Una novela de barrio (Francisco González Ledesma, RBA, 2007)

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Conocí al inspector Méndez una calurosa tarde de agosto. La primera vez que me crucé con él fue en la película Crónica sentimental en Rojo, del inefable director catalán Francesc Rovira-Beleta. La película, sin ser para tirar cohetes, me pareció muy correcta y además tenía algo. Y ese algo era el inspector Méndez –magníficamente interpretado por José Luis Lopez Vázquez, por cierto–. Mas adelante, descubrí que la cinta adaptaba la tercera novela de la serie Méndez y que había mas por leer y conocer de tan interesante personaje. Desde entonces he devorado todos los libros que he podido de los once que componen dicha saga, y cada vez que me encuentro con el bueno de Méndez disfruto mas y mas con sus correrías.

Nuestro aguerrido inspector vive en el Raval Barcelonés. Un Raval que, novela tras novela, va perdiendo su antigua solera y su vocación de barrio entre popular y marginal. Así lo ve el inspector Méndez y así lo ve Francisco González Ledesma, su autor. Y es que a veces, me olvido que el inspector Méndez no existe, que es un personaje de ficción creado por el magnífico escritor barcelonés, gran conocedor de la ciudad que le vió nacer y sobre todo del Raval, el Barrio Chino de toda la vida. Méndez está absolutamente integrado en ese distrito, tanto es así que vive en un bar. O mas concretamente, en un apartamento interior al cual se accede por un bar; lo que en catalán llamaríamos la rebotiga (muy habitual en esa zona de la ciudad). Las peripecias que tiene que enfrentar Méndez són muy negras y muy criminales. Miseria humana en cantidades industriales que solo puede ser combatidas con altas dosis de cinismo y mala leche, algo de lo que nuestro protagonista no carece en absoluto.

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Una novela de barrio es una buena muestra de lo que nos vamos a encontrar en la serie del inspector Méndez. Una trama sencilla y una narración potente, donde las cosas son dichas por su nombre y descubrir al asesino no es la premisa. Esta es una historia de venganza y desde el principio sabemos quien es el ángel de la muerte: David Miralles, el padre de un niño de tres años asesinado durante un violento atraco en los años 70 del siglo pasado. Evidentemente hay historias, relaciones y secretos por descubrir, brillantemente resueltos hacia la segunda mitad del libro, pero aquí lo verdaderamente importante son los personajes. Gentes que se ahogan en una ciudad de la cual no saben o no quieren huir. El pasado que vuelve una y otra vez, imposibilitando ningún avance. Personas que malviven con sus recuerdos a cuestas, construyendo sus parcelas de existencia en unas calles que ya no reconocen. Y ahí está Méndez, con todo su amor y su comprensión para ellos; o con su buena dosis de plomo, que todo sea dicho, este señor no es muy ortodoxo en sus métodos.

Como tantas veces sucede en la mejor novela negra, el plato fuerte de este libro –y de todos los de Méndez– es la denuncia social. Es una denuncia cruda, que apenas propone alternativas, pero que mete el dedo en la llaga. Eso es lo que la convierte en una novela dura y un tanto pesimista. Eso es lo que la convierte en una novela excelente. Traidores, policías corruptos, empresarios sin escrúpulos y políticos capullos son peores que el peor criminal barriobajero. Méndez lo sabe, y también sabe que no va a arreglar el mundo; pero tal vez lo limpie un poco…

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Ledesma se mueve como pez en el agua con sus personajes, hasta el punto de hacerlos casi tangibles, pero también maneja muy bien las descripciones de lugares y paisajes urbanos. El Poble Sec, barrio que le vio nacer o el Raval barcelonés, su querido Raval, cobran vida en la novela, pero también el alejado distrito de Horta y las zonas altas de la ciudad. Los barrios populares adquieren personalidad propia y el autor apela continuamente a nuestro sentido de la pérdida. Las bodegas y los bares castizos de antaño contra la franquicia moderna, las callejuelas oscuras contra las avenidas de cristal. Méndez siente tanta compasión por la Horta que se pierde sin luchar como por su Raval ya casi desaparecido. En una ciudad que se autodestruye alegremente todavía existe la solidaridad entre pueblos, entre las gentes humildes a los que el inspector ha jurado proteger aunque sepa que no va a servir de nada.

Francisco Gonzalez Ledesma es un monstruo de las letras, un poeta callejero especialmente dotado para contar historias y contarlas bien. Durante años fue Silver Kane, seudónimo bajo el cual escribió a destajo entre los 50 y los 60. Casi un millar de novelas del oeste, de terror y de ciencia ficción –ahí es nada–. Nadie conoce como él los resortes de la literatura popular. Con esta novela consigue atrapar al lector mas versado en el género. A pesar de su aparente sencillez el engranaje funciona a la perfección y capitulo tras capitulo descubrimos la complejidad de la obra que tenemos entre manos. Lean este libro y disfruten de su intensidad. Enamórense del inspector Méndez sin temor, un tipo tan humano que muchas veces hará cosas que no les gustarán. El titulo es maravilloso y lo explica todo: Una novela de barrio.

Dani Morell

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