Cuentos fantásticos (Horacio Quiroga, Hermida Editores, 2015)

quiroga01“Me han entrado unas aureolas de grandeza como tal vez nunca haya sentido. Me creo notable, muy notable, con un porvenir, sobre todo, de gloria rara. No gloria popular, conocida, ofrecida y desgajada, sino útil, extraña, de lágrima de vidrio. ¿Será o no será? Esperemos”.

Horacio Quiroga, 3 de abril de 1900.

Resulta imposible afrontar una reseña de cualquier publicación de la obra de Horacio Quiroga sin señalar algunos de los apuntes biográficos de su tribulada existencia que den la explicación al lector del porqué de tal aureola. Nacido en Salto (Uruguay) el último día del año de 1878, solo con dos meses y medio de edad estuvo presente en el accidente que sesgó la vida de su padre. Comenzó a destacar en las artes literarias a edad temprana –sus primeros cuadernos de poesías datan de 1894-. Hasta llegar a la veintena el joven Quiroga aún tendría tiempo de contemplar el suicidio de su padrastro, sufrir un tristísimo desengaño amoroso por cuestiones religiosas y vivir un duro viaje que le ausentaría cuatro meses de su país a París del que retornó demacrado y arruinado a pesar de afrontarlo inicialmente con gran ilusión.

La llegada del nuevo siglo en el caso de Quiroga sería signo de nuevos y espantosos infortunios: al poco de publicar su primer libro en 1901 su hermano y su hermana fallecen a causa de la fiebre tifoidea. Para más inri, asistió a su amigo y también escritor Federico Ferrando –ambos habían sido dos de los fundadores del Consistorio del Gay Saber, laboratorio de experimentación literaria- a un duelo al que iba a presentarse y por accidente, le mató de un disparo en la cara mientras examinaba el arma con el que se iba a presentarse a dicha confrontación.

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Horacio Quiroga

Paralelamente a ir recibiendo un cierto reconocimiento por su obra, a principios de la década fue cada vez más y más creciendo en su interior el deseo de aislarse e irse a vivir a la selva, algo que consiguió en 1906 tras algunos desafortunados intentos anteriores. Contraería matrimonio con una joven adolescente, Ana María Cires, la cual sería madre de sus dos primeros hijos –en partos efectuados sin ningún tipo de asistencia- y que se suicidaría en 1915. Tras un periodo en el que se trasladó a vivir a Buenos Aires, en 1927 volvió a casarse con una mujer mucho más joven que él, María Elena Bravo, además compañera de clase de su hija, y con la que tendría una niña. El matrimonio tendría graves conflictos debido a la decisión de volver a la vida en la selva de Quiroga en 1932, a la cual su mujer nunca se acostumbraría.

Todavía hay tiempo en este breve recorrido por las desgracias más notorias del escritor maldito para un clímax y un epílogo: El clímax, el 18 de Febrero de 1937, cuando se quitó la vida auto-envenenándose con cianuro cuando se encontraba aquejado de un cáncer de próstata sin tratamiento que le causaba fuerte sufrimiento. El epílogo, el suicidio de su hija, un año después de su muerte, y de su hijo en 1952.

Quiroga con su segunda esposa María Elena

Quiroga con su segunda esposa María Elena

La selección de cuentos efectuada por la Editorial Hermida tiene forma de recopilatorio ideal para no iniciados. Un “Essential”, como se diría en el mundillo discográfico, con algunos de los más representativos, tanto de su primera etapa –en la que recibió continuas comparaciones con Edgar Allan Poe, bastante discernibles por su gusto por lo macabro y lo sobrenatural envuelto en tragedia- como algunos de su época final, abarcando un periodo entre 1899 y 1927. Centrado en el terror, el volumen deja a un lado los relatos centrados en la “vida salvaje” –salvo alguna excepción-, con habituales cuentos del hombre enfrentado a la naturaleza y que también forman parte de los que dieron celebridad a su autor, quién sabe si para una posterior recopilación. El más allá y lo macabro protagonizan relatos como Para noche de insomnio, terrible y capaz de sugerir imágenes espantosas en apenas cuatro páginas, un choque para comenzar la lectura, un verdadero gancho a la barbilla del lector. Los buques suicidantes, uno de los más populares de Quiroga, plantea la historia de una maldición de un barco fantasma, elaborando un misterio dentro de otro y resulta ejemplar en su confección y su narración, intrigante y etérea. El almohadón de pluma plantea una narración tan misteriosa como la segunda y con un desenlance tan oscuro y aterrado como el tono que tenía la primera, y fantasea con un modelo de vampirismo diferente al habitual, no por ello menos aterrador.

La miel silvestre plantea la incursión de uno de los relatos sobre la amenaza de la naturaleza salvaje combinado con el puro horror, cuando el deseo de explorar la parte selvática de Misiones (en el Salto Oriental, donde vivió su autor) de su gordito protagonista le lleve a la fatalidad por tomar decisiones que en el mundo de la flora y la fauna reciben un castigo mucho mayor que en la jungla de asfalto. El estilo de combinar terror gótico y tecnología tiene su primera muestra con el estupendo El espectro, en una historia de amor, muerte y celos con el proyector de cine como protagonista, y su conversión en herramienta al servicio de la “vida en el más allá” y la venganza de ultratumba.

quiroga03Una pareja de amantes suicidas protagonizan Más allá, la demostración de que la vida en pareja puede adoptar otras formas más allá de la muerte y que las historias de suicidios apasionados pueden tener consecuencias funestas en el otro lado, y es que la eternidad puede hacerse muy larga… En El llamado Quiroga narra una triste y angustiosa historia acerca de una madre intentando salvar la vida a su hija de un destino atroz e inamovible, y probablemente sea el más desasosegante de todo el libro, al mostrar la continuación de la vida en otra tan cruel como la misma naturaleza sobre la que tanto le gustaba escribir a su autor. El vampiro juega con las variantes que le ofrece el proyector cinematográfico como con El espectro, acercándolo primero al relato de fantasmas, virando inesperadamente al género vampírico en sus últimas páginas.

El mejor relato del lote, excepcional se mire por donde se mire, es Su ausencia, notable variante del William Wilson de Poe al plantear la figura del doble, el adversario, directamente como el propio protagonista, que debido a una rara afección ve como seis años de su vida han quedado borrados de su existencia y en ese tiempo ha encontrado el éxito como escritor, ha encontrado a la mujer de su vida y ha tomado decisiones que han cambiado radicalmente su existencia a tal y como él la estaba encaminando. Curiosamente, es el único relato que aporta luz dentro de una colección tan oscura como una noche sin luna. Perfecto, tanto en forma como en fondo, y que explota inteligentísimamente las posibilidades de cuento arquetípico clásico.

El libro, bastante completo para sus 164 páginas, se completa con un “bonus” muy disfrutable, cinco Artículos sobre el cuento en los que su autor, en ocasiones con bastante ironía, aconseja sobre cómo enfocar y narrar el cuento, a la vez que aprovecha para echar un sardónico vistazo a la escena literaria de su época.

En conclusión, una magnifica muestra del talento literario de uno de los escritores de temática fantástica más célebres de su era, el cual sino recibió todo el reconocimiento que debería en el momento de la publicación de su obra, lo fue alcanzando durante la segunda mitad del siglo XX. Un narrador cuyo sentido de lo macabro iba acompañado habitualmente de una inusitada crueldad, donde la peor de las posibilidades a menudo se presentaba más allá de la muerte, donde terminan otras historias. Como comenta Toni Montesinos en su concisa introducción a la obra (oportunamente titulada Una lágrima de vidrio), una mente tan fría como hipersensible, de un compasivo malhumor que no tuvo guía juicioso para la rectificación. Gloria en última instancia al final, rara y útil, para el probablemente más maldito de todos los escritores malditos.

Javier J. Valencia

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