El bazar de los malos sueños (The Bazaar of Bad Dreams, Stephen King, 2015, Plaza & Janés, 2017)

Bazar

Stephen King es uno de los escritores que tiene un club de fans más ávidos del planeta y que esperan como agua de mayo sus dos o tres aportaciones anuales. Y El bazar de los malos sueños es el que toca para cubrir, al menos, la primera mitad del 2017, aunque en esta ocasión se trata de una selección de relatos escritos a lo largo de los años y comentados todos y cada uno de ellos por el propio autor, explicando en cada caso como le surgieron las ideas o rememorando las particulares circunstancias en su vida que le llevaron a escribirlos.

Como dicen los norteamericanos nos encontramos con un libro al que se puede juzgar como mixed bag: en la selección de cuentos hay de todo, algunos francamente buenos y otros que dan la sensación de encontrarse en el ejemplar debido a su formato un poco de cajón desastre. Pero hay un cierto equilibrio cualitativo: ninguno de los mejores se trata de una obra maestra o de un tesoro oculto de King a descubrir, pero lo más flojos tienen el toque de su autor y son amenos y moderadamente interesantes a pesar de todo. Lo que ha resultado un tanto sorprendente ha sido la diversidad de géneros que cubren las veinte historias.

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No es extraño supone que el telón lo abre uno de terror, Área 51, una especie de reiteración en torno al mito del “coche maldito” que lleva a pensar en Christine pero en esta ocasión con un enfoque un tanto más gore y con un vehículo aficionado a masticar a sus víctimas hasta los huesos. El género continúa presente en Niño malo, -de los mejores del lote- en el que el protagonista se va encontrando a un odioso niño chinchoso que parece no envejecer y que aparece en diferentes etapas de su vida prolegómeno de una desgracia y que le obligará a tomar medidas drásticas. No anda fina habla de un hombre que se niega a aceptar el estado en el que se encuentra su mujer y se trata de una ominosa narración de auto-engaño. En El diosecillo verde del sufrimiento asistimos a una angustiosa sesión de exorcismo para sacar del cuerpo de la víctima de un accidente aquello que le provoca el dolor, con un tono que va creciendo en cuanto a tensión y violencia -y asco- y que resulta reminiscente de Graham Masterton. Necros es una variante moderna de la película I Bury the Living (“El cementerio maldito”) en la cual el personaje principal descubre que cada vez que escribe una necrológica ficticia, la persona a la que va dirigida fallece realmente… pero con imprevisibles consecuencias.

También hay cabida de sobras para la ciencia ficción y para el cuento con aroma a Richard Matheson o a la legendaria The Twilight Zone: La duna es un sugerente relato sobre un islote encantado que posee una duna que incluye una advertencia mortal, aunque posee un twist final en excesivo predecible. Más allá es una pequeña comedia sobrenatural donde un sujeto se ve envuelto en un despacho de aires burocráticos una vez ha pasado a mejor vida y desde allí tendrá la posibilidad de elegir su próximo destino. Ur es casi una novela corta que el autor escribió para promocionar el Kindle de Amazon y que explica la historia de un profesor que recibe uno de estos aparatos que le permite conectar con publicaciones de otras dimensiones alternativas. Pimpollo es una bienintencionada historia sobre lo que dos diferentes ancianos visionan a medida que se les va acercando la hora en lugar de la dama de la guadaña y que tiene que ver con los impulsos sexuales de su juventud. Trueno en verano, por su parte, es una dramática historia sobre los últimos habitantes de la Tierra (dos habitantes y un perro) los cuales tienen los días contados y no por resultar hábil en remover las emociones del lector deja de dar la sensación de manida.

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Lo curioso es que en las breves historias donde King narra pequeñas historias humanas cargadas de miseria es donde el libro brilla con más fuerza. Como en Herman Wouk todavía vive, o el intento de adentrarse en la mente de dos mujeres a punto de tirar sus vidas y las de sus hijos por la borda -aunque le sobre por desgracia toda la parte dedicada a la pareja de ancianos poetas que contemplan el siniestro-, o Premium Harmony, donde un hombre aparentemente hastiado de su esposa descubrirá que sin ella su vida puede convertirse en una angustia infinita casi al instante. Pequeñas comedias negras como Una muerte, acerca de un crimen cometido en un pequeño pueblo del Oeste en el que el sheriff no verá tan claro quién ha cometido el crimen y cuyo (asquerosamente divertido) twist es francamente simpático, Billy Bloqueo, sobre un jugador de béisbol al que podríamos etiquetar como “diferente” que se une a los Titans de New Jersey a mediados de los 50, o la graciosa Fuegos artificiales en estado de ebriedad, acerca de dos familias, una “redneck” y otra italiana, que compiten cada año en 4 de Julio con fuegos artificiales cada vez más poderosos hasta que se “masque la tragedia”, también tienen cabida en el volumen de 600 páginas. Incluso poemas, como el lovecraftiano La iglesia de los huesos o el biográfico Tommy.

Pero lo que más vale la pena son las introducciones a cada uno de los cuentos. La verdad es que con el paso de los años algunos seguidores del género hemos terminado por cogerle al autor de 22/11/63 un aprecio especial y es un verdadero placer leer sus apuntes biográficos, en qué momento relacionó ir en moto con el fin del mundo, sus dolorosos recuerdos sobre el atropello que le dejó semi-incapacitado durante años, o como construye el proceso que le lleva a relacionar, por ejemplo, un accidente de tráfico con presenciar a un anciano con alzheimer siendo ayudado por su hijo para comer -el impulso necesario para dar forma a Batman y Robin sufren un altercado-. También es verdad que algunos de estos procesos tienen un cierto aire a ejercicio de curso de escritura, pero King sabe contar sus anécdotas de manera interesante, que te lleva a tener ganas por leer inmediatamente después los relatos.

Javier J. Valencia
Otros libros de Stephen King comentados en EPB:
Joyland (Stephen King, 2013) (Daniel Lasmarías)
22/11/1963 – Stephen King (Oscar González)

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