La curación (Miguel Córdoba, Ediciones El Transbordador, 2018)

Empecemos con la sinopsis tal y como la presenta la editorial:

Magie Anderson nació con una característica muy particular: tiene un hilo negro atado al dedo anular de su mano izquierda. Juega a enredarse con él y dibuja siluetas misteriosas sobre la mesa del salón. Con el tiempo descubrirá por qué arrastra ese hilo y la patológica obsesión que hay al otro extremo.

En esta historia de terror surrealista los fantasmas se refugian en tambores de lavadora para no tener que afrontar el desasosiego del Más Allá y Dios es una niña de nueve años que vive dentro de una urna de cristal en una base secreta de Nebraska. Por cierto, lleva meses sufriendo una grave depresión y demostrando preocupantes tendencias suicidas. En el mundo de La curación las máscaras son más sinceras que los rostros que ocultan y los pensamientos, cuando son intensos y persistentes, monstruos gigantes hambrientos de odio y soledad.

Respecto del autor:

Miguel Córdoba (Remscheid, Alemania, 1975) estudió Filología Hispánica en la Universidad de Málaga. Es autor de varios relatos como LA CUERDA (Finalista en el Concurso Internacional de Cuento Fantástico Terra Ignota), EL MEJOR TRUCO DE TODOS LOS TIEMPOS (Mención especial en el Concurso Nacional Idus de Marzo) o GRIS (Primer Premio ex aequo en el VI Concurso de Narrativa para Jóvenes Autores organizado por el Gobierno de La Rioja). Asimismo, escribió el guión de la adaptación de su relato LA CUERDA para un cortometraje dirigido por Pablo Sola que obtuvo el Primer Premio en el Festival Internacional de Cine Fantástico, Terror y Sci-Fi de México. Ediciones El Transbordador publicó en 2015 su cuento TINNITUS y su primera novela, CIUDAD DE HERIDAS, a los que siguió LOS TRES ABISMOS DE DAMIÁN MUSTIELES (2017). LA CURACIÓN es su tercera novela. Vive en Vélez-Málaga con su mujer y sus dos hijos.

Y mi análisis:

Tengo entre manos una novela que la editorial etiqueta como terror surrealista. Algo de terror sí que hay, pero poco. Es un terror existencialista. No va de asesinos al uso, posesiones fantasmales o criaturas acechantes. No es Stephen King, ni busca serlo. En cambio, surrealismo tenemos a patadas. Algo en el ritmo, en el tono, en la atmósfera; algo en esta novela es corrosivo, erótico, onírico, decadente y lamentable. Y eso está bien. Pero no es para un lector casual.

De salida tenemos dos tramas principales en dos líneas temporales muy marcadas: una en los ochenta, que seguirá la vida y crecimiento de Magie, siempre con su hilo negro en el dedo. Una niña regordeta y estoica que soporta lo que el azar, destino o los dioses le echan encima, mientras crece y deja atrás la adolescencia. Puede ver fantasmas, sentados en árboles o escondidos en el tambor de su lavadora. Sufrirá burlas, malos tratos y un proceso corporal que no me atrevo a desvelar. También conocerá fantasmas desangelados, patéticos, dignos de compasión. Y a algunos personajes interesantes en sus rarezas; trabará amistad con Lor, una fanática de la música, e iniciará un romance muy turbio con Jeremy, otro personaje complejo y confuso, creador de una rata inteligente gigante que deja tras de sí una estela de cagadas como balones de rugby. Ahí queda eso.

La otra trama nos lleva al año 2016, y allí veremos como un profesor de física cuántica, llamado Brian, tendrá que conversar con Dios, una niña encerrada en una base militar, que tiene en mente suicidarse por última vez, sin dejar descencencia, con todo lo que ello conlleva… pues la creación es algo que ella misma ha soñado.

¿Os parece loco? Lo es. Además, Miguel Córdoba es capaz de dedicarle más de dos páginas al uso de un predictor. Eso es arriesgado y valiente. También siembra su novela de decenas de referencias populares, desde Star Wars a The Cure, la mayoría fáciles. Pero aun así, no es para un lector casual.

No voy a hablar más de la trama para no incurrir en spoilers, pero discurre por unos derroteros desquiciados que pondrán a prueba la comprensión del lector. Tenemos un poco de filosofía y metafísica, mucha soledad y desasosiego, y un estilo narrativo muy cuidado pero denso como la melaza. “La Curación” no es una novela fácil. Es exigente. Requiere atención y paladear sus conceptos. Quien busque ocio ligero, aquí no lo encontrará. Sin embargo, quien busque algo más retorcido, estoy seguro que la disfrutará. Ya el mismo prólogo, a cargo del escritor gallego Darío Vilas, es un ejercicio de onanismo literario, como si Darío se hubiese dejado llevar por uno de los fantasmas peripatéticos de Córdoba y decidiera presentarla con un relato corto por derecho propio. Y es que incluso el prólogo no es para un lector casual.

Incluso la portada, el tono hueso de las hojas y el truculento granate de las primeras páginas nos predisponen a lo cruento, a una narración de frases largas y párrafos densos. A desasosegarnos. Todo conforma un lienzo que sabrá recompensar a quien dedique tiempo y paciencia, y desanimará a quienes busquen lectura veraniega y ritmos rápidos.

Carlos Díaz

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