Lucha Underground – 1ª Temporada (2014-2015)

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Pro Wrestling. Pressing Catch. Lucha libre. Culebrones con guantazos. Llamadlo como queráis, pero para que el aficionado medio de ésta disciplina que mezcla el teatro y la competición atlética pueda seguir al dedillo la programación de alguna de sus federaciones tiene que tener su atención puesta en el producto constantemente. Los atletas del wrestling no tienen descanso, no hay off season y las tramas en las que se ven envueltos duran meses y meses, a veces sin un final discernible en el horizonte. Es por ello que después de bastantes años sin seguir a la “grande” -es decir, la omnipotente WWE- ni a ninguna de las “pequeñas” -léase Total Non-Stop Action o Ring of Honor- un producto como el que nos ocupa, Lucha Underground, es una bendición de los dioses -aztecas, para más señas- ya que su estructura facilita mucho su visionado y encima tiene gran calidad, aunque siempre con matices ya que es imposible tener contento a todo el mundo.

Pongámonos televisivos por un momento- Si WWE es el equivalente de las daily soap eternas, los culebrones al estilo de un Puente Viejo o un Santa Bárbara, donde hay montones de personajes cuyas tramas suben y bajan dependiendo del favor de la audiencia y en donde siempre hay sustituciones de último minuto (a veces por el ego, otras por las lesiones), Lucha Underground sería la serie dramática de 40 minutos estándar de la televisión americana, dividida por temporadas y con unos arcos argumentales más marcados.

Producida por Robert Rodríguez para su televisión El Rey Network y con el acabado que cabría esperar de éste -localizaciones e iluminación grimosas, secuencias narrativas peliculeras con todas sus virtudes y defectos- Lucha Underground se ambienta en el “templo”, un complejo industrial en Boyle Heights, California, en donde el repelente y engominado promotor Dario Cueto (el actor español Luis Fernández-Gil, en un papel de esos que te encanta odiar) ha instalado un lugar en donde glorificar el valor, la fuerza y la violencia, algo con lo que está obsesionado, además de con la cultura azteca, que jugará un papel importante en todo el trasfondo narrativo de la primera temporada.

Por el templo irán desfilando muchos luchadores intentando probar su valía. Si bien en un principio el objetivo de LU es mostrar al público estadounidense lo molona que es la lucha libre mexicana, el programa ha conseguido un excelente equilibrio entre luchadores de ésta disciplina -la mayoría provenientes de la federación AAA de México, que es la que pone el grueso del roster en pantalla- y una mezcla de gente de federaciones independientes americanas y ex-luchadores de WWE. Los que seáis aficionados a la lucha libre sabréis que es un estilo mucho más acrobático y por lo general más “suelto” que el americano, con lo que a veces se le ven más las “costuras” a los movimientos programados pero no por ello la cosa pierde espectacularidad. A medida que la temporada ha ido avanzando se notaba que los luchadores se iban acostumbrando a la mezcla de estilos y todo quedaba muy bien representado en pantalla.

A nivel de tramas ha habido de todo, pero hay que agradecer que el arco argumental del backstage  que se nos iba presentando poco a poco en una serie de escenas con tintes cada vez más sobrenaturales, con Cueto y su obsesión por objetos de poder aztecas y antiguas tribus, su hermano loco Matanza encerrado en una celda y la asesina que lleva años entrenando con Dragón Azteca para derrotarlo, Black Lotus, solo fuera la “guinda” del pastel principal que conforman las tramas de los luchadores. Las fechorías de Cueto han tenido su traslación a lo que pasaba en el ring, pero nunca han sido el motor principal de la historia.

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El hecho de que el templo, según los comentaristas (en la versión en inglés los ex luchadores Matt Striker y Vampìro) esté abierto a todo el mundo hace que tengamos combates entre luchadores mini (léase enanos) como Mascarita Sagrada, exóticos (léase travestis) como Pimpinela Escarlata y claro está, luchadoras. Probablemente es aquí donde LU haya pinchado más en el aspecto argumental; si hay combates entre luchadores de ambos sexos y los comentaristas repiten constantemente que eso es lo que da igualdad de oportunidades en el templo, estos deberían ser más equilibrados. Muchas veces las luchadoras son tomadas como un chiste por los luchadores “rudos” (en términos de lucha libre, los “malos”) y los combates en los que se ven envueltas no están del todo bien desarrollados. Es una lástima, ya que LU tiene a una de las mayores “rudas” de la AAA, Sexy Star (en LU es, no obstante, “técnica”, o sea de los buenos) y no ha sabido explotarla bien. Quizá la otra luchadora con más tiempo en pantalla, Ivelisse, haya tenido más suerte con su personaje de ruda macarra y gritona, aunque no siempre la han mostrado como una competidora creíble.

No obstante, el equipo que compone junto a Son of Havoc y Angélico (ex novio y pretendiente en la ficción de ésta respectivamente)  es uno de los mejor tratados argumentalmente; disfuncionales y siempre enzarzados en peleas internas, fueron capaces de hacerse con el título de campeones de tríos, una costumbre muy de la lucha libre, más dada a los tríos que a las parejas de luchadores, y han dado grandes momentos en pantalla.

En el ámbito de los títulos es dónde LU ha sobresalido más, tomándose su tiempo para introducirlos en las tramas y primero dando espacio a los luchadores para que muestren sus habilidades antes de ponerlos a competir por ellos. Prince Puma, el campeón principal de LU, ha tenido excelentes momentos durante los ocho meses que ha defendido el título, bien presentado como un valor en alza y con oponentes creíbles. El cinturón secundario, llamado Gift of the Gods Title, también ha tenido una trama de presentación muy molona, ya que se compone de siete medallones aztecas que Cueto fue distribuyendo entre diversos ganadores de combates y da la oportunidad a quien lo lleva de retar al campeón siempre que lo pida con antelación.

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El nivel general de la acción en el ring ha sido muy elevado; cierto que siempre hay momentos de bajón con combates que acaban en descalificaciones tempranas para hacer avanzar la trama o los típicos squash matches de menos de tres minutos para demostrar lo imparables que son luchadores enormes como Cage o Big Ryck, pero son cosas clásicas a la que la industria de la lucha ya nos ha acostumbrado y que usadas con medida no molestan. También hemos tenido momentos de star power en la aparición de Alberto el patrón, el hijo del luchador clásico Dos Caras y que compitió -y ahora vuelve a hacerlo- como Alberto del Río en WWE o de caras más o menos conocidas como la de Johnny Mundo -John Morrisson en WWE- un luchador que hubiera merecido más suerte en ésta. Y para la segunda temporada está confirmada la presencia de Rey Misterio Jr, por lo que parece que LU tiene ambiciones de meter a gente muy famosa en el ring, aunque creo que no deberían dejar que acaben eclipsando a los magníficos luchadores de AAA. De estos me quedo sin dudar con Drago (esa lengua asquerosa), Pentagón Jr. (¡cero miedo!) y King Cuerno (flecha del infierno), todo un festival de identidades secretas a lo old school que me parece maravilloso.

En una semana El Rey Network estrenará la segunda temporada de LU y la verdad es que le tengo muchas ganas, me he pegado una buena maratón para estar al día y quiero ver lo que pasa con el templo después de que el malvado Mil Muertes y sus discípulos de la muerte se hayan hecho con los títulos de campeones, ya que promete ser una época aún más oscura que la de Cueto, que ha huído a un nuevo templo, según el, secreto. Otra gente se droga. O ve el fútbol, que si estuviera tan guionizado como esto no dudéis que lo seguiría. Yo me quedo con los telenovelas con suplex incorporados.

Víctor Castillo

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