Wayward Pines. El paraíso (Pines, Blake Crouch, 2012, Ed. Destino, 2015)

pines01Pongamos un poco de música misteriosa e intrigante y adentrémenos en mi reseña sobre Pines, la novela en que se basa la inminente serie de televisión Wayward Pines, producida por M. Night Shyamalan. Como mi compañero Javier J. Valencia se encargará de la adaptación televisiva, yo me voy a centrar únicamente en la novela. Hay una potencialidad para el spoiler terrible, y es casi imposible hacer una reseña mínimamente detallada sin incurrir en lo que alguien puede considerar spoiler. Con esto aviso de que quizás haya alguno muy leve, poco más de lo que ya sale en el trailer. Así que si eres de los que alguna vez ha considerado una portada de libro como un flagrante spoiler –se me ocurre la portada de Danza de Dragones de George R. R. Martin, por poner un ejemplo – huye de aquí. Si eres una persona un poco sensata, no encontrarás nada grave que te impida disfrutar de la serie o la novela.

Pines es la primera parte de una trilogía ya completa – PinesWayward y The Last Town– escrita por Blake Crouch. No sé mucho del autor, más allá de que nació en 1978, vive en Colorado, y demuestra una clara orientación hacia el best-seller más comercial. Se percibe cierto tufillo a Twin Peaks o Expediente X, o al menos así lo intentan vender, pero hay muchas, muchísimas diferencias, una vez se ahonda. Sí, hay un pueblo misterioso plagado de personajes extraños, y sí, hay agentes federales que entran en conflicto con lo –aparentemente, quién sabe- sobrenatural. Y no le veo muchas más similitudes. Pero para estos temas ya tenemos a nuestro propio experto en El pájaro burlón, y no me atrevería a incurrir en su ira por un comentario desafortunado.

pines02El protagonista principal es Ethan Burke, un agente del servicio secreto estadounidense al que asignan la misión de encontrar el rastro de dos compañeros suyos desaparecidos. Cuando sufre un terrible accidente de coche, despierta en el hospital de Wayward Pines aquejado por grandes lagunas en su memoria. Y aquí empieza a desarrollarse el misterio, ya que el pueblo es muy peculiar. Lo primero que llama la atención de Ethan es que está totalmente aislado. Allí donde no hay acantilados cortados a pico, hay una valla electrificada y bien vigilada por los hombres del sheriff Pope. Tal valla parece tener dos utilidades: mantener a sus ciudadanos dentro, y a unas misteriosas criaturas fuera. A mí al instante me recordó a El Bosque, de M. Night Shyamalan, pero mucho más orwelliano. El sheriff controla a todos sus ciudadanos, y Ethan encuentra todo tipo de imprevistos para comunicarse con el exterior: su móvil no tiene cobertura, no encuentra sus pertenencias, no puede salir del pueblo…. También parece que los ciudadanos son bastante vagos e imprecisos respecto a cómo llegaron al pueblo e incluso la ambientación tiene cierta cualidad onírica. Todo tipo de hipótesis surgen o parecen tener cabida en Wayward Pines: viajes en el tiempo, alucinaciones colectivas, sectas, e incluso algún ciudadano del pueblo cree estar muerto, en una especie de purgatorio. Y esto es solo el principio.

El ritmo de la novela es rápido, directo, pero como buen thriller también pretende mantener el interés y la tensión en todo momento. Al igual que ocurrió con la serie Perdidos, se suceden los giros en la trama, siempre con nuevas revelaciones cada cual más sorprendente. A diferencia de la mencionada serie, en Pines sí se nos aclaran muchos de los interrogantes planteados.

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Blake Crouch

El libro es una primera parte de una trilogía, pero casi se puede leer de forma autoconclusiva, ya que en su desenlace se nos revelará el gran secreto. Y es que con M. Night Shyamalan apadrinando en la producción, está claro que algo de eso iba a ocurrir. El director de cine es conocido por esos desenlaces inesperados, lo cual obra en su contra, ya que se ha convertido en una especie de marca de la casa, y hace que quien vaya a ver una de sus películas esté especialmente atento. Tanto hype puede generar el efecto contrario, si las expectativas no se cumplen. Y para generar cliffhangers aún más dolorosos, se intercalan capítulos de la esposa de Ethan, que está intentando encontrar a su marido desaparecido, como si fueran dos mundos diferentes.

El problema es que la novela tiene muchos, muchísimos agujeros. Ya he dicho que explica los grandes interrogantes, así que ese no es su gran fallo. Su gran fallo es la sucesión de pequeños errores de los adversarios del protagonista, las coincidencias y casualidades, y en general, todo lo que confluye para mantener los engranajes girando. No hablo de un deus ex machina, sino de una cantidad ingente de pequeños sucesos que permiten que todo se mantenga en funcionamiento, y que llega a sonrojar. De esta forma, para disfrutar la novela –y veremos si con la serie pasa lo mismo- es mejor no ser especialmente quisquilloso con los planos y motivaciones de los villanos o conspiradores. Es lo mismo que ocurre con las películas de James Bond, y esas mentes criminales que siempre dan oportunidades al agente británico para que les venza. Hay que disfrutar, y punto.

Aspectos positivos de la novela:

  • Ritmo trepidante, con abundantes giros que mantienen confundido pero enganchado al lector, intentando descubrir qué está sucediendo. La lectura es rápida y sencilla, accesible y sin florituras.
  • La mezcla de géneros. Es un thriller de investigación y psicológico, con pasajes que rondan la fantasía y el terror, y en general funciona como un todo homogéneo.
  • La adaptación televisiva. Esto no es un aspecto positivo de la novela en sí. Es un aspecto positivo para quienes me lean, porque estoy convencido de que funcionará mejor como serie que como novela.

Aspectos negativos:

  • Hay escasez de descripciones, especialmente de las localizaciones, lo que produce un distanciamiento con el protagonista o la acción. Si bien el ritmo está bien marcado, el mundo es demasiado superficial. Las descripciones son mayoritariamente asépticas, estériles, carentes de color. Creo que desaprovecha la potencialidad del pueblo como lugar. Podría haber sido un pueblo realmente terrorífico con la atmósfera adecuada, pero pasa sin pena ni gloria.
  • Los abundantes agujeros en la trama, cabos sueltos, y actitudes ilógicas, que hacen que la novela no aguante una lectura detenida, excepto para quien busque ocio fácil sin demasiadas complicaciones.
  • El batiburrillo de referencias, que conforman un pastiche que peca de comercial y poco elaborado. Un pueblo idílico con extraños personajes (Twin Peaks), del que nadie puede salir porque el exterior es peligroso y poblado de monstruos (El Bosque), con un agente federal de protagonista en busca de su compañera desaparecida (Expediente X), que duda de su cordura y roza la paranoia (Shutter Island), y otras muchas que no puedo mencionar para no entrar en spoilers.

Mi opinión personal es que Pines es una novela con vocación comercial. Un refrito de referencias cinematográficas y televisivas con ansias de best-seller que para el lector curtido de género será una broma de mal gusto, pero que probablemente encandilará a su público objetivo, siempre que no se pierda de vista que parece más un guión que una novela. El estilo es ágil, plagado de diálogos y descripciones rápidas, pensamientos fugaces, y situaciones de tensión gracias al constante juego psicológico entre el autor y el lector. Pero el lector que capte las referencias y el estilo, sin duda leerá receloso, dudando de la capacidad del autor para resolver satisfactoriamente los interrogantes. Y sólo lo consigue a medias, porque Pines tiene todos los puntos fuertes y débiles de series como Lost, ya que si el autor no se ha molestado en buscar respuestas a los interrogantes que él mismo plantea para atrapar al lector, se arriesga a generar una sensación de decepción al finalizar. Ahora bien, quienes disfruten más con el viaje que con el destino, tienen aquí su novela.

No le voy a poner nota, ya que ante la duda de si recomendarla, me provoca sentimientos encontrados. Igual es porque aún me siento culpable de haber disfrutado de esta novela, repleta de agujeros y con una calidad literaria más que discutible. Pero es que es verdad que me enganchó.

Carlos Díaz

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