music hall investiga el asesinato de una prostituta que ha aparecido flotando en el río en Londres en 1945. Al poco tiempo recuerdos de su infancia empezarán a asaltarle llevándole de nuevo a recrear momentos de su niñez en Forest of Dean, y su estancia en el hospital en ocasiones mezclará realidad con la alucinación, viendo tanto a doctores como pacientes protagonizar números musicales. A medida que se alargue su estancia en el centro de reposo y su salud mejore, las diferentes realidades comenzarán a mezclarse entre ellas, y Marlow podrá enfrentarse al mayor misterio de todos: el de sí mismo.

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La enfermera Mills (Joanna Whaley) cuidando a Marlow

En otro tiempo, en otra vida (televisivamente hablando), los dramas televisivos de calidad, los que eran admirados por sus elaborados guiones y por su cuidada puesta en escena, eran las mini-series europeas y casi siempre británicas. Allí se concentraba la TV de autor (aunque Steven Bochco ya puso el primer ladrillo para que ese concepto empezará a tener otro significado allende los mares cuando estrenó Canción triste de Hill Street en 1981) y el serial que era admirado tanto por la crítica -que en muchos casos lo era cinematográfica y se reciclaba a la TV- como por el público tenía nombres como Yo, Claudio, Retorno a Brideshead o Reilly, As de espías. La actualmente proclamada “Edad de oro” de las series norteamericanas, cuyo pistoletazo de salida le se supone a partir del aplauso generalizado que se le dedicó a Los Soprano y que sigue manteniéndose gracias al auge de la TV por cable americana parece haber “borrado de continuidad” aquel periodo, a tenor de cómo han sido totalmente olvidados los shows que no hace tanto tiempo eran considerados los mejores de todos los tiempos. Y en 1986 ninguna serie había alcanzado el status de El detective cantante y ningún guionista (más bien dramaturgo) del medio tenía el prestigio de Dennis Potter, situado en las antípodas de lo que hoy se conoce como showrunner (el productor ejecutivo de toda la vida, vaya).

Dennis Christopher George Potter nació en 1935 en Berry Hill, una pequeña localidad situada en Forest of Dean (al igual que el personaje principal de El detective cantante, detalle en absoluto casual). Trabajó como crítico televisivo para el Daily Herald entre 1962 y 1964, año en el que su carrera como político se vio truncada al perder unas elecciones como miembro del partido Laborista por la alcaldía de Hertfordshire East y para mayor alegría se le detectó una soriasis aguada que le provocaba artritis en los dedos (de nuevo…). Comenzaría entonces una carrera en el medio televisivo  que daría sus primeros pasos con obras como The Confidence Curse (1965) o Stand Up, Nigel Burton (1965) y que culminaría con prestigiosas mini-series o telefilmes como Casanova (1971), Brimstone and Teacle (1976, censurada en su día por la BBC por su violencia explícita) o Pennies From Heaven (1978), que sería llevada al cine en 1981 por Herbert Ross (Dinero caído del cielo, con Steve Martin dando vida al personaje que interpretara Bob Hoskins en la serie) y que aunque cosecharía un sonoro fracaso en taquilla daría a Potter su única nominación al Oscar. A lo largo de tres décadas escribiría novelas (Ojosnegros fue publicada en España por Alcor-Martínez Roca en 1990), ensayos, obras de teatro y películas pero su mayor foco de atención fue la televisión, y solo en los años finales de su vida se lanzaría a la dirección adaptando sus propias obras, la esmentada Blackeyes (1989) y Secret Friends (1991, editada en España en DVD por Cameo en su colección B-Side). Crítico contra la religión (a la que definió como la herida, y no la venda), la prensa sensacionalista (sentía una especial animadversión por el magnate Rudolph Murdoch y su prensa y televisión amarillista), enormemente culto pero con una sensibilidad que le permitía conectar con el gran público sin ser complicado ni pedante, y amante de usar la música como elemento narrativo en su obra (es habitual que sus personajes canten temas de los años 40 en playback), fallecería en 1994 por culpa de un cáncer de páncreas. Consiguió que las cadenas rivales Channel 4 y la BBC, con la que se había enfrentado en su última época, emitieran sus dos obras finales conectadas entre sí Cold Lazarus y Karaoke (ambas protagonizadas por Albert Finney) por deseo expreso suyo. La British Academy of Film and Television Arts (los BAFTA) tienen un premio con su nombre, el que se entrega al mejor guión televisivo.

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Michael Gambon como El detective cantante

El clásico eslogan de No has visto nada igual que se aplica en nuestros tiempos prácticamente a cualquier cosa podría haberse usado perfectamente en El detective cantante. Ninguna serie entonces funcionaba a cuatro niveles diferentes y a día de hoy la verdad es que tampoco. En el primero, el situado en tiempo presente, Marlow (Michael Gambon, en uno de aquellos papeles por los cuales uno es recordado para la posteridad, aunque las nuevas generaciones lo reconozcan más por su Dumbledore en la saga de películas de Harry Potter) sufre alucinaciones debido al intenso dolor que le provoca su enfermedad ingresado en el hospital en un fragmento de la obra que a Dennis Potter le hubiera gustado que hubiera tenido el estilo de las sitcom británicas. Mientras es sometido a cuidados físicos por parte de la enfermera Mills (Joanna Whalley, a punto de dar el salto a Hollywood donde cautivaría al público y se haría con bastante popularidad gracias a títulos como La muerte golpea dos veces, Willow o El peso de la corrupción), y a tratamiento psicológico por parte del Dr. Gibbon (Bill Patterson) -al que originalmente Marlow trata con desprecio-, poco a poco empieza a encontrar un cierto patrón en las diferentes realidades en las que navega. En la segunda, en la que se ve asimismo como el protagonista de su propia novela pulp será contratado por Raymond Binney (Patrick Malahide, visto en los últimos tiempos como Balon Greyjoy en Juego de tronos) para que demuestre su inocencia en el asesinato de una prostituta pero pronto comenzará a ser perseguido por dos misteriosos tipos enfundados en gabardina y sombrero que pretenden acabar con su vida: la novela paralelamente es leída por Reginald (Gerard Horan), uno de los pacientes del hospital “vecino” de cama de Phil que junto con el insoportable Mr. Hall (David Ryall) forman algo así como un insólito “descanso cómico” del drama. Poco o ningún sentido parecerá tener el presunto caso que investiga el detective cantante en ese acartonado universo noir de los años 40 de que lo poco que llegamos a saber es que oculta espías nazis y conspiraciones en la sombra, y sin embargo empezará a cobrar forma cuando las pistas que emergen en él se combinen en el tercer nivel de la historia, donde el pequeño Phil Marlowe a la edad de 10 años (Lyndon Davies) contempla la infidelidad de su madre (Alison Steadman) en el bosque… con un hombre que supone la inspiración de un personaje del libro, y se vea obligado a abandonar su pueblo de la infancia y a su padre (Jim Carter, el popular Carson de Downton Abbey). Cuando Nicola (Janet Suzman), su esposa, haga su aparición en escena para visitar a su marido, su imaginación dará como resultado una cuarta realidad, en la que ella conspira con ese otro personaje que salta de un mundo en formato de novela negra moderna, para plagiarle uno de sus guiones y enriquecerse a su costa.

Nicola (Janet Suzman) haciendo sombras chinas

Nicola (Janet Suzman) haciendo sombras chinas

Más allá del desconcierto que provoca al principio, en especial en su primer episodio (al que de todos modos uno es incapaz de dejar de mirar), poco a poco la historia se va hilando ante los ojos del espectador, a medida que Phil sea capaz de comprender el motivo por el cual le asaltan ciertos recuerdos, rememora canciones concretas, o forme escenas muy particulares las protagonice él o no. No se trata de ver solo la serie de televisión tal cual, sino de intentar entenderla como una ficción que Marlow está reinterpretando en su cabeza. Todo cobrará sentido al final, el cadáver flotando en el rio, la prostituta asesinada, la amarga discusión de su esposa con su amante… hasta que el detective cantante descubra al verdadero “criminal” de la historia -y viva una insólita escena de acción “a tiro limpio” en el hospital-. El protagonista irá bajando más profundamente en el interior de su mente, a veces en forma de recuerdos, otra de fantasías, para -como si de una extraordinaria sesión de psicoanálisis se tratara- ir descubriendo sus complejos con el sexo, ciertos aspectos de misoginia en su carácter, la razón por la cual el villano en sus realidades es siempre es mismo, su complejo de culpa por un castigo que enloqueció a un niño, y también por un terrible suicidio del que nunca llegará a entender en que medida fue por su causa.

La serie gozó de un enorme éxito de crítica en su momento aunque no tuviera unos índices de audiencia espectaculares, y ganó bastantes premios, entre ellos 3 BAFTA incluido el de mejor actor para Gambon. Aunque en una decisión que todavía colea hoy día, perdió el premio a la mejor serie dramática siendo Vida y amores de una diablesa (“The Life and Loves of a She-Devil”) dirigida por Phillip Saville la beneficiada. También ganaría un premio Peabody tras su paso por la cadena PBS en Estados Unidos, y forma parte de manera permanente en las exhibiciones del Museum of Televisión & Radio de New York y Los Angeles. La carrera del director de los seis episodios Jon Amiel se disparó y logró hacer carrera en Hollywood con títulos bastante populares como Sommersby (1993), Copycat (1995), La trampa (1999) o El núcleo (2003) y actualmente dirige episodios de series televisivas americanas. Fue una influencia reconocida por Steven Bochco, en la cual se inspiró para crear aquel desastre llamado Cop Rock que fue uno de los grandes batacazos televisivos de los años 90 y que mezclaba un serial policiaco con números musicales: mis recuerdos de la serie incluyen sensaciones tan variadas como la vergüenza ajena o el estupor ante el ridículo. Vaya gracia le debió hacer a la recién nacida Antena 3, la cadena que la emitió en España en su día (y encima doblando los números musicales, ¡con un par!), y en la cual había puesto grandes esperanzas debido a que provenía del, por aquel entonces, más célebre productor televisivo de Estados Unidos. Pero no siempre el ser influenciado por una gran obra implica ir encaminado en la dirección correcta, y el parentesco entre El detective cantante y Cop Rock era meramente superficial. Aquel 1990 Dennis Potter escribió un guión adaptando El hotel blanco de D. M. Thomas (reeditado en España por última vez por RBA en el 2012) que estuvo a punto de ser dirigido por David Lynch. Ojalá algún día podamos acceder a un portal de dimensiones alternativas donde pueda verse esa película.

"El detective cantante" versión 2003.

“El detective cantante” versión 2003.

Curiosamente una de las tramas de la serie televisiva implica el guión cinematográfico en el que está trabajando Marlow adaptando su novela: pues bien, el propio Dennis Potter también trabajó en un guión cinematográfico para llevar a la gran pantalla El detective cantante, tal y como hizo anteriormente con Dinero caído del cielo. El proyecto llegó a pasar por las manos de David Cronenberg en la dirección y se barajaron los nombres de Al Pacino y Dustin Hoffman para el papel principal. Pero al final en el 2003 fue Keith Gordon quién se llevó al gato al agua, amparado en la producción por Mel Gibson -quién se reservaría un pequeño papel en el filme dando vida al Dr. Gibson- y la estrella de la función fue un Robert Downey Jr. , el cual por aquella época estaba en proceso de recuperar su carrera después de haber sido durante años y años protagonista de diversos escándalos en la prensa amarilla. El resto del reparto lo completarían Robin Wright como Nicola, Katie Holmes como la enfermera Mills, Carla Gugino como su madre y Jon Polito y Adrien Brody como los matones que persiguen al detective.

La versión de la historia para la pantalla grande está convenientemente hollywoodizada. Phil Marlow pasa a ser Dan Dark, sus canciones serán más cercanas a la primera época del rock’n’roll que al jazz vocal de los 40, la novela y la infancia del protagonista suceden en Los Angeles (a la que precisamente el noir no le sienta mal) y la obra cederá a algún que otro capricho de estrella (véase la falsa calva de Gibson, totalmente innecesaria y que distrae más que otra cosa). Su mayor defecto es resultar una versión comprimida, y por tanto algo descafeinada, de una historia pensada para ser una obra de seis actos y por el camino se caen gran parte de la infancia del personaje -apenas mostrada en unas pocas pinceladas y todo el elenco de pacientes compañeros del detective en la serie. Pero dentro de lo que cabe es aceptable, la idea central es respetada -no obstante el guión es del propio autor- y Downey Jr. brinda una creíble y trabajada interpretación. Como ocurre con Dinero caído del cielo, recortar el 60% de su material original coarta en mucho las opciones de elaborar una adaptación del todo fidedigna.

"¿Tengo razón... o tengo razón?"

“¿Tengo razón… o tengo razón?”

A pesar de los evidentes paralelismos con bastantes aspectos de su propia vida, para Potter El detective cantante era “la menos biográfica de sus obras”, y la definía como “la historia de la paranoia de un hombre y del fin de ésta”. Mientras no se puede discernir hasta qué punto la obra le resultó catártica escribirla a su autor, puede entenderse con un complejo, no lineal y recubierto de capas, símbolos y pistas falsas, viaje de autodescubrimiento donde hay luz al final del túnel.

Javier J. Valencia

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