Emociones baratas # 5- Graham Masterton: Desde Escocia con horror

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Ya os lo dije en el anterior Emociones baratas: me he obsesionado con Graham Masterton. Sus historias me entretienen un montón y el hecho de que en este país solo se hayan publicado -siendo generosos- un 1% de estas hace que descubrirlas sea todavía más especial. Ha sido como encontrarme con un Stephen King de Tierra-2, menos sofisticado pero mucho más cafre, que no intenta dar un giro a temas clásicos como el de Maine, sino más bien preguntarse cosas como “¿Y si hago una novela sobre un tanque de la segunda guerra mundial poseído?” y llevarlas a cabo sorprendentemente bien. Y sí, la novela que he usado como ejemplo existe. Pero esa es otra historia para otro momento. Hoy os hablo de una secuela de su primer éxito y una de sus novelas más locas de los años noventa.

The Djinn (1977, Pinnacle Books, 2013, Telos Publishing)

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Harry Erskine, el médium cínico y charlatán protagonista de “Manitú” regresa en una nueva aventura. Esta vez, tras asistir al entierro de su padrino, un empresario petrolífero y coleccionista de antigüedades árabes, muerto en extrañas circunstancias, Harry es advertido por su madrina sobre un peligroso jarrón antiguo que parece contener un temible espíritu o Djinn. Pese a todo lo vivido anteriormente con Misquamacus, Harry parece no creer nada y estar más interesado en ligar con la sexy Anna, una chica que ha conocido en el funeral y que parece tener intenciones ocultas respecto al jarrón. Supongo que eso cimienta el cinismo del personaje y soy consciente que en la época no se intentaba dar tanta continuidad a una novela con otra, ya que así el lector podía leer ésta sin necesidad de haber empezado por la anterior, pero alguna referencia a lo ocurrido en Nueva York no habría estado mal.

Pese a no ser un calco exacto de “Manitú”, la novela tiene una estructura parecida y unas características muy del Masterton de la época; es rápida, corta, narrada en primera persona por Harry, concisa y con sus obligatorios momentos de humor y casquería. Harry, Anna y los otros personajes -entre los que se encuentra un bombástico profesor universitario que parece escrito con Oliver Reed u Orson Welles en mente- dedican más tiempo a la investigación sobre el espíritu en sí que a combatirlo y sus manifestaciones son más sugerentes y sutiles que en “Manitú”, cosa que hace que la historia sea más normal pero que ayuda a que en el clímax todo sea más sorprendente. Masterton sigue esgrimiendo documentación bien entretejida en la historia, usando esta vez las historias de Alí Baba y los cuarenta ladrones y dándoles la consabida pátina lovecraftiana: el número cuarenta no se refiere a los ladrones si no a las cuarenta formas que puede adoptar el Djinn para matar, cada una más repugnante que la otra y que veremos con todo lujo de detalles en la parte final.

El hecho de que toda la acción se desarrolle en o alrededor de una casa en la costa de Boston le da a la historia un aire más costumbrista y “cerrado” que la anterior aventura de Erskine, a lo que contribuye también que el espíritu, pese a ser muy poderoso, no tenga unas ambiciones tan altas como las de Misquamacus; sólo quiere destruir su prisión y, si es posible, echar un casquete ectoplásmico. Y a fe mía que lo consigue, al menos en el tema sexual, en el que vemos a Masterton adelantándose unos cuantos años al tentacle porn nipón, aunque aún no estaba tan desatado mezclando sexo y horror. En definitiva, The Djinn es una novela entretenida sin más que se lee en un santiamén. Erskine es un gran personaje y Masterton seguiría escribiendo aventuras suyas aunque ya lo enfrentarían siempre con su némesis Misquamacus. El público manda, al fin y al cabo.

La pesadilla (The Sleepless, Mandarin, 1993, Editorial Planeta, 1995)

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Si no me equivoco, éste es el último de los tres libros de Masterton traducidos al español junto a “Manitú” y “El hijo de la bestia…”. Y si bien es por pura coincidencia, los tres representan sendas vertientes muy constantes en el autor: mientras que el primero trata el terror con base mitológica y el segundo lo hace añadiendo sexo, “La pesadilla” tira de su afición por los thrillers conspiranoicos que lleva escribiendo desde los inicios de su carrera, pero sin dejar de lado el terror, la casquería e incluso el sexo. Aunque esa mezcla de géneros hace que a veces no sepamos hacia dónde va la novela esto se convierte, en mi opinión, en uno de sus principales atractivos. En uno de los primeros capítulos más brutos que he leído en un libro jamás, el juez de Massachussets John O’Brien viaja junto a su mujer, hija y asociados en un helicóptero rumbo a su nombramiento como juez más joven del Tribunal Supremo de los Estados Unidos. El vehículo sufre un accidente en una playa y todos quedan atrapados dentro, pero parece que van a ser rescatados por un tipo extraño de cara pálida que lleva con él una cizalla de salvamento. Nada más lejos de la realidad, ya que su cometido es asesinar a todos los presentes troceándolos de la manera más detallada y asquerosa posible, excepto a la hija del juez, a la que rapta antes de que se persone allí un equipo de salvamento.

Poco después conocemos a nuestro protagonista -aunque se trata de una novela no exactamente coral pero sí muy “aglomerada”- el investigador de seguros retirado Michael Reardon, al que sus jefes intentan convencer de que investigue el caso del millonario seguro de O’Brien ya que se huelen que no ha sido un accidente. Michael está absolutamente traumatizado por su último trabajo, el accidente aéreo de Rocky Woods en donde murieron cientos de personas y por ello va a sesiones de hipnoterapia en las que tiene extrañas visiones de un hombre al que curiosamente también veía el juez O’Brien en sueños, el terrorífico “Mr. Hillary”. Aunque Reardon acaba aceptando el trabajo deberá lidiar con montones de problemas en Boston, ya que su investigación se desenvolverá en el marco de una de las mayores revueltas raciales a las que se han enfrentado los Estados Unidos y que tiene en jaque a la policía, además de la aparición del cadáver de la hija de O’Brien, Sissy, que ha sido horriblemente torturada. Todas estas tramas consiguen juntarse -algunas con más fortuna que otras- en una investigación que lleva a Reardon y sus colaboradores a cruzarse con unos temibles individuos de cara pálida que nunca duermen y que parecen estar detrás de todos los genocidios importantes de los últimos siglos.

Sí, como veis es todo muy loco. Pero lo bueno de Masterton es que apechuga con ello y lo saca adelante pese a que algunos arcos argumentales se queden por el camino y la novela descarrile ligeramente en su último tercio, “La pesadilla” es una lectura totalmente satisfactoria si vais con la mente abierta y receptiva a asuntos conspiranoicos relacionadas con la hipnosis masiva, las teorías del aura, el antiguo testamento y a saber qué más. Tampoco os irá mal un estómago fuerte; las escenas de torturas, actos violentos y autopsias me han dado repelús hasta a mí, que estoy bastante curtido en asuntos terroríficos. Vais avisados. Y por lo que más queráis, no le dejéis este libro a vuestro cuñado ese que cree en los Iluminati y graba vídeos por youtube desenmascarando a reptilianos. Solo nos faltaba eso.

Víctor Castillo

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