Hellraiser. El corazón del condenado (The Hellbound Heart, Clive Barker, 1986, Hermida Editores, 2017)

El incesante anhelo de un deseo que cae siempre en la insaciabilidad. Ése es el alma del corazón del condenado. Clive Barker publicó en 1986 la novela The Hellbound Heart, y un año más tarde él mismo escribiría y dirigiría la versión cinematográfica, Hellraiser. Cuando la imposibilidad de satisfacer la voluntad constante del ser humano se hace palpable –la voluntad de la propia voluntad- es el instante en que el abismo se hace presente, y la oscuridad del otro lado -ese otro lado que nos persigue, nos susurra, y nos acosa en las sombras de nuestra consciencia- se apodera del timón que hace naufragar nuestro barco desde las profundidades de nuestro subconsciente hasta los territorios desconocidos que hay más allá de las fronteras que nuestro insaciable deseo ha derribado. La muerte como fin y principio del placer imposible de satisfacer, del querer constante ser más, sentir más, gozar más, construye las teclas que formatean las notas musicales de una sinfonía sobre el horror más profundo al que puede conducir la voluntad del ser humano. Todo ello compone una novela breve pero magníficamente escrita que se configura como una notable obra de terror que ya es un clásico en las colecciones del género, la cual, gracias a esta nueva y excelente versión de Hermida Editores –traducida por Juan Carlos Postigo Ríos-, podemos volver a disfrutar nuevamente de forma renovada y actualizada, justamente en el año en que se celebra el 30 aniversario del estreno de la adaptación cinematográfica.

Todas las cosas se cansan con el tiempo y comienzan a buscar algún oponente que las salve de sí mismas[i]. Frank ha logrado encontrar lo que él cree será una forma de satisfacer sus deseos más secretos, su libido más profunda y destructiva: la caja de Lemarchand; un objeto que esconde en sí mismo todo un cúmulo de maravillas que prometen saciarlo de placer absoluto. Al finalmente lograr desbloquear el mecanismo que abre la caja, Frank será testigo de cómo cuatro figuras hacen acto de presencia. Son unos sujetos cubiertos de cicatrices, con la carne perforada, mutilada y deformada. Son los Cenobitas, los visitantes que vienen del otro lado para supuestamente conceder los deseos más profundos a aquellos que hayan sido capaces de invocarles. Lo que desgraciadamente desconoce nuestro protagonista es que ese supuesto placer absoluto que le prometen es el infierno en vida. Frank desaparece con ellos, más allá de este plano de realidad. Un año después, su hermano Rory junto a su mujer Julia llegan para instalarse en la casa. A partir de ese instante, Barker nos muestra un viaje en el que a la supuesta pareja perfecta de ensueño se le van eliminando los velos que pincelan una fachada de hipocresía, al tiempo que ese otro lado vuelve a manifestarse, vuelve a intentar seducir a uno de los personajes, a través de los ecos de la voz de un hombre que regresa convertido en una cosa muy distinta a lo que era antes.

Clive Barker junto a su creación cenobita.

La escritura directa, cruda y austera de Barker construye un cuerpo textual que navega constantemente entre las turbulentas aguas de un sexual drama amoroso y las furiosas llamas de un poso trágico que abraza, aprisiona y ahoga a los personajes. El autor fue capaz de en muy pocas páginas fundamentar un universo terrorífico e infernal, en el que la verosimilitud de todo lo que acontece provoca que el lector empatice desde el inicio, puesto que detecta en la historia un mundo igual que el suyo propio y no una creación de género de terror en la que nos podemos evadir un rato de nuestra realidad. La realidad de El corazón del condenado es nuestra realidad, lo que termina arrastrando el horror de la narrativa de Hellraiser a nuestra propia habitación, junto a nosotros, como esa misma oscuridad que acosa y seduce por partes iguales a los protagonistas, conformando una excelente novela que envejece fenomenalmente con el paso del tiempo, siendo ya desde hace años una pieza fundamental para cualquier amante del género.

Había cometido un error al abrir la caja de Lemarchand. Un error atroz.
-Ah, ¿ya has terminado de soñar? -dijo la cenobita examinándolo, mientras él, tumbado en el suelo, jadeaba-. Bien.        
La mujer se puso de pie. Las lenguas cayeron al suelo como una lluvia de babosas.
-Ya podemos empezar.[ii]

Xavier Torrents Valdeiglesias

[i] BARKER, Clive. Hellraiser. El corazón del condenado. Hermida Editores, Madrid, 2017. pp.39

[ii] BARKER, Clive. Hellraiser. El corazón del condenado. Hermida Editores, Madrid, 2017. pp.27-28

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