Paloma solitaria (Lonesome Dove, Larry McMurtry, 1985)

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“Toda Norteamérica se encuentra al final del camino del salvajismo, y nuestro pasado no está muerto. Nuestros antepasados llevaban la civilización en su interior. Vivimos en la civilización que ellos crearon, pero en nuestro interior aun late el salvajismo. Vivimos lo que ellos soñaron, y lo que ellos vivieron lo soñamos nosotros”.

Es el propio McMurtry quién elige esta cita de T. K. Whipple como epígrafe del libro y a buen seguro es una buena síntesis de la razón que le llevó a escribirlo. En Paloma solitaria nos encontramos con un grupo humano que debe transportar reses desde un rancho de Texas cercano a la frontera mexicana, hasta la recién descubierta Montana, a casi 3.000 kilómetros de distancia. Corre el año de 1876 y los grandes tiempos de la aventura todavía distan de desaparecer. Pese a ello, los dos protagonistas de la novela, el Capitan Augustus “Gus” McCrae y el Captain Woodrow F. Call, dos ex Rangers de Texas bregados en mil batallas, se están haciendo viejos. Son conscientes de haber rebasado ya sus mejores años y sin embargo les queda fuelle para rato. Tras más de una década consumiéndose en su rancho, transportar esas reses y instalarse en Montana es el sueño de Woodrow. El capitán embarcará a Gus, mucho menos entusiasta, y a un variopinto grupo de personajes en la aventura. Durante la misma, se enfrentaran a todo tipo de peligros –exteriores e interiores–, y que duda cabe de que los que lo logren, saldrán cambiados de tal viaje. Nosotros también.

Edición 25 aniversario de "Lonesome Dove"

Edición 25 aniversario de “Lonesome Dove”

Que no les echen para atrás las 850 paginas que tiene este libro. Cuando vean que se acerca el final desearán que tenga 200 más. La baza de McMurtry son los personajes y los que crea en Lonesome Dove son entrañables. Superlativos. Gus y Woodrow son directamente irresistibles. Augustus McRae es un tanto calavera, su falta de modestia –se considera el alma mater del grupo en todos los aspectos– forma parte de su atractivo. Atractivo que cree tener también para todas las mujeres, una de sus grandes pasiones junto al alcohol. No le gusta trabajar, es un vago pintoresco con un sentido del humor que roza la extravagancia. El contrapunto perfecto de Woodrow, un tipo serio en el sentido más riguroso de la expresión. A Woodrow Call no le gustan los haraganes, utiliza la palabra justa y tiene muy poco sentido del humor. Es un tipo duro, trabajador y obsesivo con bastantes problemas afectivos.

Si estos Don Quijote y Sancho Panza del Oeste son irresistibles, no lo son menos el resto de integrantes de la pandilla. Newt es un joven un tanto inseguro, un huérfano criado por Gus y Woodrow. Es hijo de Maggie una prostituta que frecuentaron tanto Gus como Woodrow unos años atrás y que falleció cuando él era todavía un niño. Atención, porque McMurtry siempre ha dicho que Newt es la “Paloma solitaria” del título. En el grupo, también encontramos a Jack Spoon, un antiguo camarada de Gus que reaparece tras más de diez años en paradero desconocido y que viene huyendo de la justicia por haber matado por accidente a un pobre dentista de Fort Worth. Joshua Deets es un ex-exclavo que trabaja como peón y parece ser uno de los pocos hombres que Call respeta. Luego están el bueno e inocentón Pea Eye, el simpático cocinero Mexicano Bolivar, el habilidoso vaquero Dish, el tímido ayudante de sheriff Roscoe Brown … la lista es larga y a buen seguro cada lector encontrará su personaje secundario favorito. Las mujeres de Lonesome Dove son criaturas tan perdidas como los hombres, pero guardan la fortaleza habitual que imprime McMurtry a sus personajes femeninos. Merece una atención especial Lorena Wood, la prostituta de gran carácter que sueña con una vida mejor en San Francisco y esta dispuesta a conseguirla con empeño. Es uno de los mejores personajes de la novela y tiene momentos de gran intensidad dramática. Por último el indio, Blue Duck, asesino, violador, jefe de una banda de desheredados… es una cuenta pendiente de los tiempos de Rangers de los dos protagonistas y a veces es también una metáfora, una especie de implacable Michael Myers del Oeste con escenas de gran brutalidad. En definitiva, la caterva de personajes que pueblan las paginas de Lonesome Dove es consistente, tiene vida propia e incluso los más secundarios, como Bolivar o Deets, pueden dejar una huella imborrable en el lector.

Edición española de "Paloma solitaria"

Edición española de “Paloma solitaria”

En los Estados Unidos existen dos palabras para designar la frontera, border y frontier son dos cosas distintas. La primera significa una línea establecida legalmente o tolerada por dos estados, una simple raya administrativa que separa legalmente dos entidades políticas o nacionales diferenciadas. La segunda es la gran frontera, la que puede medir muchos kilómetros de ancho, el territorio inexplorado o todavía sin ley en el cual uno se aventura bajo su responsabilidad; sin la protección de ningún sistema de gobierno organizado. McMurtry utiliza la gran frontera como marco de fondo, le sirve para describir paisajes y situaciones con gran acierto –imposible olvidar las noches estrelladas, los inmensos cielos, las praderas desnudas e interminables que nos muestra la novela– pero los despoja del mito, huye de los clichés del western para contarnos otra cosa. El nos habla del amor, del amor en general, el romántico y el fraternal, de las relaciones a todos los niveles entre la vieja especie humana. Y todo ello sin dejar de ser una novela de aventuras, ahí está la gracia. Por otro lado, ese afán por la desmitificación le juega malas pasadas, al fin y al cabo, como el mismo reconoce en una entrevista concedida a George Getschow y Bill Marvel para el Texas Monthly, “Intenté desmitificar el oeste tan intensamente como pude. No pude. Es imposible. Escribí un libro titulado Lonesome Dove, que me pareció una larga critica de la mitología occidental. Ahora es una de las fuentes principales de la mitología occidental. No me molesta en absoluto” (de nuevo, la traducción es mía).

El estilo de McMurtry es claro y diáfano. No persigue lo rebuscado, no adjetiva a lo loco ni parece complicarse demasiado la vida. Sin embargo, de sus manos sale poesía en prosa y todo esta muy pensado. Cada uno de los personajes realiza una carrera propia, crecen y fluyen ante nuestros ojos casi sin que nos demos cuenta y de repente ahí están, son como de la familia. Son personas sencillas pero la aventura y las situaciones que viven les obligan a destapar sus emociones, a reflexionar, a preguntarse si hay algún un sentido en todo lo que hacen. No me puedo resistir a copiar un fragmento de los pensamientos del ex-esclavo Deets que me llamó mucho la atención: “Después de la terrible batalla de Fort Phantom Hill, una vez soñó que los indios habían conseguido llevarse la luna por encima de una de aquellas pequeñas colinas que cubrían todo el oeste de Texas. La habían hecho detenerse en la cima de una montaña para poder saltar a caballo sobre ella. A veces aún pensaba que podía haber ocurrido y que había comanches o kiowas galopando por la luna”. Trasladar miles de reses de un punto a otro, afrontando continuamente peligros de muerte y sin saber si vas a llegar al objetivo, da para mucha reflexión, pero repito, todo eso se desliza ante nosotros sin resultar agobiante en ningún momento, al contrario, es una de las mayores bazas de la obra.

Fotograma de la miniserie de 1989 con Tommy Lee Jones y Robert Duvall

Fotograma de la miniserie de 1989 con Tommy Lee Jones y Robert Duvall

Los paisajes son evocadores, las descripciones y las escenas duran el tiempo necesario. El ritmo es perfecto. El escritor estuvo muy inspirado al escribir este libro, mucho. Pero le llevó tiempo. A la mitad del proceso se dedicó a escribir otra novela para descansar. ¡Para descansar! Y le salió algo tan diferente como La rosa del desierto (The Desert Rose, 1983), una novela de encargo sobre una entrañable showgirl de Las Vegas, que debía convertirse en película, aunque no fue así. Se editó por estos pagos, pero con una traducción que deja bastante que desear. McMurtry escribe todos los días del año –o lo hacia hasta hace poco– para él no existen fines de semana ni festivos. Y eso es algo que se nota. Tiene mucho oficio, y sabiendo que me repito diré que en Paloma solitaria alcanza sus mayores cotas de grandeza. Luego, existe una miniserie de 1989 dividida en cuatro episodios con Robert Duvall y Tommy Lee Jones que es también una pequeña joya, pero diferente. Se complementan de manera notable pero me veo obligado a repetir aquello tan manido de que el libro es mejor que la película.

Esta novela tiene algo de western crepuscular y pese a jugar a la desmitificación muchos de los protagonistas son auténticos héroes, héroes humanos si ustedes quieren. La manera de ser de los americanos se cuela por todos los poros de la narración, aquí encontraremos pioneros, cowboys, indios, grandes empresarios que no saben que lo son, forajidos…etc. No falta ningún estereotipo y sin embargo todos nos resultan nuevos, luminosos. Solo puede haber un Gus McRea en todo el universo. Lo he conocido gracias a McMurtry y le estoy muy agradecido por ello. Algunos libros tienen vida en su interior. Sus paisajes, sus personajes, su manera de interpretar la realidad, te transportan a su interior –en este caso te transportan al viejo y salvaje Oeste– y hacen que lo veas de otra forma, cambian tu manera de entender el género. Lo hojeé para escribir esta reseña y me lo he vuelto a leer entero. Me pasa con muy pocos libros. Lonesome Dove es una auténtica gozada, una experiencia única.

Dani Morell

(Más información sobre Larry Mcmurtry en: Larry McMurtry, desde Texas con amor)

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