Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos (Bibliópolis, Rodolfo Martínez, 2004)

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1903. La aparición en Londres de un explorador llamado Sigurd Sigerson (el apodo con el cual Sherlock Holmes recorrió medio mundo durante los tres años en los que fue dado por muerto) pone al detective en alerta de un caso de suplantación de personalidad. A medida que avanza la investigación, Holmes y Watson se ven envueltos en una extraña trama con tintes sobrenaturales, en pos del Necronomicon, El Libro de los Nombres Muertos

A día de hoy, pocos escritores de literatura fantástica española tienen el prestigio y el renombre del asturiano Rodolfo Martínez, ganador de varios premios Ignotus y  Minotauro. Además de todo ello, a juzgar por este libro, es un sherlockiano de pro, verdadero conocedor de los habitantes del universo de Conan Doyle y un hábil pastichero, viendo la facilidad con la que personajes de otros universos (reales o ficticios) entran y salen de esta historia, que a la vez de sobrenatural, algo que jamás encontraríamos salvo muy de pasada en un relato de Arthur Conan Doyle, es fiel a las andanzas del dúo protagonista, tanto a nivel gráfico como literario.

Rodolfo Martínez

Rodolfo Martínez

La novela empieza con un breve relato que explica cómo el autor consiguió el manuscrito del doctor Watson donde se relata la historia. Después se nos indica que el inseparable amigo del Maestro lo escribió en 1931, ya muy anciano, lo que da como un permiso “lógico” al hecho de que nuestro narrador en ocasiones utilice un estilo un poco –no mucho- diferente al que nos tiene acostumbrado. A partir de ahí, juega con una cierta ambigüedad en la historia: el que considere que es una narración imposible de acoplar al universo holmesiano tiene la excusa perfecta en la senilidad de Watson. El que por el contrario crea en ella, la puede asimilar sin problemas.

Aparte de esto, el verdadero regalo para los seguidores del personaje es la resolución de tres de las incógnitas que más quebraderos de cabeza han dado a lo largo de la historia del detective: La desaparición de James Phillimore, que fue a buscar un paraguas y jamás volvió a ser visto, la locura repentina del periodista y duelista Isadora Persano, que enloqueció tras encontrar un gusano desconocido para la ciencia en el interior de una caja de cerillas, y la desaparición del buque Alicia, los tres mencionados en “El Problema del Puente de Thor”. Los tres casos están enlazados con brillantez, además de aprovechar la ocasión para añadir varias referencias literarias a otras autores aparte de Doyle o Lovecraft. Es ese último escritor quién comparte la “co-propiedad” del pastiche, encontrando algunas de las criaturas de su universo pululando por las páginas de la historia, de las cuales Holmes parece saber algo más de lo que nunca ha contado…

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La sabiduría de los muertos ganó en 1996 el Premio Asturias de Novela en una versión aún más reducida. Para completar un poco el volumen se añaden dos historias más: “Desde la tierra más allá del bosque”, donde esta vez la pareja de Baker Street deberá ayudar al profesor Van Helsing en la búsqueda del Conde Drácula, y “La aventura del asesino fingido”, relato al estilo Conan Doyle sobre un caso que deben investigar Watson y Lestrade debido al retiro del Maestro a Sussex… La primera es muy interesante y muy lograda, si bien por desgracia su brevedad deja con ganas de más, puesto que habría dado para una novela por sí sola, y esa es un poco la impresión que deja. El regusto de la segunda, con un cierto aire de melancolía en sus páginas debido a la desaparición de Holmes de Londres, resulta una muy agradable lectura.

En definitiva, un libro excelente, que demuestra que no todos los grandes escritores de pastiches holmesianos tienen por qué tener apellido anglosajón…

Javier J Valencia

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