Larry McMurtry, desde Texas con amor.

caplarrymcmurtry“–Es una vida paradójica –prosiguió Augustus–. Todo este ganado y nueve de cada diez caballos son robados, y sin embargo en otro tiempo fuimos respetados guardianes de la ley. Si llegamos a Montana tendremos que meternos en política. Tú terminarás de gobernador si aquel maldito lugar acaba por ser un Estado. Y pasarás toda tu vida dictando leyes contra los ladrones de ganado.”

Larry McMurtry (Paloma solitaria, 1985)

Larry McMurtry entró a formar parte de mi vida lectora a las pocas paginas de empezar Paloma Solitaria (Lonesome Dove, 1985). De repente, quise saber quien era ese señor de Texas, que más había hecho y porqué no había oído hablar nunca de él –en los Estados Unidos parecía ser una auténtica eminencia–. De ahí surgió la idea inicial de escribir una reseña al uso sobre el libro. No obstante, la cosa se alargó un poco a causa de la presentación del escritor y al final el artículo se dividió en dos partes autónomas. Vamos, que se me fue un poco de las manos. Este primer texto introduce al autor y repasa su biografía y el siguiente reseña la novela. Al fin y al cabo un novelista y ensayista tan olvidado en nuestro país –y que tantas horas de placer me ha dado– merece una presentación en condiciones.

Ganador del Pulitzer en 1985 por el libro que comento, McMurtry ha sido un autor muy prolífico que solo ha conocido unas pocas traducciones al español, la mayoría descatalogadas a día de hoy (si no fuera por la gente de Gallo Nero, que se ha atrevido con dos de sus novelas, estaríamos hablando de un auténtico desierto). Debemos asociar su nombre al cine, a Texas y, en cierta manera, a la agitación social de finales de los 60 –esto último es muy curioso en un autor conocido mayormente por el western–. Pero vayamos por partes.

Larry McMurtry

Larry McMurtry

Desde principios de los sesenta hasta hoy, el cine y McMurtry han ido cogidos de la mano. Pocos escritores han visto trasladadas tantas de sus obras –y con tanto éxito– a la gran y a la pequeña pantalla. El escritor dio el pistoletazo de salida en 1962 con Horseman, Pass By, que en muchos países se publicaría con el titulo Hud (Hud, el salvaje en España) gracias al enorme éxito que obtuvo la película que rodó el perseguido por el mccarthismo Martin Ritt a partir de la novela. El libro, que a ritmo del viejo country de Hank Williams gira alrededor del enfrentamiento generacional y el progreso en la Texas rural, es muy notable para tratarse de una opera prima. Decir que apunta maneras sería quedarse corto pues contiene ideas y diálogos –me viene inmediatamente a la cabeza el potente speech de Homer Bannon sobre el petróleo hacia el final del libro– que marcarán totalmente la pauta de la futura producción literaria de McMurtry. Huelga decir que la película, pese a suavizar los aspectos más ásperos de la personalidad de Hud (Paul Newman) en aras de la comercialidad, es también muy recomendable y hay que darle de comer aparte.

No tardaría en llegar su primera obra maestra, la colosal La última película (The Last Picture Show, 1966) llevada al cine por Peter Bogdanovich con idéntico titulo en 1971. En esta ocasión, McMurtry también se encargaría de adaptar el guión –entrando de lleno en los tejemanejes del séptimo arte– y no me atrevería a decir cual de las dos obras –la novela o la película– es más memorable. Imposible olvidar al grupo de amigos que despiertan a la vida en Thalia, aquel modesto, olvidado y económicamente degradado pueblo del oeste de Texas imaginado por el escritor –y que no es otro que una proyección del suyo propio, Archer City–. Que se encontraran McMurtry y Bogdanovich, justo en aquel momento de sus carreras no puede considerarse menos que un pequeño milagro. El escritor continuaría la saga, denominada Duane Moore Series por uno de los protagonistas de la trama (Jeff Bridges en la película), con cuatro novelas más que, lamentablemente, ya no han visto la luz en nuestro país. Veinte años después, Bogdanovich se reencontraría con los personajes de Thalia y acometería la adaptación de la primera secuela con Texasville (1990), una película que no me parece tan floja como se suele decir pero que mantiene un tono mucho más ligero, muy diferente al de su predecesora.

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Una edición reciente de “The Last Picture Show” con Cybill Shepherd en la portada.

Sidney Lumet, otro de los grandes de los setenta, dirigiría en 1974, Lovin’ Molly, un drama generacional ambientado en Texas basado en su segunda novela, Leaving Cheyenne, de 1963. Confieso que me ha sido imposible encontrar la cinta por el momento y si no me equivoco, el libro no ha conocido traducción por estos pagos. Por el contrario, sí vio la luz en España La fuerza del cariño (Terms of Endearment, 1975), una bellísima comedia dramática, cargada de humor inteligente y de tragedia, situada en Houston, Texas. La fuerza del libro radica en el choque continuo de la arrolladora personalidad de Aurora Greenway con su hija Emma –y con todo el mundo, al fin y al cabo–, creando personajes muy reales, de aquellos que nos cuesta abandonar al terminar la lectura. James L. Brooks se encargó de trasladar la obra a la pantalla con Shirley McLane, Debra Winger y Jack Nicholson de protagonistas, en una exitosa película de 1983, que sin embargo no es tan aguda como la novela. Este libro forma parte de su serie ambientada en Houston (Houston Series) y es la única de las seis que la conforman, si exceptuamos La fuerza del cariño II (The Evening Star, 1992), que ha visto traducción al castellano. Esta última, como no, también cuenta con película: La fuerza del cariño, la historia continua, mucho más discreta que su predecesora (dirigida por Robert Harling y con Shirley MacLaine, Bill Paxton y Juliette Lewis en cabeza de cartel).

Y por fin llegamos a los westerns. Lonesome Dove es su obra cumbre, tiene tres secuelas –todas ellas con su correspondiente miniserie–, y hablaré más extensamente sobre ella en una reseña especifica. Pero dentro del género, es conocido también por Las pioneras (Buffalo Girls, 1990) en la cual ficciona la vida de Calamity Jane, Buffalo Bill, Toro Sentado y su tropa. Existe también un más que correcto telefilme de Rod Hardy, con Anjelica Huston, Melanie Griffith y Gabriel Byrne. Pocos años antes hizo lo mismo con Billy el niño y nos regaló Querido Billy (Anything for Billy, 1988), por suerte también traducida al castellano. Se trata de una novela más corta pero igual de interesante en la que se atreve a cambiar el apellido a Billy y mezclar situaciones reales con otras inventadas que difuminan la realidad y la leyenda con un estilo desmitificador muy propio, que viene caracterizando los últimos años de su carrera.

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Edición española de “Las pioneras” (Buffalo Girls, 1990)

McMurtry, aparte de un grandísimo narrador, es también un historiador, un estudioso de los Estados Unidos que ha centrado gran parte de su vida a la divulgación y el ensayo. Pese a contar con una respetable producción de biografías perfectamente rigurosas sobre figuras históricas como el General Custer o Caballo Loco –esta última, editada en España y tan interesante que se lee de una tacada–, no le tiembla el pulso a la hora de alterar, cambiar e inventar nombres, fechas y acontecimientos en sus obras de ficción. América se ha construido y se construye bordeando el mito y la leyenda –el genero western ejemplifica eso de una manera luminosa– y McMurtry sabe romper y a la vez explotar esa particularidad con una maestría absolutamente fuera de serie. Me atrevo a decir que solo John Ford, un autor muy alejado ideológicamente del escritor que nos ocupa, le iguala en eso.

Como explica Jack Butler en su articulo “The Irresistible Gunfighter” para el New York Times, “McMurtry esta haciendo algo con el oeste de los Estados Unidos que es muy parecido a lo que hizo William Faulkner con el Mississippi. Igual que Faulkner, el señor McMurtry esta tejiendo una historia completa. En sus últimos libros, ha ido alternando el viejo y salvaje Oeste del pasado con el del presente” (la traducción es mía, pido disculpas).

Y esto me viene como anillo para hablar brevemente de la que a buen seguro sea su colaboración más comercial con el cine de Hollywod. Me refiero a Brokeback Mountain, el popular blockbuster de Ang Lee del año 2005. En aquella ocasión no partía de un trabajo original –McMurtry se encargó de adaptar un relato corto de la escritora Annie Proulx–, pero el magnífico guión y la producción ejecutiva del filme sí que fueron obra suya. Brokeback Mountain es directamente un neo-western que tuvo mucha repercusión en su momento por el tema sobre el cual pivota. La homosexualidad en el rudo universo de los cowboys todavía es algo considerado tabú en muchas mentes conservadoras. Me temo que las numerosas insinuaciones e indirectas –en ocasiones muy directas– que encontramos en el género a lo largo de la historia les desautorizan. El escritor se llevó ese año el Globo de Oro y el Oscar al mejor guión adaptado por Brokeback Mountain.

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Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005)

Toca hablar de Texas. McMurtry ambienta casi todas sus obras en el estado más grande y peculiar de los USA y por supuesto, la siguiente asociación que debemos hacer es para con su tierra natal. Nuestro autor ama a los Estados Unidos en general, pero le dedica una especial atención a lo local. La librería de su propiedad, “Booked Up Inc”, situada en Archer City, la pequeña y remota localidad que le vio nacer, es un paradigma del arraigo territorial del que siempre ha hecho gala y de su vocación por llevar lo local a lo global y viceversa. De alguna manera, a finales de los 80, McMurtry sacó tiempo de debajo de las piedras del desierto tejano para crear una pequeña cadena de librerías y acumular en ellas cantidades absurdas de libros. En 2012 tuvo la idea de sacarse de encima una parte de ese monstruo –unos 300.000 volúmenes– y organizó una legendaria subasta que la prensa bautizó como “The Last Book Sale”, en homenaje a su libro La última película (The Last Picture Show). Actualmente el escritor mantiene abierto solo uno de aquellos establecimientos. Sin embargo y pese a todo lo dicho, la mejor prueba que tenemos de su amor por Texas y los USA siguen siendo sus obras, solo hace falta acercarse a la mayoría de sus libros para comprobarlo.

Y quien mucho ama mucho sufre, sobre todo si tiene un poderoso espíritu crítico –como es el caso–. Al viejo Larry no le tiembla el pulso a la hora de desmitificar, apuntar los defectos, las desigualdades, las injusticias y los abusos que le rodean; pero lo hace de una manera muy velada y elegante, casi con resignación, y sobre todo sin ningún tipo de maniqueísmo. Al despojar de romanticismo y mito un pasado supuestamente glorioso te enfrentas a él y a la gente que lo sustenta y eso no suele gustar a todo el mundo.

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The Last Book Sale

McMurtry estudió y se codeó con escritores de la talla de Ken Kesey, Peter S. Beagle o Wallace Stegner, este último, autor de Ángulo de reposo (Angle of Repose, 1972), otro enorme western sobre pioneros que también se alzó con el Pulitzer. Su amistad con el rebelde Kesey, autor de Alguien voló sobre el nido del cuco (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, 1962), le puso en contacto con la élite del mundillo contracultural de finales de los sesenta, llegando a ser un habitual de Perry Lane, el enclave bohemio de la Universidad de Stanford (California). Allí conoció a los Merry Pranksters, aquel grupo de hippies y ex-beatniks cargados de acido que se dedicaron a recorrer los Estados Unidos en un autobús escolar pintado de colores chillones. McMurtry no viajó en aquel estrafalario vehículo conducido por el pope de la Beat Generation Neal Cassady y su amigo Kesey –y en ocasiones escoltado por los mismísimos Ángeles del infierno–, pero los acogió en su casa de Houston con los brazos abiertos.

Quien desee conocer un poco más la experiencia y la polémica –detenciones, juicios y fugas a México incluidas– que rodeó a los Merry Pransters y su psicodélico road trip, deberá acercarse al libro Ponche de ácido lisérgico de Tom Wolfe, en el cual se narran las peripecias del variopinto grupo y su relación con el autor que tenemos entre manos. De hecho, Wolfe se valió de la correspondencia entre Ken Kessey y su colega McMurtry para completar varios episodios de la aventura, y según sus propias notas, las cartas “eran desaforadas e irónicas, escritas en un estilo entre William Burroughs y George Ade, y hablaban de escondites, disfraces, paranoia, huidas de la policía, consumo de porros y búsqueda del satori”. Eran tiempos de libertad y apertura, de probar nuevas experiencias y nuevas maneras de entender y enfrentar al mundo y McMurtry no se mantuvo del todo al margen.

Los Merry Pranksters

Los Merry Pranksters en todo su esplendor

Desde aquellos años locos hasta hoy, McMurtry ha participado en diferentes campañas de concienciación y prestado su apoyo a escritores perseguidos por regímenes totalitarios. Ha investigado, relatado y denunciado las masacres que se cometieron con los nativos americanos, apuntando incluso a las desigualdades e injusticias de las reservas indias actuales. También son especialmente relevantes sus años como presidente y representante de la PEN American Center, la asociación que defiende la libertad de expresión de los escritores de Estados Unidos desde 1922. Dentro de la misma, ha prestado testimonio en causas judiciales a favor de autores que demandaban asilo en los USA y ha encabezado protestas contra políticas restrictivas de las diferentes administraciones junto a escritores y pensadores de la talla de Susan Sontag o Norman Mailer.

Como muchos grandes creadores, Larry McMurtry se ha pasado la vida escribiendo el mismo libro. Tiene un toque mágico a la hora de construir personajes que esta fuera de toda duda, y aunque él mismo los sitúe en universos e historias diferenciadas encontraremos muchos puntos en común en toda su bibliografía. Sin embargo, la sublimación de este largo camino es Paloma solitaria. La plenitud de su carrera. Tiene algunas maravillas anteriores y posteriores, he intentado dejarlo claro en este texto, pero su obra cumbre es esta y no otra. Uno sabe cuando ha encontrado un diamante, o al menos, su diamante. Lonesome Dove es uno de los míos.

Continua con: Paloma solitaria (Lonesome Dove, Larry McMurtry, 1985)

Dani Morell

 

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