Dead Set: Muerte en directo (Charlie Brooker, 2008)

Gran Hermano y zombis. Zombis y Gran Hermano… Parece que no hay por dónde cogerlo pero nada más lejos de la realidad: Dead Set: Muerte en directo junta estos dos conceptos y crea una miniserie casi redonda, una pieza deliciosa para los seguidores del nuevo cine de zombis.

Vayamos por partes (nunca mejor dicho). En los últimos tiempos hemos asistido a un remarcable resurgimiento del subgénero de muertos vivientes. Podríamos decir que el pistoletazo de salida lo dió la película 28 días después (28 days later, 2002), una interesante propuesta del ahora oscarizado Danny Boyle (Trainspotting, 1996, Slumdog Millionaire, 2008) en la cual los zombis se modernizaban y dejaban de ser muertos vivientes para convertirse en infectados por un virus desconocido y rabioso. Por si eso fuera poco, los susodichos corrían como alma que se lleva el diablo. La cámara a mano, las persecuciones furiosas y trepidantes y la naturaleza salvaje de los zombis se mezclaban con una moderada crítica social y algunos planteamientos más que interesantes. La construcción de personajes estaba a años luz de sus predecesoras de los años setenta y ochenta.

Y entonces llegó la brillante Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 2004) del director Zack Snyder y nos volvimos a enamorar del género. Se trataba de un remake de Zombi (Dawn of the Dead, 1978), la segunda entrega de la trilogía sagrada del “padre” de los zombis contemporáneos, George A. Romero. Los zombis andantes se reinventaban y lograban traspasar las fronteras de la marginalidad cinematográfica. Su director ya apuntaba maneras, como demostró algunos años más tarde dirigiendo las adaptaciones cinematográficas de Watchmen (Watchmen, 2009) y 300 (300, 2006).

A partir de ese momento las estanterías de los videoclubs se volvieron a llenar de películas de zombis. 28 Semanas después (28 weeks later, 2007) del canario Juan Carlos Fresnadillo con Robert Carlyle de protagonista, Resident Evil y sus secuelas basadas en los famosos videojuegos de zombis, la divertida comedia Zombis Party (Shaun of the Dead, 2004), el retorno de George A. Romero continuando su trilogía original con La Tierra de los Muertos (Land of the Dead, 2005) y El diario de los muertos (Diary of the Dead, 2007) e incluso la nada desdeñable REC (2007) del director catalán Jaume Balageró. También el amiguito gamberro de Quentin Tarantino, Robert Rodríguez, hizo su pequeña-gran aportación a la fiesta con Planet Terror (2007). Y parece que la cosa no se ha frenado todavía, a juzgar por las relativamente recientes Zombieland (2009) con Woody Harrelson o las mismas REC 2 y REC 3 de Jaume Balagueró y Paco Plaza. Incluso el mundillo literario se ha visto saturado de propuestas parecidas, siendo algunas de las más destacables y comerciales La Guia de Supervivencia Zombi (The Zombie Survival Guide) o Guerra Mundial Zombi (World War Z) ambas de Richard Brooks, hijo del director de cine Mel Brooks. También uno de los cómics independientes de más exito, Los muertos vivientes (The Walking Dead), de Robert Kirkman ha seguido (y todavía sigue a día de hoy) este filón.

Por lo tanto, era solo cuestión de tiempo que apareciera una propuesta televisiva que nos planteara un apocalipsis zombi (la irregular adaptación del adictivo cómic de Kirkman vendría después). No fue nada sorprendente que esta propuesta nos llegara de la Gran Bretaña, y menos sorprendente aún que nos llegara de la mano de Charlie Brooker, artífice de esa miniserie colosal e imprescindible que es Black Mirror (2011). Pero volvamos a la serie que nos ocupa, esto es Dead Set, cinco capítulos que combinan la acción furiosa de la nueva hornada zombi con Gran Hermano, uno de los máximos representantes de la llamada telebasura. Si lo pensamos bien, el hecho de que la casa en la cual se realiza el show esté tan protegida del exterior la convierte en un refugio perfecto, y por lo tanto, propicia que los habitantes de la misma y algunos miembros del equipo técnico y directivo consigan refugio en su interior mientras nosotros nos dedicamos a observar los conflictos que se establecen entre ellos. Sin embargo, la serie no se limita tan solo a ofrecernos la perspectiva de los habitantes de la casa, en su mayoría, y como era de esperar, unos jóvenes superficiales ávidos de fama; sino que incluye algunas subtramas sencillas pero efectivas que suceden en el exterior con personajes relacionados. De hecho, esta es una de las gracias del género, observar los conflictos que se establecen entre diferentes personas que deben unir esfuerzos para sobrevivir a la amenaza exterior.

Quiero destacar, por último, las excelentes actuaciones de la práctica totalidad del reparto, subrayando la de Andy Niman, al cual ya habíamos visto en la hilarante y muy recomendable Un Funeral de Muerte (Death at a Funeral, Frank Oz, 2007). Y no puedo explicar mucho más, ya que la miniserie es muy breve y seria feo desvelar cuales son los concursantes “expulsados” y cual es el “ganador”. En resumen, y como era de esperar, la crítica y los paralelismos se suceden en una mezcla salvaje de humor negrísimo y sangre a raudales. Las metáforas de brocha gorda no por esperadas dejan de funcionar. La diversión y los sustos están asegurados en este Gran Hermano apocalíptico en el que el productor despedaza a alguno de sus concursantes. Literalmente.

Dani Morell

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