Un estruendo sobre las frondas (Algernon Blackwood, The Wendigo, 1910 / The Man Whom the Trees Loved, 1912, Hermida Ed., 2018)

El señor Blackwood logra en estas novelas un acercamiento íntimo y palpitante a la sustancia más profunda del sueño y provoca enormes estragos en la barrera convencional que separa la realidad de la imaginación.

H. P. Lovecraft

Hace poco más de un año reseñamos por estos lares la novela corta (o relato largo) Los sauces, en lo que ahora parece el primer paso por parte de la editorial Hermida de recuperar algunas de las publicaciones de su autor en un formato sencillo y económico (y que al editarse de forma independiente o más reducida, facilitan la lectura a todos aquellos lectores habituados a llevar siempre un libro encima, que aprovechan el transporte público o las colas del médico o de la delegación de Hacienda para avanzar en sus lecturas. Sí, soy uno de ellos).

En esta ocasión, se recuperan dos relatos del creador de John Silence, investigador de lo oculto. El primero es el mítico El wendigo, particularmente célebre por haber formado parte en la selección de Los mitos de Cthulhu que escogió Rafael Llopis (en el apartado Los precursores) y que publicó Alianza en 1969 y que nunca ha dejado de reeditarse desde entonces. Libro aquel recordado por todos los amantes del terror ya que no solo fue una manera perfecta de introducirse al cosmos lovecraftiano, sino que además dejaba todo un rastro de precedentes y seguidores que los más osados podían investigar. Muchos escuchamos el nombre de Algernon Blackwood allí por primera vez.

¿Que tenía la naturaleza en su forma más salvaje que provocaba en el escritor (un viajero incansable) un amor y un terror casi parejos? Una partida de caza de cinco hombres en busca de un alce particularmente elusivo divide su búsqueda en dos grupos, uno de ellos formado por el veterano cazador Joseph Défago y el joven estudiante de teología Simpson. Pero el primero, al que se le notó un tanto inquieto debido a la zona que debían explorar, pronto empezará a mostrar un comportamiento cada vez más errático debido a una presencia que solo puede intuir, que solo puede oler. Una vez Simpson se descubra abandonado, intentará primero dar con él y al descubrir que Défago ha sufrido ciertos cambios, emprenderá un sufrido camino de vuelta hacia su partida…

¿Qué escondía realmente el mito del Wendigo para Blackwood? En el escalofriante encuentro final de los protagonistas con aquello que parece Défago -que ponen realmente los pelos como escarpias, después de un largo y desasosegante relato sobre lo abrumador que puede ser un entorno natural y que parece haber efectuado de manera precisa y calculada la creación de un entorno, un mood, que lleve al lector al estado de hipnosis adecuado para el encuentro final- se plantean más preguntas que respuestas. ¿Se trata de una posesión, en el sentido más satánico de la palabra, por parte de una criatura más antigua que el hombre? ¿Se trata de una mutación de un ser humano que ha encontrado el camino de vuelta hacia una forma de vida más pura, y quizá por ello tan terrible? ¿O es realmente una liberación por parte de Défago?

Ilustración de “The Wendigo” correspondiente al número de junio de 1944 de “Famous Fantastic Mysteries”.

El segundo relato incluido en Un estruendo sobre las frondas es El bienamado de los árboles. Una pareja de ancianos recibe la visita del pintor Sanderson en su casa, dotado de un excepcional talento para recrear a los árboles en un lienzo. Sanderson y el Señor Bittacy se entienden a un nivel que la esposa del segundo es incapaz de entender: la conexión de él con el bosque es única y especial, desde los años que pasó en la India. El amor de Bittacy por las frondas solo es comparable al que ella siente por el amor a Dios. ¿Cual de ellos prevalecerá?

Blackwood enfrenta los conceptos de naturaleza y religión tal y como eran percibidos en su tiempo -prácticamente idénticos a nuestros días-. De nuevo la generación de un entorno que convierte a los escenarios naturales en un lugar asfixiante y opresivo vuelve a ser el punto fuerte (en este aspecto Blackwood era prácticamente inigualable) si bien en esta ocasión está muy marcado por el hecho de que sea el punto de vista de la Sra. Bittarcy el que mande en la narración, tan temerosa de que la naturaleza absorba a su esposo, tan cercana directamente a la paranoia pura y dura. Respecto a la relación del hábitat en su forma natural y el ser humano y su relación entre ambos, sin las ataduras del lenguaje y el aprendizaje de los hombres, parece incluso haber sido una influencia para Joan Lindsay y su fascinante y enigmática novela editada en 1967 Picnic en Hanging Rock.

Algernon Blackwood nació en el Reino Unido en 1869. Su vocación por las letras le llegó bastante tarde, después de varios periodos residiendo en Canadá y Estados Unidos efectuando labores de lo más diversas, hasta que retornó a su país de origen en el inicio del siglo XX. Se dice que fue miembro de la Golden Dawn y de otras sociedades esotéricas, y en una de ellas conoció al no menos célebre Artur Machen: quién sabe si ese encuentro fue decisivo para que se decidiera a convertirse en escritor. Aunque parece ser que no era algo que le quitara el sueño precisamente, y fue el encuentro casual con un amigo, Angus Hamilton, el que le llevó a presentar su primer libro de relatos, The Empty House and Other Ghost Stories (1906) a un editor. La compilación que publicó un año más tarde, The Listener and Other Stories incluía ya Los sauces. El prestigio que fue poco a poco atesorando se convirtió también en un éxito de ventas con la tercera entrega de historias cortas, ahora protagonizada por un único personaje: John Silence, Physician Extraordinary (“John Silence, investigador de lo oculto”, publicado por Valdemar en Diciembre de 2002), que como su propio nombre indica narraba las andanzas de una suerte de Sherlock Holmes del mundo sobrenatural. Se estima que escribió un total de 150 relatos, 8 novelas, un par de obras autobiográficas y algunas piezas teatrales. En los últimos años de su vida su popularidad se vio resucitada debido a sus apariciones en la televisión británica, donde hizo las veces de comentarista experto de fenómenos paranormales.

Javier J. Valencia

 

 

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