Cuentos de lo extraño (Robert Aickman, Ediciones Atalanta, 2011)

cuentos_de_lo_extrano_articleimg

Hace más o menos medio año en esta página les hablé de Robert Aickman cuando lo acababa de descubrir: un escritor de temática fantástica absolutamente original, que definía sus narraciones como “historias de lo extraño” más que como cuentos de terror al uso, y que nunca conoció excesiva fama a pesar de la admiración que recibió por parte de escritores del género como Fritz Leiber, Peter Straub o Neil Gaiman. Pero los seis relatos que publicó el año pasado Atalanta dentro de Las casas de los rusos vino precedido por una primera selección, Cuentos de lo extraño, editado en enero de 2011 por la misma editorial y todavía fácilmente localizable en librerías. La extraña fascinación que me provocó el primer acercamiento a la obra del autor inglés, de estilo muy personal, inigualable creador de atmósferas y generador de realidades que tanto pueden ser proyecciones del inconsciente de los personajes como narraciones fuertemente simbólicas, se ha mantenido en esta ocasión. Como entonces, comentaré los cuentos incluidos uno por uno:

La selección de relatos se abre con El vinoso ponto (“The Wine Dark-Sea”, publicado originalmente en Powers of Darkness: Macabre Stories, 1966), una suerte de ensoñación lacada con aspectos mitológicos: Grigg, un hombre de vacaciones en Grecia descubre una pequeña isla evitada por los habitantes de la zona. Robando un barco se dirigirá al lugar, conociendo a tres mujeres que parecen habitarla desde antes de que los griegos dominaran el mundo. Sugiere una realidad anterior en la cual las mujeres gobernaban en la Tierra y estaban en verdadero contacto con la naturaleza y ésta estaba viva siendo capaz de sangrar ; asimismo cada una de ellas representará un elemento, dejando el cuarto y último para que lo descubra (o se auto-descubra) el propio Grigg. Cargado de simbolismo, muy misterioso y hasta un tanto críptico, también es revelador en cuanto plantea la relación con criaturas cercanas a lo mitológico hábil casi únicamente en un espacio que hoy definiríamos como onírico, inalcanzable únicamente desde el espacio físico sino implicando un cierto estado mental. Algo por lo que veremos bastante recurrente en el resto de historias de su autor.

untitled

Robert Aickman

“Es la casa de los muertos”, espeta uno de los personajes que habita la casa situada justo al lado de una vía ferroviaria en Los trenes (“The Trains”, publicado en We Are for the Dark: Six Ghosts Stories, 1951), en el que dos chicas durante una excursión se pierden en una zona agreste cercana a Pudsley y, tras pasar un rato verdaderamente raro en una casa de huéspedes descubren que a la zona se la conoce como el Valle Silencioso. Tras desatarse la lluvia encuentran cobijo en la mencionada casa, donde se dice que la señora Roper, su inquilina, saludaba a todos y cada uno de los trenes que pasaban frente a su ventana. Allí vive el hermano de la Sra. Roper, experto en trenes que empieza un coqueteo desde el punto de vista de la protagonista Margaret con su otra amiga, y un inquietante mayordomo. Ya desde el inicio la lógica interna de lo que se nos cuenta es, como mínimo, peculiar, pero es en sus fragmentos finales donde parece que lo que se ha extraviado verdaderamente es el subconsciente de la propia Margaret, azotada por complejos y deseos en fragmentos muy rápidos que se van solapando de manera bastante desconcertante, una vez que su punto de vista de apodere del conjunto y una pesadilla de la narración. Sugerente a más no poder, durante sus últimas páginas el lector no termina de poder aferrarse a la realidad: ¿Ha sido todo un sueño desde el momento en que Margaret cree que se duerme, o lo ha sido desde el principio? Y en el peor de los casos… ¿Y si no lo es, y está sucediendo en un plano bastante más terrorífico? Su tramo final, para pertenecer a un tipo de relato no estrictamente de terror, pone los pelos como escarpias.

Y ya que hablamos de pesadillas, podríamos hablar de Che gélida manina como una de 36 páginas, y aunque mantiene ese nivel de extrañeza que invade lo cotidiano habitual en el autor, se acerca más directamente al terror puro y al formato clásico. Bueno, dentro de lo que cabe al menos. Edmund vive solo desde que a su prometida tuvieron que ingresarla en una clínica debido a la tuberculosis. Primero recibe unas misteriosas llamadas en las cuales solo puede escucharse un ruido de fondo, o apenas el principio de una carcajada… pero temeroso por su soledad que le carcome y presintiendo el ocaso de un presunto status de juventud que nunca llegó a florecer del todo, intenta llamar a posibles invitados para una cena de Navidad y solo logra contactar con error con una mujer, Nera, que pronto se convierte en su obsesión. Desde entonces vivirá como un adicto a las escasas muestras de cariño que le ofrece en sus llamadas, cada vez más distantes. Sus partes finales son verdaderamente espeluznantes. Probablemente la única muestra literaria de vampirismo-emocional-vía-telefónica. (“Your Tiny Hand is Frozen”, publicado originalmente en Powers of Darkness: Macabre Stories, 1966).

RA

La habitación interior (“The Inner Room”, publicado en Sub Rosa: Strange Tales, 1968) narra la historia de una niña que, tras sufrir junto con sus padres y hermano un percance en el coche familiar, terminan un pequeño pueblo perdido de la mano de Dios y en una juguetería un tanto dejada le regalarán una enorme casa de muñecas. Ya en su hogar descubrirá que no puede “abrir” la casa y jugar en su interior, y que las dimensiones de ese hogar en miniatura no encajan con lo que se percibe desde el exterior y pronto se verá asolada por pesadillas sobre el lugar… ¿O se trata tan solo de una única pesadilla que se apodera, tal y como se podía intuir en Los trenes, del texto hasta el final? La historia está dividida en dos, y veremos a la niña crecer, y convertirse en mujer, y explicará el destino de sus familiares y un día, perdida en el bosque, dará con la casa en dimensiones reales, y conocerá a sus ocupantes, las muñecas que una vez contempló en su infancia sin poder tocarlas… y ellas le exigirán responsabilidades. Sea la narración continuada del sueño de la niña, sea una suerte de complejo de culpa arrastrado desde la infancia hasta la edad adulta convertido en relato simbólico, es una narración angustiosa y evocadora que una funesta maldad: al respecto, aconsejo releer como hablan las inquilinas de su padre, y de aquello que hacían en la habitación a la cual nunca pudo acceder en su niñez debido a su ubicación imposible…

Aunque quizá sea la historia menos destacable del lote, Nunca vayas a Venecia (“Never Visit Venice”, publicado en Sub Rosa: Strange Tales, 1968) no está en absoluto exento de interés. Fern, un solterón solitario con problemas para relacionarse socialmente, ante la repentina idea de que la muerte tarde o temprano le asolará, se anima a viajar a Venecia, ciudad con la cual ha soñado recurrentemente, contemplándose recorriendo sus canales en góndola en compañía de una hermosa mujer. Por supuesto, en su viaje descubrirá el verdadero significado de su sueño. En el cuento se muestra el interés por una de sus pasiones (no obstante fue uno de los fundadores de la Inland Waterways Associaton, dedicada a la preservación de los canales de Inglaterra) y hace gala de una punzante crítica ante la vulgarización de aquello que nació para ser admirado por su belleza.

aickman

La selección se cierra con el monumental En las entrañas del bosque (“Into the Wood”, publicado en Sub Rosa: Strange Tales, 1968). Margaret, una mujer de mediana edad, debe pasar unos días sola en Sovested, Suecia, mientras espera que su marido cierre unos asuntos laborales. Queda fascinada ante el Kurhus, una “residencia” situada en las afueras del bosque, un lugar de aire mágico, relacionado con el folklore local -piensen en los bosques de la teleserie Jordskott-. Pero una vez allá descubrirá que el lugar es una casa de reposo para insomnes, los cuales permanecen aislados del resto de la sociedad. Margaret descubrirá que una epifanía interior le espera afuera, aunque le acerque lentamente a convertirse en uno de esos seres apáticos que parece que caminen por la Tierra arrastrando su alma. La desdichada raza humana sólo puede alcanzar la verdad absoluta mediante un gran sacrificio, le espetará uno de los residentes del lugar: Era como si el bosque simbolizase algo fuera de la vida, pensará del entorno Margaret. En las entrañas del bosque es uno de los cuentos más representativos de su autor, donde confluyen tanto el viaje interior de su protagonista como una elaborada suerte de mitología onírica en el exterior, capas y capas de subtexto lo envuelven todo como las de una cebolla. Es muy misterioso, de final abierto y sugerente y muy perturbadoramente místico.

De momento Atalanta ha publicado dos selecciones dedicadas íntegramente a Aickman de seis relatos cada una. Exactamente un 25% de los 48 que escribió en total -aunque alguno más lo ha editado en alguna antología compartida con otros autores-. Espero que repita y terminemos viendo editado toda su bibliografía en castellano: en esta casa se le espera con los brazos abiertos y con ganas de reseñar todas y cada una de sus historias.

Javier J. Valencia

Esta entrada fue publicada en Novela Terror y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.