Un, dos, tres, responda otra vez- La historia del mejor concurso de nuestras vidas (Miguel Herrero, Diábolo Ediciones, 2016)

historia_undostresPara los nacidos -como un servidor- en 1981, la presencia de “Un, dos, tres” en la televisión era algo que ya se daba por sentado. Tus padres te decían que llevaba años en antena y parecía que, pese a los lacrimosos discursos de Chicho en los finales de temporada, siempre iba a volver eternamente. Hasta que aquel 8 de abril de 1994, Chicho voló por los aires (literalmente) los decorados del concurso y la cosa pareció ir en serio.

Diez años después, el concurso volvió con aquel experimento dedicado a los libros y presentado por Luís Larrodera, pero ya no era lo mismo. El propio Larrodera es el encargado del prólogo de este libro de Diábolo Ediciones escrito por un experto en la material y coleccionista de lo retro como es Miguel Herrero. La presentación y formato es al que la gente de Diábolo ya nos tienen acostumbrados; a todo color, buen papel y con un perfecto equilibrio entre texto y fotografías. Lo que aquí es una lástima es la calidad de muchas de ellas, cosa que en ningún momento creo que sea culpa de la editorial; en nuestro país somos muy poco dados a conservar el material televisivo antiguo y supongo que habrán tenido que tirar con lo que podían.

Ya lo he comentado en otras ocasiones sobre algunos libros de la editorial; creo que hay ciertas temáticas que necesitan de un libro pormenorizado y Diábolo suele cumplir con esa necesidad. De “Un, dos, tres” se ha dicho y hablado mucho pero aún faltaba un libro que analizara toda su trayectoria de manera detallada y con documentación de prensa de la época, ya que es una parte importantísima de la cultura popular de este país y su influencia aún se siguió notando mucho tiempo después de su desaparición.

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Narciso Ibáñez Serrador

No podemos abarcar el fenómeno de este concurso si no es entendiendo primero a su padre, Narciso Ibáñez Serrador, el realizador uruguayo afincado en España que tras un tiempo dedicado a las series y al cine parió este concurso con una clara intención de ser el autor y el cerebro tras él. De todos es sabida que Chicho siempre ha sido un maniático del control y un persona dura pero justa, y eso se transmite perfectamente en toda la historia del concurso. El autor divide el libro, lógicamente, en diez capítulos dedicados a sendas etapas del programa. Recordemos que el concepto de temporadas televisivas a la americana era aún desconocido en España (y a veces creo que seguimos en la inopia con este tema) y el concurso se podía tirar años sin ser emitido, por lo que eso -al menos para mí- acrecentaba su aura de ser algo especial y único, al menos antes de que a finales de los 80 y principios de los 90 se hiciera con bastante más regularidad.

Cada capítulo se divide en varias secciones: en primer lugar vemos la gestión de cada etapa y de su equipo creativo y presentadores/as. Luego se habla de las azafatas, figura que cada temporada iba tomando más importancia a medida que Chicho iba trayendo carne nueva (nunca mejor dicho, aunque el concurso supo virar de las evidentes “chicas-florero” erotizantes de las primeras épocas a señoritas más completas que cantaban y bailaban) y que a la larga creó una cantera de mujeres que acabaron triunfando en mayor o menor medida. Los más viejos del lugar quizá recuerden a una joven Victoria Abril, otros más posteriores seguro que tendrán como mitos a Kim Manning o Lydia Bosch, pero en mi corazoncito siempre habrá un lugar para la guapísima Sílvia Marsó. Después se da un repaso a la parte negativa del concurso, es decir, aquellos personajes provenientes del pueblo de Tacañón del Todo que se dedicaban a incordiar a los concursantes en la fase inicial. Desde el venerable Don Cicuta al Profesor Lápiz (Pedro Sempson, el eterno Señor Burns de Los Simpson), Don Estrecho (¡Juan Tamariz!) y acabando con las que tocaron a más por varias generaciones; las Super Tacañonas interpretadas por las hermanas Hurtado.

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Tras eso, se analizan las mecánicas, que recordemos estaban divididas en tres partes (de ahí el nombre) la ronda de preguntas y respuestas, las pruebas físicas y la subasta, en donde Chicho dejó a más de uno ojiplático con sus surrealistas premios ocultos -a la cabeza me viene unos concursantes que ganaron cientos de calaveras de un osario- y que era el espacio dedicado a los cómicos, que también tienen su propia sección aquí. A título personal esta es la parte que más me ha gustado del libro, ya que mis recuerdos más vivos del concurso siempre han tendido a estar relacionados con ellos. Aquí descubriremos varias cosas; como que al insoportable Bigote Arrocet, antes de ejercer de Toy Boy para María Teresa Campos, ya provocaba dudas sobre la calidad de sus chistes, pero que se le dejó hacer para rellenar tiempo. O que la corrección política preventiva parecía ya estar viva en la España de 1983, cuando el personaje que interpretaba Beatriz Carvajal, la Loli, una prostituta tartamuda, fuera eliminada progresivamente del concurso no por ofender a nadie por su profesión… ¡si no por quejas de colectivos de tartamudos! Alucinante. También hay espacio para Antonio Ozores (al que ya pillé en su época tardía, cuando su coletilla era ESO NO SE HACE, CACA!), Manolito Royo (al que nunca le he visto la más puñetera gracia) el Dúo Sacapuntas (un fenómeno en la época, y difícilmente explicable ahora) y Fedra Lorente como La Bombi, que no me avergüenzo en reconocer que me provocó mis primeros calambrillos en la chorra.

Tras sendas secciones dedicadas a los invitados y al anecdotario de la temporada – como errores garrafales en las respuestas o incluso momentos en que el concurso rectificó y premió a gente anteriormente eliminada- la última parte de cada capítulo está dedicada a aquellas siempre lacrimógenas despedidas de las que Chicho era tan amigo, pero que sabíamos que no serían para siempre. Hasta que al final lo fueron. Pero “Un, dos, tres” dejó tal imprenta en el ADN cultural de varias generaciones que es difícil que un fenómeno así se vuelva a repetir. También es que sólo había dos canales (en Cataluña tres, pero bueno) y todo dios lo veía, que a veces se nos pasa eso. Lo que no debéis dejar pasar es este libro; es muy completo y de lectura muy amena. ¡Campana y se acabó!

Víctor Castillo

 

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