Rancho Drácula (Silver Kane, 1960)

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Me topé con Silver Kane gracias a Francisco González Ledesma, un escritor “serio” que entre otros premios se ha llevado el Planeta y la Creu de Sant Jordi. Su saga del barcelonés inspector Méndez me tiene enamorado. Ya reseñé en estas páginas Una novela de barrio y escribí todas las alabanzas que se me ocurrieron en aquel momento. Su inefable Méndez incluso se llevó al cine en los 80 en una simpática película con José Luis Lopez Vazquez titulada Crónica sentimental en rojo y que fue la última dirigida por Francesc Rovira-Beleta, otro pedazo de historia de Barcelona con forma de director de cine. También lo cuento en la mencionada reseña.

Pero antes del merecido reconocimiento –y de ser considerado eso que llaman un escritor “serio”– Ledesma fue Silver Kane. Y lo fue durante muchos días y durante muchas noches, porque llegó a escribir más de mil novelas de a duro bajo este seudónimo. Se dice rápido: más de mil. El propio Ledesma cuenta en su página web que el nombre de Silver Kane se le ocurrió hacia 1952 mientras estaba escribiendo una novela policiaca que quería vender a la Editorial Bruguera –luego hablaré inevitablemente de esta casa–, lo creó en una noche de cansancio en su pequeño piso de la calle Tapioles de Barcelona, en el popular barrio de Poble-sec, convencido que ese seudónimo le serviría solo para un par de años. Poco antes, en 1948, había ganado el prestigioso Premio Internacional de Novela con Sombras viejas, pero no logró verla publicada al toparse con la censura. Se le tachó de rojo y de pornógrafo y no le quedó otra que volcarse en Silver Kane.

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Francisco González Ledesma

Ledesma escribía estos bolsilibros a destajo, a razón de uno o más por semana, en pleno franquismo y con unas directrices férreas por parte de la editorial y la censura. Evidentemente la calidad del conjunto se resentía. Pese a todo, cuando escribes centenares de novelas –y sobre todo cuando eres Francisco González Ledesma-, muchas te salen bien. Tienen ese algo que te atrapa y te hace pensar que detrás de ese seudónimo se esconde alguien con las ideas claras. Por más cerrada que sea la censura todo eso termina por traspasar a las historias y aflorar en ellas. Como dijo el escritor y cineasta Alejandro Jodorowsky preguntado sobre su afición a leer a Kane:

Estas novelitas están muy bien escritas, entretienen a rabiar, son crueles, supermachistas, inteligentes, embebidas en un surrealista sentido del humor, siempre diferentes las unas de las otras. Es tan anarquista su contenido que me parece un milagro que Franco no mandara fusilar a Silver Kane.

Cuando no había tantos canales de televisión, ni internet, ni playstation se leía mucho más que ahora. Las novelitas de kiosko llegaban a vender más de dos millones de ejemplares al año –también se dice rápido–. Dos millones de novelitas de a duro que pululaban por todas partes ofreciendo en sus portadas grandes aventuras espaciales, misteriosos asesinatos a resolver, terroríficas historias de ultratumba y sobre todo westerns crepusculares. De cierta manera, fueron los precursores del spaghetti western y siguieron escribiendo y vendiendo durante el boom del popular subgénero cinematográfico. Silver Kane escribió más de 400 westerns y fue en ese terreno donde más destacó. Colecciones como Bisonte, Kansas o Ases del oeste y editoriales como Bruguera o Molino fueron responsables y canalizaron esta fiebre. Como cuentan los que la sufrieron, Bruguera fue una locura, una empresa que vendía sin miramientos, como si los libros y los tebeos fueran rosquillas. Al final todos sus autores se marcharon, cansados de ser tratados como rosquillas y la mitica editorial cerró. Pero lo que dejó detrás provoca verdadero vértigo y todavía hoy resulta imposible de catalogar.

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Francisco González Ledesma escribió muchísimos westerns cuando era Silver Kane. También hizo terror, policiaco, bélico y algo de ciencia ficción, pero el grueso de su obra se centra en las historias del oeste. Es en ellas donde despliega su máximo esplendor Silver Kane. Tiene su lógica que los géneros que más cultivó terminen por juntarse, y es aquí donde nace lo bizarro que tanto nos atrae. Rancho Drácula es un weird western, uno de los más celebrados y una verdadera pieza de coleccionismo en su edición original.

En el libro se nos cuenta la historia de Harper, un rico coleccionista que decide atesorar su colección en un rancho solitario perdido en el desierto de Nevada. Un buen día se va a San Francisco y le compra el ataúd de Drácula a un tipo llamado Mortuorio Ferguson. En la desagradable caja hay un poco de tierra de Transilvania con lo cual podría ser que al viejo conde se le ocurriera hacer acto de presencia para reclamar su propiedad y echar una cabezadita. Solo comprarlo a Harper le entra el pánico, pero ni corto ni perezoso se lo lleva al rancho, donde da la casualidad que vive con su guapa hija y ocho rudos guardaespaldas. La mansión y esa olvidada zona del desierto pronto se convertirán en el camarote de los Hermanos Marx, pues por allí harán acto de presencia un grupo de forajidos comandados por el malvado Colman, un cuatrero condenado por defender a su familia llamado Larry Percival, el socio de Harper, un sheriff y su ayudante y hasta el novio de la hija del coleccionista –que si por no lo he comentado se llama Gladys–. Imaginen si en medio de todo este fregado apareciera Drácula buscando su lecho.

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Rancho Drácula (Editorial Bruguera, 1960)

Seguramente esta no es la mejor novelita de a duro de Silver Kane, pero es muy divertida. De hecho, como él mismo ha contado más de una vez, muchas de estos libros eran refritos de títulos anteriores, cambiando los nombres a los personajes y añadiendo alguna trama nueva. Escribir 1200 libros de kiosko es lo que tiene. No se extrañen si se aficionan a los bolsilibros y un buen día se encuentran la misma historia de Rancho Drácula pero sin la trama vampírica. También los diálogos son descacharrantes y muy básicos. No se esperen encontrar las filigranas, el cinismo y el texto entre líneas del Ledesma de la saga del inspector Méndez. Aquí la brocha es gorda y nadie está por delicadezas –ya se pueden imaginar el machismo que flota en el ambiente–.

Los personajes son casi parodias de los cowboys y forajidos que el público conocía a través de las películas y eso lo hace todavía más divertido todo. Las tramas y subtramas están bien atadas, pero sus protagonistas se deberán terminar de definir en nuestras mentes a partir de los clichés preestablecidos. Como ya habrán pensado al leer la sinopsis de más arriba, los nombres de los susodichos tampoco tienen desperdicio ninguno –solo diré: Mortuorio Ferguson y Larry Percival–.

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Rancho Drácula (Editorial Darkland, 2014)

Las escenas de acción son breves y contundentes, no se hacen farragosas y también se resuelven como en las películas. A menudo se utiliza el cliffhanger para mantener el suspense de un capítulo a otro. El tema de Drácula no se puede comentar sin hacer spoilers, pero baste apuntar que en estos libritos también hay lugar para la comedia. Sin embargo, no se crean, la atmósfera de terror y la oda a lo macabro y lo extraño se encuentra bien presente en toda la historia.

Si tenemos bastante claro lo que era un bolsilibro y lo que pretendía, a la vez que lo sabemos situar en su debido contexto, nos lo vamos a pasar en grande. Si se entra en el juego es prácticamente imposible aburrirse en ningún momento. Rancho Drácula no es ninguna excepción y además tiene el ingrediente “weird” añadido.

Dani Morell

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