OT 2017, Operación humildad

Ayer lunes 5 de febrero terminó la última edición de este famoso Talent Show con tintes de Reality. Aunque había perdido casi toda su esencia en las últimas entregas,  ha resucitado a lo grande gracias a su acertadísimo casting –no tanto en lo artístico, que también, como en lo humano-. Tal ha sido la conexión de los concursantes con el público, que en esta ocasión se han sumado espectadores que no habían visto nunca ninguno de los programas. No ha sido una audiencia consolidada desde la primera gala, sino que ha ido creciendo por su boca-oreja, o lo equivalente a eso en estos tiempos: su repercusión en redes sociales. Hasta el punto en el que se ha generado una especie de tendencia en la que gente de la que nunca lo esperarías hablaba bien de OT, cuando lo normal entre los enteradillos era despreciarlo desde el desconocimiento –los haters siempre han estado ahí, antes que internet, y nunca han atendido a razones-. Puede no gustarte y no interesarte, faltaría más, pero ya conocéis el modus operandi de los haters… Aunque también hay que reconocerles a algunos un gran sentido del humor.

Yo he seguido todas las ediciones porque me gusta la música, la pedagogía, y los programas en los que al menos haya un fin útil. Evidentemente, hubo galas flojas y soporíferas, pero también recuerdo momentos épicos –bueno, no tanto-. Lo que sí recuerdo es que cuando en TVE1 este formato ya no daba para más, lo cogió Telecinco y la adornó con algunas de las mejores realizaciones televisivas vistas en la historia de este país. Un despliegue de medios escenográficos y una selección musical muy por encima de lo que se acostumbraba, sobreponiéndose a la visión trasnochada que TVE1 aporta a todo lo que hace. En alguna actuación de esta edición se intentó recoger ese testigo, pero en general no ha estado a la altura de su momento –técnicamente- dorado.

Recuerdo al déspota Risto Mejide repartiendo a diestro y siniestro con cierta desproporción, pero también tengo que admitir que era necesario escuchar muchas de esas verdades en ese preciso momento. Y que eso fue, sin duda alguna, lo que hizo evolucionar este estancado formato en contenido y forma. Hacía falta más espectáculo, y así fue.

Ya todos nos habíamos olvidado de Operación Triunfo hasta que se empezó a oír lo de “el reencuentro”, excusa perfecta para activar la nostalgia y calentar motores para este nuevo intento. Pero ni con esas se hubiera podido augurar el éxito de la edición que nos ocupa. Y después de las críticas que recibió su primera gala, todavía menos.

Es cierto que la realización tuvo errores, que el sonido no estaba a la altura y que el presentador estaba más tenso que el dentista de Drácula, pero también que los tuiteros afilaban sus cuchillos desde días antes y fueron especialmente severos. Aun con todo, la humildad y la naturalidad de los concursantes salvaban cualquier adversidad. Y eso se fue acentuando gala a gala, siendo tan importantes los vídeos resumen de la semana como los números musicales.

Los que no teníamos tiempo de seguir OT 24 horas en Youtube, o ir de vídeo en vídeo por su canal, esperábamos con una sonrisa en la boca los sustos de Roi, la caza de san jacobos de Aitana, o la evolución de la historia de amor entre Alfred y Amaia.

Y ya que cito a Alfred, no voy a pasar por alto el hecho de que lo conozco en persona porque es alumno en la Facultad de Comunicación en la que trabajo, así que aprovecho para mandarle un mensaje:

Alfred, más allá de pequeños errores técnicos, puedes estar muy orgulloso de tu paso por OT. Te he seguido todo lo que he podido, y con todas tus acciones transmitías valores positivos. Has crecido sin pisar a nadie, has sido buen compañero y un gran concursante. Eres músico y artista, no solo cantante o intérprete, que también. Sigue formándote siempre, crea, experimenta, madura, vive y no seas conformista. No vale cualquier canción ni disco para aprovechar el tirón del éxito, que es sin duda lo que querrán hacer contigo y con el resto. Tú tienes mucho más que dar. Paciencia y humildad. Por si fuera poco, has estado ahí arriba a pesar de tu ansiedad, y con ese valor y arrojo has sido apoyo y empuje para muchísima gente que se siente incomprendida por el mismo motivo. Gracias por ser ejemplar.

Volviendo al programa, insisto en que ante todo ha sido divertido. Esa simpatía de los chavales ha sido clave, especialmente la de Roi, siempre con el ingenio y el humor apunto. También cabe destacar el compañerismo y la ausencia de malicia. Se palpaba que el cariño entre ellos era real, y los pocos malentendidos que hubo se solucionaron con serenidad y madurez –igualito qué en Gran hermano, vaya-.  Hago esta comparación porque buena parte del público más crítico con OT la hace erróneamente, y de ahí viene que haya matizado al principio algo que debería estar muy claro: “Talent Show con tintes de Reality” .

La corrección con la que se ha llevado la historia de Alfred y Amaia, por ejemplo, la delicadeza con la que se ha llevado la ansiedad de él, y muchos otros detalles, indican que Operación Triunfo, no solo los forma sino que también los protege. Los profesores han terminado siendo más fans que profesores; incluso el jurado, tan rígido que parecía al principio, terminó por pasar por alto fallos evidentes en muchas actuaciones. Se generó un aura de cariño real que trascendió la pantalla. Ha sido la edición del buen rollo.

¿Y musicalmente? Porque es un programa de música, ¿no? Pues bien, dentro de las limitaciones que conlleva un programa tan comercial como este, y teniendo en cuenta la música infame que escucha la mayoría de la gente, ha estado muy bien. Han sonado canciones de Ray Charles, Queen, Carlos Gardel, Vetusta Morla, Michael Jackson, El último de la fila, Frank Sinatra, la banda sonora de Cabaret y de La la land, por citar algunas. –También ha habido un buen puñado de mojones, no nos vamos a engañar, pero oye, para ser OT, notable-. Y es que la cultura musical de los concursantes también era superior a lo habitual.

Para finalizar, decir que, más allá de favoritismos, me ha parecido un resultado justo y pedir a Televisión Española que no programe tan tarde y no lo alargue más de la cuenta, que los martes por la mañana nos hemos cagado en sus muelas.

Óscar Sueiro

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