El monstruo de Hawkline (Richard Brautigan, 1974)

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Apuesto a que si les digo que estamos ante un western gótico ya les pica la curiosidad. Pues bien, El monstruo de Hawkline es un western gótico. También es una novela de humor y en cierta manera una historia de amor. Sea como sea es un libro diferente y muy fresco. De esos que se leen en dos tardes, o en una, si mucho me apuran. Tiene muchos elementos de western a lo largo de la primera parte y se transforma en un relato con tintes de horror gótico hacia la mitad de la historia. Pero por encima de todo está lo extraño. Mezclando ciertos clichés y lugares comunes, el autor nos presenta algo nuevo, que desborda imaginación y que no esta sujeto a una mitología concreta. Aquí no hay vampiros, ni hombres lobo, ni un monstruo reconocible por el lector a partir de otros relatos.

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La historia es sencilla: dos mercenarios son contratados por una joven india para que exterminen a un monstruo que se aloja en una enorme mansión situada en una zona desértica del oeste americano. Pero hay truco: la india no es una india y la casa tiene un enorme laboratorio en el sótano. Además la mansión está situada sobre unas enormes cuevas de hielo, por lo cual hace muchísimo frío en la misma y en sus alrededores inmediatos. En ella también habitan dos hermanas altas y esbeltas, de largas y lisas cabelleras morenas. Suena raro, pero no les puedo contar más por si se quieren leer la novela.

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Richard Brautigan fue un tipo curioso. Perteneció a la mítica generación Beat y se movió por el San Francisco mas underground justamente cuando tocaba. Su comportamiento fue siempre errático. Un día lanzó una piedra contra la ventana de una comisaría para conseguir cama y comida. Cuando le diagnosticaron esquizofrenia paranoide fue sometido a una docena de electroshocks de la época antes de conseguir el alta medica. Es conocido por La pesca de la trucha en América, una novela imprescindible de la cual se vendieron mas de cuatro millones de copias y que le lanzó a la fama como uno de los ídolos de la contracultura norteamericana. Perpetró el libro que tenemos entre manos mientras vivía en una colonia de artistas en Montana –por allí corrían Peter Fonda y Jeff Bridges entre otros–. Viajó mucho y escribió un puñado de libros y poemas curiosos. Cuando tenia 49 años se pegó un tiro en la cabeza con una Magnum 44. Algunos dicen que dejó una nota de su puño y letra: ¿menudo caos, no?

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Queda claro que estamos ante un libro insólito, con capítulos entre cortos y cortísimos –algunos de media pagina– que se leen en un instante. Con un sentido de la narración admirable, de esos que atrapan por su aparente sencillez. Los personajes tienen miga, sobre todo los dos mercenarios protagonistas y su despreocupada relación. Son asesinos con sentimientos y códigos de honor, como queda evidenciado en el primer capitulo, que sorprendentemente empieza en Hawaii, un lugar que nuestros protagonistas cowboys aborrecen y no comprenden. Brautigan imprime sentido de la maravilla a todo el conjunto, también grandes dosis de humor. Un humor fino, que no busca la carcajada sino la complicidad del lector y que funciona de maravilla a la hora de construir y presentar a los personajes. No en vano el director de cine Tim Burton ha intentado llevar esta historia a la gran pantalla en más de una ocasión. El lector encontrará en este libro una lectura ligera y divertida, que construye una mitología propia –ese monstruo que no se ni por donde empezar a describir– y que huye de lo normal. A mi me ha parecido delicioso.

Dani Morell

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