Mejor Productor (James Robert Baker, 1988, Libros Walden, 2019)

Si viviéramos en un mundo ideal, Mejor Productor sería considerada como una de las Grandes Novelas Americanas; clásicos inmortales que bucearon en el inconsciente colectivo cultural de los Estados Unidos y sacaron a relucir los conflictos y contradicciones de su pasado reciente. Pero como nos tenemos que conformar con lo que hay, la carismática y excesiva obra de James Robert Baker ha sido olvidada y tragada por las arenas del tiempo desde su aparición en 1988.

Los más asiduos a esta santa casa recordarán que ya le dediqué un podcast hace más de cuatro años, pero ante la inmensa noticia de su aparición en español gracias al buen hacer de Libros Walden, no he podido resistirme a una nueva relectura (y van…) y, cómo no, a un humilde análisis de la que con el tiempo se ha ido convirtiendo en una de mis cinco novelas preferidas de todos los tiempos.

Y es que no es para menos; pocas obras ganan en exceso, ritmo endiablado y referencialidad a Mejor Productor. En ella se nos narra la historia de Gale “Shark” Trager, uno de los productores más famosos de Hollywood desde su nacimiento en un autocine en 1950 a su espectacular muerte en 1988 en forma de historia oral con testimonios de todos los que lo amaron y odiaron. Lo más interesante de éste planteamiento -y también lo más acojonante- es la atención por hasta el más minúsculo detalle de Baker, que presenta el trasfondo vital de su “protagonista” (del cual, obviamente, jamás vemos su punto de vista propio) y de la gente que le rodeaba con una minuciosidad que roza lo obsesivo.

Y si de algo se puede hablar en esta obra es de obsesión, ya que es el motor que impulsa la vida de Trager hasta su fatal desenlace; su obsesión por la bella Kathy Petro, hija de un magnate del crudo -con ese apellido, ¿qué os esperabais?- y estereotípica rubia californiana cuya vida estará fatalmente ligada a la del violento y excesivo productor. Realizar una sinopsis de esta obra es una labor casi imposible; de hecho, lo mejor es dejarse llevar a lo que Baker fue capaz de crear entre sus páginas; un vórtice que conduce a un Hollywood de un universo alternativo en el que las obras de Trager compartieron espacio con las de otros grandes como Friedkin o Coppola y todas eran una suerte de espejo deformante y satírico del momento. Por supuesto que Shark es capaz de crear pelotazos de bajo presupuesto a lo Russ Meyer que lo elevan a la fama. Por supuesto que Shark tiene su propio Apocalypse Now. Y por supuesto que se redime y entra en los ochenta con un discurso y una película tan azucarados que provocaría diabetes al propio Spielberg. Cada vez que vuelvo a entrar en este mundo desearía que existiera en algún lugar del multiverso; ir a la filmoteca de Cataluña a ver una copia restaurada de Desierto Blanco o que en el Phenomena programaran Luz Azul junto a E.T. El extraterrestre.

James Robert Baker (1946-1997)

Baker fue un especialista en provocar y meter caña en su época; siendo gay militante y totalmente radical en muchos planteamientos anti-establishment, su obra estaba siempre rodeada de una cierta controversia y se solía enmarcar en la etiqueta de la transgressive fiction, algo que extiende sus tentáculos desde Burroughs a Palahniuk pasando por Irvine Welsh. La novela anterior a Mejor Productor, Fuel-Injected Dreams (1986), que tuvo su respectivo podcast de análisis aquí, también tenía ese espíritu entre juguetón y basto y se situaba en otra de esas realidades paralelas satíricas en la que el objetivo a despellejar era un sosias mal disimulado del temible Phil Spector. Pero fue la obra que siguió a Mejor Productor la que, según se dice, hundió su carrera. Y es que Tim & Pete (1993) pese a ser un viaje loco y descabellado por ese Hollywood surrealista que tanto le gustaba, tiene un tono mucho más oscuro y derrotista, en la que los dos protagonistas -un músico y su ex, los cuales no están seguros de querer volver a estar juntos- se acaban involucrando con un grupo de terroristas gays que quieren causar una masacre en una convención republicana como represalia por el ninguneo de la derecha americana hacia las víctimas del VIH. Era un tema, como podéis intuir, bastante peliagudo y que hizo que Baker fuera rechazado tanto por el mainstream como por la parte más integradora de la literatura homosexual de la época. Si nos guiamos por las declaraciones de su por entonces pareja, Baker se suicidó cuatro años después al no poder aguantar la situación a la que le había llevado ese fracaso.

Su muerte y su condición de autor maldito, curiosamente, jamás han revaluado su obra, y Baker ha seguido en el anonimato en Estados Unidos durante muchos años. Es por ello que la aparición de esta obra en nuestro país es algo todavía más excepcional si cabe. Mi obsesión con ella no deja de crecer y ahora que más gente la podrá leer tengo por fin la oportunidad de hablar de ella. Más y más y para siempre. Y es que si estuviéramos en un mundo justo, Mejor Productor, como dijo el ínclito Joe Kenney en su reseña en la maravillosa página Glorious Trash, tendría que vender más que la puta Biblia. Amén a eso.

Víctor Castillo

Esta entrada fue publicada en Narrativa, Novela, Novela satírica y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.