¿Quién quiere casarse con mi hijo?

Hola amigos, bienvenidos al Esperpento. Los de mi generación o anteriores seguro que lo estudiasteis en el colegio, pero por si acaso, no se me ocurre mejor manera de explicarlo que recurrir a la Real Academia Española de la Lengua: “Género literario creado por Ramón del Valle-Inclán, escritor español de la generación del 98, en el que se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos, sometiendo a una elaboración muy personal el lenguaje coloquial y desgarrado”.

Sí, así es este programa, y lo digo en el mejor de los sentidos. Es un piropo.

El formato en sí mismo no es mucho más original que tantos otros intentos, pero la auto-consciencia y el saber reírse de uno mismo, de no tomarse en serio, son los pilares básicos del sentido del humor. Y ¿Quién quiere casarse con mi hijo? Es una comedia en toda regla. Ni reality ni leches. Es un teatrillo esperpéntico que basa el 80% de su efectividad en el inteligentísimo casting.

Es el Black Mirror español, el cañí. Si la excelente serie británica refleja a la sociedad en el espejo negro y usa metáforas de alto nivel, el programa que nos ocupa refleja distintos estratos sociales y estereotipos propios de nuestra idiosincrasia a través de ese elenco impagable de personajes. Tanto madres como hijos. No tiene desperdicio.

Las relaciones materno-filiales que se nos presentan me tienen absolutamente noqueado. Supongo que es muy positivo que una madre sea como una amiga, pero hay ciertos niveles de confianza que a mi modo de ver están reservadas para los amigos, o incluso para nadie.

Una le depila el trasero a su hijo, otra bromea con el doble sentido de la palabra “superdotado” respecto a sus pretendientes gays, los otros conjeturan sobre la virginidad de la aspirante oriental… ¡¿Pero esto qué es?!

A priori, especialmente si lo lees y no lo ves, es algo penoso, como el hecho de necesitar a tu madre para que te ayude a escoger pareja. Pero si te lo tomas como se debe, es decir, a coña marinera, es muy divertido. Tanto la realización, como el montaje, las músicas y los efectos de sonido, refuerzan esta intención cómica. Y por lo abierta y descaradamente que lo hacen, yo acepto. Es más, no se puede no amar a la mujer gallega, Mary. Para su hijo se me ocurren algunos insultos, nada más lejos de la homofobia, pero sí de tonto para arriba. Ella es maravillosa, y el contraste de su edad, con lo abierta de miras que es, sumado a que tampoco puede deshacerse por completo de su educación clásica, conforman un personaje que no sé si los mejores guionistas hubieran sido capaces de diseñar. Todo ello regado con sentido del humor constante que conquista desde el minuto uno.

Por el resto de especímenes no tengo admiración alguna, pero cumplen con creces las expectativas de mi Yo cotilla. Además, no dejas de aprender cosas con ellos, y es que son un manual perfecto de todo lo que no se debe hacer.

Este tipo de programas ponen a prueba la humildad de uno. Yo mismo, desde el momento en que los llamo especímenes me sitúo por encima y los observo como a cobayas. Es cierto que ninguno destaca por su cultura, pero tampoco es culpa suya. Además, ¿quién no conoce o tiene familiares parecidos a alguno de ellos? ¿O como las/los pretendientes? Si me apuráis, compañeros de trabajo también cuentan. Y no los vamos a despreciar por estar en otra onda, no?

Como decía en la crítica de Curso del 73, está muy de moda poner de vuelta y media a la televisión y presumir de que “yo no veo esos programas”, pero hay que ser receptivos, y aquí hay diversión o, como mínimo, entretenimiento. Yo, como también veo cine de autor, me siento legitimado para recomendar este programa y que ningún intelectualoide de tres al cuarto me trate como un ignorante. Que no os dé vergüenza, hombre, no es de ser menos inteligente saber disfrutar de estas cosas. A ver si un día de estos podemos verlas sin tener que justificarnos. Y la inteligencia no está en lo que ves, sino en cómo lo ves y en qué puedes extraer de ello. Por otro lado, si me hicieran escoger entre la inteligencia y el sentido del humor, tendría serias dudas.

Volviendo al programa en sí… un gay adoptado al que le gusta vestir Barbies, un pijo rematado y enamorado de su madre o de lo que ella representa, dos gemelos nini con pocas luces y muchas hormonas, un escupidor de fuego que mete mano a su madre, y un vendedor ambulante hiperactivo y estandarte del mundo cani. TELA.

Realmente, si el programa se tomase en serio a sí mismo no podría funcionar. Si tienes un poco de sensatez, no das crédito a la mayoría de situaciones según se mire hasta te sentirías molesto, pero si no lo habéis visto ya, entrad en la web de Cuatro y ved el primer programa, aunque sea la presentación de todos ellos. Ya me contaréis luego si no es para reírse. Aunque sea de reír por no llorar.

Oscar Sueiro

 

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2 respuestas a ¿Quién quiere casarse con mi hijo?

  1. Consuela dijo:

    Óscar, excelente crítica: estoy contigo de principio a fin. Subrayo que el sentido del humor es imprescindible para sacar todo el partido posible a este programa. Y hay mucho partido que sacar…
    Yo los veo cada jueves, a todos ellos. Es más, los espero con impaciencia, aunque solo fuese para comprobar si salen mis quinielas. Pero los sigo, más que nada, porque enseñan una pequeña porción de realidad. Y nada de lo humano nos debería ser ajeno a ninguno…

  2. Oscar Sueiro dijo:

    Gracias por tus comentarios, Consuela!
    Espero que sigas nuestro blog habitualmente.
    Próximamente, Gandía Shore.

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