Las Campos: ¿Una venganza en prime time?

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Creo que hay pocas cosas más satisfactorias que una historia de venganza. Y si son de esas en las que el vengador o vengadora se toma su tiempo para ver caer al que le hizo la jugada, mejor que mejor. La que ha llevado a cabo Paolo Vasile, director ejecutivo de Telecinco y supervillano por mérito propio, sobre María Teresa Campos ha tardado más once años en dar fruto, pero vive dios que ha sido efectiva. Tanto que ya empiezan a surgir rumores sobre el cabreo de la malagueña (que nació en Tetuán, aunque ella no quiere que se sepa, ejem) con la ex “cadena amiga” y su intención de dejar el barco de Mediaset en breve. Eso no se lo cree ni ella; a la Campos le gusta más la fama televisiva que a un tonto un lápiz, pero quizá exponer su vida en este reality ha sido la gota que ha colmado el vaso.

Pero no nos adelantemos; corría el año 2004 y la Campos había salido de Telecinco de muy malas maneras -según se comenta, después de que Vasile optara por Emma García para presentar “A tu lado” en lugar de su hija y monstruo nepotista, Terelu- por lo que procedió a insultar a su ex jefe en su nuevo programa, “Lo que InTeresa” (abominable y maravilloso título a la vez, ¿verdad?). He aquí el momento en cuestión. Ojo a como Coto Matamoros jalea a la presentadora cual amigo yonki del MC de un vídeo de rap.

Más de diez años después, María Teresa se quedó sin casa; Antena 3 fue eliminando programas del corazón de su parrilla y Telecinco asumió el monopolio del tema con “Sálvame” y demás espacios, convirtiéndose en una franquicia del cotilleo estatal que genera su propio contenido independientemente de qué tripa se le haya roto a la Pantoja o de a quién se esté beneficiando cualquier engendro de la casa de Alba. Es decir, que no había sitio para Teresa ni su hija… a menos que no volvieran derrotadas a los brazos de Paolo, cosa que hicieron. Aunque a la matriarca se le otorgó ese cementerio de elefantes y triunfitos que es “Qué tiempo tan feliz!” ella quería más, por lo que tanto Teresa como su hija acabaron de colaboradoras (la primera más ocasionalmente que la segunda) en “Sálvame”, conducido por Jorge Javier Vázquez, al que ya le tenian inquina desde la época de “Aquí hay tomate”, en donde desollaba a madre e hija por igual.

No teniendo bastante con hacerles trabajar con “el enemigo” en horario de máxima audiencia (por qué no nos engañemos; ¿a dónde más van a ir?) la cosa ha escalado hasta llegar al reality que nos ocupa, Las Campos, totalmente atípico, ya que sus protagonistas parecen no estar del todo contentas ni  con su promoción, ni con su montaje, ni con el debate que éste genera… y en consecuencia, con todo. Antes que nada, vamos a desgranar el asunto; Las Campos se compone de capítulos de una hora en donde vemos la vida de María Teresa, Terelu y la tercera hija en discordia, Carmen, a la que siempre habían tenido apartada de los focos haciendo el “trabajo sucio”.

Al estilo de cualquier docu reality que se precie las escenas normales se van alternando con fragmentos de “confesionario” en los que las protagonistas comentan o critican lo expuesto en las grabaciones. Hasta aquí, todo normal; las Kardashian tienen su (enorme) culo pelado de hacer esto. ¿Pero y las Campos? Amigos, aquí es donde llega el drama y a la vez el fenómeno sociocultural de esto; María Teresa y Terelu son seres que provienen de una época de la televisión ya caduca; un tiempo en que la opinión de los presentadores y conductores de cualquier espacio no era cuestionada y las redes sociales no sacaban punta a cualquier cosa que decías al frente de un programa pocos minutos después de haberlo hecho. Y creo sinceramente que, aunque se olían que les podrían caer palos por todos los lados, han tenido la santa inocencia de creer que el resultado de mostrar su día a día iba a ser una hagiografía que loara sus virtudes como grandes comunicadoras.

Y claro, aunque el programa da unas ciertas concesiones para que las retratadas no se alcen en armas contra la cadena, los primeros capítulos las mostraban como seres alejados de la realidad, dos clasistas rancias que viven en casoplones rodeadas de sirvientas que les hacen absolutamente todo y con un halo de señoronas que no es que juegue mucho en su beneficio. Especialmente sangrante ha sido el caso de Terelu, que en los confesionarios comenta que controla siempre que puede su peso y en las escenas posteriores la vemos zampar como si no hubiera un mañana. He aquí pues la cuestión; si sabes que has filmado esas escenas y que seguramente las vayan a sacar, ¿por qué te indignas tras la emisión de estas? Está claro que deben llenar minutos de debate posterior -¡esos anunciantes no se pagan solos!- pero cuando el discurso de Terelu y su madre tras cada programa está plagado de aclaraciones, quejas y frases que empiezan con un “esto no es así”, ninguna de las dos sabe exactamente cómo funciona el juego de la fama en la actualidad, o ¿acaso véis a Snookie, Kim Kardashian o esa familia horrenda de la tienda de empeños de Detroit justificándose ante su audiencia?

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Bigote Arrocet parece ENCANTADO de estar en esta grabación. El resto de las caras demuestran una alegría similar por la Navidad.

Los héroes de “Las Campos” no son esas dos abnegadas profesionales que tratan a sus sirvientas con seriedad y montan soireés con amigas sacadas de cualquier mítin de “ya-sabéis-quién” en la Moraleja, sino los montadores del programa, que saben mostrar perfectamente un montón de subtextos en su manera de hilar los episodios (en el primer capítulo se intuía incluso un problema con la bebida de Terelu que NUNCA se ha vuelto a mencionar) La productora (La fábrica de la tele, responsable también de “Sálvame”) sabe muy bien lo que está haciendo con el material que ha filmado; crear un docu reality de estilo actual no “gracias a” sino más bien “pese a” sus protagonistas, que poco a poco han ido despertando de la inopia en la que se encontraban para ver que no es oro todo lo que reluce. Los mismos que han facturado este programa son los que han sacado a la luz las presuntas infidelidades del novio de Maria Teresa, el vividor y humorista chileno abisal Bigote Arrocet (que vive en una perpetua redifusión de “Un, dos, tres”) en “Sálvame” y nadie ha tenido narices de utilizar eso en el reality. Alguien con más olfato comercial habría apechugado con ello y lo añadiría a las tramas, pero la solución ha sido mantener las apariencias y aquí no ha pasado nada.

Es por ello que, tras tan solo cinco capítulos “Las Campos” está dando señales de un agotamiento brutal. La cadena ha jugado constantemente a la “patata caliente” con sus horarios y el producto se ha ido diluyendo cada vez más rápido. Para muestra final; dos momentos del último episodio emitido el pasado domingo 29; en uno, Terelu sigue haciendo chascarrillos con la ingesta de churros y porras -una cosa de la que se sacó mucho “petróleo” en los primeros capítulos- por lo que vemos que ya ha asumido en cierta manera su papel de alivio cómico del programa -o al menos hasta que vuelva a indignarse en un posterior debate- y que al ser auto consciente ya no tiene gracia ninguna. En otro, María Teresa enseña cual es el proceso que usa para desmaquillarse… sin hacerlo delante de las cámaras porque no quiere mostrarse sin la cara llena de potingues. Esa escena con el grifo de su baño abierto, derrochando agua a lo loco, mientras se pasa el algodón de desmaquillar sin tocarse la cara, me sumió en el bajón espiritual más absoluto y resume todo lo que es el programa; entrar en el juego del reality pero sin mojarse ni ensuciarse. Es decir, desear todos los beneficios de la fama y ninguno de sus inconvenientes. Y eso, al igual que no engordar comiendo porras, es imposible.

Víctor Castillo

 

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