El Hijo de la Bestia y otros relatos de terror y sexo extravagante (Graham Masterton, Ed. Valdemar, 2013)

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“Se subieron encima de mí y a mi alrededor, los siete. Tuve la sensación de que me asfixiaba bajo toda aquella carne sudorosa de hombre. Bradley me penetró por detrás; George Cartin me penetró por delante. Dos de ellos embutieron sus miembros en mi boca, hasta que tuve la sensación de que me ahogaba. Dos de ellos forzaron sus penes por mis orejas. Los otros dos se masturbaron rozándose contra mis pechos.”

Extraído del relato Objeto Sexual, incluido.

Hace unos días por fin encontré tiempo y ganas para comprarme El hijo de la Bestia y otros relatos de terror y sexo extravagante de Graham Masterton, que la editorial Valdemar publicó  en su sello Insomnia en diciembre de 2013.

Con él en mis manos me dirigí al cuarto más pequeño de la casa. Era el lugar adecuado. Si sus historias de terror y sexo conseguían emocionarme, tendría papel higiénico a mano. Y si resultaban decepcionantes, era un buen lugar para abandonarlo, por si en un momento dado una carencia de celulosa necesitaba una solución de emergencia.  Diré que ni lo uno ni lo otro, por los motivos que voy a relatar.

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La edición, en tapa dura con sobrecubierta, y una ilustración tan explícita da para paja –eso me han dicho-, ya es el primer aviso para que ningún incauto se lo vaya a comprar por error. El papel es bueno, y el precio me parece correcto, ya que son 28 € por 464 páginas. Además incluye una ilustración por cada uno de los quince relatos, que van de los erótico a lo muy desagradable, por el artista Rick Melton.

El autor, Graham Masterton (Edimburgo, 1946) fue reportero de prensa, y después editor de Mayfair y de la edición británica de Penthouse. Ya alcanzó el éxito con su primera novela, Manitou, publicada en 1976, que tuvo adaptación cinematográfica. Ha publicado muchos más libros, desde manuales de autoayuda sexual, a una revisión del clásico de Oscar Wilde, El Retrato de Dorian Grey, bautizado como Family Portrait.

Mecánico grasiento es el primero de ellos, y lo que comienza con una escena de sexo tan burda que podría estar en cualquier película porno de esas que nadie ha visto, se retuerce y convierte en una historia de horror sanguinolento con reminiscencias ocultistas, casi a lo Clive Barker. Otros relatos continúan con la misma dinámica: una (o varias) escenas de sexo que se retuercen o finalizan con la inclusión de lo terrorífico y lo horrible. Desde mansiones con camas malditas, pasando por espejos que atrapan sus propietarios o hasta historias que casi parecen un alegato feminista cuando el transexualismo sobrenatural entra en escena. No son el tipo de saludable relato que incluye la siempre graciosa coprofagia, o la tan común dendrofilia. No, estos relatos llevan un paso más allá la asfixia auto-erótica, o el canibalismo, y siempre narrados de forma correcta. Como digo, no son para quien tengo un espíritu sensible.

Graham Masterton

Graham Masterton

Respecto a mi valoración, diré que son lo suficientemente extraños y desconcertantes que bien merecen una oportunidad. Y más si la edición es tan buena como las que Valdemar nos tiene acostumbrados. Quizás no conviene ir leyéndolos uno detrás de otro, porque por mucha variedad que haya, las descripciones físicas y de movimientos se tornan algo repetitivas, pero tiene su gracia leer alguno ocasionalmente, y mejor si tiene con quién comentarlos. También puede ser un buen regalo para ese amigo o amiga que tiene fama de pervertido/a. Aún así, son historias que probablemente satisfagan más los bajos instintos masculinos, ya que son relatos que creo que tenían ese público objetivo en mente. Algunos son tan absurdos como salvajes, y es difícil saber si el objetivo era excitar, horrorizar, o hacer reír, pero dudo que dejen indiferente a nadie.

El que avisa no es traidor.

Carlos Díaz

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